cerrar [x]

Terrorismo anticomunista

La tarde del viernes 7 de enero de 2022, el historiador e investigador paraguayo Juan Marcos González se reunió virtualmente con Libroclub Y, nuestro club de lectura, para hablar sobre su libro Mi general, mataron al embajador uruguayo. Historia de un atentado anticomunista (2021). Para revivir el encuentro, compartimos la transcripción editada de la charla.

 

PRESENTADOR: Ya conocía algunos de tus libros, por ejemplo, El crimen del cine Splendid y Masacre en Ajos. Cuando leí este libro pensé: Este autor es una especie de forense que aplica la autopsia a ciertas historias contemporáneas del Paraguay, historias que generalmente no son parte de los estudios historiográficos del país, aún centrados en las dos guerras internacionales, en busca de sacar provecho y de la ansiada victoria moral. Tu caso, aunque sea atípico aquí, no lo es en la región y mucho menos en el mundo, porque la criminología suele ser un estudio fascinante en muchos lugares. Tu trabajo de cierta manera da un fundamento para muchos autores que quieren abordar este género en la narrativa. Sobre todo, aporta investigación, algo que a mi parecer falta mucho a las historias y las ficciones locales.

JUAN MARCOS: Para mí es un placer estar compartiendo con ustedes, porque cuando se lanza el libro y se hace la presentación, se brinda alguna nota para los medios de comunicación, pero en realidad el autor no puede o no tiene la posibilidad de compartir con gente que leyó la obra o tiene ganas de leerla. Entonces, esta es una oportunidad para hablar del backstage, los detalles del porqué de la obra, cuánto tiempo duró la investigación, anécdotas y pormenores del trabajo que, si bien no se detallan en el libro, es importante compartir con el lector.

UN LECTOR: ¿Iniciaste esta investigación con algunas ideas previas y que luego trastocaste, o fuiste sosteniendo una hipótesis con los archivos que hallabas?

JUAN MARCOS: Con el trabajo de El crimen en el cine Splendid me comenzó a hacer ruido este tema de la presencia de los croatas en el Paraguay. Ni bien había publicado el trabajo del cine Splendid me habían comentado un caso que yo desconocía, sobre otro croata. Entonces, en 1961 un croata había cometido el crimen del cine Splendid y unos años después sucedió lo del atentado contra el embajador uruguayo. Me llamó la atención la presencia de los croatas y comencé a investigar. Recuerdo que con un premio que gané en el Bicentenario financié un viaje a Montevideo. Había entrado en comunicación con los hijos del embajador asesinado por error. La entrevista con ellos fueron las primeras de este libro, allá por el año 2011. Ahí también me encontré con un uruguayo, Juan Carlos Raffo, que había presentado una novela sobre el crimen del embajador, cuyo título es Error de persona. Contacté con él vía Twitter. Había sido ministro en Uruguay y tenía una veta literaria. Era la persona que más quería entrevistar porque había venido a Asunción pocos días después del crimen en busca de recabar datos para su novela. Me aconsejó que entrevistase a los hijos del embajador. Él me alentó y me explicó que de los tres hijos uno tenía 18 años cuando ocurrió el atentado y que era el que más le gustaba hablar del caso. El trabajo llevó diez años. Sobre la marcha, uno va construyendo el marco teórico, va empapándose de cierta lectura, por ejemplo, el que cometió el crimen era un luchador anticomunista que reivindicaba la causa de los croatas. Ese tipo de información uno no la tiene en un primer momento… porque no sabés cuál era el problema que tenían los croatas con los serbios. ¿Eran yugoslavos o no lo eran? ¿Y qué hacían en el Paraguay? El asesino era anticomunista, pero a quien quería matar era a un embajador de la Yugoslavia socialista que venía a presentar cartas credenciales ante Stroessner. Segunda pregunta; ¿el Paraguay tenía relaciones con un país socialista? Uno se pone a leer todo lo relacionado con política exterior de esa época y no encuentra nada. Es ahí donde radica la complejidad porque el investigador debe lidiar con la falta de fuentes. Todos los investigadores paraguayos y extranjeros que estudian la política exterior durante el estronismo no encuentran una sola página que hable de la relación que existía entre el Paraguay y la Yugoslavia socialista. Esa es la razón que me motiva para investigar. Debería haber algún archivo en la Cancillería, pero todo sobre las relaciones exteriores del Paraguay durante el estronismo no existe. ¿Por qué? No lo sé. ¿A qué otro archivo podemos recurrir? La respuesta es: Al Archivo del Terror. Te encontrás con un mar de documentos e información que demanda un trabajo de hormiga para ir reconstruyendo primeramente esas relaciones del Paraguay con Yugoslavia, primeramente, para notar la presencia de esos croatas. Luego también empecé a buscar archivos de la CIA. Ahora tiene bastante documentación desclasificada. De esa manera fui construyendo lo que es la primera parte del libro, donde se explica esa relación de Paraguay y Yugoslavia.

