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Una épica híbrida

La tardecita del jueves 29 de abril de 2021, el escritor Daniel Salinas Basave se reunió virtualmente con Libroclub Y, nuestro club de lectura, para charlar sobre el último libro que había publicado hasta entonces, El samurái de la Gráflex. Para revivir el encuentro, compartimos la transcripción editada de la charla.

 

El nombre de Daniel Salinas Basave se volvió noticia literaria regional cuando ganó la primera edición del Premio Fundación El Libro, en 2018, con el libro de cuentos Juglares del Bordo, una composición de nueve narraciones ambientadas en Tijuana, ciudad en la que decidió arraigarse. Pronto le envié una invitación de amistad en una red virtual y luego lo invité a colaborar en Revista Y. Aceptó de inmediato. Desde entonces, cada diciembre ha recomendado un libro que le maravilló leer ese año, porque Daniel es sobre todo un lector voraz del que se siente orgulloso: en sus redes confiesa largamente, tal como habla, qué libros le ha gustado y qué libros no. Un curador necesario en la virtualidad. Así como un narrador prolífico que reportea, ficciona, ensaya, a veces híbridamente en libros de cuentos, crónicas, ensayos, novelas. Y un conversador abierto al análisis sincero y crítico de su obra.

En 2019, publicó El samurái de la Gráflex, la épica de Kingo Nonaka, el japonés multifacético que nació en Fukuoka y migró a México para volverse, por azar y voluntad, enfermero de hospital y de guerra, en el frente de batalla de la Revolución Mexicana, luego fotógrafo y líder de la comunidad japonesa tanto en Tijuana como en Ciudad de México. Una historia que formaba parte del olvido hasta que las fotografías de Nonaka se volvieron públicas y Daniel Salinas Basave conoció a su hijo, don Genaro, testigo reivindicador del padre que había legado, además de los paisajes captados de la naciente Tijuana, unas memorias austeras a pesar de las aventuras que había vivido.

A inicios de abril de 2021, invité a Daniel para conversar sobre ese libro, una simbiosis de crónica y novela, con Libroclub Y. Era el cuarto invitado de nuestro club de lectura. Aceptó como siempre, de inmediato y con gusto. Ahora, luego de transcribir, editar y corregir cuidadosamente la charla de más de dos horas que tuvimos, la publicamos para revivir la experiencia y compartirla con todos ustedes.

UN LECTOR: Una pregunta que quiero hacerte es sobre los hechos narrados, que son muy llamativos. En las entrevistas y las presentaciones que vi, presentas el libro como crónica periodística. Hablas mucho de periodismo narrativo, no necesariamente de novela, como lo suelen catalogar al momento de venderlo. Entiendo que es una crónica narrativa, una crónica periodística en la que te tomaste algunas licencias para que los lectores nos involucremos más con el personaje, reflexiva y emocionalmente. El narrador reportero es creíble. Está en el presente siglo XXI y a la vez acompaña al protagonista Kingo Nonaka. La pregunta que tengo es: ¿cómo verificaste los hechos que has narrado en el libro? Mencionas el libro de memorias de Kingo Nonaka, el libro del testimonio de su hijo Genaro Nonaka García. Están las fotografías de Kingo. Y también mencionas algunos documentos específicos. ¿Cuál es tu forma de verificación cuando tienes una historia maravillosa, con semejantes hechos, por ejemplo, en el proceso de la Revolución Mexicana?

