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Un conjunto orgánico

Prólogo de Paraguay cuenta, cinco siglos en cuarenta ficciones: la originalidad, la variedad, el mérito intrínseco de las obras, el retorno a la intimidad como fuente del pensamiento de la creación y del arte; esta antología demuestra que tiene nuestro país una cantera de cuentistas rica y singular.

 

Consideramos oportuna la aparición de esta antología, Paraguay cuenta, investigada y seleccionada por el escritor y editor Sebastian Ocampos. Podríamos denominarla como una caminata de cinco siglos; un transcurrir lento que nos asombra en cuanto a su conjunto orgánico.

Pocos estaban dispuestos a considerar la existencia de una literatura paraguaya y muchos hasta pensaban que en realidad no existía. Tuvieron que pasar siglos antes de que se legitimara la pertenencia de las creaciones de la época colonial a la literatura paraguaya, nacida sí a impulsos de la literatura española, pero ya con su originalidad americana.

Tal el caso del relato de Ruy Díaz de Guzmán con que se abre la antología. «Lucía de Miranda» descubre el mundo nuevo que han visto los conquistadores. Ella inspiró una loca pasión al cacique Mangore y a su hermano Siripo. La historia y la imaginación se unen para descubrir un mundo desmesurado y extraño ante los ojos del hombre europeo.

«Nicolás l rey del Paraguay», de autor anónimo, suma lo hispano con lo indígena; el telurismo americano inunda el encantamiento de la naturaleza exuberante de lo viviente sin artificio. El poder descriptivo de un profundo realismo no está exento de expresión poética. El hermano Nicolás desembarcó en Buenos Aires, capital del Río de la Plata, que a la sazón estaba muy convulsionada a causa de un tratado firmado entre Madrid y Lisboa (1753). Los sacerdotes de la Compañía de Jesús entraron en desacuerdo con sus hermanos legos, entretanto se levantaron los indígenas, quienes presenciaron y sufrieron los horrores de la desgracia ocasionada por los conquistadores. Los misioneros fueron expulsados y Nicolás, entretanto, se hizo proclamar Rey del Paraguay y Emperador de los Mamelucos. Una crónica novelesca con una estructura escrita con originalidad y variedad.

«Dos horas en compañía de un loco» de D. L. T. es la combinación de la observación naturalista con el interés de la truculencia y el tono arrebatado. Elementos macabros, sepulturas, cadáveres agusanados, de lo cual habla el loco, quien goza pensando que pronto matará al huésped de su hermano con su gran cuchillo. Momentos de terror y espanto vive el protagonista que es liberado por el dueño en el preciso instante en que es atacado por el loco. El tiempo se lentifica y hace que la narración sea menos dinámica, aunque el autor maneja bien el suspenso. Nos sorprende este relato en que un visitante se vio expuesto al peligro de muerte en manos de un enajenado que se encontró suelto en la noche de luna llena en que su mente se perturbaba.

«Viaje nocturno de Gualberto» de Juan Crisóstomo Centurión exalta el patriotismo, la naturaleza, los lugares geográficos del Paraguay, la veneración y el amor a la madre y la preocupación por la patria al término de la Guerra Grande. El viaje de Gualberto abarca la orilla izquierda del río Paraguay y los lugares de cruentas batallas como Paso de Patria, Tujuti, Paso Puku, Tujukue, memorables lugares históricos. Extensos monólogos en los que Gualberto se dirige a las almas de los muertos en los campos de combate; estos episodios tienen un carácter cruel y desolador. Disquisiciones sobre la moral y la religión; en muchos momentos discurren un discurso de paz y concordia, alusiones al dios de la misericordia, al príncipe de la paz. También se encuentran extractos de poemas o referencias al libro, es decir, intertextualidad respecto a la literatura clásica, escasos diálogos como el que mantiene con su madre, que reafirma el amor filial en el inesperado reencuentro. Otro momento glorioso es cuando Gualberto describe el hogar paterno, rústico y humilde, donde vio la luz y pasó su feliz infancia. La descripción embelesada del entorno de la casita y el bosque en que siente la dulce conmoción, en medio del bullicio de las aves en la umbrosa bóveda donde él corría en placentera calma conmueve al lector. El autor expresa el fin de su intencionalidad: condenación de la guerra que resume todos los horrores, todos los desastres que ella ocasiona con las muertes. Y una pregunta surge entonces: ¿Quién sufre? Que conlleva una respuesta: «Para saciar el vanidoso orgullo de un gobernante que con alta frecuencia subordina los más altos intereses a su humor y capricho, presenciamos a cada paso horrorosa carnicería humana». Otro mensaje: «La paz como don preciado del cielo». Por último se lee la historia de la aparición de un cometa en el Paraguay en 1811.

