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Quince libros selectos, leídos en 2021

Segundo año pandémico: entre lo virtual y lo presencial, los libros y los lectores siguen hallándose. Nos comunicamos con escritores, críticos y miembros de Revista Y para preguntarles qué libro les ha fascinado leer (o releer) este año que culmina y que, por tanto, les gustaría recomendar a los lectores. Sus respuestas, como ya es tradicional, son una pequeña biblioteca selecta.

 

Radicada en Múnich, Maybell Lebron, Premio Nacional de Literatura 2015, comenta el libro ya citado como uno de los mejores del año, Hamnet de Maggie O’Farrell (Libros del Asteroide, 2021): «Luego de intensa búsqueda en antiguas referencias sobre la esposa y la vida familiar de William Shakespeare, Maggie O’Farrell rescata en genial obra literaria, con estupendo manejo del lenguaje y constante tensión narrativa, la imagen de Anne Hattaway (Agnes en la novela). Recrea la estremecedora visión de una madre que pierde a su hijo y nos la presenta: extraña, misteriosa, poseedora de magos poderes. En el caldero de su imaginación funda verdad y mito, rescata de la sombra a la esposa del famoso escritor, y dando voz en el relato a todo lo que existe, sea persona, animal o cosa, en bella expresión literaria nos cuenta, analiza y explica detalladamente la vida en esa época y en ese entorno, bajo la tiniebla del niño muerto pero con la luz de la palabra. En sorpresivo y emocionante final descarga la tensión enfrentando a Hamnet con Hamlet al fundirlos en una única imagen. Es, sin duda, la mejor novela que he leído últimamente.»

Desde Tijuana, Daniel Salinas Basave, Premio Literario Fundación El Libro 2018, este año ha elegido Los que no de Álvaro Uribe (Alfaguara, 2021): «Álvaro Uribe es una suerte de relojero suizo de las palabras, un sastre obsesivo tejiendo cada botón con concentración absoluta. El tema de la última novela, Los que no, es algo a lo que yo he dado muchas vueltas y que en las últimas semanas ha cobrado demencial vigencia: aquellos amigos o colegas que en la juventud consideraba absolutamente geniales y destinados a la grandeza y que por alguna jugarreta de la aleatoriedad o el destino acabaron por naufragar o malograrse. “A los que no llegaron, aunque no sea posible decir exactamente adónde. Los que no alcanzaron la plenitud que prometían. Los que no”, puede leerse en la dedicatoria. Personajes que en la frontera entre la adolescencia y los veintitantos asombraban por su chispa e ingenio, que pintaban para dejar huella y trascender y que de pronto, en la zona de turbulencias de los treinta, en la etapa que Conrad llama la línea de sombra, extraviaron el rumbo y se desbarrancaron. Los que no es sin duda una novela autobiográfica en donde los escenarios no cambian mucho respecto a anteriores trabajos de Uribe: mexicanos en París a finales de los setenta, servicio exterior, la UNAM, accidentes carreteros, giros improbables. El homónimo del odiado expresidente colombiano es de muy bajo perfil mediático y está lejos de ser el clásico ajonjolí de todos los moles feriales o el omnipresente novelista de moda que te recibe en la mesa principal de Gandhi y perora sobre cualquier tren del mame que se atraviese. Sin embargo, Álvaro Uribe es de los poquísimos autores mexicanos contemporáneos de los que nunca he leído un libro mediocre o prescindible. De muy escasos narradores puedo decir que me he leído ocho libros y todos sin excepción me han parecido sólidos.»