DANIEL: Pones el dedo en la llaga con esta pregunta. Esa fue la madre de todas las dudas y del cuestionamiento que me asaltó al ponerme manos a la obra. Yo sabía que quería narrar esa historia desde hace mucho. Este libro lo quería escribir desde 2010, cuando conocí a don Genaro. Desde ese momento dije: Aquí hay una historia y hay una novela en potencia; esta novela ya está. Es una historia con demasiados elementos. Tuve una serie de entrevistas con don Genaro, exhaustivas, charlas de dos o tres horas en donde le pedí que echara a volar la memoria, que contase historia de sus padres, de su infancia. A mí siempre me ha apasionado la revolución mexicana. Te puedo decir que sobre esa revolución ya tenía muchas lecturas previas. Incluso tengo otro libro sobre crónicas de historias que se llama Mitos del Bicentenario. Entonces la revolución mexicana es un tema con el que yo he estado siempre apasionado. Fascinado. El tema del que tuve que leer más, del que me puse a juntar más bibliografía, más lecturas, es sobre el inicio de las relaciones entre México y Japón. Sobre el primer viaje que hicieron los astrónomos en 1874, a Kioto, para ver el paso de Venus y el Sol, sobre cómo se firmó entre ambos países un primer tratado de amistad y sobre la primera migrada de japoneses a México. Sobre eso sí me puse a leer muchos libros, testimonios también. El mismo testimonio de Francisco Bulnes, el primer cronista que cuenta cómo fue el primer viaje de mexicanos a Kioto. Ya una vez con todos estos elementos, yo tenía una gran duda. ¿Cómo cuento esta historia? Podría haber hecho una labor historiográfica seria, una bibliografía rigurosa en términos académicos, con fuentes, con un montón de pies de páginas etc., pero no soy historiador de carrera. Aunque la historia me apasiona. Es una de las grandes pasiones de mi vida. No voy a usurpar la labor de los historiadores. Hay grandes historiadores que pueden hacer ese trabajo. De hecho, un historiador, Gabriel Rivera, el director del Archivo histórico de Tijuana, me presentó a Genaro Nonaka. Descarté la labor de un trabajo historiográfico porque no me correspondía. Entonces me dije: una novela histórica con diálogos, algún suspenso, algún romance con personajes, con capítulos que acaben en situaciones límites. Llenarlo de ficción. Luego me dije: Caray, tampoco, esta vida en sí misma es tan rica, tan plena en anécdotas, que no hace falta inventarle nada. ¿Pues qué hago? Mira, soy reportero de formación. Mi verdadera escuela fueron las redacciones periodísticas. Aposté por la crónica. La crónica narrativa. El periodismo narrativo. Al final me salió un híbrido. Yo le llamo ajolote prosístico. Un animalito mexicano que vive en el lago de Xochimilco. Es un animalito que se quedó entre el pez y el anfibio. Es una crónica periodística sí, pero tiene pequeñas licencias ficcionales. Debo confesarlo. Un periodista no puede saber lo que está pensando su personaje cuando está sumergido en una laguna, por ejemplo. Más aún si es un personaje que no pude entrevistar. Kingo murió cuando yo tenía tres años de edad. Esa es una pequeña licencia ficcional. Usurpar sus pensamientos, sus sentimientos, si tenía miedo, si tenía anhelos, ambiciones, dudas. Pequeños vacíos que tenía en donde los testimonios no me sabían decir qué pasó. Entonces los cubrí con un poquito de ficción. No son invenciones tan deliberadas. Pero sí son como una pintura a las que tienes que meterle un toquecito para que quede la figura geométrica. También me permití narrar, dentro de la misma historia, cómo yo estoy escribiendo esa historia y cómo llegué a esa historia. Les puedo decir que tuve dos influencias, en cuanto a lo formal. Una es el francés Patrick Deville, que realiza una especie de biografías múltiples, en las que a la vez narra el presente y el pasado tratando de interconectar todo lo que está sucediendo en un mismo momento. No solo la historia del personaje. La otra influencia es el español Javier Cercas, que también suele estructurar en clave de metaficción (cuenta cómo está estructurando el relato y cómo el relato lo influye, es decir, el personaje tiene vínculos con el presente). En fin, salió un híbrido.

UN LECTOR:  El periodismo dice al reportero: tú no eres la historia, sino que estás a disposición del otro o los otros. En este libro hay un reportaje que podríamos llamar típico (contextualiza, presenta al protagonista), un narrador en primera persona (el reportero que acompaña en primera persona a Kingo Nonaka) y un narrador que reflexiona. Es una primera persona que reconozco como un reflejo de ti, muy presente. ¿Eso también lo decidiste previamente a la narración o es algo que emergió mientras escribías? ¿Te sentiste cómodo de esa manera? Por último, ¿no sentiste ningún prurito de meterte tanto en la historia?

