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¡Viva Juan Pablo II!

La visita del papa Juan Pablo II al Paraguay, en mayo de 1988, provocó diversos acontecimientos entre los creyentes, como la historia de un hombre disfrazado del papa que Guido Rodríguez Alcalá ha recreado en este cuento, ilustrado por David Bueno Villafañe.

 

No, nunca estuve ni preso ni procesado.

Aquella vez me apresaron por un momento dicen que por hacer un escándalo pero después se aclaró todo. Y al fin y al cabo tampoco le pegué demasiado porque a ese le mataba si quería. Le di un empujón no más para que aprenda a respetar y por eso me soltaron en seguida, creo que no pasé ni media hora en la comisaría. Y además que todos se dieron cuenta de que era un irrespetuoso.

Sí, ahora andan diciendo que soy un «bochinchero» pero cuando le di el rempujón al arquitecto todos estaban de acuerdo. Porque lo que dijo de todos nosotros era una vergüenza y le había faltado al respeto a nuestro monseñor y también a nuestro templo.

Usted sabe lo que nos cuesta hacer un sacrificio para construir una nueva iglesia para nuestra Patrona. Es una vergüenza con todos los peregrinos que llegan de todos lados para el 8 de diciembre que todavía tengan que rezar en esa iglesia vieja que puede caerse en cualquier momento y es demasiado peligroso. Por eso hacemos nuestra Basílica. Usted que es del pueblo también le dará lástima tantos peregrinos rezando sobre el pasto, sin un lugar decente para irse. Pero el arquitecto después de todo lo que le ayudamos cuando vino por primera vez y habló con todos nosotros y le atendimos muy bien se fue después en Asunción para decir que nuestra Basílica no valía nada y que la otra iglesia era mejor. Y para más irrespeto, dice que nuestro monseñor es un Atila, o sea, salvaje, dice que porque echó un monumento histórico, o sea, esa iglesia tan vieja y publicaron en todos los diarios.

Por eso no le aguanté más cuando el arquitecto ese volvió en Caacupé y estaba con los otros en nuestra plaza de la construcción con máquinas fotográficas y seguro que para sacar un nuevo artículo y desprestigiarnos a todos como la otra vez diciendo que nuestra obra es demasiado cara y encima fea… Y entonces mala fe como dice el monseñor, porque si es arquitecto tiene que saber demasiado bien que la iglesia que echamos no valía nada, no puede decir entonces que era más linda que la que estamos construyendo que los planos hizo un gran artista que estuvo en Roma…

Bueno, si usted dice, voy a acortar, señor comisario… Sí, le rempujé al arquitecto porque nos estaba desprestigiando a todo el pueblo, pero le rempujé no más. Por eso me arrestaron aquella vez pero por media hora; esta es la primera vez que me llevan preso en serio. Nunca estuve ni preso ni procesado antes.

Bueno, culpable, señor comisario, me parece un poco fuerte, si usted me permite… Pero si usted dice, entonces soy culpable. Yo solo. Nadie me ayudó en esas cosas, ni nuestro monseñor ni el cursillo, yo asumo toda la responsabilidad por lo que hice. No quiero comprometer a nadie porque no tienen nada que ver.

La plata era de mí.

Yo construí esa plataforma y el camión era de mi carpintería. Me ayudaron un poco porque solo no hubiera podido, era demasiado trabajo. Pero todos eran personal de mi carpintería y no les dije para qué. Bueno, sabían que para un desfile en el carnaval de Asunción hacíamos la carroza, pero ellos no vieron cuando se terminó. Cada uno hacía su trabajo y nada más, no veían el resto. Y el trono hice yo personalmente pero sin mostrarle a nadie, solamente mi esposa porque trabajaba en mi casa. También esa maqueta de la basílica terminada que usted hubiera visto, era una maravilla y quise llorar cuando se destruyó… Bueno, como usted diga… Sí, el chofer que manejó la carroza era mi personal. O sea personal de mi carpintería, yo le dije el día antes no más que tenía que llevarme hasta Asunción en la carroza, pero tampoco conocía el tema de la carroza así que no tiene la culpa…

