cerrar [x]

Rafael Barrett íntimo

En 2022, la editorial Arandurã publicó el libro Cartas íntimas de Rafael Barrett, con notas de su viuda Francisca López Maíz de Barrett. En Libroclub Y, nuestro club de lectura, leímos el libro y charlamos sobre el mismo con el barrettiano Miguel Ángel Fernández, una charla que transcribimos y ahora publicamos.

 

UN LECTOR: ¿Cuál es tu postura con respecto a publicar lo que un autor no ha querido publicar? Suele ser un dilema para muchos autores, qué quiere que se publique y qué no. En muchos casos, tiene sentido respetar la voluntad del autor. En el caso de Barrett, sin embargo, pienso que necesitábamos estas cartas íntimas para conocer su conducta, pues la ética era una guía en todo su actuar, como pareja, esposo, militante, padre, trabajador, y eso se ve en estas cartas. ¿Consideras que ese es el valor de estas cartas, el de poder comprender al hombre que estaba detrás del intelectual que conocimos a través de su obra publicada?

MIGUEL ÁNGEL: Sí. Efectivamente, a mí las cartas me dieron la oportunidad de verificar la íntima conexión que hay entre la conducta del intelectual y la del hombre. Hay una identificación casi absoluta, digamos, entre lo que escribía como periodista, escritor, pensador, y lo que sentía y vivía en relación con su esposa principalmente, en estas cartas. Afortunadamente estas cartas se conservaron. Panchita, con ayuda de su hijo, Alex (pequeñito cuando Barrett murió; tenía 3 años), las copió a máquina. Dicho sea de paso, parece que los originales están perdidos. Hasta ahora no sé nada acerca de eso, pero la transcripción que hizo Alex es la que sirvió para la primera edición de Cartas, en Montevideo, en 1967, si no recuerdo mal. Creo que Panchita murió el mismo año. Debió haber visto la edición. Ese es el gran valor que tienen estas cartas. Uno puede verificar la ternura con que afrontaba las cosas de la vida y en la relación con su esposa. Es muy lindo lo que le dice a Panchita: «en el Paraguay y a tu lado me hice hombre». Él reconoce que toda su vida anterior, de joven, había sido una vida superficial, pero de muy alta cultura, porque era un joven cultísimo, que se movía en el ambiente madrileño, de la misma generación del 98 prácticamente. De ahí su amistad con Valle Inclán y otra gente de la época. Hasta entonces era el joven elegante, el espadachín que se batía a duelo a cada rato. Finalmente, fue a la Argentina primero, huyendo de aquella realidad que le resultaba oprobiosa en Madrid. Luego, por fortuna vino al Paraguay. En la Argentina, sabemos que estaba trabajando como periodista en el periódico El Tiempo cuando le encomendaron venir al Paraguay a cubrir los acontecimientos de la revolución de 1904, la revolución que acabó con el régimen colorado que hasta entonces había estado en el poder, durante prácticamente treinta años. Es impresionante. Él llegó al Paraguay, bajó en el puerto de Villeta y a partir de ahí, como dice el gran escritor uruguayo Eduardo Galeano, encontró su lugar en el mundo.

UN LECTOR: Es una aventura increíble cómo alguien como Rafael Barrett llega al Paraguay. En estas cartas justamente lo dice. En una línea habla de la vida de dandi que tuvo en España y de cómo se arrepentía de esa vida. Hay otra cosilla. Parece que Barrett presumió que la humanidad había superado ciertas cuestiones como la esclavitud y que cuando vino al Paraguay se dio cuenta de que la vida privilegiada en España se debía a la opresión de países como el Paraguay. Cuando dice «A tu lado y en el Paraguay me volví hombre» es como el nacimiento de una conciencia.