DANIEL: Trato de que la presencia sea más discreta que la de Emmanuel Carrère, ya que él prácticamente se dedica a hablar de sí mismo. Sí, entiendo lo que me dices. Probablemente un periodista de cepa o un cronista de vieja escuela u ortodoxo se borre. Se borre absolutamente. Me pasó, por ejemplo, con una crónica que publiqué en Gatopardo. Quizás el texto que más veces me han devuelto en la vida. Como unas cinco veces, hasta que finalmente se publicó. El editor, Guillermo Osorno, era muy rígido. Imagino que con Leila Guerriero o los grandes másters de la crónica periodística, te borras de la historia. No quise abusar del yo, por supuesto. Sin embargo, sí consideré que la manera en la que llegué a la historia era parte de la historia misma, porque de Kingo Nonaka se supo muy poco hasta 2003, cuando reapareció su archivo fotográfico. Era un personaje que, si te fijas en los grandes libros de la historia oficial de la Revolución Mexicana, no aparece. Solo había mínimas menciones. Entonces, para mí, el hecho de cómo ir con el personaje, describir las reuniones y los encuentros con su hijo, era muy simbólico. Además, el tiempo en el que charlé con don Genaro coincidió con la toma de Trump como presidente de los Estados Unidos, con la venida de una oleada muy grande de migrantes haitianos que llegaba a Tijuana y con unas protestas ciudadanas también muy fuertes. Era un momento histórico en sí mismo. Tengo otros dos libros que podrían considerarse hermanos o primos del Samurái. Tratan sobre una persona. Personas muy diferentes. Por ejemplo, uno trata de la liturgia del Tigre Blanco. Es la biografía del zar de las apuestas en México, el zar del juego, Jorge Hank Rhon. Un gánster, un mafioso, actualmente candidato a gobernador de aquí, Baja California. Ya fue alcalde de Tijuana. Yo escribí el primer libro que hay sobre su vida. En algún momento como reportero me tocó estar muy cerca de él. Ese libro que publico en 2012. También es la primera vez que cuento un poco de esa historia. En fin, sin tratar de abusar. No me gusta. Me repele cuando el cronista no sólo te cuenta la historia de su personaje sino que te cuenta que en el momento que la estaba escribiendo tenía un terrible quiebre amoroso y que era alcohólico y adicto a la cocaína. Eso a mí, vaya, es demasiado. Por ejemplo, hay un colega que respeto mucho, Julián Herbert, para mí el autor del mejor libro que se escribió en mi generación, Canción de tumba, pero su último libro de crónica periodística, Ahora imagino cosas, es la historia de su vida. Es la historia de su situación y sus fiebres emocionales, y de su alcoholismo. Está muy bien el libro, pero no me está hablando de crónicas, me está hablando de él. Yo no quise caer en eso. En el libro que te digo, La liturgia del tigre blanco, hablo de cómo conocí a Hank Rhon. Tengo otro libro que se llama El lobo en su hora. La frontera narrativa de Federico Campbell, una biografía-ensayo que ganó un premio, el José Revueltas. Lo difunden como ensayo, porque, bueno, es un ensayo biográfico sobre quizás el escritor más tradicional y emblemático que es Federico Campbell. En él también narré las circunstancias mientras lo estaba entrevistando acerca de un diluvio que caía sobre su biblioteca. Cómo se oía la lluvia en el tragaluz, por ejemplo. La última noche que lo vi con vida, dos semanas antes de su muerte, intervine un poco, sí, pero siempre en relación al personaje. Mi intervención tiene que ver con la historia misma, en algo que creo que aporta al contexto de la historia. Probablemente una Guerriero y un Caparrós me la reprobarían. A lo mejor no me la aceptarían como una crónica pura y ortodoxa. Pero considero que, aunque me metí en la foto, no abusé del todo.

UN LECTOR:  Me llegó mucho la humanidad de Kingo, su enseñanza de resistencia, resiliencia. Sobre todo, ese momento que con su esposa va a sanar a los guerrilleros que estaban en la iglesia. Me digo: Qué tipo de educación ha de haber recibido en su tierra natal, de sus padres, para ser un tipo tan perseverante. ¿Qué te parece que le pudo haber dado esa impronta, esa personalidad?

DANIEL: Creo que tiene que ver con la tierra donde nació, en donde había adversidad. Era una provincia alejada de los centros y del gran centro imperial que era Kioto. También fue la única provincia que tuvo una apertura hacia el exterior. Japón, hasta 1854, fue un país hermético. Absolutamente hermético con régimen feudal. El único lugar adonde llegaban y de donde salían, además del puerto de Nagasaki, era Fukuoka. Además, Fukuoka era el lugar en donde cayó el último vestigio de la reunión de los samuráis, cuando Japón fue obligado por las potencias extranjeras a abrirse al comercio exterior. Se instaló la era Meiji que inició una serie de reformas económicas, fiscales, para modernizar Japón y abrirlo al comercio exterior. Acabó con tradiciones antiquísimas, milenarias. Una de ellas fue la del dominio de la casta de los samuráis. Los samuráis eran guerreros nobles que ejercían el poder, la vigilancia y el liderazgo moral. Hubo gran rebelión de los samuráis que se negaron a aceptar eso. Hay una película hollywoodense cuenta esa rebelión. Yo interpreto que quizá de ahí parte esa épica del estoicismo para superar la adversidad. Aunque Nonaka más que un temple de guerrero agresivo fue un estoico, uno que siempre le puso buena cara a la tormenta. En situaciones muy muy duras cualquiera se doblaría. Muy adversas. Pero él siempre buscó aprender la manera de encontrar caminos, de encontrar alternativas. Tenía mucho de esa palabrita muy de moda: resiliencia. Cómo aprendes de la adversidad. Cómo te adaptas cuando la cosa está cuesta arriba, cuando el cielo está negro. Estaba en un país extraño donde no conocía a nadie, donde no sabía el idioma, pero como a veces la aleatoriedad manda ángeles, le mandó pequeñas ayudas como fue la providenciana aparición de Viviana Cardón. Le dieron una escoba para barrer, pues se volvió el mejor barrendero. Barriendo, se fijó como trabajaban los enfermeros. Así empíricamente, pura observación, aprendió enfermería y le dieron trabajo de enfermero. Entonces intentó ser el mejor enfermero. Y cuando el país estuvo en medio de guerras y le tocó ser enfermero de guerra, aprendió a ser enfermero de guerra. Luego estalló la paz, se acabó la Revolución Mexicana, y tuvo que buscarse la vida. Probó como agricultor en el Valle de Mexicali, poblado casi por entero por chinos. Después se fue a Ensenada, como gambusino, a probar fortuna en las minas. No la encontró, pues de pronto dijo bueno, vamos a ver cómo funciona estos aparatos de fotografía. Él nunca había tomado una cámara en su vida. No era algo fácil. La Gráflex de 1920 sacaba solamente seis fotos impresas en metal. No era fácil revelarlas. Echándola a perder, aprendió. Para sacar esas seis fotos tenía que cruzar la frontera, ir a San Diego para que las revelasen. En Tijuana no había quién lo hiciese. Luego aprendió y se volvió el primero en revelar fotografías en Tijuana. Siempre fue aprender, aprender, aprender, de la adversidad. A mí no me gustan los conceptos de superación personal y eso. Pero sí pienso que Kingo Nonaka es una especie de faro que me dice: Siempre que el mundo sea adverso, puedes aprender algo nuevo. Puedes hacer algo que a lo mejor nunca habías hecho. Por ejemplo, mi esposa es psicóloga de formación. Se ha dedicado a atender adictos. Nunca había hecho una venta, ni tenía ningún tipo de preparación para ventas. Un día, las circunstancias la llevaron a improvisar como vendedora y ahora es una extraordinaria vendedora en el mundo de los bienes raíces. Es impresionante cómo aprendió. A mí me gustaría poder ser también como Kingo Nonaka: poder aprender, cuando la situación se pone adversa, a encontrar caminos y salidas para la vida.