Establecido en Birmingham, Rogelio Vallejo, miembro de nuestro consejo editorial, nos cuenta sobre Girl, Woman, Other de Bernardine Evaristo (Booker Prize 2019), publicado en castellano por Alianza de Novelas con el título Niña, mujer, otras. «Lo he recomendado a cada persona que conozco, porque soy de la opinión de que todos los problemas que existen entre los hombres y las mujeres son debidos al horrendo condicionamiento que los lleva a perpetuar el malentendido que caracteriza sus relaciones. Una de las importantes características de Bernardine Evaristo es que sabe entretener al revelar su gran facultad de observación, así como cuando pone de manifiesto su exhaustiva capacidad como investigadora. Sabe mostrarnos algo nuevo y con gran astucia y humor nos hace mirar de otra manera lo que ya habíamos considerado. Sabe inspirar. Para ello, crea un estilo literario muy original, muy personal. Evaristo lo explica como el resultado de una “fusión” que rompe con ciertas convenciones o con normas gramaticales, recreando palabras, reproduciendo sin afectación modos de expresarse, pero haciéndonos entender lo que sea con facilidad. Así, la lectura de esos momentos cuando presenta personajes que no son de nuestro género, sea cual fuere el que nos define, de nuestra raza, medio, “clase”, que no viven, mueven o expresan como nosotros, consigue incluirnos, hacernos formar parte de su realidad. No como observadores, sino como partícipes, con la empatía que tantas veces no conseguimos tener en innumerables situaciones. Tienen razón quienes dicen que este libro describe una Gran Bretaña como nunca se ha descrito. Ambicioso, intenta lo imposible, con un numeroso reparto de protagonistas que viven a través de diferentes décadas, infinidad de experiencias y vicisitudes, consiguiendo identificar elementos humanos que lo hacen universal. Como otras grandes obras, leer este libro es aprender a ver lo que nos rodea de un modo diferente, de ver nuestras diferencias con claridad, comprensión y empatía. Evaristo lo hace además con originalidad y genialidad. En fin, un libro para los que están interesados en la literatura, en nuestro mundo, en la humanidad.»

La cronista Gabriela Wiener publicó: «Para mí el libro del año es, sin duda, El invencible verano de Liliana» (Literatura Random House, 2021), y en parte de una reseña dijo: «Cristina Rivera Garza echa mano de estudios para explicar cómo en los tres primeros meses posteriores a la ruptura ocurren la mayoría de crímenes. Y esa es una de las tesis sobre la que se construye el libro: Liliana [joven hermana de Cristina] había decidido dejarle [a un insistente novio de preparatoria], convertir su invierno en invencible verano camusiano. Por eso la mató, por haber despertado. En 1990 no sabíamos ni cómo llamar a esa violencia, identificarla, denunciarla y mucho menos luchar contra ella, escribe Cristina. La otra tesis clave del libro es que Liliana creía que podía enfrentar sola lo que le ocurría, que tenía el control para gestionarlo, para negociar con su asesino, que podía salir de las redes del patriarcado sin ayuda. No pidió ayuda, calló, pero dejó como otras mujeres decenas de señales y miguitas en su camino para conocer la verdad. Que no estamos solas, que si tocan a una tocan a todas, es lo que hemos aprendido. Cristina lo repite a lo largo del libro: es por ellas, por las que no están, que lo vamos a tirar. Eso han hecho los que la conocieron, recoger sus huellas hasta hacerla inalcanzable por la mediocridad de su asesino. Los testimonios de sus amores, admiradores y amigos siguen y se revuelven en el torrente de escritura a la vez desolada y esperanzada de Rivera Garza, atrapándonos en sus luces y sombras, en la alegría y el dolor de haberla conocido y amado, tanto que ahora es parte también de nosotros. Liliana y la lucha por hacerle justicia empieza a ser desde ahora nuestra responsabilidad compartida.»

Mempo Giardinelli, galardonado este año con el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, desde Resistencia nos recomienda un libro que, leído por su propia autora, ha estado presente en el Foro del Libro de Asunción 2018: Mancala (Gerbera Ediciones). «Es un precioso libro escrito por Natalia Porta López, y magníficamente ilustrado por Daniel Rabanal, que aporta una originalísima visión del rito de pasaje de niñez a adolescencia. Un éxito en Argentina.»