Pero lo que les quiero decir con esto es que el verdadero desafío de este tipo de investigación es que te llama algún periodista para entrevistarte sobre el libro y te pregunta específicamente sobre el crimen, como queriendo saber solo la parte morbosa del caso, siendo que detrás de la muerte y la forma de ejecutarla hay algo mucho más complejo. El crimen al final es solo la excusa o la frutillita de la torta. Hay ciencias como la criminología, el derecho penal, el derecho internacional, la política, etc. Como ejemplo tenemos que al victimario se le aplicó el derecho penal de la época. Aunque era terrorista, se le aplicó el derecho penal ordinario. Se lo detuvo, se le hizo un proceso, salió una sentencia y fue a la cárcel. Luego del atentado contra Somoza hubo otro tipo de derecho penal, una especie de derecho penal subterráneo, porque a esos los arrestaron y los torturaron en una pileta o con picana eléctrica, que les causó la muerte. Pero dejaron constancia de que el tipo había muerto en un enfrentamiento a tiros. Mi intención es resaltar eso. Que el lector se dé cuenta de que el crimen termina siendo una excusa y de que un crimen o homicidio como este tiene diferentes perspectivas, del lado del victimario, del lado de la víctima, del lado paraguayo, del lado yugoslavo, etc. La idea del libro es contar la historia desde todas las aristas.

UN LECTOR: Cuando entrevistas al hijo, por primera vez se menciona en el libro que los embajadores yugoslavo y uruguayo se parecían. Al inicio era una confusión. El asesino no había hecho la investigación necesaria para ejecutar el plan. Luego el hijo o el escritor de la novela dice que eso podría haber sido una trampa. Es decir, hay muchos elementos del género negro, sin embargo, lo llamativo es que el embajador uruguayo no fue tenido en cuenta en la historia, a pesar de que haber sido la víctima. Es terrible mencionarlo de esta manera, pero en suele suceder así. ¿Cómo percibiste esto a la hora de investigar y escribir el libro?

JUAN MARCOS: Es así. Incluso en la editorial me dijeron: «Pero aquí no estás contando nada de la víctima». Para salvar eso, me sugirieron que agregase por lo menos su currículum y que contara quién había sido. En la parte del atentado, agregué como un perfil de la víctima tomado de los diarios de la época, donde dice que fue representante del partido nacional, ocupó un cargo parecido al IPS de Uruguay, especialista en pensiones y jubilaciones. Pero cuando escribí el libro, en la versión original, realmente no lo tuve en cuenta porque es así como decís: tiene un papel secundario. En la entrevista con el hijo, le pregunté cuál había sido la hoja de vida de su padre. Respondió que tal cual como está en la novela de Juan Carlos Raffo. Cuando me respondió de esa manera, me quedé sin preguntas. En honor a la verdad, esa es una de las entrevistas más aburridas del libro. Talvez porque mis dotes de entrevistador no fueron las adecuadas o quizás porque estaba empezando a entender el tema. Una de las respuestas más interesantes que dio fue casi al final de la entrevista, cuando él dice que la embajada americana avisó a la uruguaya de que el gobierno paraguayo manejaba información de que había croatas en el país, pero que eran personas no violentas, con una especie de status de asilados. Esa respuesta me pareció llamativa porque el Estado paraguayo tenía conocimiento de los terroristas amigos como eran esos.