UNA LECTORA: ¿Por qué elegiste narrar de esta manera? Hace un momento estabas contando que no querías caer en la autoayuda, en la superación personal. Justamente eso me llamó la atención. Cómo haces para narrar la vida de un personaje tan extraordinario como este, que al poco tiempo de venir se queda solo, que le pasa una serie de tragedias, que finalmente encuentra una suerte de madrina. Me recuerda un poco a Dickens. ¿Cómo narrar esta historia sin caer en la autoayuda?

DANIEL: Me gusta jugar con los conceptos de destino y aleatoriedad. El gran dilema para mí es el tema de si somos personajes de tragedias griegas marcados por un destino irrenunciable (hagamos lo que hagamos y vayamos donde vayamos, el destino nos alcanzará, porque somos esclavos de deidades que tienen ya designios previos para nosotros) o de una aleatoria música del azar, ciclón de la fortuna, absurda, caprichosa, donde las cosas pasan. De ti depende finalmente tomar los trenecitos que la aleatoriedad te va poniendo por ahí. La historia se presta para caer en lo cursi, en lo meloso, así como en un mensaje. Al final creo que cada lector es amo y señor del libro que está leyendo. Cada lector tiene potestad plena sobre su lectura. Si me dijeran: Yo lo interpreté como una historia de superación personal, yo no le diría que no es. Si a mí me dijeran que les inspira, yo no les diría que no, les diría que están en lo cierto. También si leen simplemente para conocer un poco más de historia. O si la ven como una historia en donde puedan estar reflejados muchos migrantes del mundo, pues finalmente Tijuana es una ciudad de migrantes. Una ciudad a donde todos los días deportan a decenas de cientos de connacionales. También es una ciudad adonde llegan grandes diásporas de centroamericanos, principalmente hondureños, salvadoreños, guatemaltecos. Son historias de ese grandísimo ciclón, ese tornado de almas que es el proceso migratorio. En ese grandísimo tornado vas a ver muchísimas historias de derrumbes, de tragedias que se harán polvo en el viento, que nunca sabremos. En este momento, mientras nosotros platicamos, estoy seguro de que están deportando a alguien de la garita. O un migrante está llegando por primera vez a Tijuana y la está viendo con ojos muy diferentes a como yo la veo. Esta ciudad puede ser infernal y terriblemente adversa para un recién llegado. Y esta ciudad está llena de recién llegados. Cuando uno sale a la carretera, es increíble la cantidad de gente caminando a la deriva. En todas ellas hay una historia. Quizá quiero expresar que la historia de Nonaka refleja a todos ellos. No quise tampoco idealizar al personaje. Simplemente quise ponerlo en su contexto y tratar de narrar algo que se aproximara lo más posible a la realidad. Mi principal fuente, mi columna vertebral, son los testimonios de su hijo. Es decir, la verdad, la fuente documental, la fuente historiográfica son muy muy pocas. Asumo que puede haber errores, asumo que el personaje está limitado en su psicología y quiebres interiores, etc. Podría haber enriquecido la historia, como Emmanuel Carrère hizo con Eduard Limonov, el caudillo, el Bowie bolchevique, uno de los mejores libros de crónica que leí, donde se narra un personaje contradictorio al máximo, un personaje lleno de claroscuros. Me gustan esos personajes con claroscuros. Por ejemplo, a Jorge Hank Rhon lo narré así, con sus quiebres, con todos sus vicios, con todas sus vicisitudes. A Federico Campbell, el escritor, también lo narré con sus depresiones, con sus terribles melancolías. Sus dudas. Kingo Nonaka es la primera persona sobre quien he escrito que no conocí personalmente. Era una de mis grandes dudas, si podría tomarme la licencia de un personaje más ambivalente, más fracturado, como somos todos los seres humanos. Pero al fin de cuentas decidí respetar el testimonio de su hijo.

