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Autocensura en la casa de la calle 22

En la novela La casa de la calle 22, Susana Gertopán narra la historia de Nina que a la vez recuerda a Ema, a través de un viaje de Asunción a Vilna, capital de Lituania, donde ambas convivieron en la primera mitad del siglo XX. Larissa Zanotti-C. V. la ha leído y releído en busca del significado de la narración.

 

Recuerdo que durante un otoño marrón y tormentoso con los compañeros del Servicio Civil visitamos Monte Sole, Italia. Fue una visita guiada que duró una semana. Tuvimos la oportunidad, el privilegio y la desgracia de pisar el terreno de algunos puntos históricos importantes de la Segunda Guerra Mundial en Marzabotto. Escuchar las historias de los custodios del lugar, algunos de ellos descendientes de los supervivientes de la masacre, fue desgarrador. Se trataba de una actividad dispuesta a mantener viva en la memoria la tragedia de la muerte humana causada por el odio y la intolerancia con el objetivo de cultivar la paz.

La casa de la calle 22 de Susana Gertopán, ganadora del Premio Nacional de Literatura 2021, intenta acercarse a esa experiencia narrando la historia de Nina y Emma, dos generaciones distanciadas en el tiempo, pero encontradas en la experiencia del sufrimiento y el aprendizaje para la vida. Sobre esto, Alexander Steffanell dice: La casa de la calle 22 «coadyuva a la reconstrucción de la memoria histórica tanto del personaje como de la comunidad en la que habita». Pero, como novela, queda solo en un intento, es necesario agregar. La obstinación con la que Nina, narradora poco fiable, se niega a demostrar al lector sus procesos de pensamiento íntimos obliga a utilizar, como apoyo de la lectura, sensaciones obtenidas en otras experiencias, dejándonos con la incertidumbre de saber si nos acercamos lo suficiente o no a la comprensión del proceso evolutivo del personaje. Esto se debe posiblemente a la intervención de Fatum, una fuerza omnipresente, caótica, destructiva y degenerativa que guía sutilmente las intenciones narrativas de Nina, tanto que en ocasiones, aunque Nina considere a Fatum como un ente separado de ella, me hace pensar que en realidad son el mismo personaje, y que es ella misma quien decide abstenerse de experimentar y aventurarse en la vida.

La historia principal de la novela sigue el proceso de duelo de Nina por la muerte de Ema, una anciana superviviente de la Segunda Guerra Mundial, a quien considera más cercana que su propia familia. El duelo toma la forma de una búsqueda de orígenes, tanto de los suyos propios como los de Ema, quien la acompañó durante su infancia y de la que sabe prácticamente nada, creando la atmósfera de una bildungsroman fragmentada que ofrece elementos y memorias del pasado como una fundamentación de los actos y las elecciones del presente. Incluso se podría pensar en una alegoría de la diáspora judía en la que Nina vaga sin rumbo (o un rumbo que no le pertenece, sino que está marcado y delimitado por personas que no comprenden su mundo interior) hasta que llega a encontrar la casa de la calle 22, el hogar de la infancia de Ema en Lituania, donde Nina finalmente libera su pesar en un llanto catártico y reconsidera los consejos de vida que Ema le había dado.

La novela, sin embargo, se dispersa también en otros temas, aunque no concreta profundamente ninguno, aposta, porque esa es la naturaleza de la narradora que decide guardarse secretos. A pesar de eso, podemos descubrir algunos pensamientos suyos de manera indirecta, infiriéndolos, sobre el duelo, el destino, la esencia de la casa de la calle 22 y la (ausencia de) pasión. Una elección trágica, diría, porque no puedo impedirme manifestar un paralelismo entre el ansia creadora de Del ⸺personaje por medio de quien Alice Munro desarrolla La vida de las mujeres⸺, el de descubrir la complejidad moral de la vida a expensas del tema de su escritura, y el ansia ocultadora de Nina, quien nos revela muy poco acerca de su turbulento mundo interior con la esperanza de que logremos descifrar su código de medias palabras. Sobre esto, Nina le confiere una enorme responsabilidad al destino, a Fatum, acerca de las elecciones que ella misma realiza a lo largo de su vida.

Si bien el proceso de duelo que Nina experimenta a causa de la muerte de Ema es el catalizador de esta relativa evolución de una vida gris y conformista, es necesario además considerar el duelo por la pérdida del «ardor», emoción escurridiza que Nina no describe en profundidad. Da la impresión de que se trata de la pasión volcánica, efímera, del romance prohibido, «el gozo del momento» que apenas tiene que ver con el carpe diem horaciano. Este ardor lo encarna Esteban, antiguo amante de la juventud de Ema, a quien la censura, el ambiente asfixiante de la dictadura y el implacable sentimiento de culpa logran sofocar.

Paradójicamente, el origen y el gozo están ausentes en gran parte de la obra; esta expone, en sí, la búsqueda de ambos conceptos para integrarlos a la vida íntima de la protagonista y compensarlos en su comunidad.

Susana Gertopán juega a intentar mantener al lector en vilo entre la realidad y la ficción. La propia Nina, en la novela, declara: «Lo rescatado por mí, [sic] se iría a un escrito de ficción. El lector desconocerá si era verdadero o falso; invención o realidad», pero ni siquiera ella misma lo sabe, ya que no está segura sobre si atribuirá los hechos narrados en la novela a las personas que la ayudaron o si son solo invenciones de su fantasía que la cobijan contra el dolor del mundo. La portada también tiene un papel decisivo en este juego de mantener al lector incierto sobre la naturaleza histórica o ficcional de la novela: «La [supuesta vida] que en realidad desconozco si es verdadera o se trata, sencillamente, de mi fantasía».

La casa como tal no posee gran significación. Es una más entre tantas otras en el gueto que estaban construidas «todas contiguas y arrinconadas dentro de un barrio cerrado». Solo si la ubicamos en el contexto del aislamiento involuntario, desprecio e inestabilidad, podemos sentirnos incómodos ante la reiterativa «facilitará mi búsqueda» de Nina, que aún es inconsciente del significado de un gueto. Es más, el detonante de la catarsis de Nina será la comunión que encuentra entre la historia de Ema y la historia de los demás residentes. Esto, sin embargo, queda implícito; el lector debe descubrirlo a partir de sus propias interpretaciones, relaciones e inferencias teniendo en cuenta incluso sus experiencias y lecturas previas, lo cual no es una situación aislada, ya que en la narración Nina admite que todos estos sentimientos deberá guardarlos con celo, no revelarlos.

Entonces, si la narradora no desea compartir su historia, ¿de qué otra manera podríamos acercarnos a la novela,  más que otorgando significados interpretativos a los signos que dicta el destino de cada uno?

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1 Comentario
  • Nardo Villalba
    mayo 31, 2022

    El ardor

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