UN LECTOR: Según el libro, Yugoslavia se presentó como una tercera opción política económica en el mundo, entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. En esa sección del libro, en el que están las entrevistas a diferentes líderes mundiales, donde cada uno explica su visión de lo que era el socialismo, están Gandhi, Golda Meir y el canciller alemán Brand, por ejemplo. ¿Agregaste esta parte para reafirmar la hipótesis de que el socialismo podía ser aplicable en los países de acuerdo a su realidad y de que no era solo lo que Estamos Unidos decía, eso de que el socialismo era terror, pobreza, atraso etc.?

JUAN MARCOS: Cuando Tito se peleó con Stalin a mediados de los años 50 ⸺incluso Albania estaba en contra de Stalin⸺, se preparó para una inminente invasión soviética. Entonces, se acercó a los Estados Unidos. Aunque, de acuerdo a mi experiencia, porque fui a visitar Yugoslavia, algunas personas que vivieron en esa época me dijeron que un ciudadano con pasaporte yugoslavo podía entrar a la Unión Soviética y a los Estados Unidos. No sé si fueron una especie de potencia, pero se autodenominaron bloque de países no alineados y fueron los que supieron jugar ese juego entre las dos potencias dominantes. Respondiendo a tu pregunta, mi intención fue demostrar que la guerra fría no fue tan radical como nos han enseñado. La que realiza esa serie de entrevistas a la que te referís es Oriana Fallaci, una periodista italiana que entrevistó a todos esos líderes. Por ejemplo, habló con Golda Meir y le preguntó sobre el hecho de que ella fuera hebrea, atea y socialista. También con el pakistaní que era socialista pero que vivía a la manera occidental y tenía dos esposas; le habían casado con su prima. Es decir, con esas entrevistas quería demostrar que la guerra fría no era solo los Estados Unidos o la URSS, o como dijo García Márquez: La cortina de hierro es un palo pintado de blanco y rojo. También que socialismo no solo era estalinismo porque había socialismo en Suecia, Alemania, incluso surgió el concepto de eurocomunismo en Italia, donde ellos se distanciaron de Stalin. Eso provocó que los estalinistas dijeran que el eurocomunismo era como una especie de comunistas aliados al imperio estadounidense. La idea era mostrar ciertos conceptos que de repente se mezclan, como sucede aquí en Latinoamérica cuando se mezclan los conceptos de socialismo con chavismo, castrismo o comunismo. Entonces, es didáctico para que en Paraguay se pueda leer y entender como esos conceptos, bolches, zurdos, relacionado al haraganismo, tienen una historia y deben ser comprendido en su contexto.

UN LECTOR: ¿El terrorista croata tenía vínculos con alguna organización internacional anticomunista, por ejemplo, la Liga Internacional Anticomunista?

JUAN MARCOS: Es un poco complejo de explicar eso. En el libro, se trata eso en el capítulo que se llama «Quiénes son los terroristas». Cuando terminó la segunda guerra mundial, los croatas tenían el control de Yugoslavia. Ante Pavelić, una especie de führer croata, huyó con el oro de Zagreb a Italia y luego a la Argentina. Entonces comenzó una disputa por ese oro del Tesoro público y se bifurcaron las organizaciones de croatas en el exilio en la década del 50. Quedó un grupo de leales a Pavelić que vivía en Buenos Aires. A fines del 50 atentaron contra la vida de él. Su esposa culpó a uno de sus coroneles llamado Vjekoslav Maks Luburić. Fueron como tres organizaciones croatas que se disputaron ese poder y liderazgo en el exilio en la década del 60. Después, en la década del 70 ya eran más las organizaciones de croatas en el exilio. Jozo Damjanovic perteneció a una de esas organizaciones, la que permitió que él llegase al Paraguay. Sobre la Liga Anticomunista Internacional, ese grupo de croatas participó del Congreso Latinoamericano Anticomunista que se realizó en el Paraguay en 1977 y en el Congreso mundial en 1979. Ya era otra organización de croatas que diputaba el poder en el exilio, con la organización que dirigía Dinko Šakić y a la cual pertenecía Jozo Damjanovic.

UN LECTOR: El libro tiene escena narrada, ensayo histórico, conceptos, contextualización y entrevistas, varios géneros que arman una historia. ¿Abordaste todos estos géneros para sostener la tesis de forma más contundente?