1. Retrato de Kingo Nonaka. 2. Fotografía coloreada de la tropa encabezada por Pancho Villada (Kingo Nonaka, en la carreta). 3. Fotografía de Tijuana, tomada por Kingo Nonaka en 1924.

UNA LECTORA: Si bien existen personas carismáticas e idóneas en el mundo, en calidad de lectora, metiéndome mucho en el personaje de Kingo, me pregunto hasta qué punto él forma parte de una especie de destino, de tener tanta suerte, de zafar tantas veces de la muerte, de la adversidad. ¿Eso es mérito, es suerte, qué es? Pero al final, en tres partes mencionas que es masón. Eso me desmoronó un poco el ideal del altruismo que construí en el transcurso de la historia. Quizá no todo en Kingo fue mérito, sino ayuda. ¿Qué opinas de ello?

DANIEL: Creo en la aleatoriedad, en la teoría del caos, que esencialmente la vida es un grandísimo caos. No creo en ninguna deidad. Aunque al final de cuentas, quizá haya una parte inconsciente de nosotros que no gobernamos que nos hace creer que actuamos como si fuéramos destino de una tragedia griega, como si fuéramos destino de una deidad. Es muy difícil aceptar la orfandad ontológica, la orfandad del alma. De que en realidad somos así, puras criaturas dentro del caos más absoluto. Aun así, dentro de caos hay situaciones inverosímiles, lo que le da sentido a la literatura. Lo de la condición de masón no creo que sea importante porque él, Kingo Nonaka, se hizo masón ya entrado los años 20, cuando ya estaba establecido en Tijuana. Se hizo masón porque la gran mayoría en los años 20, 30, la gran mayoría en los círculos de clase media, de profesionistas liberales, eran masones. El siglo diecinueve mexicano sería incompresible sin la influencia de la masonería. Todos nuestros presidentes fueron masones. De hecho, tengo un libro sobre eso, un libro de ensayos que se llama Cartógrafos de Nostromo. Habla sobre los primeros diez años de vida del México independiente, sobre cómo la guerra entre las logias yorkina y escocesa representó los cimientos fundacionales del embrión de nación de México en 1824, cuando se promulgó la primera constitución federalista. Es más, el hecho de que seamos una república federal, que no hayamos sido un imperio como empezamos, sin tener una tradición federalista, porque veníamos de un virreinato totalmente verticalista, es influencia directa de la logia Yorkina, del embajador norteamericano Joel R. Poinsett y del primer enviado de la reina de Inglaterra, Henrry George Guarre, el primer embajador en México que promueve la logia escocesa. Pero el caso de Kingo no creo que haya sido determinante. La masonería en Tijuana en 1900 no pasaba más allá de ser un club social. No estamos hablando de gente que tuviera una real influencia política. Lázaro Cárdenas era masón, expresidente en 1941, secretario de guerra en el momento que Kingo Nonaka fue llevado por el ejército mejicano, sacado de su casa por su condición de japonés, por ser un sospechoso de ser un espía. Si su condición de masón lo hubiese ayudado en algo, creo que Lázaro Cárdenas lo hubiera ayudado. La persecución de japoneses en 1941 y 1942 realmente es un tema de indignidad diplomática, porque México, como tantas veces ha sucedido, se puso a los pies de lo que decía Estados Unidos. En ese momento, el presidente Roosevelt le dijo a Ávida Camacho: No quiero ver japoneses en la frontera, límpialos, no me importa si ya tienen familias mexicanas, si ya son mexicanos. Como Kingo Nonaka, mexicano desde 1924. Limpiaron las fronteras de japoneses. Los persiguieron. Se les trató muy injustamente. De la misma forma en que, muchos años después, Donald Trump le dijo a Amlo: Tú ponme a toda la Guardia Nacional en la zona sur; no quiero que me lleguen hondureños y guatemaltecos; no me importa cómo lo haces. Y Amlo dijo: Sí señor, a sus órdenes. Así ha sucedido muchas veces en la historia.

