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Chovinismo py nandi

La novela breve Tropa py nandi enaltece una tragedia con diálogos románticos y final feliz, suscribiéndose al propagandismo militar defendido por la misma tradición que homenajea la voluntad mientras ignora el fracaso de un sistema social desbordado.

 

Una mañana, al servir una tarta que se despedazó, mi madre dijo: «Lo importante es el contenido, no la belleza de lo de afuera». La tarta resultó exquisita, aunque la presentación no auguraba nada bueno. Con Tropa py nandi ocurre lo contrario. La presentación es buena. Una aceptable maquetación. La construcción de oraciones es correcta. La ortografía, decente. Con la lectura es posible atestiguar una tarea investigativa parcial que sostiene la ficcionalidad de la historia. Pero escribir bien no se limita a eso. Desafiar una imposición estructural es preferible a sacrificar el valor semántico de una idea.

La autora Sara Christ impregna en Tropa py nandi una visión entusiasta acerca de la incuestionable identidad y el orgullo nacionales. En la novela, la tragedia es un contexto motivador que nutre un espíritu independiente y autónomo, necesario para el crecimiento personal, pero, sobre todo, justificado en la promoción de un nacionalismo férreo contra lo extraño. Es firme en su convicción de patriota. Coherente con sus ideas y cómo las expone. Lo que no proporciona es seguridad acerca de la naturaleza de la novela.

El epígrafe de Bertolt Brecht («desgraciado el país que necesita héroes») es consistente con la fantasía militar de la novela en forma de paradoja. En el intento por liberarse de la figura arquetípica del héroe que muere por amor a su patria, configura a los personajes, niños soldados, con esas mismas características. El intertexto presentado, en son de informe bélico, fragmenta e interrumpe la continuidad de la novela. Un ansia didáctica se apodera de párrafos narrativos. La descripción de elementos culturales como el tatakua, la chipa y los cañones no justifica su presencia dentro de un texto local. El extrañamiento a nivel lingüístico que podría aliviar este compendio lexicográfico de índole material está ausente. No tiene ritmo ni sonido. Antes que narración, el desarrollo se centra en el desglose de acontecimientos ipso facto y un inventario costumbrista.

¿Es un manual de historia, un manifiesto propagandístico o una catarsis sentimentalista sobre la mayor tragedia de la historia del Paraguay? Una cosa es segura, este no es el camino a la hibridez de la literatura contemporánea.

Siguiendo un único hilo conductor, la historia se desarrolla en una eterna peregrinación de mujeres y niños, escoltados intermitentemente por el mariscal López y el general Bernardino Caballero, en busca de la seguridad de Humaitá durante la Guerra Grande. El título se apropia del mote del pelotón improvisado. Ana Valiente, protagonista, es una py nandi que focaliza lo ocurrido en el transcurso de la peregrinación.

Como personaje que presta su voz para la narración, sin embargo, no fue una buena elección. El concepto que tenemos de la niñez hoy en día no coincide con el de hace más de un siglo. Es inverosímil un circunstanciado desarrollo de escenas exteriores a su propia historia con ahínco omnisciente. Su intervención redunda en innecesaria.

Como testigo es capaz de insinuar una trama oculta y atractiva. Aun así, suprime estos elementos que podrían exhortar al lector un cuestionamiento de sus valores morales y creencias personales de manera rápida y definitiva.

El diálogo entre los personajes, a pesar de estar bien estructurados, perfilados según criterios orales razonables, o talvez por esta misma causa, carece de contenido e identidad. Es casi imposible encontrar rasgos identificativos en líneas pronunciadas por lo que parece ser una sola voz, aunque provengan de figuras recurrentes en la trama. Su creación los dictaminó un único espíritu fantástico. Por otro lado, son reconocibles las voces de personajes históricos, quizá debido a la investigación de la autora. Esto, en ocasiones, resultará frustrante o hilarante: «Pancho, mi Francis (…) estoy aquí, contigo, mi vida».

La credibilidad de los diálogos es otro punto discutible. La arenga política que sostiene una buena parte del desarrollo de la obra no proviene de los personajes que la pronuncian. No es difícil que la palabra «propaganda» resuene durante la lectura. No se trata solo de la historicidad sesgada sobre la que está fundada la novela. Tiene que ver con una tradición política de caudillaje y orgullo sin argumento.

Algunos pasajes secundarios, no obstante, son rescatables. El parto durante un conflicto armado, la disociación de uno mismo, los límites de la criminalidad y el anhelo de la muerte están presentes, sugeridos al lector en algunas pocas líneas de peso.

Este texto ficcional es un acto político e ideológico. Está saturado de romanticismo patriótico y mantiene viva una mentira que a fuerza de palos el paraguayo ha asimilado como verdad: el Paraguay es una gran nación, fértil, rica, gallarda y justa, que sobrevive con coraje y esfuerzo. Para la autora, un país arruinado de toda manera posible no es pretexto para reflexionar acerca del significado del nacionalismo ni de las circunstancias sociopolíticas que desembocan en un conflicto por el ejercicio de poder. Una oda al victimismo y a la pobreza de razonamiento crítico. A la Patria hay que amarla porque es Patria y las órdenes se siguen porque son órdenes. La mayor instancia en que Ana Valiente se permite cuestionar su realidad se desvanece del texto rápidamente. Deja solo una pregunta de la que el lector nunca podrá obtener una respuesta por parte de la protagonista: ¿por qué huyó?

Su mención como ganadora del premio de novela breve del Concurso Arte y Cultura 2019, organizado por el Banco Central del Paraguay, habla también sobre lo que es considerado literatura en el Paraguay. ¿Es un instrumento de encause de opinión? ¿Sirve como transmisora de ideales insostenibles? ¿Del enaltecimiento del niño héroe que muere por la defensa de la patria? ¿Una didáctica histórica? ¿La difusión y la intensificación del sentimiento nacionalista por los grandes recuerdos del pasado? ¿La glorificación del sacrificio bajo la esperanza de que con brío constante «saldremos adelante» sin la necesidad de políticas públicas adecuadas? Es posible llenar al menos dos páginas con los motivos político-históricos por los cuales se escribe literatura en este país, pero que no tienen nada que ver con ella.

En Tropa py nandi, no solo la patria muere con el mariscal. También la literatura.

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2 Comentarios
  • Nardo
    noviembre 4, 2022

    Esta crítica sí que es nacionalista y necesaria.

  • George Steiner
    septiembre 23, 2022

    En tiempos de rebrote del nacionalismo y del sinsentido, necesitamos más critica y autocritica como ciudadanos. Celebro el coraje de la articulista. Saber de antemano que la represalia es moneda de cambio muchas de las veces. Esperemos que no. La critica nos iluminará el camino.

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