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Quince libros selectos, leídos en 2019

Los autores son fundamentalmente lectores. Nos comunicamos con ellos, escritores, críticos y colaboradores de la Revista Y, para preguntarles cuál es el libro que más les fascinó leer este año que culmina y que, por tanto, les gustaría recomendar a los lectores. Sus respuestas son una pequeña biblioteca selecta.

 

La primera respuesta de Eduardo Quintana, escritor y director ejecutivo de la revista digital Ciencia del Sur, fue: «(…) me la ponés muy difícil. Porque, objetivamente, sería Paraguay cuenta». Luego envió el comentario completo: «No es cliché elegir un libro favorito del año; es criminal, porque significa destacar, descartar y vanagloriar una obra frente a todas las que uno lee (sobre todo si uno es lector promiscuo). Pero en este caso, vale la pena. Paraguay cuenta (Editorial Y, 2019) es una profunda mirada no solo a nuestra literatura, sino a la propia cultura, por la honestidad y la profundidad de sus textos. Es una conversación de cinco siglos  sobre lo que fuimos, somos y quizás seremos desde la óptica de la estética, la sociedad y la filosofía. A la vez de representar una originalidad sin precedentes, marca una ruta, muestra lo que no sabíamos y nos interpela con nuestras posibilidades, problemas y desafíos desde las letras. Paraguay cuenta es la demostración fiel de que, aunque el país o conjunto de naciones (porque tenemos varias) nos muestra el abismo existencial, la literatura  se constituyó como un sistema de defensa férreo contra el conformismo, la marginación y la insolencia. El libro derriba el mito de que no teníamos tradición literaria, desafía al lector a pensar otras realidades y reivindica al escritor y la escritora de esta tierra que también ejercieron el derecho a escribir.»

Desde Tijuana, México, Daniel Salinas Basave, Premio Literario Fundación El Libro 2018, nos dice: «Recordaré 2019 como el año de mi reencuentro con Enrique Serna. A finales de los 90 y principios de los 2000 El miedo a los animales, El seductor de la patria y Ángeles del abismo eran mis compañeros de viaje y ahora una novela mayor me ha hecho volver de lleno a este gran narrador. Hacía un buen rato que no se escribía en este país una obra como El vendedor de silencio (Alfaguara, 2019). No tengo duda: Enrique Serna ha elaborado el retrato más extremo, barroco y descarnado de la prostitución periodística en la era del México de la dictadura perfecta. Al narrarnos la vida de Carlos Dengri, ha plasmado como nadie los usos y costumbres de un mórbido engranaje informativo que por décadas sostuvo a un régimen  corrupto. Creo que este libro  será leído y comentado dentro de muchos años y pienso que hoy en día  debería  llegar a las nuevas generaciones de comunicadores. El vendedor de silencio es un mural de época.»

Desde Sète, la ciudad de Paul Valéry y su Cementerio marino, Milagros Ezquerro, catedrática emérita de la Sorbona, nos cuenta: «Hace pocos meses llegó a mis manos la última novela publicada por Susana Gertopan: Todo pasó en setiembre (Servilibro, 2019). A través de varios episodios de la vida de la protagonista narradora se dibuja la historia colectiva de uno de los componentes de la sociedad paraguaya contemporánea: las familias descendientes de los judíos europeos, en este caso polacos, que llegaron a Asunción en barco, huyendo, cuando podían, de la terrible condición que sufrían los ciudadanos de origen judío en los países donde cundía el antisemitismo en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Familias destrozadas por la separación, sentimiento de culpabilidad de los que se han salvado sin lograr rescatar a los que se quedaron en el ghetto y murieron con terribles sufrimientos. Culpabilidad que se transmite a la segunda e incluso la tercera generación porque no hay olvido posible. La escritura busca modalidades expresivas para dar cuenta de los desastres insidiosos de la memoria de los personajes, una memoria totalmente presente y aplastante en algunos (la abuela), y en otros, en particular en la protagonista, una memoria que busca sus raíces y destruye paulatinamente la alegría y la pasión de vivir. Una novela imprescindible.»