No creo que nos vieron, señor comisario, porque salimos de Caacupé como a las cinco de la mañana, justamente para que nadie nos vea y también por el tráfico, porque usted sabe que el camión con esa plataforma encima tiene que andar prácticamente en segunda y también que no se ve mucho, o sea el chófer, yo tenía que ser su copiloto porque se apoyaba en el capot la plataforma y también los adornos le tapaban la visual y eso por la pendiente del cerro puede ser muy peligroso, pero mi chófer es muy prudente y llegamos a Asunción sin problemas… No, la gente no nos decía nada porque están acostumbrados en esta época de carnaval y muchas carrozas vienen del interior para Asunción… También que no podían luego saber de qué se trataba, porque todavía no estaba todo listo, o sea estaba lista ya la plataforma de madera sobre el camión, eso sí, pero todavía faltaban los detalles, que eso recién hicimos después en Asunción, en la casa de mi hermano, por la tarde. Así que por el camino parecía una carroza cualquiera yo estaba de particular no más, recién para salir en el desfile del corso me vestí de Papa.

No le sé decir cuánto señor comisario porque la mano de obra puse yo, por lo menos una buena parte y la madera también de mi carpintería, tengo que calcular el precio total. ¿Cuánto? No, mucho más que eso, le voy a hacer el cálculo después si usted quiere… Pero le puede decir que fue mucho y usted sabe que yo no tengo plata, así que si hice eso fue por una promesa y no para macanear no más…

¡Qué suerte que le llamó él, señor comisario, él sí que le puede explicar!… Pero cómo no le voy a conocer a él, señor comisario, si el señor Salerno justamente es el jefe de nuestro cursillo en Caacupé y si yo entré fue justamente gracias a él porque me vino a visitar en mi casa un día que yo estaba con mucho sentimiento y hasta con ganas de matarme y me dijo:

⸺Si no venís te rompo la cara.

Allí estuve a punto de pelearme porque no permito que me traten así pero Pon Salerno me dijo eso medio en broma y yo me di cuenta de que estaba tratando de ayudarme y yo también en esa época andaba buscando algo y me dije que mal no me podía hacer al final el retiro y en todo caso me convenía probar porque andaba desesperado y en ese tiempo mi carpintería a punto de quebrar, pero yo lo mismo no más continuaba bandideando por los bares y esas cosas que ahora me dan vergüenza…

Sí. Trabajando y con la ayuda de Dios salvé mi carpintería, comisario, pero usted ya no pudo saber porque se fue de Caacupé para entonces… ¡Ah!, entonces estuvo en Pedro Juan antes de venir a Asunción… Eso habrá sido duro, comisario…

…Usted debe de estar cansado de verme, pero yo le digo que estoy muy contento de que sea usted que me hace declarar. Porque usted es un hombre comprensivo y no le estoy diciendo esto para adularle no más, es la pura verdad… Le digo porque en esos tiempos que usted andaba por Caacupé yo me portaba muy mal y ahora me doy cuenta de que usted por comprensivo no me metió preso…

Pero tampoco un insensible, como me dijo usted aquella vez, ¿no se recuerda? Yo sí porque me dio mucha vergüenza… Fue cuando allanaron el bar El Rubio y usted me dijo si no me daba vergüenza estar haciendo esas cosas cuando que mi hijo recién enterrado… pero después me dejó ir. Enseguida. Ni siquiera me llevó hasta la comisaría como a los otros y me doy cuenta de que si usted me apresaba esa vez me fundía, porque demasiados problemas tenía ya y ese iba a ser el último.

Porque no era insensible, comisario.

Ocurre no más que tenía un sentimiento demasiado grande, por eso no más que hacía cosas feas… Me hacía el que no me importaba nada, pero demasiado me importaba.

¡Pensar que si le hacía caso a usted no pasaba nada!

Porque usted me dijo bien la vez aquella que le quitó el registro a mi hijo que era demasiado chico todavía para darle el auto pero yo no le hice caso a su advertencia y le seguí no más prestando el auto y así terminó matándose por culpa mía el inocente y nunca me lo puedo perdonar.

¡Qué ha de pensar usted de mí!

Me recuerdo como si era hoy de su cara comisario cuando me hizo llamar y Luis Carlos parecía como si no tenía nada grave y usted me dijo por tu culpa. Pero yo no me preocupé todavía cuando lo llevamos al sanatorio pero se fue no más con su conmoción interna y para colmo la mujer esa seguía viva, nada le pasó en el accidente pero no la puedo culpar porque yo sabía bien con quién andaba mi hijo y encima le daba plata, pensaba que más hombre si se divertía así y entonces sí que tenía que volcar a 140 k/p/h.

¡Qué habrá pensado usted de mí!

