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El refutador

Al ver publicado su poema dedicado a Stroessner y Perón, Augusto denosta contra la maledicencia paraguaya. Montiel intenta calmarlo deshaciéndose en elogios a su persona y obra literaria… hasta que un tercero, el refutador de la novela Yo el Supremo, hace su aparición…

Augusto poseído, ilustración de Charles Da Ponte para el cuento El Refutador.

Augusto poseído, ilustración de Charles Da Ponte para el cuento El refutador.

 

Stroessner y Perón sellan su abrazo

con la emoción creadora de los hombres

que vencen al destino

y hacen en la historia a golpes de verdades

vivientes como himno de los hombres.

 

¡Venid y ved, pueblos del mundo, cómo

el peso de la espada es justiciero

cuando se yergue en defensa de la paz

y su eje de diamante

busca lo vertical de la esperanza!

 

En sus hombres soldados

en sus pueblos de paz, en su destino

común de patrias enlazadas,

Paraguay y Argentina están unidos

de corazón a corazón,

hermanos para siempre,

eternamente…1

 

La maledicencia en Paraguay es una disciplina ejercida con eficacia por muchos, con intencionalidad o por puro deporte. Una vez elegido el objeto como blanco hasta los novatos afinan su puntería, haciendo trizas el buen nombre y la fama profesional como en mi caso. Imperdonables aprendices de canallas que serán a su vez blanco de mi certero dardo más temprano que tarde. No toleraré a esta altura de mi vida el más mínimo de los desaires. Cálmese, Augusto, cálmese. Póngase cómodo hoy en la perezosa. Dejemos el diván para otro tipo de sesiones. Cuente su desazón por los versos publicados que ya estaban en el olvido. Montiel, vengo en llamas por la indignación que me causó leer aquel poema que me hubiera gustado olvidar para siempre. Pero la inquina no tiene compasión de nadie, menos de mí que estoy en la picota de amigos y enemigos. Aunque en Paraguay nadie pierde ni gana reputación, según dijera un célebre político, en mi caso saben que ahí está mi talón de Aquiles, en la conducta. Tratan de menoscabar la consideración que me tienen en el extranjero, por eso me endilgan obras del pasado que la propia historia se encargó de corregirlas o, como en este caso, de borrarlas. Me viene a la memoria todo lo que leí e imaginé en mi novela sobre Rodríguez de Francia. Creo que me siento igual que el Supremo al conocer aquel falso testamento que amaneció un día clavado en la puerta de la catedral. En el cual ordenaba que al morir su cadáver fuera decapitado y todos sus funcionarios y colaboradores fuesen condenados a la horca. De inmediato conminó a su secretario privado y amanuense, Policarpo Patiño, husmear toda la ciudad y el país entero en busca del autor malicioso. Y no me quiero imaginar lo que hubiera pensado Francia sobre mi novela Yo el Supremo. No hubiera entendido jamás que yo, en el fondo, lo admiro profundamente, porque mi obra enfoca su figura literariamente y no desde lo histórico. Pero él, con su severidad voltairiana, no hubiese admitido la consideración siquiera de sus detractores, a pesar de que algunos de ellos también escribieron sobre su papel histórico desde la admiración. Estoy persuadido de que su opinión sobre mi trabajo hubiese sido también la misma que vertió sobre el pretencioso ensayo de Rengger. Cuentos forjados al paladar de Europa. Ensayo de mentiras, en el que todo se desfigura de modo que conduzca al intento de desconceptuar al Dictador.2 Sin embargo, Francia era un gran lector de las obras de su tiempo. Tenía como única  compañía la lectura, en medio de esa tremenda soledad del poder absoluto. Mandaba importar regularmente los libros y recibía remesas enviadas por algunos de sus destacados que tenía por el mundo. Pero, Augusto, el doctor Francia era también implacable con la cultura y las expresiones literarias en general. A Rodríguez de Francia le construyeron sus célebres visitantes europeos una imagen mefistofélica que ni el propio Satán hubiera envidiado. Uno de los Robertson, joven comerciante inglés, que había descripto su rostro como sombrío y con ojos muy penetrantes, en su primer encuentro con el Dictador se llevó un desencanto por la amabilidad y por lo hallado en su rancho de Yvyra-i. Robertson encontró en la chacra donde vivía Francia al visitarlo no cráneos humanos ni pócimas diabólicas o hechiceras, sino un globo astronómico, un gran telescopio y un teodolito, que el anfitrión utilizaba para indagar en los misterios de la naturaleza y no en los de Belcebú. Dijo que había muchos libros sesudos de derecho, pocos de ciencias experimentales, algunos en francés y hacía alguna ostentación de su familiaridad con Voltaire, Rousseau y Volney, y asentía completamente a la teoría del último. Pero más que todo, se enorgullecía de ser reputado algebrista y astrónomo. Y aprovechando la ocasión, Francia solicitó a su huésped para que le trajera en su próximo viaje un telescopio, una bomba de aire y una máquina eléctrica, elementos que develan las íntimas aficiones del Dictador.3 Pero, bueno, mi Gran Augusto, volvamos al incendio de su paciencia por los versos publicados. Hay que traducir el episodio en palabras y actuar en consecuencia. Mirá, Montiel, como la envidia literaria en nuestro país llega a niveles deplorables, revuelven mi pasado de poeta y literato en ciernes para desacreditarme. Cualquier escritor en sus inicios comete errores y prefiere corregir con el tiempo a través de la experiencia, dejando de lado las obras primerizas que no pasan de ser balbuceos de la verdadera voz que vendrá posteriormente. Pero la maledicencia utiliza precisamente esos tropiezos que uno realiza hasta encaminarse hacia la vocación auténtica. Te pido una ayuda más, además de lo psicológico, quiero que investigues, cueste lo que cueste, quién fue el rufián que desempolvó aquel olvidable poema que habla de Perón y Stroessner. Estoy seguro de que fue algún despechado enano de la literatura que me eligió para sobresalir de su medianía anónima. Alguien relacionado con el riñón ideológico de la dictadura, amigo de los escribas stronistas como González Alsina, Ramos Giménez o Halley Mora. Algunos de ellos han de haber proveído al idiota útil el poema que ni yo recordaba, escrito con inocencia y esperanza de aquellos años en que Stroessner pudiera tomar la revolución social de Perón para su política de gobierno. Sólo aplicó el aspecto más repudiado del creador del justicialismo, el autoritarismo, el populismo, la demagogia intolerante y la consecuente persecución de sus opositores políticos. Es apenas un error de juventud, vaticinio político desmentido por el devenir histórico. Para más datos, fui uno de los primeros en caer en desgracia por la política represiva del entonces aprendiz de dictador, aunque mi exilio había comenzado mucho antes, durante la dictadura del general Morínigo y la derrotada Revolución del 47. Por eso no puedo admitir la divulgación capciosa y fuera del contexto histórico del poema de marras. Antes de responder, quiero que mi respuesta tenga su destinatario y ver si resiste el bombardeo de mi escrito. Alguien quiere reducir mi figura de escritor en la de un adulón de tiranos, bufón de intrigas palaciegas. No le va resultar fácil a mi compilador de intrigas mientras tenga la pluma en mano y el orgullo en pie.4 No, Augustito, usted no tiene parangón como poeta ni como narrador en el Paraguay. Pierden su tiempo. Pero tarde o temprano pondré la espada de mi ira sobre el cuello del cerdo panfletario. Alguien con sabiduría había escrito que para ser un gran escritor era necesario primero elegir en qué país nacer, luego hacer el trabajo literario para que resulte provechoso. Mi desgracia fue no elegir el país, me tocó el Paraguay que es un país sin literatura y lo que es más grave, sin lectores como la gente. Aquí la oralidad heredada de los guaraníes se lleva al extremo, los que dicen ser escritores se pasan hablando de las grandes obras por escribir pero en lo hecho no pasan de algunos librillos circunstanciales. Son autores en miniatura que cuando hablan se transforman en gigantes de humo y cuando escriben, en gnomos que no pueden sostener ni la lapicera. En vez de trabajar y procurarse un destino literario, se pasan enlodando el camino como los caracoles. Mi temor es que un día amanezcan ahorcados en su propia lengua, como Peru Rimá que de tanto hablar y tensar las cuerdas vocales termina enredado con ellas. De algunos de esos desgraciados diletantes surge la insidia venenosa, con vuelo bajo, y traicionando por la espalda. Son personajes residuales del legionarismo cultural  instalado después de la Triple Alianza y cuya sangre espuria sigue volcando su odio de ignominia contra los que removemos la verdad histórica. Se ahogarán al final en su propia agua servida y el tiempo escupirá estos malos tragos. No obstante, responderé con altura las bajezas de los escribientes de pacotilla, como