MIGUEL ÁNGEL: Decíamos que es impresionante cómo Barrett anticipa muchas cosas del pensamiento, de la actitud, de todo, hace más de cien años. Es terrible verificar que hasta hoy, el mundo y en particular nuestro mundo latinoamericano todavía padece de la esclavitud. No se llama más esclavitud, se llama explotación, se llama opresión, una serie de cosas que a través de terceros que se prestan para la opresión ejercida por los grandes poderes. El poder imperial. Todavía vivimos esa realidad de Barrett y todavía, por eso quizás, el pensamiento de Barrett resulta tan actual. Además de la actualidad y la belleza de su escritura. Esa calidad estética impresionante de su escritura, al mismo tiempo que la profundidad y la perspicacia en el orden del pensamiento. Eso es excepcional. Fijémonos en algo, hoy es reconocido en España por grandes figuras: Barrett ha sido el más importante y el más interesante autor de la generación del 98 o de la generación modernista. Esto lo están reconociendo críticos españoles importantes. Hasta hace poco tiempo, Barrett era desconocido en España, como era desconocido también en el Paraguay. Recordemos que él murió en 1910. Es una vergüenza para la cultura oficial del Paraguay que se haya desconocido o ninguneado a esta gran figura, fundamental de nuestra cultura.

Me permito una pequeña anécdota. Cuando el entonces secretario de Cultura estaba exponiendo sus planes en 2009, yo estaba asistiendo como público. Me levanté y pedí la palabra y les dije: Pero ustedes, es decir el Ministerio, ¿se han dado cuenta que hace cien años que murió Rafael Barrett y que en el Paraguay no se lo recuerda ni se lo reconoce? A raíz de eso, me encomendaron organizar un simposio, un seminario que yo mismo propuse, con figuras internacionales de Brasil, España y Argentina. Invité a Osvaldo Bayer, el gran historiador de las luchas sociales argentinas. En principio él aceptó, pero no pudo venir porque tuvo una afección cardíaca; ya era un hombre bastante mayor. No tuvimos la oportunidad de tenerlo con nosotros. Algunos años después él publicó una edición de El dolor paraguayo. La tengo aquí a mano, con un estudio preliminar hecho por él mismo, donde recuerda que, desde Borges hasta Benedetti, se reconoció a Barrett como genio. Esto es importante porque poco a poco, efectivamente, encontramos que Barrett era reconocido en el Paraguay y en otros lados. Cualquiera puede entrar hoy y poner en Google el nombre de Rafael Barrett y verá una infinidad de materiales sobre Barrett o de Barrett. Hoy se puede leer prácticamente toda su obra en internet.

UN LECTOR: Barrett tiene muchos lectores fieles en varios países, lectores y estudiosos, traductores incluso, pues muchos empiezan a leer a Barrett y ya no lo quieren soltar. Luego les pasa lo que le pasa a cualquiera: se preguntan cómo es posible que este autor no sea uno de los autores fundamentales del mundo, y quieren aportar algo. La tarea suele ser titánica porque al fin y al cabo escribió mucho.

MIGUEL ÁNGEL: Eso mismo le pasó a un joven polaco que vino con los auspicios de un grupo religioso y que estuvo aquí unos cuantos años. Conoció la obra de Barrett… Yo era un poco su asesor para cuestiones literarias. Volvió a Polonia y escribió un libraco sobre Barrett y su tiempo, y lo publicó. Creo que fue su tesis.

UNA LECTORA: Estoy terminando una especialización en una universidad del Brasil, la UNILA, sobre derechos humanos, y tomé como trabajo estudiar la obra de Barrett y hacer el diálogo con los principios bioéticos. Como mencionó, lo tomé como camino de ida para no volver. Estoy enamoradísima. Es impresionante cómo un hombre de cien años atrás ha escrito cosas que se leen como si hubieran sido escritas hoy. Ya lo leí como diez veces para poder hacer el trabajo… que sigue en construcción. Todavía no lo defendí. Como mencionó, Barrett es un hombre ético, más que ético yo lo siento como bioético, despojando el concepto de bioética de la medicina, de la filosofía, de la teología, y viendo cómo la bioética también puede ser hablada dentro de un contexto social. Creo que ese era el diálogo que tenía Barrett con sus escritos. Él trataba de trasmitir esos principios bioéticos antes de que se crearan los principios bioéticos. A mí me da todo piri, como se dice.

MIGUEL ÁNGEL: Me parece muy interesante tu aporte en ese sentido, ¡qué bueno!, ¡qué bueno!