 

 

José Bueno Villafañe, subeditor y reseñista de Revista Y, dice: «Uno de los mejores libros que leí este año es Obras completas de Lincoln Silva (Arandurã, 2021). Por varios motivos: conocí a un autor del que no sabía nada, a pesar de que era paraguayo y de que compartía muchas cosas con él. El trabajo de investigación, a cargo del editor Mariano Montero, es serio, objetivo, con reflexiones y críticas que se ven con meridiana claridad en el estudio preliminar. La obra de Lincoln Silva tiene como presupuestos irrenunciables la calidad y el compromiso, ausentes en la anémica literatura contemporánea, al decir de Noé Jitrik. Creo que la primera lección que nos lega el libro es la facilidad con la que un autor puede ser ninguneado, olvidado, a pesar del talento y el propósito que tenga. La segunda mayor lección es que aún hay solidaridad, como la de Montero, capaz de rescatar las buenas creaciones humanas que, por diversas razones, son dejadas de lado.»

 Alicia Riquelme Crosa, nueva compañera de equipo en Revista Y, ha leído Huaco retrato de Gabriela Wiener (Literatura Random House, 2021). «Este libro provoca lo que, para mí, es lo mejor que puede generar un texto literario: muchas preguntas. La autora, cronista peruana radicada en España, desenmaraña su historia familiar y con ella el origen común que tenemos todos nosotros. Desde su vivencia de mujer del siglo XXI, evidencia la manera en que el colonialismo que llevamos en la sangre hace que odiemos quienes somos; nos impulsa a acometer un hemograma cultural para descubrir lo que nos habita y aprender a sobrellevarlo. Sin que esto signifique redirigir el odio, sino sensibilizar la mirada en busca de la empatía con todos los lados de la historia, algo que logra transmitir gracias a la picardía de su prosa. La urgencia por reivindicar sus orígenes no europeos y descolonizar sus pensamientos deja al desnudo sus contradicciones más profundas, logrando frases tan genuinas que a medida que avanza el relato se la siente como una amiga personal.»

Desde Formosa, el escritor y docente Juan Páez, quien acaba de publicar el libro Punta del Este, nos cuenta: «Este año, Ediciones en Danza publicó Poesía reunida (2020-2000) de Gigliola Zecchin. Una retrospectiva poética que se inicia con “La mejor herida” (2020) y se cierra con “Paese” (2000). En el interior se encuentran, en orden de aparición, “Qué sueño es este / What dream is this” (2019), “17 haikus venecianos para Adolfo Nigro” (2012), “in movimento” (2008) y “arte povera” (2006). En el prólogo, Diana Bellessi señala: “Quien ama a la fineza la encontrará toda aquí, hasta casi hastiarse de ella. Aunque no, porque antes de llegar al final de cada poema, la que escribe se deja ir por un instante, y la forma brilla con lo que hay debajo”. Zecchin nació en Vicenza, Italia, y llegó a la Argentina huyendo de la posguerra. Es conocida en los medios de comunicación con el seudónimo de Canela. Su producción lírica traza un repertorio lingüístico ya que el italiano irrumpe, en ocasiones, las composiciones que integran los diferentes libros. También asoma el inglés como ocurre, por ejemplo, en “Qué sueño es este / What dream is this”, un proyecto escriturario concebido en una experiencia de arte en Canabria, España, en mayo de 2019.»

Radicado en Montpellier, el periodista, traductor y estudioso de la literatura José Riquelme, nos cuenta: «El libro que me ha marcado este año, por razones personales como académicas, es La guerra perdida (Alfaguara, 2020), una trilogía del escritor mexicano Jordi Soler. Las tres obras recogidas abordan las temáticas de la Guerra Civil española, la retirada y el exilio final de los republicanos. No se tratan sin embargo de novelas épicas, sino de las enmarcadas en la corriente literaria de la memoria española. La originalidad de Soler reposa en el análisis de la migración y en su mirada postcolonialista, en el sentido teórico del término, sobre la relación entre España y México. Los rojos de ultramar, primer título de la trilogía, inicia con una bomba que estalló el 11 de enero de 1937 y lo siguió haciendo en las generaciones posteriores: ¿una metáfora profunda y angustiosa de la derrota y a la vez de la memoria? Soler emprende un viaje introspectivo a través de tres títulos ⸺el primero ya mencionado, La última hora del último día y La fiesta del oso⸺ con el fin de comprender la compleja genealogía de descendiente de republicanos catalanes en un territorio latinoamericano. Un viaje doloroso y emancipador.»

