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¿Por qué están en la cárcel los animalitos?

Para la serie #NoMásZoo, el ingeniero y narrador Isidro Brítez, en compañía de su hija, ha visitado por primera vez el Zoológico privado de Encarnación, cautiverio de muchos animales víctimas de la Entidad Binacional Yasyretá que ha inundado sus hábitats.

 

En un paseo familiar, mi hija me indicó con inocente sorpresa la belleza de algunas palomitas. En realidad, eran pollitos que seguían a su mamá gallina. Cerca de ellos estaba el gallino, según ella. Esa descripción me causó gracia. Luego de explicarle los nombres precisos, le propuse visitar el zoológico que está en la periferia de Encarnación, para mostrarle directamente a los animales que solo había visto en Youtube.

Aún recuerdo los años 90, cuando fuimos niños y veíamos en canales abiertos ⸺los únicos que teníamos⸺ los anuncios de la Entidad Binacional Yacyreta (EBY) acerca del «rescate faunístico» ⸺recuerdo bien esa frase⸺. En ellos, mostraban a intrépidas personas que de seguro eran botánicos, zoólogos, ecologista, veterinarios, en fin, expertos en el tema de la fauna y la flora, o quizá simples actores, adentrándose con valentía en los ríos, los arroyos, los esterales y los bosques para rescatar a las especies en peligro de muerte por la futura creciente, a causa del embalse. También explicaban el ascenso de los peces que migraban aguas arriba de la represa para desovar y reproducirse. Era impresionante y motivador. El anuncio produjo el impacto deseado por lo menos en mí: creí que todos los eventuales problemas ecológicos estaban previstos y solucionados anticipadamente.

Pero pasaron muchos años desde esos anuncios publicitarios de la EBY para que la cota definitiva se elevase en realidad. Y lo hizo de manera súbita. Sin aviso reiterado ni publicidad. En pocos meses el agua fue cubriendo gran parte del área costera, inundando diversos ecosistemas. Pequeñas nacientes se convirtieron en arroyos. Arroyos en ríos caudalosos. Deltas de los arroyos afluentes del Paraná en grandes lagos de agua estancada. Los bosques quedaron bajo agua, así como una gran cantidad de cloacas mal tratadas que contaminaron los cursos hídricos. Los animales, ya sin hábitats, tuvieron que migrar hacia las zonas residenciales, los barrios, el centro y la costanera en busca de refugio y comida.

Entonces era una noticia común escuchar que algún mono o una manada amanecía comiendo mango u otros frutos de algún árbol en una casa. A veces, con espanto llamaban algunos ciudadanos a los bomberos porque había víboras de gran tamaño acechando un barrio. Seguramente los animales solo estaban desorientados, hambrientos y asustados. Sin embargo, muchos eran liquidados por los humanos apenas los veían.

Los que contaban con mejor suerte, fueron rescatados para llevarlos al zoológico ubicado en la periferia la ciudad, el lugar donde por primera vez también visitaba, en compañía de mi pequeña hija.

Para empezar, creo que elegimos un mal horario para visitarlo. Dos de la tarde, con 35 grados de temperatura. Al acercarnos, la pestilencia (catinga, humedad, cagada, etc., todo mezclado) que bordeaba el pequeño predio nos hizo dudar de nuestra decisión. Aguantamos el asco, pagamos la entrada de cinco mil guaraníes por persona e ingresamos.

Si a cincuenta metros el olor era impresionante, adentro ya se han imaginar cómo era. Caminamos por los senderos establecidos, pasando primero por las jaulas de los pájaros. El ruido era ensordecedor. A las aves se les notaba inquietas, aceleradas, volando de una rama a otra, como si no encontraran un lugar cómodo. Pequeños loros verdes, llamativos tucanes, coloridos guacamayos, imponentes pavos reales con sus colas desplegadas, tratando de alejarnos. Las aves nocturnas como los búhos y similares estaban agazapados en sus pequeñas casitas de madera… esperando la noche para salir a cazar.

Luego fuimos hacia las jaulas de los monos, la mayoría de ellos de pequeño tamaño. Al notar nuestra presencia se acercaban a las rejas y alargaban los brazos en espera de que los alimentáramos, acostumbrados a que los niños les diesen galletitas, dulces y hasta botellas de gaseosas. Era triste ver cómo ponían sus manitas suplicando comida.

En el rincón del fondo, en una jaula doblemente vallada, se encontraba un gran tigre, sediento, acalorado y cansado, jadeando, dando vueltas sin parar alrededor de un pequeño tronco caído. Miraba al cielo, tomaba un poco de agua, subía al tronco. Al igual que los demás animales no encontraba un lugar fresco donde descansar.

Frente a ese magnífico y flaco felino que por primera vez vi en vivo, estaba un pequeño estanque de cocodrilos, inmóviles, quizá guardando energías, camuflándose de nosotros.

En el tramo final del recorrido, observamos a los conejos y a las serpientes de todo tipo. También a las tortugas que pudimos tocar, cuyo hábitat era una pequeña palangana.

Terminamos la visita a medias. Mi pequeña hija, asqueada por los olores, ya no aguantó. Pero la pregunta que me hizo, a pesar de su inocencia, fue profunda:

⸺¿Por qué están en la cárcel los animalitos?

Mi respuesta, como todo alienado repitiendo el concepto diseñado por los mismos propietarios, fue:

⸺Porque aquí están seguros.

A la salida del zoológico, vimos este mensaje: «Esta iniciativa nace en respuesta a una afición o interés particular de los propietarios, quienes como docentes del Colegio Privado Juan XXIII, vieron la necesidad de plasmar en la práctica las enseñanzas teóricas del aula.»

Si bien la EBY causó innumerables problemas sociales, muchos han sido solucionados a medias, solo porque los afectados lucharon por sus derechos. Sin embargo, el impacto ambiental ha sido catastrófico, hasta el punto de que muchas especies están en peligro de extinción, como el guasú pukú, el jaguarete´i, el puma, el aguara guasú, la nutria gigante, el mboreví, el papagayo azul, entre muchos otros que no tienen voz para defenderse.

 

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3 Comentarios
  • Paola
    marzo 9, 2022

    Como siempre Isidro, gracias por tu experiencia. Cruda y fuerte, pero real.

    • Fernando
      marzo 13, 2022

      Muy cierto Isidro, es triste verles así y lo peor de todo es que debemos de buscar la manera de poder explicarle a nuestris niños una cruda verdad de una forma suave e inocente a la vez!!!Fuerza hermano!!!

  • Olga Carreras
    marzo 9, 2022

    Es de pocos interesarse en la necesidad animal y de muchos ignorar, la falta de conciencia ambiental por parte de este ente tan importante deja una carga en la comuna muy pesada, si bien fue un pequeño aporte a la necesidad la creación de este zoológico, sabemos que no es la forma en la que deberían estar y que el lugar ya no da abasto
    Deberiamos exigir una respuesta por el estado para la situación de estos animales.
    Excelente artículo!!

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