UN LECTOR: Barrett ha abierto tantos caminos que se lo puede considerar un precursor de múltiples disciplinas. La formación aristocrática que tuvo más el contenido que le dio el Paraguay, le permitieron abrir caminos para todo tipo de estudios. Es la primera vez que escucho sobre este trabajo que estás haciendo. He escuchado muchas cosas sobre Barrett, pero esto específicamente aún no. Es una noticia muy buena.

OTRO LECTOR: Lo que leí me ha gustado mucho, sobre todo porque me fui volviendo aficionado de esto, no sé si llamarlo género a estos libros de cartas y manifestaciones íntimas de los escritores. Uno descubre cómo incluso en comunicaciones aparentemente rutinarias, haciendo una suerte de resumen diario, cosas personales, el buen escritor, el gran escritor, igual aporta algo, estética y espiritualmente hablando. Ya que citaron un fragmento, tengo uno me impactó: «Mi amor, quisiera entrar en tus nervios y besarlos, y calmarlos y dormirlos uno a uno. Pasamos penas pero nos aguarda la alegría, la paz, la dicha de haber hecho mucho bien en torno a nosotros. ¿Es posible que yo, tan enfermo y tan débil, tenga tanta esperanza?» ¿Le parece a usted que este fragmento es como una suerte de síntesis de su obra?

MIGUEL ÁNGEL: Claro, claro que sí, es una muestra de lo que hablábamos, de la profunda identidad entre el intelectual y el hombre que siente y vive y se relaciona con su entorno y en particular con su esposa, que era mucho más joven que él. Tenía mucho menos experiencia intelectual y él la trataba con dulzura, aportando elementos para la formación de ella. Panchita tenía 17 años cuando Barrett la conoció y después se casaron.

UN LECTOR: Sí, cuenta que tuvieron que fraguar la edad de ella para librarse de problemas.

OTRO LECTOR: Barrett cuenta en una carta el encuentro con un niño que tenía una herida agusanada. Además, todo lo que vio en el viaje como topógrafo agrimensor en el interior del país. ¿Considera que el dolor es el tema principal de Barrett?

MIGUEL ÁNGEL: El tema del dolor paraguayo en particular y del dolor universal. Uno de los escritos que tienen relación con el libro de Barrett, El dolor paraguayo, es el libro de un anarquista importante, El dolor universal. Lo que hizo Barrett fue verificar el terrible dolor que la gente en el Paraguay vivía en todos los órdenes, en especial en los yerbales de La Industrial Paraguaya, donde se torturaba, se mataba a quien disentía o reclamaba simplemente un mendrugo de pan. En muchos lugares del mundo, esta situación subsiste; creo que también en los sectores más abandonados de nuestro país. Solo que no se habla… Solo se mencionan datos fríos, objetivos, acerca de cuántos pobres hay en el Paraguay, sin la respuesta afectiva y solidaria que veíamos en Barrett y vemos hoy en muchos autores sensibles al drama de la vida en el país en particular y en general en América Latina.

UN LECTOR: Quiero insistir en este tema, porque al leer las cartas íntimas uno ve a un hombre que sufre, de hecho está enfermo en la mayor parte de las cartas. Si recuerdo bien, entre los argumentos que usaban sus contrarios, lo que él veía de la realidad local era la interpretación de su propio dolor. El dolor está muy presente en su vida y sin duda en el Paraguay. Aunque el argumento de los contrarios puede parecer superficial, ¿no te parece que tiene cierto fundamento?

MIGUEL ÁNGEL: Creo que no. Cuando Barrett respondió, desgarrado, con un «no mintáis, graves doctores», ¿quiénes eran los doctores? Pues Manuel Domínguez y Juan E. O’Leary, que no era doctor pero que tenía la misma posición, pseudo nacionalista. Entonces era fácil decir: «No, este hombre es un enfermo y ve la realidad con ojos de enfermo». Hay que leer «No mintáis», terrible y desgarrador, para entender hasta qué punto ese Barrett sufriente convierte su pensamiento y su obra en un acto de solidaridad profunda con la especie humana y en particular con sus hermanos paraguayos.