«La atrevida operación del doctor Orts» de Otto Miguel Cione, cuyo tema esencial se fundamenta en la ley de la herencia, inserta en la corriente naturalista y las taras heredadas, constituye motivo de análisis del doctor Orts, médico que estudia los rasgos fisonómicos de degenerados, locos, criminales, instintos perversos y sanguinarios de los miembros de una familia, condenados por el fatal legado que los tenía cautivos de los malos instintos y de todas las perversiones de las generaciones pasadas.

«El maestro» de Rafael Barrett es el primer relato estructurado como cuento. Su personaje, el señor Cuadrado, con sus sesenta años de miseria, enseñaba a pequeños de primer grado, un enjambre de niños maleducados y crueles con quienes pasaba la vida soportando humillaciones y las risas malvadas de los más grandes en un ambiente asfixiante. Barrett denuncia la ingratitud de esa sociedad indiferente hacia el maestro, que vive míseramente con un escasísimo sueldo, con sus ropas ajadas y sus zapatos rotos. Cuento construido en ocho párrafos, economía de palabras para una descripción realista del personaje y su entorno; sin diálogos ni penetración sicológica pero con un enlace tan certero de las acciones que marcan el avance narrativo para lograr un desenlace fatal e inesperado. La sucesión de acciones viles y descabelladas van gestando las perversidades de los niños con el fin de preparar el final inesperado e ignominioso.

«Los Cuervos de Icaria» de Carlos Frutos transcurre en un archipiélago de la Polinesia que partiendo de San Francisco a Sidney queda no lejos de Honolulu hacia Yokohama. Sus habitantes, descendientes de una raza mansa y trabajadora, se habían vuelto feroces y haraganes. Este pueblo considera que la traición es una virtud, como traicionar al padre, al hijo, al hermano, así como desconocen los conceptos de amistad, fidelidad, lealtad. El país está dividido entre parásitos y trabajadores. Del primer grupo salen los gobernantes y del segundo, los gobernados, que son sumisos cuando los gobernantes los aplastan, pero si les entregan armas, se vuelven belicosos y crueles. Existía una casta llamada Los Cuervos, que significa profeta, e Icaria significa carnero. Del pueblo del carnero nacería el futuro redentor del mundo. Los carneros son los elegidos de Dios. Todos los valores están trocados, puestos al revés; así decían: «La mujer es un instrumento de placer que Dios concede a los hombres en pago a sus sufrimientos». La protagonista Lidia fue engañada, explotada por Los Cuervos y llevada para el placer de muchos, a quienes era destinada por Cipriano. El gobierno de Icaria parecía tener una organización republicana, pero en realidad solo un personaje manejaba todo. El presidente es el que menos dura en sus funciones. Este relato se construye con catorce capítulos, no es un cuento ni tiene unidad de tiempo; además, hay otros varios personajes aparte de Lidia y Cipriano. Es muy descriptivo, con  personajes cínicos, algunos como máscaras de otros hombres, payasos que remedan ser pensadores, tontos que se hacen pasar por inteligentes, personajes respetables que ocultan los peores instintos, seudointelectuales que defienden la posición de la mujer en encendidos discursos y conferencias de salón para luego degradarla, humillarla, explotarla fuera del ámbito social. En estos aspectos esta sátira cobra actualidad casi cien años después, denunciando el abuso contra la mujer y contra los niños; la explotación, la esclavitud de la prostitución, el robo al Estado, el machismo, los privilegios de la clase poderosa en que el gobierno monopoliza la facultad de pensar, el extraviado sentido común del pueblo.

«Romance de la niña Francia» de Concepción Leyes forma parte de la tradición oral; suponemos que el nombre romance le ha de haber aplicado la autora porque el relato ya corría de boca en boca en el pueblo. Dicha leyenda recreada por la escritora, cuya prosa poética deslumbra por su alta calidad, nos emociona por la belleza del relato de un amor desgraciado y nos asombra la cruel actitud paterna que no se compadece del amor que siente su hija. Francia sacrifica a la joven en pos de su venganza ordenando a sus criadas a mantenerla encerrada y ellas se sienten obligadas a obedecer aun después de la muerte del dictador. La lectura sobrecoge al lector con una sensación de impotencia y desamparo.