caballero que soy, esgrimiré altivo el duelo intelectual. No soy de los soldados que corren pensando en otras batallas, para mí la primera escaramuza me compromete a vencer o morir. Siempre regreso como héroe de todas las guerras, la vida y la muerte es apenas una disyuntiva para cobardes.5 Pero, mi admirado Augusto, usted ganó nada menos que el Premio Cervantes, tal vez el único que el Paraguay obtuvo y obtendrá gracias a su valiosa e incomparable obra. Antes era admirado por muchos de mis compatriotas, después de los incontables premios que recibí aparecieron los defectos por doquier. Ahora hasta los que se decían amigos murmuran por lo bajo que negué hasta mi lugar de nacimiento. Dicen que yo nací realmente en Iturbe pero que digo en Asunción para darle abolengo a mi cuna. ¿Cuántos atropellos más a mi reputación debo soportar, Montiel, antes de que callen las malas lenguas? Es preciso descubrir la usina de mentiras, además de la heredada de la dictadura, hay que caerle con toda la fuerza de la elocuencia y fulminar tanta sofismería. No recuerdo a nadie que haya trabajado más que yo por la literatura paraguaya, viviendo encerrado años para elaborar mis obras. ¡Cómo habré estado encerrado y aislado que prácticamente con cada libro que escribí fui perdiendo y cambiando de esposas! Cada vez que abría la puerta para brindar por el fin de una escritura no encontraba a nadie, de vuelta a buscar una nueva esposa hasta el próximo libro. Pero no faltó quien dijera tampoco que tuve más esposas que libros. Aunque más hijos pueden ser, sin embargo no viene al caso. El asunto de la difamación es algo tan corrosivo que termina salpicando al país y su incipiente cultura.6 Mi ilustre Augusto, usted fue muy generoso con su decisión de vivir en el Paraguay y soportar estoicamente tantas diatribas. Estoy cansado de responder lo mismo cuando viajo por el mundo. Reconocer que el Paraguay no tiene tradición literaria, sobre todo en narrativa, aunque los versos tienen un poco de trayectoria en el folclore. Pero todo ha llegado a destiempo en el Paraguay, la poesía que pudo haber sido resulta al final como un refrito de la corriente poética o literaria ya superada en el mundo. Es el caso de los poetas seudo modernistas que copiaron tardíamente a Rubén Darío y otros, como Ortíz Guerrero, por ejemplo. La prosa tampoco pasó de la descripción pintoresca, costumbrista y chato realismo psicologista, sin soplos poéticos ni elaboraciones literarias adecuadas. Para sortear estas falencias de nuestra cultura, yo tuve que volverme autodidacta y beber largamente en fuentes de la cultura universal. Después volver a mi abrevadero natural pero en forma simbólica, sublimando una cultura inexistente, y liberarme de la atadura del bilingüismo autóctono.7 Yo pienso igual que usted, mi respetado Augusto, el guaraní entorpece y aísla a la gente del Paraguay de la cultura globalizada. Montiel, no se debe perder de vista y confundir el decoro personal con la adulonería permanente, pero tampoco caer en la execrable actitud del difamador e intrigante consuetudinario. Este país está lleno de chismosos que sólo producen y gastan babas. La larga dictadura ha corrompido hasta el tuétano, además de traer ya en sus genes la herencia de Francia y los López. Tenemos una tradición del autoritarismo despótico y que últimamente ha entrado aún más en decadencia, tocando quizá su hondura más profunda en cuanto a lo moral. Los propios escribas del Tiranosaurio perpetran contra mi persona las peores calumnias, buscando en mis obras lo inhallable, simientes de violencia e instrucciones para una insurrección armada. Todo lo que dicen los miserables del diario Patria en los últimos días, dando por hecho mi encarcelamiento o expulsión del país. Yo sólo quiero que mi hijo se haga paraguayo, tiene derecho por sangre, y me extiendan los documentos que me han denegado otras veces. Sólo pido que me dejen en paz con mi humilde trabajo, que pueda recorrer libremente el país, hablar con los jóvenes, aprender de ellos, acompañar a los campesinos por su reivindicación,  promover la lectura y demás.8 Pero, estimadísimo Augusto, el tirano teme a ese «demás» de la lectura que enseña usted en su recorrido por la geografía de la patria. Pero el dictador ve la amenaza hasta en mi sombra, a cada paso me encuentro con un pyrague soplón. Los secuaces también ven comunistas hasta en la sopa, si fuera cierto ya tendríamos una dictadura del proletariado y no la de un autoritarismo facineroso. Quieren tapar el sol con las manos. El pueblo no aguanta más la mentira y su imposición por la fuerza. Tarde o temprano caerá el régimen a pedazos por su propio peso. Y no porque yo lo diga, hasta el papa recalcó lo mismo y enrostró al dictador en la catedral durante su última visita. Dijo que no se puede arrinconar a Dios en los templos ni olvidar la libertad en los papeles de la Constitución y las leyes. La Marcha del Silencio acalló la amenazante «voz del coloradismo radial» y sus maldiciones de índole inquisitorial. Además tiene el tirano el diario Patria a su favor, con la pluma de los mercenarios que se hacen pasar por periodistas de investigación o escritores columnistas. Pero ni uno ni otro, todos repiten la misma cantinela sobre mi persona, que estoy al servicio del comunismo internacional, filosofía desalmada que socava el estilo de vida occidental y que tiene su basamento en la concepción cristiana de la vida y su visión del mundo.9 Por lo que se sabe, mi apreciado Augusto, usted tampoco nunca disimuló su admiración por la Revolución Cubana. Últimamente su acercamiento al comandante Castro hizo chispas por los cuatro vientos, mientras otros intelectuales aliados de primera hora hoy buscan otros horizontes políticos, para no decir que desertaron barajando argumentos como que la revolución se volvió vetusta y anacrónica. Qué cosas veredes, Montiel. La libertad nunca caduca y sobre todo la que sostiene con sangre el pueblo cubano. El comandante Castro representa hoy lo que fue en su época el doctor Francia, un adelantado a su tiempo e incomprendido por completo hasta por los más revolucionarios. Francia nunca fue ejemplo para Bolívar, Artigas ni San Martín, sin embargo encarnaba plenamente el objetivo de estos héroes de la emancipación. Como nos pasa hoy en Latinoamérica, todos los países hablan de su autodeterminación y soberanía de boca para fuera, pero a la hora de tomar posiciones se encaminan hacia el chasquido de dedos de los Estados Unidos. Sin embargo, Cuba es el único país que puede hablar por sí y de sí, sin ruborizarse ni mirar el piso. No está adherido al sistema imperial y por tal motivo, permanece bloqueado hace más de cuarenta años. A pesar de todo, ha podido desarrollarse social y científicamente, dejando en el pasado su condición de Edén prostibulario de los americanos del norte; los yankis tuvieron que trasladar todo ese submundo del hampa y del sexo a las espumosas playas de Florida. En la época de Francia y los López, Paraguay también permaneció bloqueado, atacado, amenazado y hasta destruido por los intereses imperiales. Pero igualmente había logrado un alto grado de desarrollo con una buena administración y la negativa a la inversión extranjera que siempre implica dependencia. De ahí mi admiración de siempre por la Revolución Cubana, sólo que antes había que formar cola para hablar bien de Cuba, del Che, Camilo y Fidel. Ahora los escritores, poetas e intelectuales fueron ganados por el mercado global y en una vuelta de carnero, empezaron a mirar el mundo con ojos de la realidad acomodaticia y no por un cambio de ideología. Salvo contadas excepciones, Montiel, los artistas de la izquierda festiva se habían montado en el caballo de la Revolución como para un paseo vacacional y hoy están de vuelta a casa, de la que nunca debieron salir para engañar a la gente y traicionar los ideales de muchos que dieron la vida como prueba de fe en la lucha. Francia y Fidel se consagraron a su pueblo y el pueblo responderá hasta la última gota de sangre. No hay duda, querido Augusto, trate de no mezclar las épocas, usted necesita abordar el presente sin enredarse con el tiempo ido y las fábulas de sus personajes. La persecución es la práctica política en el Paraguay desde las épocas coloniales. Cada gobierno que subía aniquilaba o exiliaba a la otra parte y así mermaba la población en vez de crecer. Sumados a los enfrentamientos fratricidas internos están los genocidios perpetrados por fuerzas externas, durante el ahogamiento en sangre de la Revolución Comunera y la Triple Alianza. Sin olvidar la Guerra del Chaco que devoró a más de cien mil bolivianos y cincuenta mil paraguayos, para terminar perdiendo en la mesa del Tratado de Paz lo que se ganó en los campos de batalla. El Paraguay independiente no tuvo paz ni tiempo para desarrollarse, menos para crear una literatura. La Historia devoró todo cuanto se quiso escribir en el