UN LECTOR: Si tenemos en cuenta la experiencia de Barrett en la cárcel, la diáspora, la enfermedad, la muerte, la soledad y tantas otras cuestiones de la condición humana sobre las que nunca dejó de reflexionar y de escribir, ¿podríamos considerarlo como un precursor de la filosofía en el Paraguay?

MIGUEL ÁNGEL: Claro que sí. En una charla en una universidad jesuita (Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos, ISEHF) que di para sus estudiantes, mencioné la cuestión de los anticipos del pensamiento de Barrett y de su actualidad. Hay un pequeño párrafo de Barrett, que no tengo a mano, donde dice que «la vida es angustia». Barrett anticipa en cuarenta o cincuenta años el pensamiento de Albert Camus, filosofía existencial. En otros órdenes también su poderosa intuición intelectual hizo que se anticipara a cosas que después se desarrollarían. El pensamiento de Barrett, según sus más acérrimos partidarios, es de un anarquista nomás. No. Fue un hombre capaz de integrar el pensamiento diferente y también el coincidente con él. Por ejemplo, en unos cuentos, «El propietario» y «El pozo», hay una descripción simbólica e ideal del proceso social que es idéntica a la del pensamiento materialista histórico. En una ocasión, hace mucho tiempo, asistí a un congreso, Libertario Internacional se llamaba, y los anarquistas presentes se indignaron ante la sugerencia de que Barrett había sido prácticamente un anarcomarxista. Lo que hoy día es Noam Chomky, uno de los más importantes intelectuales críticos de nuestra época, que, siendo anarquista, reivindica el análisis económico social de Marx. O sea, Barrett, claramente, no sólo en esos cuentos, sino en ese texto fundamental que es La cuestión social en el Paraguay reconoce la importancia del análisis económico de Marx.

UNA LECTORA: Ya que mencionas esto, su posición anarquista, ¿cómo podríamos interpretar su forma de anarquismo?

MIGUEL ÁNGEL: En algunos de textos, Barrett dice que el anarquismo se reduce al libre pensamiento. Es decir, la libertad es un principio fundamental del pensamiento anarquista en general, pero no una libertad libertina, como sucede con los liberales y los neoliberales, donde uno puede ser libre para explotar a los demás, por ejemplo. No, la libertad es para afirmar la condición humana sustantiva y digna, fundamentalmente. La libertad para la dignidad. Barrett, en esos breves textos, en los que se refiere al tema, aunque él no hablaba mucho de su ideología, dice que se identifica con el pensamiento anarquista, pero también verificamos que, sobre todo en sus últimos escritos, hay un reconocimiento explícito del análisis social y económico del marxismo. En estos últimos tiempos, un autor francés habla del anarquismo y del marxismo, como de los hermanos separados, mellizos separados. Efectivamente, en el origen del anarquismo y el socialismo están los grandes problemas de la época, en el siglo XIX, donde ya los obreros y la gente luchaban por la igualdad social, como por ejemplo en 1888, sobre todo en el sitio de París en 1870. Quiero recordar que al Paraguay viene, en esos tiempos, Moisés Bertoni. Era amigo y discípulo de Eliseo Reclus, uno de los grandes anarquistas de esa época. Vino justamente por recomendación de Reclus y se quedó para siempre, enamorado y compartiendo allá lejos, allá donde estaba, los problemas del campesino paraguayo. El aporte de Bertoni se reconoce como una contribución fundamental también en la cultura paraguaya y en la vida social del Paraguay.

UNA LECTORA: Esa forma de anarquismo de Barrett, ¿podría tratarse de la autonomía?

MIGUEL ÁNGEL: La autonomía, sí. En líneas generales, el hombre libre es y se siente autónomo. Se siente capaz de pensar en su destino, en su inserción en la sociedad, pero siempre hay que recordar que esta forma de pensar es profundamente respetuosa de la dignidad humana y la dignidad del prójimo, una libertad que muchas veces desconocemos.

UN LECTOR: El Barrett intelectual escribió esta frase: «Hemos progresado en religión: de muchos dioses hemos pasado a uno, y estamos en vías de pasar de uno a cero.» Sin embargo, en estas cartas, en su último año, leía los evangelios y recomendaba su lectura. Se volvió religioso o alguien que le daba importancia a lo espiritual. En un momento dado, fue creyente, un hombre que creía en algo más y que hablaba abiertamente de los evangelios.