UN LECTOR: Un detalle que me llamó la atención. Kingo Nonaka, aunque al inicio no quiso aceptar la invitación de unirse al frente revolucionario, luego se volvió profundamente revolucionario, decidido a dar la vida por la causa. Y se volvió leal a Pancho Villa. Incluso cuando era un forajido. Y esto es lo que me llamó la atención: el narrador también admira a Pancho Villa, hasta lo reivindica. Narrador y protagonista comparten esta característica. ¿Es posible que esa lealtad de Nonaka con Villa sea una de las razones de la admiración del narrador a Nonaka?

DANIEL: La lealtad del general. Sí, bueno. El tema de Pancho Villa es también es oootro tema. Pocos personajes son fuente de encarnizados debates. Para mucha gente, Pancho Villa es un roba vaca, un ladrón, un asesino, un bandolero. Incluso tardaron muchos años en poner su nombre en el Congreso de la Unión. Y de llevar sus restos al monumento de la Revolución Mexicana, una especie de canonización. En la rotonda del monumento de la Revolución y en las letras de oro del Congreso estaban los nombres de Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, pero no el de Villa. Él era como el proscripto porque en el fondo seguía latente su leyenda negra de bandolero. Pues sí, fue un bandolero. Villa tuvo un incidente a los 16 años, en 1894, cuando defendió a su hermana de una inminente violación de parte del hacendado Agustín López Negra. Se trataba del derecho de pernada que ejercían esa suerte de señores feudales que eran los latifundistas en el porfidiano. Entonces Pancho Villa le dio tres balazos al hacendado y se convirtió en prófugo. Lo iban a matar. Tuvo que huir a la sierra, donde su única forma de vivir era robando vacas, caballos. Se unió a una banda de cuatreros. Demostró una gran habilidad y se volvió el jefe. Cambió de nombre, de Doroteo Arango a Francisco Villa. Hay dos teorías al respecto. Una es que su abuelo se llamaba Jesús Villa y que era hijo ilegítimo. Otra es que el líder original de esa banda de bandoleros se llamaba Francisco Villa y que, cuando cae acribillado, toma su nombre. El caso es que, en 1910, Francisco I. Madero, el jefe de la revolución antirreeleccionista, un catrín empresario millonario del norte de México, educado en Francia, espiritista, redimió a Pancho Villa. Le dijo: A mí no me importa, yo confío en ti. Francisco Villa le guardó una lealtad eterna a Madero. A diferencia de lo que pasó con otros héroes revolucionarios, como Emiliano Zapata y Pascual Orosco, que se rebelaron y le declaran la guerra a Madero. Pancho fue un hombre de lealtades. Admiraba la lealtad. Él era leal con quienes les eran leal. Creo que también Kingo Nonaka era un hombre de lealtades. Pancho Villa fue un hombre analfabeto que aprendió a leer en la prisión. Un semianalbafeto. No tuvo instrucción militar. Sin embargo fue uno de los mayores estrategas militares que ha habido en la historia de México. Es decir, si uno analiza militarmente las batallas de la División del Norte, fueron impresionantes. Él se batió contra el Ejército Federal Cuartista y tuvo triunfos épicos como el de Zacatecas, en 1914, que significó la caída de Torreón. Pancho Villa, un personaje de claroscuros. Por ejemplo, me llama mucho la atención la cantidad de tequilas, aguardientes y mezcales que se llaman Pancho Villa, Viva Villa, o cantinas que se llaman Pancho Villa. Una grandísima injusticia. Pancho Villa fue un abstemio radical. Nunca bebió una gota de alcohol en su vida. Su vicio eran las malteadas de fresa. No solo no bebía alcohol, sino que era muy severo con los soldados que bebían alcohol. En la División del Norte eran a secas. De hecho, una de las razones por la que Pancho Villa regañó mucho a Fierro fue porque era muy borracho. Pancho, muy impulsivo, a veces de un coraje mandaba fusilar a alguien o él mismo mataba. Pero también se echaba a llorar. Era de lágrima muy fácil. Un llorón, muy sentimental y, a la vez, un analfabeto que fundó muchas escuelas. Estaba obsesionado con la educación de los niños. Realmente, Pancho Villa es un reto para la psicología, un personaje de claroscuros, de una bipolaridad impresionante. Personaje importantísimo que sigue provocando muchos debates. Finalmente, él y Emiliano Zapata (cada uno con sus vertientes, Zapata en el sur con los campesinos y Villa con los rancheros norteños) representaron el ala más popular de la Revolución, más proletaria. Al final, la Revolución que triunfó y que nos regaló setenta años de priísimo fue la encabezada por los onorenses de clase media. Pequeños terratenientes. Villa y Zapata fueron la revolución auténticamente campesina. Auténticamente de la capa más pobre y marginada de México. Una revolución que al final de cuentas no triunfó porque fueron asesinados a traición.

UNA LECTORA: ¿Cuánto tiempo te exigió el proceso de documentación para poder comenzar a escribir el libro?

