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Cautiverio de Asunción

Para la serie #NoMásZoo, Sebastian Ocampos también ha observado como fotoaficionado a los cautivos del Zoológico de Asunción: más de 1.150 animales de 55 especies nativas y 15 exóticas, entre donados, comprados y criados, enjaulados en un predio de 9 hectáreas, en medio del Jardín Botánico.

 

Uno de los primeros cuentos que escribí es Los loros de la esquina. Narra cómo algunos niños libertan a loros enjaulados de la casa de un vecino. Ellos aún creen en uno de los engaños más arraigados en la humanidad: que un gesto puede cambiar la realidad.

 

El papagayo, con alas amputadas, es el ave nativa que más he visto en jaulas o patios de residencias urbanas y rurales de familias ricas. Seguramente lo aprisionan por sus colores vívidos. En el Zoológico de Asunción, algunos están en jaulas, otros en los árboles.

 

El águila coronada y, al parecer, el águila mora. En la crónica Privación de la libertad en manos de un enemigo contamos una anécdota sobre un águila del Zoológico.

 

En la película 303, una joven y un joven discuten. Él dice: «Los más fuertes sobreviven. Siempre ha sido así. Darwin lo demostró.» Ella replica: «Darwin dijo “supervivencia del más apto”, no “supervivencia del más fuerte”. No sobreviven los más fuertes, sino los que se adaptan mejor. También podría ser el más extraño. Toma al pavo real, por ejemplo. Pavo cristatus. Si solo los fuertes sobreviven, ¿por qué hay un animal extraño como el pavo real? No es ni rápido ni fuerte, ni siquiera puede escapar. Pero puede desplegar su cola para un admirador maravillado. Hay tantos ejemplos. Esta “lucha por la existencia” es una mierda total. Darwin fue abusado por los capitalistas.»

 

El coatí es una de las especies nativas con más cautivos en el Zoológico. Unidades, les llaman los funcionarios. ¿Por qué tienen tantas “unidades”? En la vida silvestre, los coatíes viven en manada. En este cautiverio, no son una manada.

 

De cerca o de lejos, los coatíes parecen desesperados por el calor excesivo. Algunos, como el protagonista de esta foto, cava en busca de la urgente frescura subterránea.

 

Acostada sobre la colgante tabla pequeña, a centímetros del techo, esta mona ahulladora, karaja, entrevé a la gente que le habla, gesticula y/o fotografía. Con el zoom óptico de la cámara del celular, puedo ver/captar su mirada.

 

Mirá cómo está ese monito, dice la gente que lo ve. ¿Está durmiendo? ¿Cómo puede estar así? A tres metros de altura aprox., agarrado con las patas al tejido, nadie parece comprender cómo puede estar así, hecho un ovillo durmiente.

 

Un amigo audiovisualista, década atrás, cuando inició la preproducción de una película sobre un pueblo nativo del Chaco, me contó que el mayor temor de los nativos era, hasta hace medio siglo aprox., el jaguareté. Desde que los ganaderos aceleraron la deforestación ilegal, el mayor temor de los nativos son los tractores que, con cadenas arrastradas, arrasan bosques. En el Zoológico, el rey de los añorados montes paraguayos no tiene quien le tema.

 

Decenas de cerdos salvajes, una paradoja en el zoológico que anula toda vida salvaje: algunos pecaríes están reunidos en una jaula; otros de mayor tamaño, en otra, donde yacen.

 

Quizá porque nací en el último día del signo de Capricornio, tengo especial aprecio por las cabras. En este cautiverio, decenas de ellas se encuentran antes de la entrada oficial del Zoológico, donde podemos verlas resguardarse en la mezquina sombra que le dedican.

 

Cien tortugas terrestres más o menos se juntan y hasta amontonan debajo de un breve techo de chapa. Algunas, por falta de espacio en esa sombra, caminan de un lado a otro. Una estaba, como ven, más interesada en aplacar el calor interno.

 

Pequeños, estáticos, los jakarés parecen más bien estatuas que animales en una pequeña laguna. En lagunas sin vallados, como una que está en el propio Jardín Botánico, los yacarés tienen presencia vital.

 

Chiquito, el único hipopótamo del Zoológico de Asunción, se sumerge casi todo ante la presencia humana que le grita desde el vallado. En un momento, quizá como respuesta, defeca, y con su cola esparce la mierda lo más lejos que puede.

 

¿Y acá qué hay?, preguntan los visitantes, adultos y niños, en busca de algún animal en la fosa que años o lutros atrás había sido de… Antes de esta visita, había visitado el Zoológico cuando era niño. No recuerdo qué animal estaba cautivo en esta fosa. Ahora, en el costado derecho, en el agua, se encuentra una víbora que parece kuriyú.

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