Paraguay, tenemos más historiadores que escritores.10 Vivimos mirando el pasado, una suerte de presente histórico para hablar gramaticalmente. El paraguayo cree firmemente que su futuro está en el pasado. El modelo de país que creó Francia y desarrollaron los López creen que debe reeditarse para volver por la senda correcta el país. Precisamente fue destruido el Paraguay por nadar contra la corriente colonialista y la revolución económica liberal en boga. Paraguay, entonces, económica y socialmente respondía a una organización inspirada en los socialistas utópicos que seguro conocía Francia, o al menos a los pensadores de izquierda de la Revolución Francesa. Sus detractores más benevolentes le llamaban el jacobino de América, otros menos indulgentes directamente le decían el ayatollah, por su reconocida vida austera e implacable rigurosidad a la hora de castigar los delitos bajo sus leyes. Mi literatura trata de desembarazarse de estos embrollos psicológicos en que patalean los paraguayos sin ir a ningún lado. No me perdonan que haya pintado a Francia en su oscura vocación autoritaria, pero sólo como pretexto, porque mi idea original era indagar sobre los mecanismos del poder, en este caso, para más un poder absoluto.11 Sí, mi maravilloso Augusto, pero no hay duda alguna, ha logrado el retrato más acabado de un dictador. Reconocido por los críticos literarios más renombrados de América y Europa. Qué más se le puede pedir; agradezcan que usted es paraguayo y el mérito también lo usufructúa todo el país. Eso mismo, Montiel, el Paraguay era considerado una incógnita literariamente hablando, hasta que trascendió mi obra ese misterio y ya comenzó a hablarse de la literatura paraguaya. Creo que, humildemente, rompí con la medianía literaria que reinaba en nuestro país e irrumpí en la consideración de la palestra universal. Si bien no puedo negar que nací en el Paraguay, yo me hice escritor primero afuera y luego recién fui admitido como tal en este bendito país. Se cumplió plenamente conmigo aquello de que nadie es profeta en su tierra. Nuestro país es una nave que va a la deriva, perdido en el tiempo y ha olvidado su punto de partida. Está aislado en el mundo. Es una isla sin mar. Mejor dicho, es una isla rodeada de tierra. Pero estas imágenes que tratan de abarcar la realidad profunda del Paraguay, digamos, geográficamente, no me quitan tanto el sueño. Pero su desconexión temporal, sí. Su falta de conciencia del tiempo que vive, su falta absoluta del concepto de contemporaneidad e, incluso, su negación de coterraneidad en relación a otros países que también tienen historia pero palpitan su tiempo.12 Parece sencillo, mi amado Augusto, creo que al Paraguay le falta más cultura para entender todas las cuestiones que acaba de enumerar, claramente, para poder salir de su encrucijada histórica. Deberíamos escribir juntos un libro para esclarecer la confusión general. Pero si yo vengo diciendo y escribiendo lo mismo desde hace cincuenta años. Llevo publicados varios trabajos sobre el aislamiento del Paraguay y sus causas. Desde el punto de vista sociológico, histórico, político, literario y hasta lingüístico. Porque el bilingüismo también aporta lo suyo en este atraso, la educación siempre se impartió en castellano mientras el pueblo funciona en guaraní. Lo que debería ser una ventaja, el hecho de contar con el idioma autóctono como nacional y el español como oficial, se convierte en una contradicción perjudicial. El pueblo es analfabeto en el idioma que habla y es alfabetizado en el que no habla. El resultado de estos factores antagónicos: el paraguayo lee poco y escribe menos. No está capacitado, quiero decir educado, para hablar ni para escribir. No puede hablar en guaraní porque no es aceptado como idioma dominante y no lo escribe porque es analfabeto en esta lengua. Tampoco habla en español fluidamente porque maneja un vocabulario apenas básico y no lo escribe tampoco por el hecho de su escaso conocimiento. En la mente del paraguayo chocan dos flechas de sentidos contrarios, en su cerebro se anida la entelequia misma y el pensamiento se convierte en un callejón sin salida. Llevamos la contradicción encarnada en nuestro intelecto.13 Sin  embargo, mi celebrado Augusto, hoy en día mucha gente domina el castellano y otros idiomas más en el Paraguay. Por supuesto, estamos hablando en términos generales, estimado Montiel, no en particulares. La clase dominante, como en todos los países, en el Paraguay recibe la educación de la metrópolis como colonia que es del imperio de turno. Se habla a la perfección el idioma del imperio, en señal de abyección  y en calidad de súbditos, después viene el idioma oficial de los colonizados. Eso no quiere decir que lo que yo puntualicé sobre el bilingüismo esté en contraposición a esta realidad. El Paraguay permanece encerrado, como se dice, bajo las siete llaves de su proceso histórico que lo condena en forma cíclica al exterminio o, cuanto menos, al desangre crónico. En toda su historia la justicia de cada época habló a través de los patíbulos y tribunales de sangre. La dictadura de Stroessner no fue la excepción, pasó por sus cárceles y cámara de torturas más de la mitad de su población, además de los exiliados y los desaparecidos que hasta hoy no se terminan de contabilizar. Con el hallazgo del Archivo del Terror saltó a publicidad la estadística del infierno, historias de suplicio y muerte de muchos compatriotas paraguayos y latinoamericanos. Los sicarios, organizados en comunidad, elaboraron sus rapiñas como bien reza su nombre: el Plan Cóndor. La muerte es el precio que paga todo aquel que opone resistencia a los designios de los opresores.14 Hoy está trágico, mi ponderado Augusto, su nivel de angustia y conmoción es sólo comparable al último divorcio con la española. ¿Tanto será, Montiel? Esta angustia me persigue en sueño, no termino nunca de caer y rodar por la escalera, después de ser arrojado por mi esposa al sorprenderme con aquella joven investigadora de mi obra. Todavía cruje mi brazo al recordar el episodio que quebró mi muñeca derecha. Considero que fue un accidente todo lo ocurrido, sobre todo el breve acercamiento con la estudiante de letras. Los políticos suelen meter la mano en la lata, cuando son descubiertos pierden votos y bancas. Los creadores también metemos la mano, a veces, pero en la musa, y cuando somos pillados perdemos dientes, costillas y huesos. Algunos indolentes optimistas dirían sin pestañear: son gajes del oficio. Pero la dialéctica es formidable si se sabe aplicar, una mala noticia del día con el tiempo se vuelve la mejor y viceversa. Gracias a ese doloroso incidente pude conocer a Marina y disfrutar de su juventud piadosa. Aunque algo más de sesenta años menor que yo, sabe disimularlo muy bien y me hace sentir cada vez más joven. ¿Será que estoy cayendo nuevamente en mi abismo mental? Quizá necesite algún tratamiento psicoanalítico más riguroso para expulsar de mis entrañas los demonios y monstruos que me carcomen el corazón y el pensamiento. Esto de hablar yo solo no conduce a nada, me revuelvo en el pasado y me trae más soledad. Mi camino al pasado está señalizado por todas mis pérdidas y me resulta como un paseo por mi propio purgatorio. Como si hubiera tragado un espejo y me devuelve en imágenes todo lo oculto de mi interioridad.15 Mi adorado Augusto, nos queda por probar la hipnosis como método, para escuchar las voces más lejanas y perturbadoras de su ser. Estoy dispuesto a todo, con una sola condición, Montiel: quiero que Marina asista contigo a las revelaciones de mi estado hipnótico, que espero saldar cuentas con mi historia e histeria, para no decir mis ataques de esquizofrenia. De paso dar la razón a los que dicen que los tres juntos conformamos el aparato freudiano. Según piensan y dicen por ahí, Montiel representa a mi Yo, Marina a mi Ello y, por suerte, yo mismo encarno mi Súper-Yo. Así dicen de nosotros, Montiel, esos alienados. Pero siguiendo con lo nuestro, siento que mi alma está poblada de espectros humanos que me interrogan y acusan de no sé cuántas cosas. Mis partes psíquicas sobrevivieron a las mujeres que amé y los personajes que robaron la mayor parte de mi vida en pos de su creación. Las primeras me sacaron en cara siempre la desatención como marido y padre,  y los segundos, mi obsesiva influencia en el destino de mis hijos literarios. Gaspar Mora calma la furia de la española con un concierto sublime, de alguna forma es el hijo que más sensibilidad me inspiró. Macario burlón e irónico me recuerda el destino de los traidores de Francia. Casiano y Cristóbal Jara me asisten en silencio y parecen estar más allá de las pasiones humanas. Miguel Vera me reclama la falta de oportunidad para poner punto final a su relato, que quedó inconcluso en Hijo de hombre. Estoy rodeado de todos ellos, me cercan sospechosamente y estarían todos en contra de mí. También están los que