DANIEL: La idea de escribir el libro nació en 2010. Sabía que quería escribir ese libro. Empecé a investigar en periódicos y revistas. Escribí algunas crónicas y pasajes. Me interesó tanto el personaje que empecé a escribir sobre él. En otro libro de periodismo narrativo que publiqué, aparecen algunas crónicas de Nonaka que después incluiría en este libro. Como muchas veces pasa, como dicen, los mexicanos dejamos todo para mañana. Siempre hay otro proyecto más importante y ese se queda como proyecto secundario. Una vez, una noche de 2015, en Ciudad de México, en la casa Frida Kahlo, estábamos haciendo una presentación sobre cultura tijuanense y yo narré la historia de Nonaka. Entonces un escritor de esa ciudad dijo: Ah, ya sé de lo que va a tratar mi próxima novela. En ese momento me dije: ¡La madre!, ya ves, eso es lo que va a pasar, que es lo que pasa siempre, simplemente va a pasar que esta historia la va a terminar contando una persona que es de afuera. Empecé en enero de 2017 y entregué el libro al Fondo de Cultura Económica en julio de 2018. Fue una cosa muy loca porque nosotros, mi esposa y yo, acabábamos de tener un accidente muy fuerte en la carretera. Nos volcamos. Yo tenía una presentación tres días después en el Palacio de Bellas Artes en México. Estuve a punto de no ir. Al final todo adolorido y con las secuelas del accidente, decidí ir. Ahí me contactaron con el Fondo de Cultura. De regreso al hotel encontré el contrato en la habitación. Ahí mismo lo filmé. En julio de 2018. En octubre de 2018 ya lo presentamos, en la Feria de Monterrey.

UNA LECTORA: ¿Planificaste mucho la escritura del libro?

DANIEL: Hay una parte, sobre todo en la ficción, que a mí me gusta: que la pluma sea una especie de mula desbocada que agarra para el monte y que se va a algún lugar que no conoce. Me gusta mucho la posibilidad de que tu propia escritura te sorprenda y que te lleve a un lugar donde no hubieras imaginado que pudieras llegar. Pero otro de los grandes dilemas, así como el destino y la aleatoriedad, es lo apolíneo y lo dionisiaco, conceptos de Nietzsche. El dionisíaco es el que se entrega a la embriaguez de los sentidos. Y el apolíneo no; es recto, calculador. Entonces siempre tengo ese gran dilema entre el escritor apolíneo y el dionisíaco. El dionisíaco es el que me dice: Mira, hay una convocatoria, cierra tal día y el máximo son 180 cuartillas. Y el apolíneo es el que dice el 30 de abril es el 30 de abril, no el 30 de mayo. Este escritor apolíneo me sirvió mucho durante mi formación de reportero. Cuando eres reportero, a tu editor le vale madre. Si te dice, son 500 palabras, son 500, no 502, no 498, y que tienes que entregar antes de las doce, entregas o entregas. Esa parte apolínea de reportero me ha permitido ser muy disciplinado y trabajar con metas, plazos. Pero hay una parte de mí que le gusta la locura. Suéltale la rienda al peine. Yo creo que la clave es combinar a esos dos.

UN LECTOR: En tus publicaciones, al menos las que leí, Tijuana suele estar muy presente, como si quisieras dignificarla, porque sabes que desde fuera, si no leyéramos libros de autores de Tijuana, las noticias que veríamos serían de puro crimen narco. En este libro llamas a Tijuana «tierra prometida eternamente calumniada», algo que como paraguayo comprendo muy bien. Siento lo mismo por mí país. Hago lo posible para se lo conozca de otra manera que no sea narcotráfico, desigualdad y corrupción endémicas. Kingo Nonaka también dignificó la Tijuana que conoció para decir que no era solo un casino y un puterío de los turistas estadounidenses. ¿Consideras que tu trabajo como escritor es en parte defender a esta «tierra prometida eternamente calumniada»?