«La mano en la tierra» de Josefina Plá es uno de los cuentos más impresionantes de la escritora. Ella crea la vida de sus personajes, contextualizados históricamente en la era de la conquista y los primeros tiempos de la colonización española. Don Blas y Úrsula, su mujer india, y su única hija Cecilia. Josefina Plá opera más con cualidades que con caracteres y los intercambios de posición entre sus personajes corresponden más a una necesidad moral que sicológica; ha desarrollado una técnica mediante la cual su personaje, don Blas, se devela a sí mismo paso a paso, primero por sus acciones, luego por sus recuerdos sobre la vida que dejó en España, imágenes que acuden a su conciencia en los últimos momentos de su vida; fusión de la nueva vida en América con la otra del recuerdo cuando la conciencia le exige la vuelta a su origen. La autora plantea el momento de la incomunicación del padre con sus hijos. Ellos y su madre se relacionan en su lengua materna, la de los afectos y del amor a la naturaleza que los rodea. Él apenas puede transmitirles algunas ideas por el trabajo, no pudiendo penetrar en la sicología de su esposa india ni en la de sus hijos; los ama, pero no los comprende. Úrsula es obediente y laboriosa, pero él no la entiende; la valora como madre de sus hijos, pero sufre la carencia de la expresión del amor con su pareja. El lector percibe angustiado esta sensación de abandono y soledad en la hora final en que es asistido por el franciscano Fray Pérez; es cuando el español bendice a sus hijos y exhala el último suspiro cuando parten sus hijos que zarpan en los navíos rumbo al sur para refundar Buenos Aires.

«Hooohhh la saihovy» de José Santiago Villarejo. Ya estamos en el siglo XX, tiempo de la guerra con Bolivia. Villarejo, cronista del Chaco, nos recuerda a los voluntarios extranjeros que vinieron al Paraguay para pelear contra Bolivia. El título alude a un pájaro de nuestros bosques. Los soldados denominaron saihovy a las balas porque el silbido de las mismas es idéntico al del pájaro aludido; en el Chaco no habita este pájaro porque no hay frutas, su único alimento. Otro pájaro, el jakavere, que tiene el grito semejante al de la granada, y el vuelo del pájaro se dirige hacia el suelo como la granada. Es notable cómo el genio del soldado paraguayo busca encontrar similitudes con los seres de la naturaleza. Las tucas en las trincheras servían de resguardo y defensa. En esa cavidad como un vientre se escondía el soldado donde la muerte también entraba.

«El guahu» es el cuento en que Gabriel Casaccia trabaja la interioridad de sus personajes descubriendo el inconsciente de Tomás, el personaje que padece desde niño el complejo de Caín. Odia a Ceferino, su hermano de madre; eran hijos de distintos padres y a eso atribuían los vecinos de Aregua que los hermanos fueran tan distintos. La madre es la actante, como fuerza impulsora del complejo de Tomás, que muchas veces había pensado matar a Ceferino ahogándolo en el lago. Casaccia, en un desplazamiento sicológico, hace que Tomás identifique a Ceferino con su perro Barcino, en el que consuma la muerte simbólica de su hermano, sacrificando a su perro. La profunda perturbación de Tomás hizo crisis cuando murió Ceferino, pues se sintió culpable como si hubiera sido el autor de la muerte que él había planeado ejecutar varias veces, pero siempre se había reprimido. Esta neurosis lo alteraba cada vez que escuchaba los aullidos del perro. Tomás consumó el fratricidio eliminando al perro, llevándolo hasta el lago para ahogarlo. El final es ambiguo: ocurre en un punto oscuro de la conciencia de Tomás en que ya no sabe separar su maligno deseo de la acción fatal. Fluctuación entre la locura y la muerte, entre el tormento de culpa y su liberación, pensando que no volverá a oír los aullidos de Barcino.

«El pájaro mosca» de Augusto Roa Bastos. Ozuna, un viejo profesor de literatura es el poseedor de un ejemplar original del libro de Don Quijote. Un coleccionista de trofeos de la Guerra del 70 y de libros antiguos le ofrece dinero por su ejemplar, pero él se lo niega. El relato plantea un problema de plagio de José María Funes, a quien Ozuna acusa de que todo su libro está copiado de Canabis y que solo un capítulo es creación suya. Los contertulios del Club Colonial hacen pensar en los del Nacional; se encuentran entre ellos los hermanos Decoud. Roa también recuerda a Juan Silvano Godoy, coleccionista de objetos de arte. Resulta interesante el cuento que con ironía y sarcasmo describe el mundillo intelectual asunceno, mezquino y cobarde, en el que las acusaciones se ventilaban en los periódicos y las ofensas se lavaban con el duelo. El profesor Ozuna era el padre de Alba; ella vivía en un mundo imaginario y creía tener un pájaro mosca que la visitaba; lo arrullaba en la palma de la mano en su mundo de irrealidad. La brutalidad de los soldados del Batallón Escolta que violaron a la pobre Alba en los Bajos de la Chacarita cubren con una nube de tristeza la persona del profesor Ozuna. Es muy lograda la retrospección utilizando la estructura del relato enmarcado en el diario del profesor Ozuna que revela la causa del odio de Funes. Confieso que es un texto impresionante porque Roa contrapone el egoísmo y la avaricia del coleccionista ante la honestidad del profesor que descubre el plagio ante los intelectuales, con riesgo de la venganza del soberbio Funes, quien lo sume en la miseria. Es otra una obra maestra de Roa Bastos.

