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Volver a Ser

En Diálogos con nuestro amigo Caracol (Editorial Y, Servilibro, 2018), joya ilustrada de tamaño bolsillo, el contenedor y el contenido dejan de ser opuestos; así como el humano y el animal, o la profundidad y la sencillez. La literatura, rasgo superior de lo humano, invita aquí a volver a Ser.

 

Diálogos con nuestro amigo Caracol, de Ricardo Franco Lanceta (1924-2013), es un libro muy bonito, adjetivo inusual para las manifestaciones literarias. Lo bello en nuestros tiempos se asocia con la forma de las cosas. Para Platón, sin embargo, la belleza era un estado de gracia del contenido, propio del mundo de las ideas. Este concepto es reivindicado por Franco Lanceta. Los cuestionamientos son, justamente, contra lo que nuestros tiempos ofrecen como valores.

Pero la forma no puede desecharse. Más adelante, habrá una referencia de la dialéctica forma/fondo presente en los relatos. Ahora, toca hablar de la edición del libro. Es una joya de tamaño bolsillo, presentación cuidada y maravillosas ilustraciones del artista plático Juan de Dios Valdez. Su objetivo pedagógico implica el elemento gráfico, como bien lo supieron utilizar Antoine de Saint-Exupery y los referentes del género de la fábula. Los dibujos son importantes, tanto para grandes como para chicos. La mirada atenta del pequeño Ricardo y el gesto amable de Caracol nos introducen a sus características y a la de la obra.

Un detalle fundamental de las ilustraciones es el tamaño de Caracol y sus amigos. Ellos no aparecen diminutos ante el narrador. La igualdad ficticia busca reflejar, inteligentemente, la que se busca construir mediante una nueva conciencia. Es una propuesta heredada del antiguo pensamiento chino, mencionado por Franco Lanceta, cuando los animales eran sagrados e importantes. Eran, a su manera, maestros, como son los personajes que vamos conociendo en el trascurrir de la obra.

Ya cabe dar paso al contenido. De nuevo, su relación con las formas literarias es notable. Un poco cuento, un poco fábula, entre diálogo y diálogo. Lo último es la herramienta fundamental de enseñanza, tal como lo decidieron Sócrates, Platón y Aristóteles hace miles de años. Tal como lo reivindica Franco Lanceta en una serie de conversaciones que mantiene con Caracol, Lombriz, Conejo, Tortuga, Alacrán, Cangrejo, Murciélago y Águila. Cada uno tiene algo que decirle sobre lo que estos animales llaman el instinto natural, opuesto a la razón y el individualismo humanos.

Desde el principio, cuando ya se plantea esta disyuntiva, el libro es abiertamente filosófico. Nuevamente, resulta inevitable pensar en las charlas del Principito de Saint-Exupery. El diálogo es el método de construcción del saber, vigente a partir de los clásicos griegos. La filosofía se fue construyendo a partir de la oposición de ideas, como plantearía Hegel. Sin embargo, esto no necesariamente significa el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas. La razón humana no implica progreso.

A partir de esta idea, de manera magistral, Franco Lanceta se pelea con el positivismo y la idea de la razón como el mayor de los atributos. Esto, de nuevo, tiene sus bases en el pensamiento de dos importantes referentes: Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre. De cierta forma, Diálogos con nuestro amigo Caracol es heideggeriano en grado sumo. A su vez, es profundamente sartreano. Permítanme excusarme por única vez en el texto: si algo así puedo decir, es gracias a las invalorables reflexiones de José Pablo Feinmann en su programa Filosofía aquí y ahora.

El libro es heideggeriano porque se hace la fundamental pregunta por el ser. La humanidad, ese Dasein colectivo, ha olvidado la importancia del instinto, de la vida. Declina sus infinitas posibilidades para conquistar en nombre de la razón, la ciencia y el progreso. Todo esto, impulsada por el ánimo de lucro individual, reiteradamente atacado por nuestro amigo Caracol. Franco Lanceta observa con preocupación el avance de la tecnología comunicacional como elemento disruptivo de la comunicación, tanto entre personas como con la naturaleza. No entendemos el mundo en que vivimos. Apenas nos entendemos nosotros. Descarrilados, acelerados, precisamos la lentitud y el instinto (la preocupación por la vida) de Caracol y sus congéneres para repensar nuestro ser en el mundo que, más temprano de lo pronosticado, puede acabarse.

El libro es, finalmente, sartreano. El autor no pierde la esperanza. El ser humano, condenado a ser libre, se sabe responsable de su futuro. Si con la razón y la técnica ha decidido acumular, destrucción mediante, también puede hacer otra cosa. El narrador  reconoce el cambio en sus congéneres, al mencionar el desarrollo de una «ciencia de la ecología», de organizaciones dedicadas a la protección del hábitat, de la propia transformación hacia una conciencia más natural. Sartre decía que el Ser es posibilidad arrojada al futuro. Criticaba a la razón dialéctica, apuntando que, aún con condicionamientos, el hombre es «lo que hacen de lo que hicieron de él».

Diálogos con nuestro amigo Caracol es un libro muy bonito. El contenedor y el contenido dejan de ser opuestos; así como el humano y el animal, o la profundidad y la sencillez. La literatura, rasgo superior de lo humano, invita aquí a volver a Ser. A superar el hambre de conquista de la naturaleza, del tener y no entender nada. Como recomendación, Franco Lanceta nos pide desacelerar, ir más despacio. No parece tan complicado. En realidad, no lo es.

 

Breves biografías del autor y el ilustrador

Ricardo Franco Lanceta. Lomas Valentinas, Villeta, 1924; Asunción, 2013. Revolucionario contra la dictadura de Higinio Morínigo y en la Guerra Civil de 1947. Abogado en Argentina. Doctor en derecho en Bolivia. Doctor en economía en México. Catedrático en varias universidades latinoamericanas. Asesor de los bancos centrales de México, Venezuela, Bolivia y Paraguay. Representante del movimiento cooperativo en la Convención Nacional Constituyente de 1992. Autor de libros sobre derecho, economía e historia, entre ellos Proceso y crisis de la globalización (2002), en coautoría con Miguel Ángel Pangrazio. Fundador y presidente de diversas organizaciones, como el Instituto de Estudios Tesis Nacional, la República Moral Cooperativa y la Cooperativa Ferroviaria Pte. Carlos Antonio López Ltda., principal impulsora del proyecto de reconstrucción total del ferrocarril paraguayo.

Juan de Dios Valdez. San Juan Bautista, Misiones, 1986. Pintor y caricaturista. Discípulo del artista plástico y promotor cultural Gil Alegre Núñez. Ganador del Premio Juvenil de Pintura CCPA y Amigos del Arte (2006) y del Premio XXII Salón Primavera, del Ateneo Paraguayo (2008), entre otras distinciones nacionales. En 2010, es seleccionado en el concurso Colores Para Los Derechos Humanos, de las Naciones Unidas en Paraguay. Entre 2003 y 2010, participa de diversas exposiciones colectivas locales y regionales. A fines de 2016, realiza su primera exposición individual, en Asunción.

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