Mi general, mataron al embajador uruguayo. Historia de un atentado anticomunista de Juan Marcos González es un ensayo histórico que indaga, evitando la polémica, en la ideología estronista a partir del asesinato de un embajador por parte de un terrorista croata.
Mi general, mataron al embajador uruguayo es un libro que, en principio, puede considerarse un ensayo histórico más sobre el periodo estronista. Sin embargo, a medida que el lector avanza podrá descubrir varios géneros (narrativa, ensayo, entrevista) y disciplinas (criminología, derecho, geopolítica, etc.), cuyo fin es exponer la ideología de una dictadura capaz de, entre otras cosas, acoger a terroristas de todo el mundo.
El tema del libro tiene, al parecer, su origen en la decisión de un detective. El punto de partida es un hecho: el asesinato de Carlos Abdala, embajador uruguayo en el Paraguay, por parte de Jozo Damjánovic, activista y fugitivo ustacha croata, en la esquina de las calles Palma y Chile de la ciudad de Asunción, en una mañana de 1976. Damjánovic fue atrapado y, aunque con cierta objeción sobre su estado mental, responsabilizado por el crimen. A partir de allí, González pregunta: ¿fue el asesinato un acto solitario, además de un error in personam?, ¿o existió un equipo y/o una connivencia como parte de un plan mayor?, ¿cómo fue posible que un fugitivo croata, enemigo mortal del gobierno socialista del mariscal Tito, hubiese tenido «a tiro» al embajador yugoslavo en el Paraguay, recientemente admitido por el gobierno anticomunista de Stroessner?
Las dos primeras preguntas y la tercera representan a senderos que se bifurcan. Ir detrás de la hipótesis del porqué y de quiénes asesinaron a Carlos Abdala nos conduciría a una novela policiaca ambientada en un país suramericano en plena Guerra Fría, con un aparato estatal represor, opaco y lleno de secretos terribles. Sin embargo, con el impulso de la voluntad historiográfica, González apunta a la coyuntura en que se dieron los hechos. El detective, entonces, es un historiador de la política y sus ideas. Resulta posible afirmar que el tema del libro es el contexto específico del Paraguay, con un Estado terrorista relacionado con otros terroristas internacionales y, además, vinculado comercialmente a solo un país socialista: la República de Yugoslavia.
El libro sigue los pasos lógicos de quien posee una intención esclarecedora: son presentados los hechos, el ambiente histórico, los personajes y la hoja de ruta que los llevó a estar en el tiempo y el lugar del atentado. Además, incluye fragmentos de Entrevistas para la historia de Oriana Fallaci. El lector podría dudar del porqué de esta sección. Quizá porque en el Paraguay de entonces se manejaban ideas anticomunistas rudimentarias, con más epítetos que argumentos. Se asociaba al ser nacional con un personaje militar disciplinado, conservador en la moral y liberal en lo económico. Este discurso sostenía a un gobierno fascista y terrorista. No había paz. Tampoco progreso para el pueblo. Lo que se buscaba era quedar bien con los USA, financista de ese y otros estados dictatoriales. Algo de nuestra cultura respaldaba esto, ya que la oligarquía, clase histórica y asociada a los aparatos represores, hizo de esta República un Estado feudal, de algunos señores de la tierra, más sus colaboradores y, por último, los siervos. Estas ideas de las oligarquías eran un pastiche guionado, enclenques frente a la combinación de pensamientos y la inventiva humana que, en cada entrevista a distintos líderes políticos, Fallaci pudo y supo reflejar.
En el libro de González, cada afirmación tiene una referencia bibliográfica con fuentes y archivos de distintas partes del mundo. Al final, algunas son reproducidas. Esto, de por sí, es valorable en el ensayo y la narrativa de cualquier género. Para hablar de temas serios, la investigación debe ser responsable. También echa luz sobre temas o aspectos desconocidos o susurrados como rumores propios de charlas en cafés y bares. La elección del tema, las herramientas disciplinares adoptadas y la selección de capítulos en donde se ensaya y explica el autor son también correctas y permiten afirmar que estamos ante un trabajo logrado.
Sin embargo, la obra tiene aspectos problemáticos. En la forma, contiene errores y una presentación gráfica poco profesional. En el fondo, aunque sea cierto que la elección y el desarrollo del tema son encomiables, el autor evita la polémica, resguardándose en la expresión «el lector puede sacar sus propias conclusiones». Primero, presenta una investigación documentada sobre los nexos entre terroristas de Estado, gobiernos imperiales y renegados nacionalistas cuyos antecesores colaboraron con los nazis (cita el campo de concentración de Jasenovac, uno de los peores jamás creados, administrado por los ustachas croatas), y luego omite cualquier juicio al respecto e incluso habla de lo «siempre amables» que han sido los fugitivos croatas y presenta sin más sus comparaciones entre las dictaduras de Stroessner y Tito.
Esto último es una extralimitación del autor. Para comparar dictaduras se requiere de mucha más información de la que hay en el libro. Es problemático reproducir declaraciones sin demasiado contexto y no esperar caer en predeterminaciones. La función educadora, explicativa, de la obra queda por tanto desplazada. Es cierto que el humano, en su complejidad vital, presenta una batalla entre las pulsiones del eros y la muerte (desarrolladas por Freud en El malestar en la cultura), pero la amabilidad de los croatas no puede obviar una reflexión necesaria, sobre todo para los paraguayos, respecto al carácter criminal de un gobierno terrorista que recibió a otros terroristas, siendo ambas partes conscientes de con quiénes trataban.
Este desliz, en apariencia menor, impide un cierre coherente de la obra. Aunque no restamos valor a la introducción y el nudo de este ensayo harto necesario, sí es importante recordar la idea de historia pensada por Nietzsche: «Necesitamos la historia, pero la necesitamos no como el holgazán malcriado en los jardines del saber».
En el Paraguay, es urgente que la historia salga de los jardines de la comodidad, se interne en los de la polémica y del descubrimiento de lo que fue y sigue siendo parte de nosotros: el pretexto del anticomunismo para el enriquecimiento de pocos y la miseria de muchos.









Isidro Britez
junio 2, 2022Excelente reseña José Bueno. He leído el libro y coincido en la suavidad y una especie de romantización con la que se abordan las cuestiones de la dictadura.