«Amarga cosecha» de Carlos Garcete es un cuento de denuncia de la explotación del agricultor, de las injusticias a causa de las autoridades que se rinden al capitalismo. Juan Ramón y Antonio son estafados por el turco Abraham, quien en connivencia con la autoridad del pueblo despoja a los agricultores que malvenden sus cosechas. El cuento termina dramáticamente con el incendio del depósito de Abraham.

«Alcanfor» de Antonio Bonzi aborda la historia delincuencial de Crisanto Ytarara, apodado Alcanfor por su habilidad para evadirse de todas las prisiones. Hay ironía y humor en la descripción de los personajes, sarcasmo ante las autoridades sin competencia.

«El guerrillero» de Ana Iris Chaves describe magistralmente los últimos instantes de un guerrillero que en medio de la selva encuentra a sus compañeros desaparecidos hechos cadáveres. Huye desesperadamente aunque no sabía que las fuerzas del gobierno ya lo habían localizado. Un espeluznante instante de horror y muerte.

«Orden superior» de Maybell Lebron. Su tema es el ataque de la policía stronista a una pacífica manifestación convocada por la Iglesia cuando irrumpe una orden superior que llena de dolor y espanto a la multitud atacada con saña por los policías ebrios de odio.

«Los habitantes del abismo» de Mario Halley Mora, cuento dramático que trata de explicar el fracaso de una comunidad rural planificada para recibir a extranjeros refugiados en el país con el propósito de cultivar la tierra, pero fueron perseguidos por las fuerzas internas a más de las fuerzas telúricas. Excelente cuento realista en la búsqueda de la aplicación de la justicia. Al final se produce un suicidio que es ocultado y que queda como un enigma sin solución.

«Solo un momentito» de Rubén Bareiro Saguier, contextualizado en los días de la Revolución del 47; la persecución del gobierno llega hasta una comunidad del interior. El oficial gubernista toma presos a muchos lugareños acusados de revolucionarios; él recibe orden de ultimarlos. Entre los aprehendidos se encuentra su sobrino y ahijado que le pide clemencia, pero él desoye sus súplicas y lo mata sin compasión a pesar de que le había contado que su esposa estaba esperando un hijo suyo. El personaje enceguecido por el odio cruel y despiadado, se complace en cumplir las órdenes sembrando la muerte entre parientes y amigos. Las pasiones políticas exacerbadas por el fanatismo destructor dividen y enemistan a las familias del lugar.

«Arribeño del norte» de Carlos Villagra Marsal. Otra vez el tema de las revoluciones y los huidos del frente de combate. Arribeño es el nombre que en el Paraguay se da al desconocido que viene de otros pagos. El personaje llega a caballo a un rancho desolado apartado de toda población, donde le recibe una anciana que le da un poco de comida. El fugitivo escuchó a la viejecita cuando le contaba que un ladrón le había robado su lámpara y su vestido. El hombre muy indignado se retiró, pero al rato volvió y le dijo a la anciana: ¿Este es el que te llevó tu lámpara?, y tiró un bulto al suelo después de describir una parábola en el aire: era la cabeza del hombre que le había robado la lámpara. El cuento ilustra el envilecimiento del hombre que se embrutece y se bestializa en esta circunstancia. Además, muestra la degradación del hombre de pueblo causada por el abuso del poder político.

«Que la muerte nos separe» de Neida Bonnet, cuento en primera persona que hace pensar en el fatalismo consustancial. Muestra el retorno al hogar paterno después del fracaso matrimonial a más del rechazo del padre que por prejuicios sociales no acepta acoger a una hija separada y la obliga a «cumplir su obligación de esposa», condenándola a vivir una vida miserable e infeliz junto a un hombre a quien dejó de amar a causa de sus malos tratos. Ella, ya anciana y postrada en un sillón de ruedas, tomó la firme resolución de no querer estar con él en el mismo panteón porque aun después de muerto seguirían peleando. Si la vida no le permitió separarse, por lo menos que la muerte los separe. Refleja la mentalidad de una época en la que una sociedad hipócrita no perdonaba que una mujer pretendiera deshacer un matrimonio buscando su libertad.