JUAN MARCOS: Sí, ese es el objetivo porque la mayoría de mis libros tiene esa línea interdisciplinaria. Por ejemplo, si tomamos el asesinato del embajador desde la arista del derecho penal, tu potencial lector sería un abogado penalista y se podría desarrollar todo un análisis solo desde el punto de vista de esa área que para muchos puede ser bastante interesante y para otros muy aburrido. Mi idea es llegar a un gran número de lectores para contar ese contexto. Ser didáctico para conocer esa década del 70 y desmitificar varios tipos de hechos que poca gente conoce de ese tiempo. La totalidad de mis libros trata de abordar un tema desde muchos puntos de vista. Mi primer libro, sobre la pena de muerte de Gastón Gadín, ocurrida en 1915, cuenta como se vivía en aquella época, las casas quinta, la psicología de él… porque fue un parricida, etc. La idea es que lo pueda leer un psicoanalista e interesarse en el caso, o un historiador o un abogado. El objetivo central es buscar la interdisciplinariedad.

Juan Marcos González

 

UN LECTOR: La última parte del libro me deja una sensación extraña. ¿Por qué diste las últimas páginas, las últimas palabras, a los terroristas?

JUAN MARCOS: Estructuré las entrevistas de manera cronológica. Hasta el momento de esa última entrevista que le hice al señor Blago MiKulic en el año 2018, en mi mente estaba la idea de que el enemigo y los malos de la película eran esos croatas. Cuando conversé con este señor, me comentó que huyó de su país, Yugoslavia, porque Josef Tito había sido un dictador sanguinario como Stroessner. Por ejemplo, al que no se afiliaba al partido comunista lo perseguían, a él y su familia, los torturaban etc. Este señor huyó porque era croata, católico y anticomunista. Primero fue a Italia, luego a Suecia. En la radicalidad de la lucha de los años 70, cuando secuestraron a un primo, él debió hacer una misión de entrar con otro croata a Gotemburgo para tomar el consulado de Yugoslavia y pedir a cambio la liberación de su pariente. En ese contexto, vino al Paraguay, pero para trabajar. Fue contratado en una fábrica de pollos de Capiatá como chofer. Él se consideraba un exterrorista que vino al Paraguay con otros croatas, algunos de los cuales trabajaron para las Fuerzas Armadas, otros como guardaespaldas. Pero este señor Blago vino a trabajar, incluso formó una familia. Entonces, como que su historia me conmovió, porque él me comentó que el victimario Jozo Damjanovic murió en Yugoslavia. Primero se casó con una paraguaya en la cárcel. Luego de salir en libertad volvió a Yugoslavia. Me confirmó también que acá en el Paraguay mientras no te metías en política no pasaba nada. Si bien el gobierno de Stroessner fue una dictadura, no fue tan invasiva ni violenta con lo fue la dictadura de Josef Tito. Es por ese motivo que dejo esa cuestión de esa manera, como una especie de final abierto para que cada uno pueda quitar sus propias conclusiones, con el anhelo de que mi opinión no sea la última verdad. Pero resaltando lo que dice en el capítulo «Quiénes son los terroristas», donde se concluye que la peor cara de la violencia política fue ese terrorismo tanto de Estados ⸺el terrorismo del cual no te hablan acá en el país⸺ como ese terrorismo de facción como fue el terrorismo de los croatas o como aquellos que mataron a Somoza. Pero haciendo hincapié en ese terrorismo que parte del Estado, que hasta el día de hoy mucha gente reivindica.

UNA LECTORA: ¿Cómo se sintió el proceso de entrevistas a personas que pudieran haber tenido algún remanente del miedo a la censura del tiempo que vivieron y ocurrieron los hechos?

JUAN MARCOS: Trabajar con fuentes paraguayas es siempre más difícil, a diferencia de otro país en el que hay un cierto orden. Desde las documentales hasta las entrevistas que mencionas. Pero la dificultad pasa por la complejidad del tema. Cuando fui a entrevistar al señor croata que vive en Mariano Roque Alonso, los prejuicios eran míos, sobre lo que podía preguntarle y qué no. Pero una vez dentro de la entrevista tuve la impresión de que no tenían problemas para contar todo. Prejuicios de entrevistador, no sé si eso sucede por la inexperiencia o por la complejidad del tema.