José Biancotti, periodista cultural y colaborador de la Revista Y nos dice: «Entre las historias que lograron calarme este año se encuentra El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Tibuleac (Impedimenta, 2019). Es una novela dura y a la vez sensible, imperfecta y empalagosa, que retrata el amor y la belleza como lugares a los cuales uno puede llegar con trabajo, atención y cuidado. La propuesta es esa: un puente literario entre el odio y la distancia, el amor y la cercanía.»

Desde Buenos Aires, el escritor y periodista cultural Gonzalo Santos responde: «Lo mejor que leí este año es Tómelo o déjelo (Paradiso, 2019), volumen que contiene tres textos  de Henri Roorda, un pedagogo libertario que comenzó a escribir en los albores del siglo XX y nos dejó algunas páginas brillantes (muchas de ellas, traducidas recién ahora al castellano) sobre la educación, la guerra, el periodismo, la política o la Historia. A través de un humor que, por momentos, roza lo absurdo y lo coloca casi como un patafísico avant la lettre en los artículos que escribió para distintos medios, dispara contra todo lo que tenga pretensiones de constituirse como Verdad, como pensamiento hegemónico, y se dedica a deconstruir las convenciones sociales que coartan la libertad del individuo. Sin embargo, quizás lo más interesante es lo que escribió sobre su propio suicidio. No dejó una nota, como han hecho frecuentemente otros escritores, sino un libro que cuenta de las razones que lo llevaron a tomar esa decisión, pero sin renunciar (y he aquí lo singular) a sus preocupaciones estéticas y sin prescindir de su estilo y, por lo tanto, del humor, dado que el humor ha sido parte de su estilo.»

Desde Ka’aguasu, la escritora y gestora cultural María Zaracho Robertti contesta: «“¿Por qué escribimos? Porque no podemos limitarnos a vivir”, nos dice Patti Smith en Devoción (Lumen, 2018). Como la cruz en  un rosario de memorias, esta pequeña joya literaria nos acerca nuevamente  a una mujer  mística y espiritual  que aprecia  la belleza que florece aún al borde del abismo y  la convierte en amuleto, literatura. Yo buscaba con ansias este libro en mis últimas vacaciones montevideanas. Lo hacía por el placer egoísta de poseer todas y cada una de sus palabras. Sin embargo, haber perdido a mi hermano ese verano reconfiguró ese libro como objeto sagrado, y lo coloqué durante meses junto a la Biblia, el libro tibetano de los muertos o Misericordia de Leonard Cohen. El escritor escribe porque a veces no sabe cómo vivir, y lee quizá por el mismo motivo. Frente a la implacabilidad de la muerte, Devoción se yergue como  tributo a la vida. Como toda la obra literaria de Smith, es un arrebato de rebeldía punk que transmuta dolor en poesía.»

Desde San Ignacio, Hugo Centurión, escritor bilingüe y antropólogo distinguido con el Premio Branislava Susnik 2000, recomienda «el libro Humo de la ecuatoriana Gabriela Alemán (Servilibro, 2018), que cuenta las vidas de Andrei y Gabriela, cuyas historias son narradas en momentos completamente distintos. Habla de muchas cosas, empezando por el incendio del Ykua Bolaños, pero le dedica gran parte a Stroessner en su vertiginoso ascenso hasta llegar al último grado de la milicia y convertirse en Dictador, sin olvidar lo pueblerino al tocar en uno de sus capítulos la vivencia en Santa María de Fe, tranquilo pueblo del departamento de Misiones. Se aprende muchísimo leyendo este libro de lenguaje sencillo, prosa precisa, solvencia estilística e interesante uso del idioma guaraní en algunas partes. Esta obra recomendada por el New York Times en 2017 representa la época de la dictadura stronista, convirtiéndola en una herramienta imprescindible para entender la realidad actual y recuperar la memoria histórica, aunque el humo siempre impida verla con claridad.»