«En tiempo de chivatos» de Margarita Prieto Yegros muestra la prepotencia y la desfachatez de un comisario de campaña mujeriego que abusaba de su poder para perseguir a mujeres ajenas; si alguien se oponía a sus planes, resultaba muerto. Expone crímenes, abigeato, usufructo de bienes ajenos. Ester, la joven maestra acosada por el comisario, deja su hogar, su pueblo y se traslada a la ciudad, pero la vida da muchas vueltas y se encarga de cambiar el destino por cartas de triunfo. Años después, llega a una casa para pasar una encuesta y encuentra a un anciano tirado en un sucio camastro en la más completa indigencia. Ester lo reconoce y cuando sale a la calle, una bocanada de aire fresco le renueva el deseo de vivir y el optimismo, y se promete a sí misma que saldrá con sus alumnos a pintar los chivatos florecidos. Margarita perfila un personaje del clima político del interior divulgado por el teatro popular y por muchos relatos del acervo folclórico; acerca del «Comí» corren infinitos chistes y casos en guaraní y castellano. Su técnica dialogada es la espina dorsal de su relato, lo cual agiliza la lectura; el registro utilizado es muy paraguayo.

«La carabela» de Raquel Saguier opera en la esfera del sentimiento, penetra en la intimidad de los recuerdos que atesora Amalia con respecto a Juan Miguel, su esposo, ahora en la cárcel. Amalia, como maestra pobre, vivía una vida de sacrificio; habitaba una casa con pocos muebles, adornada con retratos sonrientes enmarcados sin lujo alguno. En el centro de la habitación, frente al aparador, reposaba una carabela, legado de su suegro, quien la había construido a escala cuando trabajaba en un astillero. Allí permanecía siempre envejecida como ella, que le sacaba el polvo de cuando en cuando. Desde la cárcel, su marido insistía en que hablara con el abogado de reos pobres, pero este se desinteresaba de su caso y se esforzaba poco para liberarlo. A ratos, Amalia se restregaba los ojos, ¿le hacían falta anteojos nuevos?, pero su sueldo de maestra no alcanzaba para más, pues ella llevaba el peso de la casa. De pronto oyó caer la lluvia sobre el tejado, se precipitó una tormenta y se abrió una gotera justo sobre la carabela; se desprendieron las tejas que cayeron sobre la obra de arte destrozándola. Se rompieron los mástiles, ella miró que la carabela yacía en un charco de agua. Cuando pretendió enderezarla, sus dedos palparon una saliente, tiró de ella y se desprendió, dejando a la vista un gran fajo de billetes ordenadamente dispuestos. El cuento con un final inesperado explica el motivo de la cárcel de Juan Miguel. Ella, en vez de salvarlo con ese dinero o de aprovecharlo en su beneficio, resolvió devolvérselo a los dueños; luego vendió su alianza y se compró un pasaje a Santa Fe, donde la esperaba una amiga. Interesante cuento en que la casualidad descubre la causa del delito y revela al verdadero culpable.

 «Sobrevivientes anónimos» de Chester Swann aborda un tema casi desconocido u olvidado, el de los muchos obreros muertos o mutilados que dejó la construcción de la represa binacional de Itaipu. Con un lenguaje irónico deja al desnudo el desamparo de los trabajadores destrozados a causa de la inseguridad, abandonados a su suerte, sin derecho a reclamar ante las autoridades.

«Las señoritas de Pérez Pin» de Yula Riquelme. Precisión arquitectónica en la estructura del relato. Las señoritas de Pérez Pin, símbolos de un mundo caduco que no se resigna a tolerar los amores del párroco con una vecina. Las señoritas deciden salvar el honor de la Iglesia envenenando a la amada del sacerdote, dejándolo libre para seguir con su misión. Estas mujeres asumen la defensa de la moral de la Iglesia, pero no dudan en asesinar y ellas se quedan con el secreto y sin remordimiento. Un narrador omnisciente descubre los recovecos de la conciencia de sus personajes y describe el entorno de las aristocráticas y ridículas solteronas apegadas a prejuicios sociales y moralistas ya en desuso.