me tiran con artillería pesada por la prescindencia política, como los ultraizquierdosos, y los que me tildan de activista a sueldo al servicio del comunismo internacional, los esbirros de la dictadura. Sin duda, he cometido muchas imprudencias en la vida, pero nunca fui desleal con mis principios. La gente juzga a la ligera, no toma previsiones para acusar. Montiel, quiero que busques la paz para mi espíritu, hace tiempo que no concilio el sueño como quisiera.16 Cómo no, mi pequeño Augustito, pase al diván. Tenga en cuenta que la hipnosis es una técnica muy delicada, pocas veces aconsejable, porque la mente guarda misterios que sólo sirven para su desenvolvimiento interno. Pero también puede aportar elementos que subyacen bajo el cimiento racional y proyectan sombras sobre aspectos de la vida cotidiana. El hipnotizado puede realizar regresiones hasta el mismo estado fetal, asimismo algunos creen que es posible llegar a vidas pasadas. Nunca se sabe el límite de una hipnosis, el paciente en ese estado puede convertirse hasta en médium de algún espíritu o de una obsesión. No me preocupa nada de eso, Montiel. Lo que busco es la paz interior interrumpida. Quiero ubicarme más allá de las mezquindades que tratan de hundirme, pero yo no estoy dispuesto a declinar posiciones que tanto me han costado levantar. Necesito despejar mi mente de contaminaciones banales y aspirar profundo el aire fresco de un nuevo horizonte, que me ofrece el hecho de estar al lado de Marina y su generoso mundo. Hasta eso molesta a la gente, mi intento por ser feliz. Qué creen que hace un escritor en la vida, encerrarse en la biblioteca o vivir sólo para escribir. El escritor es un hombre normal que necesita a menudo dejar de serlo, entonces escribe hasta terminar el libro y regresa a la normalidad. De nuevo padece las debilidades mundanas y hasta cae herido a veces con los flechazos de Cupido. Cualquiera que me ve y observa mi integridad corporal pensará que fui víctima reiterada de este dios del amor, pero sólo pasé en mi vida por varias intervenciones quirúrgicas. Pero las cicatrices más profundas deben estar alojadas en los fuelles de mi corazón. De ahí mi canto que a menudo se escapa lastimero y nostálgico. La figura de la mujer preside toda mi vida, por eso me declaro públicamente feminista y sueño que el Paraguay tenga algún día una presidenta de la nación. Porque todos los presidentes hombres han dejado poco para las generaciones venideras, o ¿alguien también me va refutar esta conclusión que tenemos a la vista? Aunque algunos críticos literarios resaltan que en mis obras no aparecen prácticamente personajes femeninos, sin embargo están dispersos en todos mis libros, no llegan a ser heroínas o protagonistas directas pero están configuradas en papeles muy dignos o actitudes moralizantes. Salvo, Madama Sui, que el libro abre y cierra con su protagónico como dicen hoy día los comentaristas televisivos. Igualmente, creo que las críticas las hicieron antes de haber escrito esta novela que mencioné. La mujer debe ser la guía del mundo, por su instinto de vida y su compromiso con la especie humana. El hombre con su ambición de poder muy pronto pierde de vista todo, la noción de libertad y el concepto de vida. Retomemos, Montiel, el asunto de la hipnosis.17 Ya estamos en los umbrales de la sesión. Usted, mi sensible Augusto, relájese y trate de no pensar nada por un rato. Imposible, Montiel. La mente puede pensar en la nada, pero nunca no pensar. Es como pedir a alguien que viva pero sin respirar. Sin embargo, ya estoy relajado y atento a las instrucciones. Fije, mi dolido Augustito, su mirada en la medalla que balancea, no deje de seguirla con los ojos sin parpadear. Mi alma ya es un péndulo que danza al compás de un sueño muy profundo. Siga mirando y aminore la respiración. Mis ojos miran pero ya no ven la armonía que deja trazada en su vaivén la medalla. Siga mirando fijo y vaya cerrando los ojos. Mis párpados han caído como pesados telones que cubren el horizonte de luces. Recuéstese y responda a mi pregunta. ¿Augusto, me percibe ahora? ¿A quién cree que se dirige con tanta petulancia, Montiel? Respóndame, Augusto Roa, sólo lo que le pregunto. Usted puede hacerlo. No me grite, señorito, ni alce la voz de aquí en más en mi presencia. ¿Quién me escucha ahora, entonces? Sepa de una vez, yo no soy su paciente, don psiquiatra. ¡Hable, quien fuera…! Lo haré como si lo fuese, aunque lo que yo preciso sea un secretario, no un doctor que se hace llamar especialista del alma, y quizá un pelotón. Quien fuese, hable que yo sabré qué hacer con su relato. No estoy para hilvanar un relato, vengo a refutar la infamia de la historia a través de uno de sus protagonistas que está bajo mis pies, como un dragón ante la espada de San Jorge. ¿Pero quién habla? ¿No tiene nombre esa voz que se arroga nada menos que la de la historia? Soy el Supremo, Doctor Gaspar Rodríguez de Francia, Dictador Perpetuo del Paraguay. Discúlpeme, aunque no corresponda pedirle, doctor Montiel. Escuche atentamente cuanto sigue. No se puede defenestrar a un prócer, como a este servidor de la patria, con habladurías de gente interesada sólo en su beneficio y su comercio. Este señor escriba que tiene recostado a su merced, a través de quien estoy hablando, hizo de compilador de documentos supuestamente fehacientes y no son más que libelos contra el Superior Gobierno que me honrara dirigir. Yo soy hacedor de toda una patria, no un juguete para un escriba sin escrúpulos. No puede construir mi imagen a partir de otros dictadores de facto, sin sustento jurídico ni legitimidad popular. Yo soy un Dictador con autoridad conferida por un Congreso democrático y popular. Ellos, los tiranos a los que estudió para retratarme en el ejercicio del poder, son vulgares dictadores autoritarios y rayanos a los criminales. Lo que no puedo concluir es que haya confundido a uno con los otros, soslayando alegremente épocas y contextos históricos. Yo le tomo como una adhesión a los detractores de este servidor patriótico que murió sin dejar más bienes que la dignidad y el orgullo a un pueblo que dará que hablar alguna vez.18 Pero escuche, Su Excelencia, Augusto con su obra maestra basada en su célebre dictadura, le hizo famoso en el mundo, su persona se transformó en un personaje universal. Faltaba más, yo viví, luché y morí en pos del prestigio y la gloria, y usted me corre con que su dependiente psiquiátrico me dio fama. Nada más deleznable para un hombre ilustrado que se jacta de libertario consecuente y abanderado de las causas de su pueblo. No me vengan con macanas y zonceras, las razones de la patria están por encima de cualquier interés humano o divino, son los valores supremos que deben guiar nuestra conducta y castigar nuestro desatino. Siempre obré acorde a mi conciencia, construida con materiales ideológicos de la Ilustración jacobina y concepciones afines a una democracia social; con un estado proverbial como expresión de la clase popular dominante; con ingredientes heredados del comunitarismo indígena, de la soberanía popular de los comuneros revestida en el lapso excepcional de mi mandato de una dictadura popular y con una planificada gestión colectiva sobre los medios de producción; formada también en la moral cristiana consecuente con el prójimo, la ética del idealismo kantiano y la pragmática surgida del pensamiento racional del hombre moderno. Hice propia en mi conducta aquel enunciado ético que pocos practican y menos difunden: «Obra de tal modo que la máxima de tu acción se convierta en ley universal.» Eso procuré lograr en mi vida y con mi obra. Quise que rigiera la virtud toda mi vida. Una virtud surgida de las profundidades teológicas y filosóficas, en concordancia con las leyes inspiradas por grandes hombres de la antigüedad y pensadores de la Ilustración. Estableciendo lo social como centro de toda acción humana. La sabiduría y la ciencia al servicio del hombre, no el hombre al servicio del conocimiento y el capital. La educación al alcance de todo el pueblo y que la ignorancia deje de ser negocio de algunos letrados. Y la clave de mi éxito está en que me apoyé en los campesinos, sector social que tiene vocación de trabajo y profesa el patriotismo. Los habitantes de puerto son poco confiables, son proclives a la especulación y rebusques alejados de la producción. Las fuerzas armadas pasaron a engrosar las filas del pueblo. Repartí herramientas a los soldados y fusiles a los campesinos. En tiempo de paz, todos fuimos pueblo. En tiempo de guerra, todos soldados. Terminaron las clases y las castas en el Paraguay, la nación se llenó de riquezas y abundancia por doquier. Sin embargo, todos coinciden en que nada dejó crecer a su sombra, el poder absoluto aplastó todo a su paso, incluso a los compañeros de la gesta emancipadora. El método de rigor y la implacable tozudez para lograr mi objetivo, a veces, hicieron que algunos