MIGUEL ÁNGEL: No olvidemos que esas cartas estaban dirigidas a su mujer, una mujer que no tenía gran cultura, y a quien tenía que ir induciendo a pensar en forma crítica, pero sin perder los lazos con el pensamiento tradicional dentro del cual ella se insertaba. Si leemos todo Barrett, incluidas las cartas, vemos que la suya no es en absoluto una religiosidad relacionada con una religión oficial. Es una religiosidad difusa, diría yo, y de trascendencia universal. Evidentemente él no creía en los mitos de las religiones oficiales, tal como eso que mencionaste, donde termina reconociendo a ningún dios, y eso es real. En la filosofía atea y la filosofía marxista y anarquista se rechaza la religión en ese sentido. Pero yo pienso que hay efectivamente una religiosidad difusa en Barrett, en el mismo sentido en el que uno encuentra esa especie de religiosidad extraña en los indígenas mbya y en la versión del padre Melià y otra gente. El gran pedagogo Freire, desde un punto de partida, ya no católico, formuló una crítica fundamental de los sistemas pedagógicos en boga y que se practican. Hay muchas coincidencias con diversos pensadores y escritores. Una religiosidad no formal, difusa, en un sentido universal y universalista. Es la conciencia de ser en el mundo, como parte de una totalidad, que no necesitamos definir en términos de religiones formales.

UN LECTOR: Para mí hay un gran paralelismo no sé si se ha hecho algún estudio al respecto entre Tolstói y Barrett, porque Barrett es sin duda un tolstiano. Le dedica un texto bellísimo. Hay mucho en común entre ambos, en diversas facetas.

MIGUEL ÁNGEL: Barrett fue un profundo admirador de Tolstói. Entre sus últimos escritos, hay uno o dos artículos sobre él. Pero a diferencia de Tolstói, un cristiano bien definido, Barrett no lo era. No era un cristiano; simplemente era una conciencia misteriosa. También la palabra misterio aparece en uno de los textos de Barrett. Ni la ciencia tiene hoy día formulaciones precisas sobre el sentido y la estructura del universo, sobre todo en el orden espiritual. En ese sentido, creo que Barrett tenía intuiciones precisas, no dogmáticas. Mucho más allá de cualquier dogma, su pensamiento se despliega en un sentido humanista profundo.

UNA LECTORA: Cuando dijiste, Miguel Ángel, que Barrett era un humanista, yo estaba pensando en esa misma palabra. Por lo que leí, tenía un profundo amor al ser humano. Era solidario con el sufrimiento ajeno, cuando podría haberse dedicado a disfrutar de su vida, de sus riquezas, de sus títulos. De ser un señorito en España e Inglaterra vino a los montes del Paraguay a sufrir con los sufrientes. Eso es una solidaridad exquisita, eso es lo que vi. Emociona lo que dice de Montevideo, que es una ciudad culta y que la amó desde que llegó.

MIGUEL ÁNGEL: Tenés toda la razón. El sentido de solidaridad en Barrett, projimidad, como decía nuestro gran poeta Hérib Campos Cervera, es decisivo para su conducta y pensamiento. Projimidad, solidaridad, eso es también un rasgo de la ética anarquista y la ética marxista. En algunos países está la ética de la solidaridad, que es lo que sostiene a la revolución cubana, desde mi punto de vista.

UN LECTOR: ¿Es posible pensar que Barrett se enamoró del Paraguay por sí mismo o se compadeció, o se enamoró del país a través de Francisca?

MIGUEL ÁNGEL: No, no creo que podamos decir que se enamoró a través de Francisca. El amor está presente en todo Barrett, el amor a su mujer, el amor a su pequeño hijo a quien estaba dejando al morir. Pero yo creo que el principio de solidaridad, el principio de projimidad, está en la base del pensamiento y la escritura de Barrett, siempre. Algo que no le impide formular muchas cosas en términos críticos. Él tenía un pensamiento afiladísimo. Era capaz de oponerse de una manera radical a las cosas que él consideraba injustas.