«La muertita» de Renée Ferrer. El motivo del cuento es la heroica noche de los jóvenes militantes de la OPM (Organización Primero de Marzo) que intentaban derrocar a Stroessner. Antes de la hora de la reunión en una dependencia de la parroquia San Cristóbal, uno de los miembros del grupo tuvo impulso de despedirse de su hermanita a quien encontró en agonía, dormida en la cama; la tomó en sus brazos, y ella, en el realismo mágico que presenta este relato, a pesar de estar muerta, se mueve en suave balanceo mientras él rescata recuerdos de la infancia. Fue así como no pudo llegar a la hora señalada junto al grupo que, por una imprudencia de un sacerdote que creía cumplir con su deber confiando en las promesas de la autoridad policial de no hacer daño a los jóvenes guerrilleros, fue descubierto en su escondite y llevados sus integrantes a Investigaciones, donde murieron entre torturas, mientras el protagonista se salvó por no haber podido desprenderse del abrazo de su pequeña hermana Norita. El cuento demuestra cómo puede cambiar la fortuna en un segundo. El destino tejió con sus hilos el obstáculo que lo impidió acudir a la cita. Como los camaradas sabían que nunca traicionaría la causa a pesar de no haber asistido al encuentro, ninguno lo delató. La niña, como un ángel, en su dulce muerte salvó a su hermano de un final atroz. La autora realizó una interpretación poética de un caso real, otro más de los sucesos trágicos que vivió nuestro país durante la cruel dictadura de Stroessner. Una tragedia suavizada con el candor de la niñita que jugaba a ser una de las pastorcitas de Fátima.

«El Stradivarius» de Augusto Casola. Cuento largo dividido en once capítulos en los que Casola enhebra hechos del pasado, entreteje situaciones familiares, caracteres, temperamentos y hasta escenas hogareñas tan reales, tan lejanas, tan cercanas, que es como mirar gastadas fotografías en color sepia. Sus descripciones, minuciosas, magistrales, nos recuerdan a los maestros europeos del realismo. En la primera parte, la descripción de la Asunción de los años cuarenta al cincuenta y de los viajes en hidroavión a Buenos Aires parece un documental sobre viajes, modas y costumbres, así como la de la casa de tía Petronila, una película en cámara lenta. El capítulo dos nos remonta a Lombardía, de donde provienen sus antepasados, una bella escena de fantasía e ilusión; aparece el hada del bosque y el encantamiento del fabricante de instrumentos, el taller de Antonio Stradivarius. En el capítulo tres se filosofa sobre el paso del tiempo cuando el hombre se descubre cansado, gastado, acumula años, canas, grasa y arrugas, el tiempo pasa y deja atrás los recuerdos. En el cuarto capítulo el personaje Antonio aspira vivir la eternidad habiendo ganado la inmortalidad. En el quinto capítulo vuelve a la casa de la playa, a la casona de Petronila; habla del violín que tenía el tío, el misterioso violín, el Stradivarius. En el sexto capítulo las excentricidades del maestro Antonio que se encerraba para crear instrumentos musicales; otra época, otro escenario geográfico, otra vez Italia. En el séptimo capítulo escenifica un cuadro familiar en que sigue exponiendo la historia del violín. En el octavo habla de cómo llegó el violín a la casa. El capítulo nueve da cuenta de conocimientos musicales, de Vivaldi. En el décimo capítulo se explica la imposibilidad de la imitación de los violines Stradivarius. Se despide al tío Antonio en el último episodio en el cementerio, en que se confunden los sueños, la fantasía, la realidad. Maestro de la narrativa el autor, uso correcto de la lengua, estilo depurado y culto, prosa sonora sin caer en el retoricismo decadente.

«Angola» de Helio Vera. Se origina en la memoria colectiva en la cual se instala el autor. La voz narrativa presenta a Angola con frases cortas, adjetivos que retratan a la mulata, planos narrativos yuxtapuestos de la narración oral. El origen de Angola y la historia de su abuela Juana se complementan con la historia de su madre, su infancia y su juventud. Angola es explotada por Pajarillo, quien termina asesinándola. El escritor pone a Angola frente a un vividor mestizo. En «Angola» se crea un universo violento que arruina la vida de la mulata, su madre y su abuela. Ella es víctima del determinismo social ocasionado por su condición racial que decide su destino. Se percibe la innovación literaria de Helio Vera, empleo de frases cortas, formas verbales y el presente para el tiempo histórico y el futuro enmarca la situación permanente en la que vive Angola. La contextualización histórica es la Guerra del 70, en que se demuestra que en Villarrica no hubo oposición a las tropas brasileñas de oposición. Muchas veces se elevan voces como un conjunto coral que denuncia un machismo de una sociedad tradicionalista que condena a la mujer a humillaciones y discriminación.

«Macario» de Guido Rodríguez Alcalá. El síndico de un banco donde se produjo el negociado de las divisas es acusado injustamente por las autoridades bancarias; sufre la cárcel aunque no es integrado en el grupo de los presos comunes, según dijeron, por su seguridad. Allí conoce a Macario, un pobre hombre que pisó la cárcel a causa de un crimen que no cometió; encontraron en él un chivo expiatorio para salvar a los verdaderos culpables. Cuando lo liberan, también recibe su libertad Macario, que no tiene adónde ir; el bancario, entonces, lo lleva a su casa donde trabaja de jardinero. El tema del cuento es la justicia corrupta, la venalidad de los jueces, el abandono a los presos en la cárcel, donde viven olvidados por la justicia, maltratados por los guardias y abusados por otros presos; el presidiario pobre permanece años sin que se revise su caso; Macario es uno de ellos. Constituye un descarnado análisis de los males del país.