confundieran mi sistema con autoritarismo y hasta despotismo. Pero nada más extraño y lejano a mi estilo, el título honorífico de Dictador Perpetuo con que me ungiera el pueblo a través de su Congreso, me permitió legítimamente gobernar de acuerdo a la voluntad de mis fueros íntimos. Pero he ahí la gran cuestión que a muchos llaman a confusión. Este sujeto Roa, el Compilador de la Infamia, que en este momento me sirve de púlpito, ha cometido la tropelía de mezclarme con tiranuelos, manejados con hilo negro por el imperio, y lograr así un perfil acabado de un autoritario vulgar, según sus propias palabras. En la República de Platón el filósofo era el rey y no al revés como ocurrió con los dictadores latinoamericanos, infradotados para el ejercicio de poder que debe guardar el bien público y garantizar la integridad de una nación. En mi caso, los dictados de mi mandato surgían de una mente virtuosa y una moral basada en el ejemplo de vida. Jamás exigí a nadie lo que yo no estaba dispuesto a cumplir, el pueblo seguía mi ejemplo de laboriosidad, honestidad y abnegado patriotismo. Siempre evité caer en debilidades personales, habitualmente mi guía fue el interés general y la ley, antorcha de mi orientación. Pero no faltaron los enemigos que han hecho de mí un retrato desvirtuado. Me han puesto fuera de la ley de los hombres y conmiseración del Creador. Me llamaron siniestro dictador y verdugo  de su pueblo. En cambio, la libertad fue lo único no negociable para el Paraguay durante mi mandato. Pero abundan los documentos y testimonios de sus contemporáneos que lo acusan de déspota sin misericordia y tirano comparable a Atila por su crueldad. Ahí está, Atila fue un gran guerrero y defensor de su pueblo. Puras patrañas. Enmudecieron hasta las guitarras, escribió otro ignoto detractor. No hubo gobierno en mi época que haya promovido tanto la música como el del Paraguay, importando más instrumentos musicales que armas y municiones. «Llenó las cárceles de compatriotas ilustres», dijo un viajante despechado que no pudo anclar su barco de piratas en el puerto de Asunción. El Paraguay en la práctica no tenía cárceles, apenas algunos lugares de confinación y reclusión transitoria. El delito en el Paraguay se había vuelto una idea extraña y sólo provino allende las fronteras. O sino que averigüen con el señor Bonpland, a quien tuve que pedir, muy a pesar mío, que se retirara del Paraguay porque el mundo creía que yo lo tenía preso, y él pedía, de rodillas, que lo dejase vivir tranquilo y progresando en el Paraguay. Pero tuvo que marcharse con todas sus pertenencias. En la primera noche que pernoctó en Corrientes perdió la mitad de su ganado y dijo sencillamente Cómo se nota que ya estoy fuera del Paraguay. Se dice con justa razón que las comparaciones siempre son odiosas, pero por lo general son necesarias para comprender un hecho histórico a la distancia. En todo mi período de gobierno, los fusilamientos, que eran sólo por traición a la patria, no llegaron a veinte. Mientras, mi más acérrimo enemigo y acusador de déspota, don Juan Manuel de Rosas, en una sola razzia contra los unitarios, colocó sobre pica las cabezas decapitadas de sus opositores, en las dos veras del camino que va de Buenos Aires a Luján, sin haber sido demonizado por la historia como fui yo. Tampoco fui afecto a los elogios y las genuflexiones de mis seguidores. Primero fui admirador del pueblo que me vio nacer y luego fui admirado en vida y llorado en mi muerte. Los detractores esperaron que se produjera una alegría popular con la noticia de mi muerte, fueron defraudados y el pueblo redobló compromiso al guardar duelo sin esconder lágrimas. No estaban errados, conmigo habían perdido el mejor soldado y el más humilde de los ciudadanos que ha dado la tierra fecunda del Paraguay. Consagré mi vida a la gloria del Paraguay, entregué todos mis conocimientos y voluntad ante el altar de la patria. He renunciado a muchas cosas que alegran al varón pero empequeñecen al hombre, y he ganado otras, grandezas y dignidad para enaltecer el nombre de un pueblo exterminado varias veces pero nunca vencido. Jamás hubiera cristalizado los ideales de una patria verdaderamente libre si no hubiese contado con un pueblo capaz e indoblegable como el paraguayo. No conozco un pueblo tan altivo como el paraguayo, nada de hueso perdido que inventaron los infamantes de mi gobierno. Más infamantes aun los que compilan, reproducen y amplían en libros y tratados sobre esta ridícula afirmación. Pero ya vendrá el Refutador de la Infamia a poner los acentos sobre las íes que corresponden, a subrayar nuestros aciertos y comprender los errores históricos, pero sin soslayar las traiciones de unos pocos  ni los heroicos gestos de la mayoría del pueblo paraguayo. De mi boca nunca salió agravio para este glorioso pueblo, sólo elogios y gratitud infinita por tanta lealtad. Lo demás, son pastos para los detractores que sólo les quedan rumiar su derrota para siempre. A qué se debió su encarnizada persecución de los opositores y su política de aislamiento. No hubo tal persecución, sólo imperó la ley y no permitió jamás el libertinaje de los seudopatriotas al servicio de los intereses foráneos. Paraguay nunca se aisló, lo aislaron por su ejemplo de libertad y progreso. Por su soberanía emblemática e independencia económica. La buena educación hizo que los paraguayos fueran libres y la aplicación de la ciencia exacta  posibilitó la equidad y la igualdad. No la suma y resta de los mercaderes que acechaban el Paraguay con frustrada intención. Mi estrategia se debe buscar y rastrear en la historia de lucha del pueblo paraguayo. Seguí la hazaña guerrera de los guaraníes ante los conquistadores. Imité la formidable lucha de los comuneros  ante el mundo, que resistieron hasta morir a los ejércitos de los Virreinatos de Lima y Buenos Aires, de las Misiones Jesuíticas y los bandeirantes esclavistas del Brasil. Pero nunca me tembló la mano a la hora de obrar por la patria, la firmeza de carácter fue mi sello personal. Cuando la justicia determina una sentencia siempre me gustó dictarla a viva voz y hacerla cumplir al pie de la letra. Como el caso que nos ocupa en esta ocasión, la conspiración de 1820 que pretendió encontrar en mí al manso cordero para el Viernes Santo, para ahorrar presupuesto, he decidido juntar a todos los enjuiciados en una sola jornada. Los hombres falsos son como los billetes falsos, circulan entre los reales y legítimos sin distinguirse unos de los otros. Pero yo los identifiqué con suma facilidad, porque los falsos próceres decían querer liberarse del yugo español y ofrecían a cambio el porteño o el brasileño. Mi consigna y condición para integrar la Junta siempre fue la libertad absoluta en lo político y en lo económico. Los hechos son irrefutables cuando les asisten razones históricas, amparo jurídico y legitimación popular. Luego, cualquiera puede escribir la historia, incluso los detractores y los enemigos reales de la verdad. El problema viene después, con la indigestión de los consumidores de la carne podrida y la proliferación del contagio en cadena. Por suerte, el tiempo provee de vez en cuando algún Refutador de la Infamia enemiga. No dilataré más el cumplimiento de la sentencia que obra en mi poder, exijo solícita atención. Yo el Supremo comunico al pueblo y ordeno a Policarpo Patiño, fiel de fechos, secretario y amanuense del suscripto, mande a los fusileros que preparen los actos de justicia bajo El Naranjo, con murgas y fanfarrias, para el escarnio público. Serán pasado por las armas los traidores de la patria, como resarcimiento de su culposa responsabilidad y ejemplo impartido por tan deleznables actos en contra de la integridad moral y política independiente del Paraguay. Los cargos y las pruebas están compilados y documentados en forma fehaciente en las fojas de los expedientes, que pueden ser consultados bajo estricta autorización del tribunal a cargo. Todos los sentenciados que aguardan su ajusticiamiento fueron descubiertos en su labor conspiraticia, mediante intercambio de correspondencias y escritos varios con los porteñistas, españolistas y brasileñistas, elaboración de libelos y actividades concretas para derrocar al Superior Gobierno y aniquilar la independencia del Paraguay. Por todo ello y otros elementos punibles, se procede a la ejecución plena de la sentencia de los condenados y cómplices de la confabulación. Que pase Mauricio José Troche, instigador. ¡Confinación perpetua!  ¡Cúmplase! Que pase Fernando de la Mora, conspirador. ¡Prisión perpetua! ¡Cúmplase! Que pase Vicente Ignacio Iturbe, traidor. ¡Al Naranjo! ¡Apunten! ¡Fuego! Que pase Juan José Machaín, traidor. ¡Apunten! ¡Fuego! Que pase  Pedro Juan Cavallero, traidor. ¡Al Naranjo! ¡Apunten! ¡Fuego! Que pase Fulgencio Yegros, traidor. ¡Al Naranjo! ¡Apunten! ¡Fuego! Que pase Augusto Roa Bastos, compilador. ¡Al Naranjo! ¡Apunten! ¡Fuego!

