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Paraguay existe, Paraguay cuenta

Rogelio Vallejo acompañó la lectura y la selección de Paraguay cuenta, antología que reúne relatos y cuentos de los cinco siglos de la colonia y la república del mediterráneo país suramericano. En este texto, cuenta su parecer crítico del libro.

 

En el extranjero, para la mayoría de quienes se preguntan algo sobre la cultura del Paraguay, es más fácil encontrar respuestas en la heroica lista del futbolista del año o en la de las ganadoras al codiciado título de Miss Paraguay. En esto Paraguay no es diferente de los demás países del mundo. Al final, en todas partes, el objetivo de los medios de comunicación no es culturizar, sino entretener, evitando toda posibilidad de desafiarnos a pensar o analizar.

Se puede generalizar y decir que hasta en los países con economías «súper desarrolladas», los presupuestos gubernamentales siempre dejan que desear en todo lo que se refiere a la educación y la cultura, así como también la salud de los ciudadanos o el transporte público. Aunque es bien sabido que hoy en día, y con razón, la «cultura popular» recibe su porcentaje, este es un porcentaje raramente añadido, pero inevitablemente sustraído del presupuesto originalmente dedicado a lo que considerábamos «alta cultura». Todo esto afecta a la literatura y la publicación de libros. Se dice que nadie lee, que todos pasamos día y noche «conectados», algunos leyendo obras literarias en sus Kindle, y la mayoría tuiteando inanidades (siguiendo el ejemplo de nuestros grandes mandatarios) o promoviendo nuestro perfil narcisista en Facebook. Quizás la respuesta, como dicen muchos, está en este nuestro futuro electrónico.

Todo eso nos hace cuestionar la razón por la cual seguimos denodadamente en el empeño de preparar, editar y, con enormes dificultades y sacrificios, publicar un libro como Paraguay cuenta. Cinco siglos en cuarenta ficciones. Este es un tomo con ejemplos de lo que la literatura del Paraguay es capaz, desde tiempos en que el concepto de una identidad paraguaya no entraba en discusiones hasta excelentes ejemplos de autores contemporáneos. La lista no es completa, no puede serlo, y esto podrá causar enojos y resentimientos, y con un poco de suerte, podría crear debates y controversia dentro y fuera del Paraguay entre quienes que conocen bien o algo de su literatura.

Pero desde mi punto de vista, lo que este libro debería ser es un escaparate, un muestrario, una degustación de lo que muchos autores paraguayos son capaces, y si por añadidura también ayuda a que la juventud del país se interese por la literatura local y su historia, este también sería un objetivo deseable. A mi parecer es por todas estas razones que las autoridades nacionales deberían apoyar su publicación y su distribución dentro y fuera del Paraguay, evitando en lo posible esa triste costumbre que tienen los ministerios (de la mayoría de las naciones) de regalar libros como si fueran simples objetos a través de sus canales diplomáticos a gente sin ningún interés en el tema y sin conexiones con la literatura. Después de todo, también se tiene que considerar que, aunque leer no esté de moda, si queremos parecer civilizados, tenemos todavía que exhibir al menos algunos libros en las estanterías designer de nuestras casas.

El compromiso de las autoridades nacionales en la promoción de la literatura paraguaya requeriría un esfuerzo sostenido, aislado de los cambios políticos y los caprichos de quién esté a cargo, sus propias conexiones o caprichos sociales e intentando a toda costa de emanciparse del favoritismo y el exclusivismo.

Mi deseo fundamental es que este libro promueva el interés en el conocimiento de la literatura que se produce en el Paraguay.

Sería maravilloso que las obras incluidas aquí ayudaran a que fuera del país se conocieran a otros escritores que no sean solamente aquellos pocos que han conseguido fama o un cierto renombre. En muchas universidades del mundo se estudia la literatura latinoamericana, muchos son los doctorados dedicados a las obras de sus escritores. Sería estupendo si este libro consiguiera promover el interés de los estudiantes de cualquier país en la literatura del Paraguay, y no puedo dejar de mencionar lo importante que sería poder atraer la atención de editoriales dedicadas a la publicación de libros traducidos a otras lenguas, y de tal manera hacer conocer a nuevos lectores de qué va el asunto del Paraguay, de cómo su sociedad y su historia son pensadas, descritas, y hasta distorsionadas por sus escritores. Después de todo, a través de la literatura se conoce a los países que no se pueden visitar, o con los que no tenemos evidentes conexiones.

Como la de todo el mundo, la historia del Paraguay no es gloriosa como el nacionalismo la proyecta y se la enseña en las escuelas. Es sangrienta, brutal, despiadada. El propio aislamiento del Paraguay ha producido un efecto específico, particular, agobiante, cuyo resultado se encuentra en el mismo ADN de sus habitantes y ficciones. El miedo, ese factor siempre presente, con todas sus secuelas angustiosas campea constante en la propia existencia del país, y en su literatura. Muchos son los relatos aquí incluidos que, sin duda, desgarrarán profundamente al lector. No podría ser de otro modo.

Hay un importante número de escritores jóvenes en el Paraguay que no aparecen en este volumen. Escritores que reflejan de un modo diferente las nuevas ansiedades de su generación. Moviéndose hacia otros rumbos, destilando de otro modo el efecto que esa historia sigue teniendo en las nuevas generaciones. No hay que olvidar los holocaustos, pero no se debe quedar anclado en ellos, la vida sigue su curso, nos presenta nuevos problemas, desafíos, e innumerable cantidad de inesperados o desconocidos horrores.

Creo que la literatura de quienes llegaron desde fuera en los últimos dos siglos, y que también contribuyeron a formar la economía, la sociedad y la cultura del Paraguay, no está muy bien representada. Faltan más esos relatos que ilustren la odisea de esos inmigrantes y sus descendientes, que por varias razones tuvieron que abandonar sus tierras, sus hogares, su lengua y su cultura, y que llegaron a este país ―opacamente bilingüe para ellos―, exótico y disfuncional, teniendo que adaptarse y sobrevivir en situaciones a veces tan descabelladas o catastróficas como las que habían vivido en sus países de origen. Porque sin duda ellos, ellas y sus descendientes han creado su propia historia, sus propios sueños, mezclándolos con los ricos elementos de la historia y los ensueños locales.

Parafraseando a Aldous Huxley, que muchos no estén representados aquí, que otros tantos no sean conocidos o peor, que deliberadamente en ciertos casos y por diferentes razones se los ignore, no significa que no existan.

En el Paraguay, mucha gente escribe, y muy bien, no hay duda, y también es ampliamente conocido que el número de tantos escritores fallidos es demasiado largo para enumerar. La razón es que el medio ambiente, la falta de lectores y la casi total ausencia de apoyo y promoción por parte de las autoridades, entre otros factores, terminan por desgastar los esfuerzos, la dedicación y la determinación del más ambicioso.

Pero se escribe y se cuenta, no en vano es un país de leyendas y mitos, romances, pesadillas, y toda esa riqueza una y otra vez es interpretada y reinterpretada en dos lenguas, en dos espacios que coinciden, chocando, copulando, formando o deformando esa realidad brutal y contradictoria en la que viven sus habitantes, donde lo sublimemente humano, en unión o bajo el dictamen de lo inhumano, produce una realidad muy propia, con contrastes, registros e idiosincrasias muy particulares.

Paraguay existe, aunque no se lo conozca.

Paraguay escribe, aunque no se lo lea.

Paraguay cuenta.

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