UN LECTOR: El Barrett intelectual que publicaba artículos, que conferenciaba, era humilde, desinteresado. Sin embargo, en estas cartas, nos damos cuenta de que era un escritor y que, como tal, no era inmune a la vanidad. En las primeras cartas se lamenta de la falta de reconocimiento que recibía como autor. Al final, cuando por fin lo reconocían, lo celebró. Confesó que guardaba todas las noticias, los elogios, sobre él. Eso es llamativo, algo que solamente estas cartas íntimas podrían contarnos… pues en el resto de su obra publicada conocíamos a una persona que parecía inmune a la vanidad de desear el reconocimiento de los demás y celebrar cuando lo obtienes.

MIGUEL ÁNGEL: Creo que nos pasa a todos, no sólo a Barrett, ¡ja, ja! Nos duele la falta de reconocimiento, nos duele el ninguneo tan frecuente en nuestro medio y no me extraña el gusto que tuvo Barrett al ver que se reconocía alguna cosa de él. Pero lo que más le emocionó es creo que se lo dijo a Panchita en las cartas ya desde Europa o durante el viaje la solidaridad de los obreros que se acercaban a él, que le manifestaban el pleno reconocimiento y gratitud. Él sintió la gratitud del prójimo, la gratitud de los obreros, la sintió vivamente, y eso le satisfizo profundamente, claro.

UN LECTOR: Quedó como registro esa foto tan bella de Rafael Barrett sentado, me parece que en San Bernardino, rodeado de sindicalistas…

MIGUEL ÁNGEL: La mayoría de ellos era anarquistas, pero había también socialistas. Los obreros organizados del Paraguay coincidían en que el pensamiento y la prédica de Barrett eran fundamentales para el proletariado y la gente oprimida del país.

UN LECTOR: Ya que hablamos de la satisfacción que sentía por el reconocimiento de los obreros, me parece que uno de los grandes logros de Barrett fue haberse despojado del barroquismo de la literatura, justamente porque quería que lo comprendieran. Al buscar que los obreros lo comprendieran cuando hablaba en persona o conferenciaba, o cuando lo leían, necesariamente tenía que despojarse de todo lo innecesario que hasta entonces impregnaba la literatura y que en el Paraguay se mantuvo hasta mediados del siglo pasado con una prosa sobrecargada de figuras literarias. En Barrett vemos esto: sea lo que sea que tengas para decir, dilo para que te comprendan. La palabra es comunicación. La literatura es comunicación. ¿Cómo percibes esto, Miguel Ángel?

MIGUEL ÁNGEL: Los cuentos que él consideraba revolucionarios, «El propietario» y «El pozo», están escritos con una sencillez impresionante. Él tenía plena conciencia de que era necesario comunicar valores y conceptos a través de la escritura. Su capacidad de producir literatura de altísimo valor la vemos en una carta que escribe, no para Panchita sino para la prensa del Paraguay. «Sobre el Atlántico» se titula. Es una muestra de maestría estilística. Parece anticipar la gran literatura que viene después, por la calidad estética que tiene, además de la profundidad de pensamiento. Es decir, tenía la capacidad de elaborar una obra de arte particular como es la literatura o la escritura en los términos y las formas más elaboradas y preciosas, y ser capaz al mismo tiempo de comunicar valores fundamentales como los que aparecen en estos textos. Hay otro que yo rescato en Obras completas, que estaba por ahí perdido, donde habla de la cuestión de la propiedad, de cómo la propiedad hace que el ser humano acabe siendo privado del sentido ético, de la moral y la projimidad. Es el relato «Gallinas». Un lector español lo encontró en la prensa y llamó a su amigo Gregorio Morán para leérselo. Morán se quedó absolutamente impresionado y decidió venir al Paraguay en busca de Rafael Barrett.

UN LECTOR: Sí, el libro de Gregorio Morán sobre Barrett inicia con esa anécdota. Fue amor a primera lectura. Concuerdo con él. Es que uno lee «Gallinas» y queda prendado de Barrett para siempre. Es un texto de una página y dice tanto.

MIGUEL ÁNGEL: Ese texto estuvo olvidado mucho tiempo, hasta que aquí, nosotros, con la edición de las obras completas, lo rescatamos y lo pusimos al alcance de la gente. Es un texto fundamental para entender el pensamiento revolucionario de Barrett.