Desde Formosa, Argentina, el escritor y docente Juan Páez nos cuenta: «Este año, en una corta estadía en Buenos Aires, un amigo me obsequió un ejemplar del libro Trece maneras de mirar a un mirlo de Wallace Stevens, en la versión de María Negroni y Federico Barea (Kalos, 2018). Si bien ya conocía la obra del poeta norteamericano, me deslumbró este volumen por el trabajo editorial. Se trata de una tirada de 50 ejemplares numerados a mano e impresos en papel japonés; además, cuenta con una xilografía original del artista Osvaldo Jalil. Inscriptos sobre esa materialidad de bordes imprecisos, los poemas articulan una voz potente que revela la mirada atenta del yo. La evocación de la naturaleza le permite a esta poesía develar el interior del sujeto que dice: “Mi mente estaba partida en tres / como un árbol / en el que hay tres mirlos”. Ese mirlo ―uno o varios― que revolotea unificando el poemario, me hizo pensar en las fotografías de Gaby Herbstein y en sus fantásticas Aves del paraíso (Patricia Rizzo Editora, 2009). En este sentido, cuando un libro me permite establecer nuevas conexiones, no puedo más que agradecerle a su autor/a por liberarme de la cárcel de lo convencional.»

María Irma Betzel, Premio Academia Paraguaya de la Lengua Española 2019, nos cuenta: «Al leer La tierra del señor de Taylor Caldwell (Océano Exprés, 2012), he visitado el mundo extraño y ancestral de las tribus asiáticas; los he visto reunidos, cavilando o danzando alrededor de sus fogones esteparios o luchando con pasiones desmedidas por el poder, el amor y la sobrevivencia. La figura de Gengis Kan (1162-1227), el padre de los mongoles, se alza, incólume, como el súmmum de aquella época. La historia abarca desde el nacimiento de Temujin (su verdadero nombre) hasta consagrase como el gran reunificador de las tribus esteparias. La autora (no usaba su nombre, Janet, pues quería impresionar  como varón en el hosco mundo editorial de los años 30) perfila con hondura la sicología del gran Kan, a quien  la muerte temprana de su padre (envenenado) le marcó un destino de miseria que logró vencer. Según confirma la genética, el prolífico Gengis Khan ha dejado como descendientes a 16 millones de personas. Algunos lectores, ADN mediante, se descubrieron como sus descendientes. La obra produce un magnífico arrebato y aporta también esa inquietud por la posible implicación biológica de Gengis, y aunque esto sería más probable para un asiático, se sabe que la diáspora es libre y que también ha visitado Sudamérica».

El escritor y cineasta José Eduardo Alcázar, Premio Municipal de Literatura 2018, recomienda la novela Desgracia (1999) de J. M. Coetzee: «La leí a lo largo de algunos meses, dejándola, volviendo a ella, pensando en ella, alimentando mi día a día con ella. Pienso, sin querer con esto dictar norma, que si un escritor lleva tiempo, meses, a veces años, para escribir, no es aconsejable pretender comenzar y terminar de leer lo escrito en pocos días. Si el escritor puso empeño para hacer nacer, el lector debe hacer algo parecido, ensanchar las horas de lectura y comprensión. Desgracia fue compañera de días imprecisos. Todavía me acompaña, ahora que terminé una primera, o segunda, o tercera lectura. Es la historia de un fracaso, contado desde diferentes perspectivas. En África del Sur, un profesor universitario es despedido de su puesto. Viaja al interior del país, reencuentra a una hija, que es dueña de una granja. Vive episodios violentos durante el viaje y mientras está en la granja. Vuelve al inicio, a Ciudad del Cabo. Busca referencias, se busca a sí mismo. Mantiene, a lo largo del relato, una postura ética intransigente. Encuentra la tierna desesperación, esa compañera silenciosa y fiel que a todos nosotros acompaña, desde nuestra llegada al mundo y hasta el final.»

José Bueno Villafañe, colaborador de la Revista Y y escritor aún inédito nos cuenta: «El libro que me fascinó este año es La insoportable levedad del ser (1984). Segunda novela de Milan Kundera que leo (la primera fue La inmortalidad). En ambas, encontré características comunes: por un lado, la capacidad de conjugar una exquisita filosofía con el drama humano sobre lo que otorgamos importancia y sobre las consecuencias de nuestras decisiones que estamos dispuestos a afrontar; por otro, una bella obra que enseña, también, qué es la literatura y cómo es posible hacerla sublime. Una de sus grandes frases, en este sentido, es “los personajes son posibilidades no realizadas del autor”, tesis fundamental para el desarrollo de cualquier narración, ya sea novela, cuento o guion.»