«Capibara» de Luisa Moreno. Conjunto de relatos ecológicos, uno de los primeros en publicarse en nuestro país como literatura infantil; breve, interesante y tierno. Describe la vida de los capibaras. La autora defiende el entorno de los carpinchos, fustiga los ataques de cazadores furtivos que sacrifican a los indefensos animales, aun a los más jóvenes para aprovechar su carne. Describe a los carpinchitos como seres amigables que pueden encariñarse con los niños. Sus protagonistas son niños que aman la naturaleza, acogen a los animalitos, los cuidan, los alimentan y respetan su libertad y su vida. Este tema ecológico desarrollado en prosa poética invita a una lectura que conmueve y encanta.

«El apocalipsis según Benedicto» de Esteban Bedoya. El autor toma como personaje principal a Joseph Ratzinger, el papa alemán sucesor del papa polaco Juan Pablo ll. Su papado se desarrolló en medio de la corrupción del Vaticano. La prensa lo tildó de «vampiro ojeroso», relacionado con la juventud hitleriana. Actuó con mano fuerte. La obra nos da a conocer los recovecos de la Santa Sede. Bedoya maneja la ironía y el sarcasmo con maestría. Cuando el embajador paraguayo solicita al pontífice un cardenal, el papa replica: «Dígale al embajador que ya tiene un obispo presidente». El cardenal sufre de alucinaciones y pesadillas que quizás tengan su origen en la aversión a las mujeres que, según sus palabas, «son seres demoníacos que pierden a los hombres». En la obra se desacralizan los símbolos sagrados, las jerarquías, los ritos. Hay escenas fetichistas y de perversión de la sierva que limpia los aposentos del cardenal.

«El refutador» de Gilberto Ramírez Santacruz. El cuento se inicia con el poema de Augusto Roa Bastos publicado en el diario El País de Asunción, el 20 de agosto de 1954, con motivo del encuentro de los generales Perón y Stroessner, con la intención de demostrar que Roa no siempre estuvo en contra de Stroessner; este le devolvió el favor con una beca y una misión cultural por Europa. Su personaje Augusto conversa con Montiel. Es un texto en que el autor expone con claridad sus ideas políticas, sus opiniones sobre la historia del Paraguay y referencias sobre la literatura. Yo el Supremo es, sin duda, la obra que ha atraído la mirada sobre la literatura paraguaya. Augusto declara: «El pueblo es analfabeto en el idioma que habla y es alfabetizado en el que no habla». «La educación siempre se impartió en castellano, mientras el pueblo funciona en guaraní». El escritor nos dice que en la mente del paraguayo chocan dos flechas de sentido contrario, «en su cerebro se anida la entelequia misma y el pensamiento se convierte en callejón sin salida». Es un cuento largo que analiza al personaje doctor Francia, la persona real e histórica que gobernó al Paraguay con poder absoluto, y al personaje literario de Roa Bastos que lo transformó en personaje universal. Es un texto para intelectuales escrito con una prosa depurada sin rodeos ni adjetivaciones innecesarias, pero con una estructura en bloque sin párrafos ni descanso. Contiene mucha información y el refutador agita la historia con fundamentos documentales y la política con testimonios duros. Deja de lado la ficción para simular encarar la verdad.

«Riqueza interior» de Javier Viveros, cuento casi satírico. Cualquiera podría pensar que se trata de un tema sicológico por la obsesión de un hombre que ha tragado un diamante para no perderlo. Ante el inminente peligro de que se lo roben, decide guardarlo en el estómago. Desde ese día vive esperando recuperarlo en cada deposición, pero ante el fracaso, el personaje que se había ilusionado con poder solucionar todos sus problemas económicos, entra en la desesperación de la interminable espera. Es un hecho inaudito, novedoso e insólito el vivir examinando sus heces en la búsqueda del diamante en cada acción extravagante e insólita.

«Nido vacío» de Milady Giménez es la sucesión de actos rutinarios de una joven mujer que tiene dos pequeños hijos a quienes deja al cuidado de una niñera ignorante y descuidada que se pasa viendo telenovelas y disfruta del confort de la casa. Descubre el drama vivido día a día por la mujer que trabaja fuera del hogar, al que vuelve cansada después de haber estado en el gimnasio para conservarse joven; le duele no poder disfrutar de sus hijos y de su esposo. Es la pintura del hogar moderno en el que se prioriza el trabajo antes que la paz hogareña.