UN LECTOR: Un lector de Barrett, paraguayo, me preguntó, y yo le pregunto, si deberíamos vernos como anarquistas, no necesariamente por el ejercicio eficaz sino por el deber moral, como impulso ético de ciudadanos sintientes en este país tan golpeado.

MIGUEL ÁNGEL: Claro que sí. Creo que el pensamiento anarquista tiene valores fundamentales para el hombre de todos los tiempos y de nuestro tiempo en particular. Una cosa que suelo decir de Barrett es que su pensamiento no era uno meramente ideológico, sino abierto a la creatividad y a la posibilidad de profundizar permanentemente, sin limitarse o ceñirse a formas esclerosadas. No creo que haya que hablar del Barrett anarquista no más. En un sentido dinámico de pensamiento, fue capaz de penetrar la realidad, formularla y proponer nuevas vías para el destino humano. En ese sentido, me parece que Barrett es increíble, cómo todavía suscita en nosotros hoy, nuestra propia necesidad de pensar de forma creativa, profunda y revolucionaria.

UN LECTOR: Barrett, en Cartas íntimas, se lamentó de haber renunciado al trabajo ferroviario y a otros trabajos, y de haber decidido dedicarse exclusivamente a escribir. Cuando se lo contó «a la menuda» lo hizo casi como un ruego: viviremos muy austeramente pero intentaremos vivir de mi pluma. Insistió y se dedicó a eso, incluso enfermo siguió escribiendo y enviando sus textos a diversos medios, celebrando cada vez que uno le pagaba algo de lo que le debía. Es muy llamativo eso que se propuso y me pregunto si Barrett no se ubicó en el contexto cultural paraguayo para soñar semejante cosa: vivir de lo que escribía. Era el Paraguay de inicios del siglo pasado, un periodo de golpes de Estado. No había ninguna política pública para garantizar la lectura y la escritura. No había editoriales de libros. Escasas librerías. Escasos periódicos que se sostenían más por cuestiones partidarias y por sociedades a las que les interesaba sostenerlos. No había escritores que pudieran vivir de lo que escribían. Pero Barrett se propuso la utopía y persistió. Quizás en España, en Madrid específicamente, en esa época, algunos escritores podían vivir de lo que escribían… ¿Talvez él presumió que si allá había algunos ejemplos, él podría ser uno aquí? ¿Por qué piensas que tomó esa decisión que no podría volverse realidad, ya que al fin y al cabo vivió de ayudas (mucha gente se solidarizó con él para que pudiera vivir como se había propuesto vivir)?

MIGUEL ÁNGEL: No sé si tanta gente pero por lo menos para irse a Europa a morir, sí le ayudaron, por ejemplo, Manuel Gondra, que ya estaba en la alta política. Creo que le consiguió una especie de ayuda para viajar a Europa y escribir desde allí textos sobre el Paraguay. Recordemos que en Villeta, donde Barrett bajó, conoció a Manuel Gondra, Manuel Domínguez, Hérib Campos Cervera padre (del gran poeta) y otros personajes que después tendrían importancia en la vida pública del país, pero él se resistió siempre a ser parte del orden establecido, de aceptar sus beneficios. Prefirió vivir de su pluma. Creo que vivió efectivamente de su pluma, porque le pagaban por cada artículo. El ritmo con que escribía era impresionante. Publicaba dos o tres artículos en el Paraguay y otros tantos en Uruguay.

Panchita, a quién conocí allá por los años 61 o 62, cuando le manifesté mi admiración por Barrett, me dio a conocer estas cartas íntimas que ahora están publicadas en el Paraguay, y me regaló el original del cuento «El propietario». Ella tenía muchos manuscritos, supongo. Ese cuento lo había rescatado ya de una redacción de periódico y nos sirve para entender el proceso de escritura de Barrett. Es un escrito lleno de tachaduras y correcciones. Eso era lo que se publicaba. Y ya tenía una calidad impresionante. Creo que toda su producción fue hecha de esa manera. Escribía a vuela pluma y lo enviaba o lo llevaba al periódico. Con tachaduras y correcciones, y con un resultado final de alta calidad intelectual y estética.