Eduardo Quintana, escritor y director ejecutivo de Ciencia del Sur, habla sobre Cartas a un joven disidente de Christopher Hitchens (2001). «El Proyecto Transición permitió muchas cosas. Entre ellas, retomar ciertas lecturas obligatorias para profundizar sobre los ensayos. Esta pequeña joya de Hitchens no es de este año, pero sí de este siglo. Trata justamente del diálogo con las nuevas generaciones de aventureros intelectuales o provocadores del conocimiento que intentan explicar el mundo más allá de los convencionalismos o las posiciones dadas. El espacio público también significa exposición, pero sobre todo confrontación o, al menos, discrepancia. No solo como ejercicio filosófico o político, sino principalmente para evidenciar un sistema que permite la diversidad y la pluralidad. El autor provoca constantemente a su interlocutor, y a través de él, a todos los lectores y las lectoras inconformistas que tienen todavía una visión rebelde de la humanidad. Es un libro que deben leer sobre todo los adolescentes cuando terminen el colegio.»

 

 

La multifacética Adriana Almada, últimamente editora del suplemento cultural del diario digital El Nacional, se permite una confidencia: «Hay un libro al que vuelvo una y otra vez. No puedo decir que lo haya leído solo este año, aunque sí, este año también lo he leído. Es una compilación de ensayos, muy breves algunos. Entre los diversos asuntos que trata, uno: el problema de escribir, siempre me retiene. La tarea del escritor: inventar dentro de la lengua una lengua nueva, una lengua extranjera. Mudar, torcer, pervertir, matar la lengua materna, hacerla devenir otra. Es un libro que me devora desde las primeras páginas. Lo compré en un viaje. Desde entonces siempre lo tengo cerca, como un instrumental necesario. Se me antoja, este libro, una caja de destellos, una colección de tajos. Entre sus líneas conversan Whitman y Proust, Beckett, Kakfa, Céline y Carroll, Lawrence, Masoch… también Melville y Spinoza, y tantos más… Nietzsche, San Pablo, Juan… Hablo de Crítica y clínica (1993) de Gilles Deleuze, un libro-montaje, fragmentario, que construye el mundo como un muestrario de singularidades. “Y aún es preciso que los fragmentos… sean extraídos mediante un acto especial que consiste precisamente en la escritura”, dice Deleuze, recordando a quien vio la naturaleza como “cónclave” o “asamblea plenaria” y nos dejó sus Hojas de hierba. Amo este libro, Crítica y clínica, porque también es un cónclave.»

Larissa Zanotti, reciente egresada de la carrera de Letras, nueva colaboradora de Revista Y, ha elegido La vida de las mujeres (1971) de Alice Munro: «Al rescatarla del fondo del estante hace unos meses, evoqué las palabras de un colega: “Ah, no, esas cosas yo ni las registro; se me aparece uno enfrente, me subo y listo”. Algo muy simple puede llegar a ser una realidad completamente distinta dependiendo de un factor fundamental, el cual Del, de la mano de Munro y con una evidente avidez por las palabras, va descubriendo ante nuestros ojos: cómo una ciudad con reglas que, aparentemente, rigen la normalidad de todos sus habitantes por igual, supedita a unas mientras que sirve a otros. Durante la segunda lectura, mi primera intuición fue la de aceptar que Munro había cumplido la ambición de Del de escribir una obra maestra, pero no por ello puedo dejar de señalar que había quedado relegada al fondo del estante, originalmente, por el enfurecimiento que me había causado. Enfurecimiento porque sí, esta vida de las mujeres solo pudo haber sido escrita tan sensiblemente por alguien que conoce a fondo la desolación y que encontró, en palabras sencillas a la vez que majestuosas, un refugio desde el cual nos permite ser libres de elegir cuál camino seguir.»