Pero insensible no era y eso me trabajaba mucho, hasta me daba a veces ganas de matarme ni trabajar podía y solamente borracho estaba enfermo yo hasta que vino Pon Salerno a rescatarme o sea me llevó en su retiro…

…Difícil que yo le explique nuestro retiro y no porque hacemos misterio ni no le contamos a nadie porque también le contamos y lo que pasa no más que demasiado ya nos han atacado diciendo que somos fanáticos y esas cosas. Por eso el monseñor nos recomienda reserva y yo le puedo contar algunas cosas pero no le van a interesar si yo le digo no más porque no sé expresarme… también que nosotros rezamos al comenzar y recién después reflexionamos y yo no puedo explicarle ahora mismo porque solamente cuando estamos los hermanos reunidos y rezando Dios nos da carisma.

¡Ah! Entonces le conviene comisario personalmente… Eso justamente lo que buscamos nosotros o sea que cada uno haga su experiencia de Cristo. Porque nosotros a nadie le forzamos… Eso es una calumnia, comisario, usted va a ver… Nadie le fuerza a nada… No sé por qué ese doctor Rodríguez dijo después que nosotros le perseguimos hasta en su vida profesional porque vino en nuestro cursillo y después salió… Aunque tampoco nos gusta que nadie ande repitiendo de balde lo que se dice en el retiro como él repitió…

Yo no quería burlarme. Yo hablé con mis hermanos sobre eso, y ellos me dijeron que no me iba a disfrazar sino que le iba a representar… O sea me explicaron la diferencia. Pero no más pensaban que era muy riesgoso, porque si salía mal las gentes iban a aprovechar para criticarnos, iban a decir como dijeron después que era un fanático, que me burlaba de Su Santidad.

Pero también la culpa de los organizadores del corso, ellos te dan un número para entrar en la fila y entonces tienen que fijarse un poco más porque que no podían ponerme justamente detrás de la otra comparsa, esas indecentes que armaron el bochinche. También culpa de ellas.

Porque la verdad que todos me aplaudían cuando me veían pasar; imagínese que ahora sólo se ven indecencias en el carnaval, no sé cómo permiten esos disfraces, y entonces si es padre de familia uno quiere llevar a sus hijos, pero no tiene adónde porque por todas partes indecencias. Por eso muy contentos cuando desfilaba yo. Por fin una cosa decente, una carroza con un mensaje diferente. Usted hubiera visto cómo se alegraban las gentes, cómo me gritaban entusiasmados ¡VIVA JUAN PABLO II! Porque nuestro pueblo es muy católico, y ellos se alegran mucho cuando le ven al Papa.

Sí, es cierto que él viene a visitar el Paraguay, y entonces lo primero que piensa hacer es ir en Caacupé, porque esa pues es nuestra Patrona. Pero entonces cómo le vamos a recibir así, con nuestra basílica que todavía no está terminada, y eso justamente lo que hablábamos en el cursillo; algo teníamos que hacer para que se termine. Porque la gente ya no da más plata, y en parte por la propaganda irreligiosa, pero en parte también por nuestra culpa, porque no sabemos ya más adaptarnos al mundo moderno; no podemos seguir pasando la alcancía por las iglesias sino que tenemos que ver cosas modernas, y como decía el monseñor, si Cristo aparecía en nuestro siglo hablaba por el televisión…

No, comisario, le doy mi palabra de que no. No dimos ninguna coima. A mí me permitieron entrar no más, o sea a la carroza, y nos dieron un número para que nos pongamos en la fila, justamente detrás de las indecentes esas que también desfilaban y no explico cómo se les permite. Pero yo no sabía que estaba prohibido vestirse de religioso y las autoridades también no me dijeron nada, así que entré no más y me puse en fila. A lo mejor no me dijeron porque vieron que no tenía nada de indecente, y le puedo decir…

Nunca las vi, comisario, después me dijeron que de uno de esos lugares, creo que se llamaba El hormiguero. Una buena partida, no recuerdo cuántas, pero todas medio desnudas y moviéndose para provocar a las gentes y yo me pregunto esos pobres padres de familia… No, yo no les provoqué para nada. Ni mi chófer tampoco. Nosotros no podíamos, comisario, iba a quedar demasiado mal, nosotros en un tema religioso, ¿Cómo podíamos tomarnos a trompadas con esas mujeres? Ni pensar. Incluso yo le digo que no me daba cuenta, el chófer no más me contó después que ellas desde el comienzo comenzaron a tirarnos besos y decirnos zafadurías… O sea que desfilábamos normalmente por la calle Palmas; ellas haciendo lo que tenían que hacer y nosotros también. Si querían molestarnos no me daba cuenta, aunque eso sí, me molesté cuando nos ubicaron justo detrás de las cochinas para comenzar a desfilar en el corso.

