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Sobre Poemas, de Maybell Lebron

En estos poemas, la autora pasa revista a sus sentimientos y creencias, dudas y vacilaciones, el coraje ante las ausencias, la dación a los suyos y los otros, la entrega a una vocación que tuvo fuerza de mantener sin claudicaciones, porque es el sino que la enaltece y define.

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Estamos reunidos esta noche en torno a los poemas de una mujer que supo abrirse camino en el territorio de la palabra escrita con tesón, sentido estético, inteligencia y una vocación arropada por la madurez y la consigna de bucear dentro de sí misma y en lo profundo de la realidad, buscando respuestas a las inquisiciones existenciales y filosóficas que nos plantea la vida. A esta altura de su bibliografía, Maybell Lebron es una cifra obligada en la literatura paraguaya.

Como bien lo menciona la autora en el texto que inaugura su libro Poemas, ella se «resiste a sepultar (consigo) estos interrogantes cuando tenga que marcharse de este mundo». Asimismo afirma que «los duendes de (su) fantasía han sido tumulto y placer en el íntimo diálogo establecido durante el dilatado transcurrir de (su) existencia». Estos referentes nos indican claramente que estamos ante un memorial de días y noches vividos con pasión y entrega, de dudas sin respuestas, de críticas a la realidad pasada y actual, de valoración del amor y aceptación del sufrimiento, de esperanza, coraje y certeza de que existe un dios y un más allá donde seguiremos viviendo.

Esos duendes que habitan sus versos, recorren el mundo interior de la autora y se manifiestan abordando temas fundamentales, con una mirada retrospectiva hacia el ayer y una seguridad prometedora en esa otra orilla que nos aguarda. Cada poema está precedido por la luminosidad de una cita de notables poetas, en las cuales el lector puede vislumbrar alguna pista que lo conduzca a la revelación del texto poético. Si bien estos, por lo general, vienen envueltos en una aureola que enmarca la culminación de una existencia plena que transita los senderos de la memoria, hay en casi todos un recuerdo del pasado, una mirada atenta a los interrogantes, que si bien no son develados dan paso a la esperanza y a la determinación de seguir fiel a la búsqueda de respuestas y de los rituales de la memoria.

He notado en esta serie tres vertientes definidas por la temática: poemas históricos, poemas relacionados con la naturaleza y poemas existenciales. En el primer grupo adscriben: Aviso, una mención a una guerra innominada, que puede ser la del Chaco, la de la Triple Alianza o cualquier otra, y Pancha Garmendia, que ensalza a la heroína de una leyenda histórica bien conocida. En el segundo se agrupan los referentes a la naturaleza, ya sea que esta aparezca como marco o como protagonista del texto. La autora poetiza las catástrofes naturales y sus consecuencias desastrosas en Terremoto; Sequía y Oración del labrador son referentes a la falta de agua prolongada; Niebla plantea la inminencia de un naufragio: y Río Paraguay se yergue como portador de vida y de tragedia, cuando se desborda. Pero la poeta no se queda en el aspecto destructivo y canta también al temporal y la precipitación benéfica «que invita al descanso» en Día de lluvia, al Naranjo y sus virtudes. A la Medianoche, la noche, la lluvia, el jardín sediento conectan con las dudas, las preguntas, las revelaciones que surgen de la quietud y la oscuridad. En los demás poemas la naturaleza se menta no como factor desencadenante o sereno en sí mismo, sino como marco del recuerdo, del tiempo, de la ausencia, de las interrogaciones, de las referencias al reencuentro con los seres amados después de esta jornada en el planeta Tierra. Por mucho que nos aislemos tras las paredes, vivimos en la naturaleza; mancillada, destruida o plenamente soberana la naturaleza es nuestro hábitat. No es extraño que el poeta encuadre su creación en el medio que nos rodea, y Maybell Lebron acude sabiamente a esta veta que tanta poesía conserva en sí misma.

Los poemas existenciales constituyen la médula del poemario y revelan su total entrega a este recuento de su vida, con dichas y sufrimientos, soledad y momentos de plenitud, dudas y esperanza. No voy a detenerme en cada uno de ellos, pero me es imposible no mencionar algunos.

El tiempo ha sido siempre un tema esencial en poesía y está ampliamente sentido y mencionado en este poemario. Maybell hace referencia al tiempo que transcurre en este plano terrenal y a ese otro tiempo quieto de la eternidad, que podemos vislumbrar y tal vez rescatar sin conocerlo, como hacen los videntes. Maybell nos enfrenta en su poema Espera a los «duendes de su fantasía», «confidentes de sueños y quimeras» «ante un tiempo inmóvil» que opera «como juez inapelable». Y también nos habla del tiempo que rueda mientras continúa la vida sus minutos fugitivos, ese «… desfile sin retorno inexorablemente» de las situaciones pasadas, por la otra. En Sosiego se conjugan nuevamente tiempo y memoria. Los recuerdos… «traviesos vagabundos de la noche» rodean a la autora, llevándola a ese entonces donde se ocultan las vivencias «en los pliegues del tiempo». No falta en este libro la mención al más allá. Del poema Reencuentro emana la certeza de que el amor no termina con la muerte. En la poeta coexisten la memoria y la fe «eufórica» de la re-unión que se producirá en esa otra dimensión.

En estos poemas existenciales está presente también el tinte social y la crítica al mundo contemporáneo. En Vivencias quedan atrás los recuerdos para asumir el presente, «el caos que asuela la humanidad», la condena al egoísmo, así como el reconocimiento a esa «sed insaciable de amor y de paz» que tiene esencialmente el ser humano. Las dudas y las preguntas reaparecen como un liev motiv, que finalmente desemboca en la esperanza de un entendimiento. Asimismo en Inocencia se rescata la imagen de una contienda innominada y el candor de una niña víctima, que sonríe con tristeza, de cuya imagen surge el sentido pacifista de nuestra poeta.

Pasando de la temática al aspecto formal se nota en estos poemas la carencia de puntuación y la utilización preferencial del verso libre, sin abandonar la frecuentación de la métrica y las estructuras tradicionales, como el soneto, en Oración del labrador, o la combinación de distintos metros que dan ritmo al poema. Destacamos, así mismo, el impecable manejo del idioma, la claridad conceptual, las imágenes originales, como «lujoso marco de la luna» o «Su vaivén acompaña el suave aplauso del follaje», y la metáfora, ese modo de decir las cosas de otra manera, utilizando el trampolín de la imaginación unida a la razón.

Algo que me impactó personalmente al leer el libro Poemas es la capacidad de Maybell Lebron de asumir el tiempo ya vivido y ubicarse en el extremo de la existencia serenamente, para mirar desde allí los días transcurridos y la partida venidera; ser capaz de observar en el espejo de la memoria las señales que atestigua el cuerpo, la experiencia que acumula la mente y la aceptación de lo irreversible, haciendo un balance sincero y sostenido de las circunstancias que jalonaron sus existencia en esta tierra. En estos poemas ella pasa revista a sus sentimientos y creencias, sus dudas y vacilaciones, el coraje ante las ausencias, la dación a los suyos y a los otros, la fe y la entrega, la entrega a una vocación que ella tuvo fuerza de mantener sin claudicaciones, porque es el sino que la enaltece y la define.

Nota: este texto fue leído por Renée Ferrer, escritora y presidente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española, durante la presentación del libro, la noche del 2 de septiembre de 2014.

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