Juan Marcos González, investigador que parece un forense que practica la autopsia a algunas historias contemporáneas del Paraguay, ha elegido Un puente sobre el Drina (1945): «Es la novela quizás más conocida del escritor yugoslavo de origen bosnio Ivo Andric (Nobel de Literatura 1961), publicada a poco de concluir la Segunda Guerra Mundial. Las historias “del puente” sirven para entender los complejos entretelones del mundo balcánico a lo largo de cuatro siglos. La trama tiene lugar en la ciudad de Visegrad y el puente tendido sobre el río Drina. Al inicio, el autor se remonta al secuestro de niños por parte del ejército otomano, a quienes formarían militarmente para luego remitirlos a las mismas tierras de las cuales fueron arrancadas de sus madres para impartir las órdenes del Sultán. La dominación otomana y austrohúngara dejaron marcas que se observan hasta el día de hoy. Los episodios van describiendo en detalle el relacionamiento entre musulmanes y ortodoxos según pasa el tiempo. Llegado el siglo XIX, se revelan las primeras tensiones étnicas entre los nacionalismos que en un futuro no muy lejano se batirán en una cruenta guerra. Las apasionantes historias transcurren con relación y a lo largo del puente, y podemos afirmar que sus personajes trascienden la mera narración histórica adquiriendo un significado universal.»

Desde Ka’aguasú, la escritora y gestora cultural María Zaracho Robertti, primer premio del Concurso de Poesía del CCPA 2021, nos cuenta: «Tras una de las tormentosas noches ocurridas durante este 2021 que nos deja, leí de Desalma de los adioses de Susy Delgado (Eos Villa), escrito en plena pandemia. Testigo de la oscuridad del mundo, la autora canalizó desde su patio-portal a la naturaleza convulsa, y como médium sensible nos devolvió versos para no naufragar en la catástrofe. Así como las estaciones y los días se suceden, se van desprendiendo del alma de la poeta un remolino de memorias, observaciones del cotidiano, las nostalgias y las alegrías inesperadas. En este nuevo poemario Susy se desalma, o sería más acertado decir: se deshoja. Guarda sin embargo la secreta y permanente esperanza (consciente o no) de una presencia circular de lo antiguo, al invocar sus amadas metáforas en guaraní para contrarrestar la pérdida. Y así, cuando creíamos que ya se estaban yendo el mundo, la vida, la esperanza, el verano… la escritura de un alma deshecha toma cuerpo en el poema. No hay adioses, noches o inviernos, sin su reverso. Nada se va completamente, nadie se va del todo.» (El libro integra la colección Literatura de las Américas, con descarga libre y gratuita: aquí.)

Por mi parte, elijo el primer libro que he leído en 2021: Otra vida por vivir de Theodor Kallifatides (Galaxia Gutenberg, 2019). Entonces escribí: «Leí un tuit de Pilar del Río: recomendaba este libro. Lo busqué y lo leí hasta que me dormí, mientras los pájaros anunciaban el amanecer. Cuando leo, releo y marco las partes que me gustan, ya sea por lo que dice y/o por cómo lo dice. Este libro está casi totalmente marcado. Son tan buenos, el autor y el libro, la persona y la auscultación, que me sensibilizan como lector y me interpelan como escritor. Quisiera alguna vez escribir una sola línea como esta: “Pedí una cerveza y pensé en mi destino”. Ahora, sin embargo, podría escribir: Leí este libro y pensé en mi destino. En semanas cumpliré treinta y siete años, sin haber cumplido lo que había imaginado que cumpliría ya años atrás. Quizá porque aún no he logrado auscultarme como Theodor Kallifatides en Otra vida por vivir. Pero (el pero es un consuelo, en este caso un consuelo pleno) al menos me he vuelto un lector que puede reconocer la buena literatura. Y que quiere compartirla.»

Quince libros selectos para despedir 2021 y saludar 2022 con la mejor lectura que nos permita comprendernos un poco más. ¡Salud!

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