UN LECTOR: La cantidad de textos que recuperaron y publicaron evidencia que escribió todos los días para esos medios, y en Cartas íntimas dice que escribía así. Me refiero a recibir ayuda para vivir. Parece que su cuñado le permitió vivir en una estancia de Yavevyry y que lo alimentaba. En algunos casos la ayuda era en dinero (en las cartas citó algunos apellidos); en otros casos, le permitieron vivir en tal o cual lugar o poder viajar. Fue una persona muy valorada. Pudo ser quien fue porque se dedicó genuinamente a escribir y porque hubo gente que se solidarizó con él por su condición peculiar.

MIGUEL ÁNGEL: Claro, evidentemente hubo gente que entendía sus posiciones y lo apoyaron. No sé a cuánto ascendería en términos monetarios ese apoyo, pero también las cartas y los escritos muestran que no la pasó muy bien. Pagó un precio alto por la dignidad del trabajo que hacía y que comunicaba a la sociedad paraguaya. Probablemente su enfermedad tuvo que ver con los padecimientos de orden económico que tuvo allá por 1907.

UN LECTOR: En estas cartas vemos todo eso que mencionamos y cómo hubo cierta gente que no había cumplido con él. Menciona un nombre. Él preguntaba a Francisca si esa persona ya le había devuelto el dinero… En un momento dado, enfermo en Yavevyry, contó que una gallina había entrado en el cuarto y había echado un medicamento. Lo narró con ironía. Sin embargo, el propietario de la estancia sólo pensaba en degollar a la pobre gallina impertinente. En fin, en las cartas vemos a un hombre complejo, con diversas emociones y sentimientos en el último tramo, estoico, porque al fin y al cabo él estaba muy consciente de la muerte, tanto que él mismo tuvo que calmar a Panchita.

MIGEL ÁNGEL: La tía Susan Barrett, en las últimas páginas de Cartas íntimas, le contó a Panchita la condición en que estaba Barrett con su enfermedad y él agregó un párrafo breve que mostraba su grandeza moral. Si me permiten lo voy a leer. «Panchita y Alex, hijos míos, dos palabras para decir que estoy demasiado bien cuidado y que mi alma está serena y llena de confianza en la vida, que os recompensará de vuestros dolores si los examináis y los sufrís con lealtad y con valor. Susan os dará pronto nuevas noticias. Agradezco la carta de Angelina y la postal de Audibert. Os abrazo cariñosamente». Son las últimas líneas que escribió para Panchita. Unos días después murió. El 17 de diciembre. La carta de Susan es del 13 de diciembre. ¡Qué nobleza hay en estas líneas, qué sentido de profundo afecto y solidaridad para todos, a través de su mujer y de su hijo!

UN LECTOR: Permiso… Bertani era el nombre que tanto repitió, el que nunca le pagó.

MIGUEL ÁNGEL: Bertani publicó Moralidades actuales. Es el único libro que Barrett vio impreso. Imagino que en un primer momento no fue un gran éxito. El dolor paraguayo no lo vio impreso. Le mandó a Bertani, el editor uruguayo, el original, pero lo publicó después de su muerte. En realidad, el éxito editorial de Bertani vino después, cuando publicó sucesivamente compilaciones de artículos de Barrett, cuando empezaba a ser conocido y reconocido, sobre todo en Uruguay. Talvez Bertani le hubiera pagado bien a Barrett si él hubiera vivido más tiempo. Curiosamente, se convirtió en una especie de best seller de la época. Barrett era admiradísimo y sus libros se difundieron y vendieron de manera abundante, a tal punto que esos primeros libros de Bertani fueron reproducidos por la editorial y el periódico La Protesta en la Argentina y otros muchos periódicos y libros. En España se publicaron en 1918 recién dos libros, Moralidades actuales y Mirando vivir, en Madrid. Si nosotros no lo reconocimos en el Paraguay, qué lo iban a reconocer en España. Ahora sí, y lo reconoce gente importante.

¿Te gustó la nota?
  • ¡SÍ! 
  • MÁS O MENOS 
  • NO 
0

Aún sin comentarios.

¿Qué opinas?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.