La escritora y gestora cultural Mónica Laneri nos dice: «Este 2019 conocí la antología Voces femeninas de la poesía paraguaya realizada por Josefina Plá (Alcándara, 1982). Me quedé fascinada con el largo texto sobre las bases de su selección. Excusándose en que su trabajo constituía apenas “un primer acercamiento”, una mirada que no se pretendía “exhaustiva”; la escritora hispano-paraguaya decidía, no obstante, arriesgar una poderosa mirada sobre nuestra poesía escrita por autoras, acercando sus conceptos incluso a los procesos sociales vivenciados por las mujeres en aquella época. También comparte impresiones personales acerca de la poesía, reivindicando la escritura “intimista” y la escritura desde el “yo”. En estos tiempos en los que se denosta contra el ego acusándolo de “yoísmo” y se considera el “intimismo” casi como un acto frívolo y exhibicionista, la eterna Josefina resurge desde el estante de alguna biblioteca, con una atemporal invitación para hurgar-nos, escribir-nos y describir-nos. Recomiendo especialmente a las escritoras este derrotero de poesía que, naciendo mujer y tierra roja, continúa desplegándose con alas de universo. Las “ellas” que nos legaron un camino no menos difícil pero sí un poco más amable. Soñemos con ellas.»

Guido Rodríguez Alcalá, fecundo autor literario, histórico y periodístico, Premio Lidia Guanes 2008, nos cuenta: «Mi libro del año lo leí en mi Kindle, comprado de Amazon por  menos de dos dólares, y con el título  de Las obras de Benito Pérez Galdós (Delphi  Classics). No lo he terminado de leer ni tampoco lo comencé a leer este año, porque  contiene casi toda la obra de Galdós, que anda por los cien títulos, y algunos merecen más  de una lectura para comprenderlo bien. Admiro en el gran escritor todo lo que sabía del pasado y el presente de España, además de cómo lo podía transformar en ficción, y creo que es una referencia necesaria de la novela histórica en castellano.»

Por mi parte, luego de mucha reflexión, elijo La única historia de Julian Barnes (Anagrama, 2019) como el libro que quiero recomendar en esta nota. El autor ya me había fascinado con el virtuosismo de El loro de Flaubert y la sinceridad de El sentido de un final. En la nueva novela, el virtuosismo es la narración desde tres perspectivas: la primera persona del enamoramiento, la segunda persona de la conciencia y la tercera persona de la sabiduría; y la sinceridad es cuestionarse qué es el amor. Para Julian Barnes, la tarea del escritor es decir la verdad. ¿Y cuál es la verdad acerca del amor? En estos últimos siglos, un objetivo de la literatura es desmitificar todo lo que las industrias del entretenimiento han mitificado y banalizado. En La única historia, ante la cuestión: qué es el amor, hallamos una respuesta comprobable: es un presente que no tiene futuro… pero que se vuelve la única historia de nuestras vidas.

Ya para despedirnos, en nombre de la Revista Y recomendamos la autobiografía A mí no me iba a pasar de Laura Freixas (Ediciones B, 2019). Creyendo en lo que decía Víctor Hugo: «Cuando les hablo de mí, les hablo de vosotros», Laura Freixas indaga en el pasado que compartió con su exmarido para narrar cómo una joven en pleno proceso de autorrealización renunció a su familia, país, idioma y trabajo para volverse esposa, ama de casa, madre y maruja, todo justificado por el amor. Cómo una mujer consciente de las cuestiones de género, que se había dicho a sí misma que no le pasaría lo que ha pasado a tantas mujeres, terminó cediendo su autonomía para convertirse en alguien que nunca quiso ser: la protagonista de una parodia sin gracia que le aburría. Con prosa ágil para la memoria y el monólogo interno, y pausada para ciertos momentos sensibles, Laura Freixas se presenta a sí misma como una personaje vulnerable que logra sobrevivir al matrimonio.

Ojalá estos libros selectos, leídos en este año que culmina, les acompañen en el año que inicia. ¡Feliz 2020!

 

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