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Un favor para el patrón

En Los papeles del patrón, el periodista César Chiqui Ávalos retoma la investigación sobre Horacio Cartes que había iniciado diez años atrás con el libro La otra cara de HC. La novedad es la obtención de más documentos sobre el «corrupto significativo».

 

Como en muchas narraciones contemporáneas, este libro inicia con el final, situando al lector en el momento de su escritura, en julio de 2022, en coincidencia con una rueda de prensa de la Embajada de los Estados Unidos, cuando el representante de ese país en el Paraguay, Marc Otsfield, leyó la designación de «corrupto significativo» a Cartes. A partir de allí, el autor nos lleva al Paraguay de mediados de los 80, cuando la dictadura de Stroessner estaba vigente pero ya debilitada. En ese contexto, entre distintos actores relacionados con el Estado que previeron los cambios y buscaron aprovecharse de esa confusión, Cartes y otros realizaron una gran estafa cambiaria, por la cual fueron encarcelados. Esa primera experiencia negativa con la justicia volvió al «empresario» más cauto y a buscar nuevas alianzas.

Un acierto del autor ha sido desarrollar la historia a partir de dos elementos que perfilan a todo personaje: sus vínculos y sus acciones. No es posible explicar a Horacio Cartes sin Dario Messer y su familia. Buena parte de las más de doscientas páginas del libro están dedicadas a contar el origen y el cenit de Messer como uno de los mayores lavadores de dinero de Suramérica. Sus actividades, registradas por la policía y los servicios secretos de numerosos gobiernos durante treinta años, tuvieron el respaldo de contactos de alto nivel: empresarios, políticos, diplomáticos de otros países, dirigentes deportivos. El visto bueno o el silencio cómplice de sectores de la élite brasileña estaba comprado con el inmenso capital cuya circulación estaba a cargo de Messer. Él y su padre, Mordko Messer, fueron quienes enseñaron a Cartes cómo diversificarse como criminal: contrabandista de cigarrillos, comprador de empresas e influencias en el mundo deportivo, activo en el soborno a miembros de la ANR y políticos de otros partidos, etc.

Uno de los mitos más comunes sobre los ricos es que, como ya tienen plata, no robarán si ejercen algún poder político. Ávalos lo desmitifica. En uno de los capítulos más interesantes, cuenta cómo Cartes utilizó el cargo de la presidencia de la República para contactar con empresas extranjeras en busca de que se relacionasen con sus propias empresas, no con el Estado paraguayo, brindando oportunidades de negocio, asesoramiento tecnológico y know-how (saber hacer). Esta estrategia permitió el fortalecimiento de Cartes para que adquiriese empresas relacionadas a la agroganadería, los medios de comunicación, la explotación del cemento y el petróleo, y se arraigara su influencia en el sistema financiero nacional. Entre los años 2013 y 2018 funcionó lo que se llama en política la «puerta giratoria»: gerentes de compañías que tomaban decisiones sobre políticas públicas para proteger sus intereses privados. De mañana iban a reuniones en el palacio de gobierno. De tarde hacían oficina en alguna sede del Grupo Cartes. Durante su mandato, Horacio Cartes multiplicó su fortuna e influencia sobre la sociedad paraguaya.

Esta y otras revelaciones que permiten entender a uno de los hombres más poderosos del país son narradas de manera informal, como si de un reportaje menor se tratara. El lenguaje es simple y directo, con el uso recurrente de frases hechas, tópicas, expresiones comunes y descartables del viejo periodismo. Hay momentos donde los límites entre hecho y opinión se diluyen y precisan de un lector atento y perspicaz para distinguir uno de otro. Aunque la secuencia de acontecimientos sigue un orden cronológico, Ávalos se permite saltos de vez en cuando que, en la estructura planteada, pueden confundir sobre la época de la que está hablando. Tampoco hay un uso correcto de las citas (notas al pie de página o alguna técnica similar): solo están copiados algunos de los documentos en los que se basa la investigación. No hay relación entre la cantidad y la gravedad de las afirmaciones y el sustento fáctico para las mismas.

¿Qué puede lograr que un trabajo de investigación se vuelva importante? ¿O una referencia de obligatoria consulta? Uno de los elementos es el contenido. Este libro cuenta aportes muy importantes. Sin embargo, tanto la forma de contar como el producto final desdibujan el trabajo del autor. No hubo consideración con el lector curioso sobre cómo Cartes se erigió en un protagonista de la política paraguaya. Incluso quien desease tomar lo escrito como base para alguna investigación propia, se topará con un trabajo sin citas y documentos copiados y pegados que, en vez de ser reunidos en una sección especial del libro, están entre capítulos, fotografías y otros elementos que interrumpen la narración.

El producto final no es bueno, lo cual es una pena. Le resta seriedad a las graves denuncias presentadas por Ávalos. Era una oportunidad para presentar un trabajo periodístico auténtico, con hechos probados con evidencias y lenguaje correcto que atrapase y sumergiese a quien comprase el libro con entusiasmo. Autor y editor han fallado en poner a la venta un libro que no es una referencia, no posee la estructura adecuada y, por lo tanto, no puede ser citado como fuente para futuros trabajos sobre Horacio Cartes. Lo que pudo haber sido un golpe para debilitarlo, acaba siendo un favor para el patrón.

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2 Comentarios
  • Wigberto Pérez
    abril 18, 2023

    Muy interesante libro.

  • Guadalupe Ramírez
    abril 14, 2023

    Cómo es posible que profesionales no asuman la buena literatura para que sea un libro digno el que vea la luz.

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