Mire, comisario, eso le dijeron de balde… Porque el globo nos tiraron allá por Palma e Independencia, me recuerdo muy bien porque justamente en esa esquina nos hicieron un aplauso impresionante, y justamente les vi a unos hermanos del cursillo que también aplaudían… Uno que se llama Cacho, él fue que me levantó la mitra porque o sino la aplastaba la carroza de atrás. Y no que le pasó nada a la mitra, seguía muy bien, pero me dio tristeza no más que en ese momento que el pueblo me recibía tan bien me faltaran al respeto. Es decir, no me faltaban a mí sino a Su Santidad.

Pero como le digo, no fue por eso que vino el problema, porque el globo de agua me tiraron de un balcón, por lo menos de un balcón me pareció, no de la carroza de adelante. Así que no nos peleamos por eso. Después que en seguida ya venía el palco, o sea que pasamos por delante, y allí luego no podíamos pelearnos, usted se da cuenta que lo que dicen es falso… Sí, en frente del palco yo noté un movimiento, porque el Intendente habló con el que estaba al lado, yo me di cuenta, y todos comenzaron a mirarme y hablar entre ellos, entonces tuve miedo que vinieran a bajarme de mi carroza. Bueno, no es miedo precisamente, porque miedo no tenemos de dar un testimonio de nuestra creencia, miedo le digo por las consecuencias negativas que podía tener, no por mí sino por nuestra causa… digo lo que yo quería hacer que era digamos propaganda, pero en el buen sentido… y si usted me permite estaba resultando muy bien, usted tenía que ver cómo me aclamaban la multitud, yo ya estaba viendo entonces cómo le iban a aclamar a Juan Pablo II, y me sentía contento de prepararle el… disculpe, voy a contestarle sus preguntas no más, hablo demasiado.

No, eso no le puedo negar si tiene aquí la foto… ¿Ve cómo me parezco a Juan Pablo II? No sabe cómo le costó hacerme el traje… Bueno, eso es lo que quería explicarle, comisario… Existen pues esas películas de Jesucristo, de los apóstoles, usted habrá visto… Allí aparece un artista que le representa por ejemplo a Jesucristo, que hace como él. Pero eso no es remedarle, no es burla, porque la intención es buena; al fin y al cabo se vende más cinta verde. Y yo también hacía eso; si me puse a darles la bendición no era para reírme del papa, claro que no. Por malos no más dijeron de mí que le remedaba al papa; hasta sacrílego me dijeron. Pero eso porque están pues esas personas de Acción Católica, esas que siempre estuvieron en la iglesia y se sienten el dueño. Por eso no quieren aceptar gente nueva, ellas solamente; dicen que somos todos unos locos… Si usted quiere ir comisario ojalá va a ver bien que los cursillos no somos unos locos… Si Salerno le dijo, por supuesto, nosotros no aceptamos a cualquiera.

¿No se puede? ¡Qué lástima! ¡Cómo quiero quedarme con esta foto! Fíjese un poco la carroza, comisario, dígame si no era la mejor. Es en blanco y negro y no se nota, pero el trono era una maravilla, parecía de oro. Y mi traje también, mi señora se pasó bordando semanas enteras… ¿A usted le parecía irreverencia? ¿Ve que no es? La única carroza decente en el carnaval; aquí tiene la foto para ver usted mismo… Bueno, la basílica no se ve, es una lástima, porque justamente ese era el tema nuestro; yo de un lado como Juan Pablo II y enfrente la basílica, o sea, la maqueta. No se imagina lo linda que estaba ahora que no quedan ni rastros.

Esta otra es prácticamente al final, señor comisario; ya estábamos por terminar. Aquí fue que paramos un ratito porque la de adelante había parado, y entonces fue que la señora aquella me subió la nenita en la carroza, aquí se ve muy bien, y yo la senté en las rodillas y todo el mundo aplaudía. Ese fue el momento más lindo, y si el corso terminaba allí, nadie después me iba a criticar. Justo cuando faltaban digamos unos 200 o 300 metros para llegar al fin.