UN LECTOR: Luego de releer algunas partes del libro, me dio la impresión de que el gobierno de Stroessner comparando con los demás contemporáneos de América del sur, parecía el más obsesionado, interesado o por decirlo de alguna manera fanatizado con el anticomunismo. Su política era básicamente anticomunista y de eso dependía también de alguna manera su economía para recibir las ayudas de Estados Unidos. ¿Fue así?

JUAN MARCOS: Fue así mismo. Ese anticomunismo a ultranza era debido a que Stroessner tomó la decisión más fácil o cómoda, y no solamente él, porque lo que muestra el libro es que Stroessner no había inventado nada. Él había tomado el aparato represivo de las administraciones anteriores así como el funcionariado ya existente con el gobierno de Federico Chávez, y de alguna manera potenció ese aparato represivo en un contexto de guerra fría, en la época de John F. Kennedy. Como sabemos, hay muchas escuelas, calles y barrios llamados Kennedy, no solo en el Paraguay sino en toda Latinoamérica. Eso sucedió porque fue el presidente que más dinero envió en ese momento clave, cuando Kennedy sostenía que la batalla decisiva de la guerra fría se libraría en América Latina. Stroessner hizo lo más sencillo, que es la base de nuestra política exterior: jugar a lo seguro, no coquetear con ningún otro país que pueda molestar a los Estados Unidos. Tenemos también el caso de la política exterior con Sudáfrica del apartheid, con el que todos los países de América rompieron relaciones. Stroessner le pidió que construyera el edificio del Poder Judicial, independientemente de que en ese país se estuviera masacrando a una parte de su población por cuestiones raciales. Entonces vinieron los sudafricanos y construyeron el Poder Judicial con el mármol sudafricano y otros detalles arquitectónicos únicos, con la condición de que Paraguay siguiera teniendo relaciones diplomáticas con ellos. Otra cosa que muestra el libro es que Josef Tito, un militar con 35 años en el poder, si bien tenía muchas similitudes con Stroessner, en su política exterior había sido totalmente diferente. Rompió relaciones con Stalin con el riesgo de que la URSS con todo su poder le invadiera en 48 horas. Al mismo tiempo se acercó a los Estados Unidos. Tito supo jugar políticamente con las grandes potencias del momento. Sin embargo, Stroessner no. Él no se arriesgó. Y los posteriores gobiernos nacionales siguieron la misma línea diplomática.

UN LECTOR: En el libro agregas que en los Estados Unidos, Charles Chaplin fue perseguido por pertenecer al Partido Comunista, así como muchos otros, por cierto. La única respuesta para salvarse era negar su simpatía al comunismo.

JUAN MARCOS: Claro, en ese contexto de los años 50, cuando hubo una especie de caza de brujas hacia los comunistas, liderado por el senador Joseph McCarthy. Incluso se elaboró un proyecto de ley que pedía la pena de muerte para los comunistas. Cayeron actores de Hollywood, hasta militares héroes de la segunda guerra mundial. Chaplin, en su autobiografía, comenta esa parte de sus declaraciones ante la justicia norteamericana. Es por eso que me pareció interesante agregarlo. Otro de los objetivos del libro es también hacer ver que el macartismo de la década del 50 que persiguió a los comunistas fue posterior al primer ataque o los primeros temores surgidos ya en la década del 20. O sea, viene repitiéndose como una especie de bucle. Citando a algunos criminólogos: Siempre existirá un enemigo o una especie de antagonista, desde Satanás hasta Osama Bin Laden. En aquel momento fueron los comunistas, antes eran las brujas, ahora son los jihadistas. Siempre habrá uno. Situándonos en la década del 70, los malos eran los comunistas.

UNA LECTORA:  Me gustó leer algo que tenga que ver con política internacional del país, algo que parece que te interesa mucho. Así que te consulto, ¿cuáles son tus planes o proyectos de investigación y publicación en ese sentido?