«Ofiuco» de Mónica Bustos. Relatos interesantes, vinculados: Supernova, en el que la protagonista sufre la pérdida de identidad a raíz de que vivió entre las tres fronteras en el Alto Paraná; Mónica crea una voz singular con gran capacidad dramática, su personaje es un alma volátil que no se adentra ni se arraiga en ningún lugar. Creció confundida e inestable a raíz de las mentiras de su padre. Pretendía hacerse periodista de investigación, pero cuando decidió investigar y tocar los intereses de los poderosos, quedó sin trabajo; luego fue perdiendo sucesivos empleos en diversos puntos del mundo. La escritora fracciona sus relatos, sugiere pero no culmina los episodios, el mundo que muestra está dislocado, roto, fatídico; sin ningún atisbo de alegría o felicidad, narra una sociedad desintegrada. Cruzando el río Plutón ocurre en Alabama, Nuevo Méjico. El personaje, un mulato casi blanco guarda recuerdos que lo hacen singular como lo es su historia. La autora logra fusionar hechos del contexto universal, en política exterior, actividades de la NASA, con los viajes espaciales y las constelaciones; todo ello con una combinación de imágenes sin concierto, pero ordenadas con la intención de conseguir atrapar al lector. El mundo caótico que nos muestra es el reflejo del entrecruzamiento de informaciones del mundo científico que percibe el lector en forma difusa, completa y confusa, tal como deciden mostrarlas las fuerzas de poder que manejan el mundo. Es el relato posmoderno para el lector de hoy que busca sensaciones, no lógica ni argumentos, imágenes trastocadas antes que soluciones previstas desde el inicio. Es como una película que provoca alteraciones sicológicas sin ser ciencia ficción. Mónica entiende muy bien los gustos y la afición de la gente de hoy y consigue desatar las amarras de las mentes tradicionalistas. Medias verdades, ocultamiento y deformación de la verdad a un lector que renunció a juzgar lo que lee para acoplarse a la corriente que arrastra a la masa heterogénea y revuelta en esta era de la posverdad.   

«La diatriba» de Sebastian Ocampos. Con este cuento se cierra la antología. El autor creó un personaje que es un escritor novicio que desea alcanzar la fama con su libro primero. En este relato se ponen en descubierto todos los problemas del mundillo literario de nuestro país con innecesaria mordacidad, con sus filtros amargos y despiadados, como cuando critica a Casaccia por la linealidad de su narrativa, lo cual no se justifica, ya que él emplea dicha técnica utilizada en su época. Además, la voz narrativa del personaje ficcional se refiere a Helio Vera como un compilador de dichos populares, pero, en honor a su memoria, debemos reconocer que es uno de nuestros mejores cuentistas y un verdadero creador. En cuanto a Mario Halley Mora, el personaje lo califica que «se dedicaba a sus anticuentitos cuando no se hacía pasar por un campesino sin tierra para ser beneficiado por la reforma agraria», lo cual tergiversa la verdad porque Halley Mora fue un escritor muy prolífico que triunfó como cuentista, novelista y dramaturgo ya que conocía el alma de su pueblo y no se hacía pasar por campesino como dice el personaje de este cuento, sino que él auténticamente lo era. Concuerdo con los sinsabores del escritor, pero al público no se le engaña; el lector es el que decide si el libro que lee es bueno y no se preocupa de la crítica. Este cuento que cae totalmente en el realismo, pone en tela de juicio el comportamiento de escritores y editoriales. Prosa correcta, final inesperado que muestra el desdoblamiento de la personalidad del protagonista creado con un desorden mental y síquico muy estudiado por Sebastian Ocampos.

Esta colección ilustra el desarrollo histórico de la prosa paraguaya, así como el enfoque sobre algunos temas que se desarrollan en ella, como el de la paraguayidad, el ser nacional, la visión sobre la sociedad, las dictaduras que operaron en el país, la crítica social y política, los paisajes rural y urbano, la Asunción diferente en las distintas épocas y que conserva la esencia del país, el paraguayo a través de la historia, las hazañas de las dos guerras, el dolor de las revoluciones y el reconocimiento de la mujer guerrera, luchadora y generosa como generadora de inspiración de escritores, poetas y músicos.

La originalidad, la variedad, el mérito intrínseco de las obras, el retorno a la intimidad como fuente del pensamiento de la creación y del arte; esta antología demuestra que tiene nuestro país una cantera de cuentistas rica y singular.

Esperamos que estas lecturas cuidadosamente escogidas ayuden a formar en la juventud paraguaya una clara conciencia de su destino y de los deberes cívicos y espirituales que gravitan sobre sus hombros para forjar un Paraguay moderno más rico y más ético sin miedo ni angustia.

 

Asunción, diciembre de 2018.

 

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