 

1 Eternamente hermanos, poema épico publicado por Augusto Roa Bastos en el diario El País de Asunción, el día 20 de agosto de 1954, con motivo del encuentro de los generales Alfredo Stroessner y Juan Domingo Perón, obra que le granjeó la simpatía del gobierno que devolvió el gesto con una beca y misión cultural por Europa, durante el año 1955. Este documento echa por tierra la aseveración de Roa Bastos, tantas veces leídas y escuchadas, que siempre estuvo en contra de la dictadura de Stroessner  y que su lucha permanente se enmarcó dentro de la resistencia democrática contra el autoritarismo instaurado por el general Higinio Morínigo. (Nota y compilación del Refutador de la Infamia contra Francia.)

2 Opinión del propio doctor Francia, entonces Dictador Supremo del Paraguay, al hojear en sus manos el libro que lo indignó del Dr. Juan Rodolfo Rengger y que consiste en un ensayo sobre la naturaleza del gobierno del Paraguay que le cupo presidir desde los primeros años de la independencia. «El doctor Francia a quien la superioridad de su genio y la extensión de sus conocimientos daban una gran ascendencia sobre sus compatriotas, se hizo luego el alma de este nuevo gobierno», escribió el médico suizo Rengger en su Ensayo histórico después de permanecer 6 años en el Paraguay, tras haber visto la influencia que ejercía el futuro Supremo sobre la Junta Gubernativa creada por la Asamblea General y el trato personal que mantuvo con el Dictador.  (Nota del Refutador.)