DANIEL: Yo le debo mucho a esta ciudad. Aunque no nací aquí. Mi hijo sí. Aquí está nuestra casa. Este es nuestro lugar en el mundo. Elegí esta ciudad para vivir. Y esta ciudad ha sido muy noble. Entiendo que pueda ser monstruosa. Puede ser infernal. Tampoco quiero ocultar esa cara. Hay una parte infernal que no se puede explicar. Hace un par de días, muy cerca de nuestra casa, masacraron a un niño de trece años. Le destrozaron la cara y lo acuchillaron. Un crimen espantoso. Cada día se comenten una media seis a ocho asesinatos. Llevamos dos años apareciendo en primer lugar de las listas de ciudades más violentas del mundo, en proporción de crímenes por cada 100.000 habitantes. Es una parte horrible que no puedo negar. Es una parte que viví como reportero. Pero también existe una parte muy noble. Es una ciudad que no te pregunta quién eres, a diferencia de lo que sucede en mi ciudad natal, Monterrey. No te pide una carta de recomendación, ni de dónde eres, tu apellido, tu título. En Monterrey estás condenado. O eres del tec o eres de la uni. Si eres del tec vas a tener los mejores empleos. Si eres de la uni vas a tener los peores. Si naciste en San Pedro, Garza García. Si naciste en San Nicolás de los Garza, vas a tener que sufrir. Aquí en Tijuana tuvimos un exgobernador que era un jornalero agrícola. Hay cantidad de historias de éxito de gente que llega con una mano adelante y otra atrás. Es una de las pocas ciudades mejicanas en donde se puede dar el mito de muchas historias de progreso. En este gran contraste que hay, yo me inspiro. Si no fuera por Tijuana, no sería un escritor o sería un escritor muy distinto. Casi todas las ficciones que he escrito, tienen que ver con Tijuana, con personajes tijuanense reales. No me gusta moralizar, decir que mi papel en el mundo es ir con una bandera y tratar de evangelizar a todos y afirmar que esta es la mejor ciudad del mundo. No. Yo no puedo ocultar la maldad que hay en esta ciudad. Pero también puedo decirles que más allá de ese rostro están las historias de mucha gente con espíritu muy combativo que se juega la vida, gente que vino a buscar la vida. Es una ciudad de tanto contraste que me ha inspirado muchísimo. Es mi territorio narrativo. Sí tengo historias que transcurren en lugares lejanos, pocas, pero sí. Tres de cada cuatro de mis cuentos transcurren aquí, en Baja California, es una tierra de contrastes sociales y geográficos. Por una parte, tienes el Valle de Guadalupe. El 90 % del vino mexicano se produce aquí a dos horas de nuestra casa. Tijuana también tiene un clima templado, mediterráneo. Pero a dos horas está uno de los lugares más calurosos de la Tierra, Mexicali, la capital del Estado de Baja California. Y a una hora La Rumorosa, un lugar que en invierno está totalmente nevado. Hay comunidades urbanas en Tijuana en donde viven grupos autóctonos. A la vez hay comunidades que hablan english. En el Valle San Quintín la población es casi totalmente indígena. Un contraste de culturas, un mosaico, un mural. Es imposible que no te influya.

UN LECTOR: Hay mucho afecto a la hora de narrar a Kingo Nonaka. Es de hecho un personaje histórico que maravilla y que se gana el cariño del lector. Mientras leía el libro, me preguntaba por qué. No encontré una respuesta. El narrador reportero dice que Kingo Nonaka era totalmente parco en sus memorias. En las fotografías también se lo ve parco. Una respuesta posible es que supo afrontar las adversidades, como ya mencionaste. También hay otra característica: fue una buena persona, en el sentido de que estuvo dispuesto a ayudar a los otros, así como también recibió ayuda de otras personas. En algunas partes, de una manera breve, se menciona que fue parte de la comunidad japonesa en Tijuana y luego en Ciudad de México. Tiene sentido. En Oriente, el colectivismo está arraigado, mientras el individualismo está arraigado en Occidente. ¿Notaste algo de esto a la hora de narrarlo? ¿Sentiste afecto por el personaje por eso? Lo menciono porque no siempre se siente afecto por un personaje.

DANIEL: Me habría encantado conocerlo. Creo que era una persona muy frugal, estoica. Más de acciones. Por la manera que tuvo de narrar. Sus diarios son muy escuetos. Carentes de toda grandilocuencia. Pudo haber hecho de su vida una epopeya. Haberse narrado como víctima o como héroe. Pero no. Se narró de una manera muy sobria. Poco dado al escándalo. Yo lo veo reflejado en su hijo, un señor que a sus 91 años es un hombre muy lúcido, con una capacidad narrativa impresionante. Porque tiene claro qué fue antes, qué fue después. La jerarquización de la narración. Es un señor muy noble, con buen sentido del humor. Me llamaba mucho la atención que, en vez de haberse puesto en un lugar solemne, me contara una broma, me sacaba un chascarrillo, mientras contaba la historia de su padre. Un humor muy fino. No perdía la capacidad de reírse. Un hombre muy mayor. Creo que lo vi reflejado ahí. Es un personaje del que no puedo sentir animadversión. Por otra parte, Baja California tiene una profunda influencia de la cultura oriental. Por ejemplo, Mexicali, la capital, fue fundada por chinos. Su comida típica es la comida china. Hay toda una calle y un barrio chino. Es una de las ciudades de Latinoamérica que tiene más influencia china. El corredor industrial de Tijuana está lleno de empresas de fábricas chinas, japonesas, coreanas. Somos la única ciudad latinoamericana que tiene un vuelo directo con China. Baja California, en su joven historia, está muy influido por Oriente. El caso de la cultura china en México requiere a un análisis totalmente diferente. Hay un libro que se llama Casa del dolor ajeno, escrito por Julián Herbert, que habla del genocidio chino en Torreón, en 1911. La comunidad china fue muy perseguida. No fue el caso de Baja California que siempre se ha caracterizado por ser muy abierto con los migrantes.

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