JUAN MARCOS: Creo que lo apasionante de la historia, y no solo paraguaya, para todo aquel que hace investigación histórica es que hay demasiadas historias por contar, y más en el Paraguay. Ahora estoy investigando sobre la Guerra del Chaco. Encontré mi lugar en el mundo historiográfico. Salgo ahora del estronismo y entro de lleno en la década del 30. Desde que comenzó la pandemia me interné en los archivos del Ministerio de Defensa, del Ministerio del Interior y de la Cancillería. La verdad que uno se encuentra con oro ku’i, como se dice. Estoy trabajando en historias criminológicas de, por ejemplo, soldados paraguayos que entraban a violar poblaciones indígenas o colonias menonitas, no haciendo énfasis en la violación como hecho punible sino en lo que es la guerra, en todo lo malo que es la guerra, porque considero que no tiene nada bueno. De esta manera me estoy introduciendo. Nada de lo que uno encuentra en archivos o en fuentes primarias todavía se contó. Eso se aplica a cualquier periodo historiográfico: Guerra de la Triple Alianza, Revolución del 47, el periodo de Morínigo, el estronismo, etc. Es algo así como me dijo el novelista uruguayo: A medida que voy terminando un libro ya tengo en mente otros temas que quiero investigar, pero hay que leer muchos archivos y libros al respecto. También hay una cierta ansiedad por publicar. Pero creo que así funciona esto. Cuanto más investigas, más te das cuenta de que hay muchas otras historias por contar.

UN LECTOR: Hay una cuestión un poco jocosa que no quiero dejar pasar. Lo dijo alguien hace un rato. En el libro no importa el asesinado. Entonces, si alguien viene y me asesina por error, no me gustaría que me narres porque ya sé que solo seré un pretexto para que cuentes la historia del victimario y el contexto de la época.

JUAN MARCOS: Justamente quería hablar sobre ese tema. Hace unos años hice un curso de escritura en el que la profesora decía que escritor era todo aquel que tenía un libro publicado, pero en mi fuero interno yo decía que no me consideraba un escritor sino más bien un investigador. Considero escritores a las personas que escriben novelas, cuentos, poesías etc. Cuando estoy escribiendo un libro, me pregunto cómo lo haría un novelista. Y me respondo a mí mismo: Si yo fuese un novelista y escribiese este libro, Mi general, mataron al embajador uruguayo, y se me viniese a la mente Akira Kurosawa y su película Rashōmon… De la misma manera pienso que esta historia del embajador podría haberse escrito como una novela para darle participación narrativa a la víctima, al victimario, a los policías, al fiscal, a una persona que estaba tomando un café en Lido bar, a los hijos de la víctima y otros. Es decir, si fuera novelista lo hubiera escrito de manera totalmente diferente, pero reconociendo mis limitaciones literarias y de lo que verdaderamente quiero hacer salió el producto que tienen en sus manos.

UN LECTOR: En una parte citas a un autor que dice: Si no hay testimonios, los investigadores solo tendrán como archivo la versión oficial. ¿Cómo confías en las versiones oficiales o en los testimonios de esos personajes entrevistados, cuyos testimonios están al final del libro?

JUAN MARCOS: Esa pregunta es el verdadero trabajo del investigador/historiador. Es algo así como lo que se dice en el libro Obreros, utopías y revoluciones, que considero una de las mejores investigaciones hechas en el país. En el prólogo escrito por José Carlos Rodríguez, dice que lo que hace Milda Rivarola, la autora, es dudar de todas las fuentes con que trabaja. La labor del historiador es dudar de todos los datos de los cuales dispone. Si lee un informe policial, el trabajo del investigador es desentrañar su esencia. En mi caso, con el trabajo del crimen del embajador, se nota algo de eso en el libro, pero con las entrevistas dejo el final abierto para que el lector pueda quitar sus propias conclusiones. La voz de los croatas que ejecutaron el crimen deja entrever que el victimario ⸺según los croatas, era un desequilibrado mental⸺ había sido utilizado por policía política de Tito para desacreditar a los croatas. Esa fue la versión de los croatas que menciono al principio. Por eso digo que yo ni siquiera tomo postura para decir que el crimen fue ejecutado por un desequilibrado mental o un loco que estaba luego medio borracho, que se confundió de persona y terminó matando al embajador uruguayo. O la versión de los croatas. Ellos dicen que el inculpado fue un chivo expiatorio para desacreditar o buscar la impopularidad de la causa croata a nivel global.

¿Te gustó la nota?
  • ¡SÍ! 
  • MÁS O MENOS 
  • NO 
0

Aún sin comentarios.

¿Qué opinas?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.