3 Hubo hasta quien aseveró, incluso después de Yo el Supremo, que Roa nunca dejó de ser cuentista, si se tiene en cuenta que Hijo de hombre, más que una novela propiamente dicha, es una colección de cuentos largos, con personajes, historias y situaciones entrecruzadas; y que Yo El Supremo está armado como una constelación de relatos y textos diversos que giran en torno a unos cuantos núcleos que difícilmente pueden equipararse al concepto tradicional del capítulo. Además, tanto uno como otro texto rompen definitivamente con la idea convencional de novela. «Pero más allá de esta discusión, posiblemente estéril, acerca de si Roa es más cuentista que novelista y viceversa, lo que no se puede soslayar es la importancia de la cuentística de este escritor y la originalidad del aporte de sus cuentos en la literatura de lengua española contemporánea. Ellos funcionan como laboratorios en los que se experimenta, en forma condensada y potenciada, lo que después estará y se desplegará en sus grandes textos novelísticos, pero son en sí mismos acabadas obras literarias a través de las cuales el autor va desarrollando apasionante aventura artística.» Jorge Aiguadé, Asunción, año 2003.

4 En primer lugar, se ha afirmado generalmente que su exilio comienza en la dictadura de Morínigo con su expulsión después de la guerra civil del 47, en realidad su marcha a Buenos Aires no surge del exilio político, sino de otras razones como la de su nombramiento como secretario de la Embajada o su participación en una misión cultural junto al músico Cayo Sila Godoy en decretos firmados respectivamente por el dictador Higinio Morínigo y por el presidente Federico Chaves, misiones a las que renunció posteriormente, a la segunda por razones de salud. Con Stroessner disfrutó de una beca de estudios en Europa para analizar los nuevos métodos de propaganda y difundir la cultura paraguaya en el exterior. El exilio de Roa Bastos se puede deber a circunstancias personales y culturales más que a las políticas, teniendo en cuenta sobre todo que seguía manifestando su amistad y agradecimiento al colorado Epifanio Méndez Fleitas y al jefe de policía, el coronel Esteban López Martínez, como se comprueba en algunas notas de prensa, con la retórica que roza la del fascismo, al primero lo declara «heredero del Mariscal de Hierro, Francisco Solano López». La realidad es que Roa Bastos emigró a Buenos Aires en 1947 por decisión propia, donde residió hasta 1977. Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995) de José Vicente Peiró Barco.

5 La literatura paraguaya es pasible de muchas críticas, observaciones y hasta descalificaciones, si se quiere, pero lo que no se puede razonablemente hacer es negarla. Como toda literatura la paraguaya está ligada a los avatares de su pueblo, que supo de exterminios, guerras y revoluciones interminables. De ahí su falta de desarrollo regular y sostenido, comparada con las de otros países que también tuvieron sus dificultades pero no en el grado que tuvo el Paraguay, que padeció de largas épocas de aislamiento geográfico y sobre todo cultural. El sello de estas circunstancias cíclicas en la historia del Paraguay puede observarse en el anacronismo que padecen las obras literarias desde la colonia y hasta la configuración de la literatura actual. Para entender nuestra literatura como fenómeno social se debe dejar de considerar tres aspectos básicos: a) la aparición tardía porque no existía la imprenta hasta 1845 y hasta entonces sólo circulaban manuscritos; b) discontinuidad por las guerras y revoluciones; y c) el aislamiento que impidió que se formara una capa social suficientemente culta y numerosa para sostener la literatura, lo que provocó que los escritores fueran sobre todo políticos, historiadores y poetas de circunstancias. Con estos precedentes, la literatura de ficción sólo tuvo tímidos engendros, y no pudo ser cuantitativamente rica, aunque existieron algunas grandes novelas, y hasta la década de los cincuenta no hubo escritores reconocidos internacionalmente. Juan Bautista Rivarola Matto, La literatura paraguaya existe, diario Hoy, marzo de 1982. (Nota resumida por el Refutador.)

6 «Roa Bastos no debiera subordinar su arte a una finalidad no artística. Debe, ante todo, concebir su obra como obra de arte. Primero el arte. Lo demás vendrá a su obra por añadidura, y en forma mucho más convincente. Por otro lado, si siente él la urgencia imperiosa de dar voz a su afán redencionista, ¿por qué no emplea otro medio de expresión, distinto del cuento o la novela? Roa podría ser un brillante ensayista. En su lúcida prosa, y a la luz de una teoría estricta, él podría hacer un análisis riguroso de los males de su patria y formular un programa positivo de regeneración. Roa también debe evitar la exageración. La verdad basta; ya tiene ella en sí y por sí una elocuencia que no necesita distorsiones. Tampoco debe recurrir a los efectismos de esa literatura que un crítico sueco ha llamado de flottiga papperet, de papel grasiento.» Hugo Rodríguez Alcalá,  Asunción, La Tribuna, año 1954.

7 En este país, se asegura, no existe un corpus de literatura de ficción, vale decir que carecemos de un número y una cronología suficiente de textos, de ajuste de una tradición, o sea de una parcela nutricia, una generosa levadura que actúe al propio tiempo de techumbre y tierra firme de los narradores paraguayos de generaciones próximas, o partir de la última década del milenio. Pero no se puede negar la existencia de una narrativa en el Paraguay sin considerar los siguientes aspectos: a) El sustrato cultural paraguayo también queda integrado por las obras literarias importantes de la cultura universal. b) La tradición oral cuentística paraguaya, tanto guaraní como mestiza, es un terreno aún por explorar. c) El creador no tiene fronteras. d) El argumento más directo es la cita de treinta y nueve escritores que han publicado en castellano cuentos, novelas cortas y novelas. Entre las obras de estos autores la calidad es dispar como la de cualquier país, pero lo cierto es que son cien libros los que se han publicado en 25 años. Carlos Villagra Marsal, Variaciones sobre narrativas del Paraguay, Asunción, diario Hoy, 10 de septiembre de 1989. (Nota resumida por el Refutador.)

