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Traer a la palestra la voz de un joven escritor

La noche del 6 de marzo de 2015, la escritora Maybell Lebron (Premio Nacional de Literatura 2015) presentó el libro Espontaneidad de Sebastian Ocampos, en el Centro Cultural de España Juan de Salazar. Compartimos el texto, acompañado de una fotografía de Nicolás Granada.

 

Estoy hoy aquí con el orgullo de una veterana en el duro trajinar de las letras, satisfecha de lo hecho y agradecida a mis amigos y lectores. Pero lo que más me satisface es el poder presentar el libro Espontaneidad y traer a la palestra la voz de un joven escritor que nos regala cuentos y relatos burlescos, trágicos, inquietantes, incisivos; todos de excelente factura en fondo y forma.

Su espontaneidad nos revela un YO escudriñando el amasijo de hechos y sentimientos de este mundo maravilloso, incomprensible, feroz… y Sebastian Ocampos, a pesar de su juventud, hace rato hurga en el gente de su pueblo y en la lectura de los grandes escritores esa savia alucinante que su talento vuelca en este libro de cuentos y relatos, donde con pluma ágil presenta fantasías o sucedidos del presente y del pasado. Hechos cotidianos reconocibles que nos ayudan a comprender la intimidad de los seres humanos.

Manejar la palabra oral o escrita es un don que compromete. Sea cual fuere el derrotero elegido, como escritores debemos enfrentar interrogantes sin esquivarlos y sin prejuicios. Todo tiene su costo y los lectores reclamarán por lo que hicimos o dejamos de hacer.

Comenta el escritor y sociólogo Javier Gomá: «Hay un hecho notorio y universal que reclama una buena explicación: por qué determinadas personas dedican las mejores horas del día, los mejores días del año y los mejores años de su vida a producir algo que nadie les ha pedido, sin que el éxito, los requerimientos de la conciencia, el anhelo de fama o el enriquecimiento económico constituyan nunca la motivación principal».

La meta del escritor es enaltecer la palabra, sin olvidar el placer estético de todo ser humano ante la belleza, en este caso, un texto literario capaz de llevar al individuo hasta lo sublime. Pero no es tarea fácil; en ese arduo empeño, en esa lucha sin tregua entre la realidad y la fantasía acosan arteros fantasmas y sólo sale airoso el talento literario: Sebastian Ocampos ha ganado la batalla. El talento vence a la mediocridad y este libro es la prueba irrefutable.

La estudiada espontaneidad de su prosa y la diversidad de temas ofrecidos atrapan al lector por la solapada intriga con que rodea a sus narraciones haciendo un deleite el leer este manojo de cuentos y nos arrastra a una obligada y perturbadora búsqueda de ese «otro yo», al que muchas veces silenciamos sin dejarlo asomar ante nosotros o ante los demás.

Hábil analista de la compleja sociedad que habita, hallamos en los cuentos de Ocampos sutilezas y situaciones impensadas que a veces chocan al lector desprevenido. Más tarde, al analizarlas, reconocemos actores y hechos refugiados sin permiso en nuestra mente, ansiosos de gritar su verdad como lo hacen las páginas de Espontaneidad.

El relato de sucedidos en nuestro país, esperanzadores o dolorosos, motivan con insistencia los cuentos de Sebastian. Traen a la memoria ciertos episodios sugeridos en el texto, con frecuencia escritos en primera persona, pero sin involucrar directamente al autor.

Hay en sus obras una constante: el reclamo de justicia y el rechazo a la opresión, como en el magnífico cuento La caperucita roja.

Expone en algunos relatos, con compasiva crudeza, la indiferencia de los adolescentes ante un futuro incierto; inadaptados, sin ansias de superación y fáciles ante el alcohol y las drogas. Triste realidad de nuestros jóvenes llevada al papel con hábil manejo del idioma y profunda sensibilidad.

En los cuentos El premio literario y La diatriba, moteja con fin ironía las peripecias y el diario relacionamiento del escritor con el mundo conflictivo de su entorno y exterior.

Abarca, en su importante prosa, las dos caras del amor: la bella y la grotesca. Todo con un toque de humor para disimular la sátira y trocarla en sonrisa.

No queda, querido Sebastian, más que felicitarte. Siempre confié en tu potencial creativo y creo que con esta selección de cuentos te has ganado un sitial destacado entre los escritores paraguayos.

Y a ustedes, estimados amigos, ¡a leer, espontáneamente, este excelente libro que espero logrará el éxito que se merece!

 

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