Ya la vi, señor comisario…

Justamente Salerno me trajo esa. Él quería que yo vea antes de que nadie me diga por ahí, porque o sino le aseguro que… ¡Quién iba a decir que esos bandidos iban a aprovechar o sea para destruir toda mi obra piadosa de esa manera, porque ellos lo que quieren no más hacer escándalo, y una cosa así les conviene porque engañan a la gente!… Casi me muero cuando la veo, pero Pon me dijo que no tenía yo la culpa porque la intención era buena y eso lo que cuenta. Aunque también me duele, para qué le voy a negar, porque una fortuna me salió la carroza esa y todo el trabajo y hasta tuvieron que darme plata los amigos porque no me alcanzaba. También el trabajo de mi mujer y de… bueno, lo que yo me esforcé. Justamente cuando los vecinos en Caacupé comenzaban a respetarme porque vieron bien que yo cambiaba de vida y ya no andaba más macaneando tiene que salir ese artículo para que se rían de nuestra obra… Sua Santidade e a dama… Hasta el título es irreverente, comisario, y menos mal que aquí todavía habemos decencia y no se permiten cosas así, pero en el Brasil unos degenerados publican lo que quieren y cuanto más escandaloso más les gusta.

Menos mal que ustedes secuestraron todas las fotos, comisario, permítame que le felicite, aunque también no creo que mi felicitación le valga pero igual permítame…

…Sí, eso le voy a contestar…

Como le dije luego esas infelices de adelante desde el primer momento comenzaron a indecentear, pero como le dije no les hacíamos caso ni mi chófer ni yo porque no debíamos, pero desde el primer momento… Entonces ese globo que le conté, de agua quiero decir, ese pues me echó mi mitra, y menos mal que Cacho estaba por ahí en la esquina que me pasó de nuevo y le dio un bife… Es que me olvidé de contarle que en ese momento paramos y una mujer de adelante se bajó y recogió la mitra y se la puso. Por eso Cacho le pegó por irreverente y entonces comenzaron a silbarnos entre todas pero no les hicimos caso. Y la verdad que cada vez que hacíamos un alto en el desfile ellas nos bailaban alrededor las indecentes y una me dice Juan Carlos, ¿por qué ahora estás tan serio? Y no que yo le conocía, comisario, es que las mujeres de esa profesión averiguan todo, así es que se buscan su cliente.

O sea que todo el tiempo nos iban molestando durante nuestro desfile de carroza por el corso y después se tranquilizaron un poco frente al palco oficial pero también tuvimos que llevarle porque no pudo bajarse… No le dije que una de esas se nos subió en el camión al lado de mi chófer, una en bikini, y el pobre no podía sacarla y comenzaron a pelear y un policía casi interviene, pero cuando pasamos frente al palco oficial los dos tuvieron que comportarse porque estaba el Intendente y todos esos y debe ser por eso que nos miraban tanto desde el palco como le dije y me pareció que nos echaban del Carnaval por sinvergüenzo, porque quedaba mal con la mujer en bikini en la carroza al lado del chófer que estaba de pa’i.

Pero lo mismo no más cosechábamos aplauso, las multitudes aplaudían a nuestro paso, sobre todo allí cuando paramos y la señora me pasó su hijita como de siete años para que yo la bendiga, la pobre estaba por llorar de la emoción como se ve en la foto. Allí sí que nos aplaudían demasiado, todo el mundo aclamando a nuestro Papa.

Eso debe ser lo que les molestó a las de adelante porque ellas medio desnuda, pero igual no más nadie les miraba sino a nosotros… Y si usted dice… Pero tampoco le crea tanto a esas bandidas, comisario. Porque yo vi que Cacho le pegaba a esa que se puso mi mitra para bailar, pero no creo que mi chófer también, ese mozo es juicioso y trataba no más de sacarla a la que se le puso al lado. No creo que le pegue. Ahora dicen ellas para justificarse que armaron el escándalo.

No. No es que estaban enojadas con nosotros, por lo menos en ese momento, porque lo único que hacían era llamarme Juan Carlos qué bien estás de Papa y me tiraban besos y me movían su nalga, pero a mí no me importaba. O sea, me importaba porque me estropeaba mi mensaje, no que a mí me interesaba su grosería.