8 «En las primeras páginas de la novela, que comienza con la trascripción de una especie de decreto por el cual el propio Dr. Francia, el Supremo Dictador, ordena que al acaecer su muerte su cadáver sea decapitado y sus servidores civiles y militares sufran pena de horca, etc., se da un diálogo entre el dictador y su fiel de fechos, en el que contrastan dos tipos de discurso: por un lado, el del Dr. Francia, un racionalista, un ilustrado, capaz sin embargo de sobrepasar largamente la mera racionalidad del discurso logocéntrico mediante un manejo lingüístico-lúdico excepcional; por otro, Patiño, que se mantiene en el nivel característico de una mentalidad mítica. Roa Bastos pone en boca del Dr. Francia (página 70) algunos de los pasajes más agudos sobre la naturaleza del lenguaje, lugar donde se revela la condición humana y al mismo tiempo instancia de negación de la misma, cuando se traiciona y condena en la chapucería o la manipulación ideológica. Pero el espacio de la novela es también el lugar en donde se manifiesta el compilador-autor, que inserta allí su voz y con ella la ocasión de la referencia intertextual (las voces ajenas que se integran al cuerpo de la novela), magníficamente ficcionalizada, por ejemplo en las páginas 203-207, para dar un nuevo giro a la reflexión estético-literaria, en tanto el Supremo critica la escritura literaria y valoriza el habla concreta de los hombres de carne y hueso (página 208). Por lo demás, las citaciones —alusivas a otros textos, historias y personajes, sean del propio Roa, sean de otros autores— están hábilmente integradas al cuerpo textual, de modo tal que pasan a integrarse legítimamente al mismo, sin violencia alguna para la coherencia de su estructura artística y su universo significativo.» Miguel Ángel Fernández, diario Ultima Hora , Asunción, año 2003

9 El paladín de la «transición democrática» del Paraguay Augusto Roa Bastos renegó de su nacionalidad y solicitó la naturalización española, con argumentos falaces y alevosa intención de obtener rédito propagandístico, en desmedro de los intereses de su propio  país. De esta forma vemos a uno de los tantos «embanderados patrioteros» por el mundo avergonzarse de su patria y, sin ningún orgullo, ¡imperdonable!, renunciar supuestamente «porque se había quedado indocumentado». Lo que no dice este ex becario y cantor de loas arrepentido, y malagradecido, que forma parte de una siniestra campaña de desprestigio contra la democracia sin comunismo que lleva adelante el Superior Gobierno del general Alfredo Stroessner Matiauda. Diario Patria, Asunción, año 1982. (Nota compilada por el Refutador.)

10 Para comprobar la existencia de la literatura paraguaya, sugiero yo al señor Roa Bastos, no tiene más que pasar una tarde por la librería Comuneros de Asunción y rectificar su punto de vista, su desconocimiento en el exterior no tiene que ser inexcusablemente síntoma de calidad; el no trascender no es el resultado de una tabla de valores estéticos, sino de circunstancias concretas, especialmente la falta de mercados que sí tienen Perú, Argentina, Chile o Colombia. Si Gabriel Casaccia,  Elvio Romero o el mismo Roa Bastos no se hubieran ido, hoy serían solamente valores locales. Lo que ocurre a la literatura paraguaya es su gran desconocimiento, pero nunca eso puede implicar su inexistencia. Mario Halley Mora, Valga la intromisión, Asunción, El Diario, año 1989. (Nota resumida por el Refutador.)

11 El promotor del desorden y la agitación por medios literarios y culturales Augusto Roa Bastos fue expulsado a Clorinda, en un procedimiento policial llevado a cabo en el día de ayer. No hubo mayores comentarios, pero la causa es de público conocimiento que dicho sujeto pretende imprimir a su papel de escritorzuelo la desestabilización que tanta sangre ha costado al país y que el gobierno del general Stroessner restableció por el camino del desarrollo y el bienestar para el Paraguay. Diario Patria, Asunción, año 1982. (Nota compilada por el Refutador.)

12 Queda sin valor la repetida afirmación de Josefina Plá y Augusto Roa Bastos de que la literatura paraguaya es una literatura sin pasado, y en época colonial sólo la historiografía fue un género copioso, por lo que hasta bien entrado el siglo XX no se puede hablar de una producción de nivel continental. Se escribió en los mismos géneros que en el resto de Hispanoamérica. Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995) de José Vicente Peiró Barco.

13 Después de obtener el Premio Cervantes en 1989, con la implicación política de apoyo a la transición democrática del Paraguay que representaba el dar un premio a su escritor más internacional, Roa Bastos abandonó su retirada temporal de la publicación de obras nuevas. En oposición, si en la obra del autor de los ochenta representan años de escasez de ficción creativa, los noventa son su época más fecunda cuantitativamente. Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995) de José Vicente Peiró Barco.

14 «Gabriel Casaccia es un demócrata liberal que simpatiza con el pueblo y que se desentiende de la política. Pertenece a la clase media alta, estrechamente vinculada a los círculos dirigentes tradicionales. No sabe de necesidades extremas ni ha padecido la humillación social. Roa Bastos, en cambio, asume, aunque con vacilaciones y altibajos, ciertas posturas progresistas, populistas y, por momentos, hasta revolucionarias. Vinculado por su origen a la pequeña burguesía semirrural, es un veterano catador de la pobreza sin remedio, de la frustración y el abandono, de las hieles más amargas de la desilusión y del resentimiento. De aquí que la fría vivisección de Casaccia sea reemplazada en Roa por la fabulación de la historia por vagos sueños reivindicativos que se concretan en la creación de arquetipos imposibles, más parecidos a estatuas que seres vivientes.» Juan Bautista Rivarola Matto, periódico Tiempo de Hoy, en Buenos Aires, diciembre de 1970.

15 Desde que volvió al Paraguay, participa con frecuencia en la vida cultural del país, pero algunas contradicciones que se deducen de sus manifestaciones le han convertido en una personalidad polémica. Nadie discute en el Paraguay su importancia y la calidad de sus obras, pero algunos círculos culturales cuestionan su integridad y sinceridad. Valga como ejemplo las numerosas polémicas sobre la narrativa paraguaya que ha mantenido en su país con otros escritores como Juan Bautista Rivarola Matto, Mario Halley Mora, Carlos Villagra Marsal y otros, que le han provocado la ruptura de la amistad con quienes ha mantenido por muchos años. Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995), de José Vicente Peiró Barco.

16 Augusto Roa Bastos fue nombrado por el dictador Higinio Morínigo Segundo Secretario de la Embajada de Buenos Aires, como figura en el Registro Oficial del año 1946, página 1301, cargo que no desempeñó alegando motivos de salud. Hasta 1982, fecha en que es expulsado cuando había acudido a presentar el poemario de Jorge Canese, Paloma negra, paloma blanca, Roa Bastos visitó en varias oportunidades desde la subida al poder del dictador Morínigo y dedicó una oda a Stroessner y Perón, Eternamente hermanos, al asistir el presidente argentino a  la toma de posesión del golpista dictador paraguayo, en 1954. Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995), de José Vicente Peiró Barco.

17 A pesar de su exilio ordenado por Stroessner, siguió vinculado con el Paraguay desde Toulouse. En 1986 confeccionó una carta-proclama en la que llamaba a la unidad al pueblo paraguayo y en la que sugería la necesidad de una apertura democrática en el Paraguay, que Carlos Villagra Marsal leyó en la Plaza de Italia de Asunción, lugar donde se reunían las manifestaciones contra la dictadura. Esto provocó que fuera declarado persona non grata. Después de la caída del dictador podía volver a su país, pero siguió viviendo en Francia. Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995) de José Vicente Peiró Barco.

18 En 1995 ha obtenido el Premio Nacional de Literatura con su novela Madama Sui, en votación muy reñida y ajustada con la obra finalista, El júbilo difícil de Villagra Marsal, lo que ha acrecentado el carácter polémico de su figura literaria. A pesar de todo, Augusto Roa Bastos fue el gran impulsor de la narrativa paraguaya desde que en 1953 publicara El trueno entre las hojas, y es el escritor más importante que ha dado el país; sigue siendo el único narrador paraguayo que publica con regularidad fuera del ámbito latinoamericano. Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995), de José Vicente Peiró Barco.

 

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