O sea que no estaban enojadas. De zafadas no más se metían con nosotros que no le hacíamos nada… Pero para qué le estoy diciendo si aquí tiene usted el artículo o sea la fotografía tan inmoral y usted ve bien que ella se me sienta en mis rodillas. Justamente como la nenita que se me había sentado en la otra foto… aquí. Pero fue tan rápido que ni cuenta me di o a lo mejor que con los aplausos se me pasó cuando trepaba; pero apenas le devolví esa nenita   a su mamá otra vez en medio de toda esa gente tan contenta, ahí mismo se me sube esta banda encima; en la foto se ve muy bien cómo es. Entonces no puede decir que la provocaba como le dijo. Yo todo el tiempo me quedé en mi trono y ella fue la que vino en mi carroza, se me subió encima.

¡Qué le voy a decir!

Allí aprovechan los fotógrafos, no se podía ver de sus flashes. Y yo no podía seguir en el desfile con esa mujer en mi rodilla, para colmo todo vestido de Papa Juan Pablo II. Yo le decía a ella que se vaye pero no quería, y entonces le rempujé. Ella que estaba borracha vaciló un poco y cayó, o sea en el asfalto, y tuvo mala suerte porque cayó de cabeza, por eso se lastimó tan grande.

Eso es todo lo que pasó, comisario; le doy mi palabra de hombre y de cristiano… Me alegra que sea usted otra vez, comisario, usted no es como esos policías que están para castigar y nada más. Usted escucha. Supongo que también me ayuda que Salerno le habló un poco también de mí, porque después de la forma como usted me conoció en Caacupé, habrá pensado que otra vez más yo armaba lío en la vía pública por pura diversión… Así mismo, señor comisario, no se puede poner la fruta sana junto a la fruta podrida y la culpa entonces de los organizadores del desfile del corso porque si ponen las prostitutas junto a la carroza del Papa algo tiene luego que pasar… exactamente, por más de que Basualdo y yo a todo precio tratamos de ser correctos.

Si le dijeron eso le mintieron, comisario. Nosotros no le pegamos a nadie. Pasó no más que cuando le vieron a su compañera tirada en la calle las otras se enojaron demasiado, ¿pero por qué también esa se me vino a la carroza? Si se quedaba en la suya no le pasaba nada. Entonces nosotros somos agresores. ¡Qué simpático! Usted hubiera visto cuando se nos vinieron encima las mujeres, es un milagro que no le mataron a Basualdo. Usted vio cómo le dejaron. Y eso que la bronca era conmigo, a mí que querían agarrarme. Pero yo me defendía desde arriba; por suerte la carroza es alta y no podían subir así no más… Hasta que comenzaron con las piedras, y esas que destrozaron toda la maqueta eran para mi cabeza. Si ustedes no intervenían a tiempo me mataban.

¡Encima ellas nos culpan a nosotros!

¡Ah! Eso le agradezco mucho, comisario, justamente en el tumulto pensé que se me había perdido y tengo que devolvérselo al monseñor que me prestó. No se preocupe por eso que yo puedo lustrarlo, tengo justamente un líquido especial para metal. Pero por favor no le diga nada al monseñor… ¿Qué quiere que haga? Si no me defendía me mataban las mujeres esas, pero tampoco fue como ellas dicen porque si les daba fuerte les mataba; fíjese un poco lo pesado que es… Si usted dice debe ser manchas de sangre, pero fue sin querer, porque en el entrevero ese no se calcula bien y a lo mejor se me fue la mano… Pero deme no más comisario, yo puedo limpiar, y por favor no le diga nada al monseñor. Él se va a enojar si sabe que me defendí con su báculo.

…de eso no le quiero decir nada, porque soy lo que se dice parte interesada… Por eso quiero que vaya y juzgue por sí mismo; ya va a ver que los cursillistas no somos ningunos fanáticos. Al contrario, allí nos ayudamos todos y nadie le obliga nada a nadie… por eso que no le aceptamos a cualquiera. No porque somos cerrados, como dicen, sino porque queremos estar seguros que el que se va se va porque quiere… No vamos a perder nuestro tiempo forzando a la gente. Eso no se puede. Tampoco se quiere, nosotros por lo menos… Buena voluntad es lo único que hace falta, comisario, y si a usted le invitó Salerno ha de ser porque la tiene… Por eso le invitó en nuestro retiro que no le invita a cualquiera; él sabe conocer a las personas… Bueno, espero entonces que nos volvamos a ver pronto, comisario, pero no como acusado y policía, sino como auténticos hermanos en Cristo.

Nota de edición: este cuento forma parte del libro Cuentos decentes de Guido Rodríguez Alcalá, publicado por Criterio Ediciones en 1987.

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