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La proliferación de la obesidad

Rogelio Vallejo, desde Bristol, Inglaterra, vio los videos y leyó las ponencias del Foro Internacional del Libro de Asunción 2018, publicados en ForoAsuncion.org, y nos envía su parecer sobre el encuentro, haciendo una analogía con la obesidad o la globesidad.

Muchas son las riquezas de brillo puro y sereno

que las ignotas simas del océano esconden.

Muchas son las flores que nacen, y que con rubor invisible

desperdician su dulzura en el aire del desierto.

Traducción libre de un fragmento de

Elegía escrita en un cementerio de aldea de Thomas Gray, 1751.

 

La proliferación de la obesidad, o como los especialistas han terminado por denominar este fenómeno, la «globesidad» ―una especie de globalización del sobrepeso―, es un problema que afecta a todo el mundo, sea a los habitantes de los países calificados como «desarrollados», así como a los naturales de los países considerados «en vías de desarrollo».

Y se preguntará el lector: «Pero, ¿qué es esto? ¿Adónde va este hombre? Yo pensé que este texto sería sobre el Primer Foro Internacional del Libro de Asunción 2018, y todo lo relacionado con el mismo.» Pues bien, mi intención es explicar cómo veo yo la importancia de foros como el que nos atañe en esta ocasión. Y para hacerlo, utilizo lo de la globesidad simplemente como un punto de partida, y una comparación para no solamente discutir, sino también ver si de ese modo puedo hacer entender, particularmente a quienes no se dan cuenta , o ignoran, que la falta de encuentros culturales de este tipo es sumamente peligrosa, tal como la obesidad. Y evidentemente, no tengo ni la menor esperanza de que lo que yo diga les entre por los oídos a quienes se benefician o puedan beneficiarse con la proliferación de la obesidad, o la ignorancia. Al fin y al cabo, las compañías que producen esos productos nocivos para la salud, tal como aquellas que producen armas y demás instrumentos para exterminar «enemigos», son las encargadas de dar empleo a millares de seres humanos, pero más importante para mantener las cifras de desempleo apeteciblemente bajas, lo cual, a su vez, resulta en la victoria del partido, y en mantener a los políticos de turno en el poder.

Pero volvamos al cambio en la dieta mediterránea, juzgada como una de las más saludables en el mundo. En el pasado, la mayoría de esos pueblos de las costas del Mediterráneo consumían una dieta que incluía ajo, frutas y verduras de la estación, paladeaban una gran variedad de pescados frescos, usaban aceite de oliva, y bebían vinos. Esas gentes también podían ser gordas ―o como algunos las describían con cariño: voluptuosas―, pero eran saludables, no sufrían las enormes inconveniencias, ni corrían los innumerables riesgos que ahora sufren las personas obesas.

¿Por qué el cambio? Bien sabido es que la tecnología de la comida ha permitido la producción abundante del fast food (la comida rápida), llena de productos nocivos, presentadas en colores llamativos (más que frecuentemente chabacanos), y que a través de una publicidad experta en la manipulación de tendencias y gustos se consume de forma adictiva. Estos comestibles parece que resultan ser irresistibles, y además porque son accesibles, y obviamente baratos. Las compañías que los producen y distribuyen son súper poderosas, se extienden por todo el mundo, afectando igualmente las costumbres y los hábitos de los orientales, así como las de los occidentales. Y de allí que la globesidad también afecta la cuenca del Mediterráneo debido al nuevo régimen (adoptado en su mayor parte, aunque no solamente, por los más jóvenes), y de allí que ya miles de sus habitantes no pueden ser considerados gordos saludables, y naturalmente se debería considerar que referirse a ellos como voluptuosos, sería abusivo, o una broma cruel y de mal gusto. Y si añadimos la falta de ejercicio físico, debido a que billones de nosotros nos pasamos la mayor parte del tiempo hipnotizados por nuestros artefactos electrónicos, nos encontramos con una fórmula verdaderamente tóxica.

Lo mismo ocurre en el campo de la educación y la cultura, la mente humana no puede prosperar sin ciertos elementos que puedan ayudarle a desarrollar sus conocimientos, y más importante, sus facultades analíticas, críticas. A nuestro cerebro no le basta el simple conocimiento de hechos y cosas, de números o letras, de fórmulas y lemas aprendidos de memoria. Es por eso que desde tiempo inmemorial las clases dirigentes ―a pesar de mucha palabrería sobre la «educación de las masas»―, prefieren contribuir generosamente a los juegos de «pan y circo», al aprendizaje elemental técnico, y ser de una desmedida tacañería en cuanto a la literatura, la filosofía, las artes, y todos los empeños que puedan ayudar a los seres humanos a ser más analíticos, más críticos. Prefieren conservar esos «privilegios» o «lujos» para ellos mismos. Sé que corro el riesgo de que alguien diga que poniéndolo así, no valorizo ciertas profesiones, que hasta soy también elitista, pero lo que quiero y exijo es una distribución más justa, no solamente de los recursos disponibles, sino también el apoyo incondicional a lo que muchos consideran ser «alta cultura», no con el objetivo de crear o preservar una elite, sino con el fin de mejorar y ampliar las posibilidades que ofrece nuestro cerebro, el cerebro de cualquier hijo de vecino: sea una persona privilegiada o rica, o una persona desfavorecida o pobre.

Evidentemente, muchas de las opiniones expresadas en el Primer Foro del Libro de Asunción no contradicen lo que llevo expuesto, aunque varias han sido formuladas de modo distinto, con más elocuencia, y con mucha más erudición. Pero lo fundamental es que el Foro ha permitido que se expongan y examinen ideas que de otro modo se hubieran quedado «en casa», «entre amigos», o entre quienes quizá ya no necesiten de tales ejercicios. Es como cuando no salimos a tomar aire, a caminar, a ver y encontrarnos con otros. La falta de ejercicio mental, de intercambio de ideas lleva al anquilosamiento de nuestros pensamientos, la petrificación de nuestras ideas. Y cuando no tenemos estas oportunidades, la sociedad sufre y corre el peligro de solo ver y saber lo que nos mandan, o nos manipulan para aprender. Es lo que pasa con la obesidad que prolifera más cada día, resultado de una dieta comparable a esa proveída por una cultura visual, inmediata, donde las respuestas son «irresistiblemente accesibles, fáciles y aparentemente verdaderas», donde la solución a todos los problemas es rápida: basta construir una muralla china para evitar la «contaminación» que traen los inmigrantes con sus culturas incomprensibles, donde a aquellos que no son como nosotros o tienen culturas diferentes a la nuestra. Y basta simplemente encarcelar, hacer desaparecer, o exterminar a quienes nos puedan ayudar a pensar de otro modo, a considerar posibilidades, analizar y criticar nuestro entorno, y revelar los abusos y crímenes de los poderosos. No voy a poner ejemplos, porque imagino que quienes leerán esto al menos ven las noticias que corren.

Tantos contribuyentes, en este ejemplar primer Foro Internacional asunceno, han hablado sobre la importancia que los libros tuvieron en sus vidas, describiendo cómo la lectura de libros los llevó a conocer, considerar, y hasta apreciar las creencias e ideologías de otros, y cómo a través de los libros, aprendieron a ser críticos del estatus quo, de lo «establecido», muchos agregando que fue la lectura de libros la que contribuyó positivamente a cambiar su modo de sentir, de vivir, de liberarlos. Pero quiero enfatizar la importancia de encuentros culturales como éste, donde se puede discutir, intercambiar ideas y conocimientos, donde se nos brinda la oportunidad de expresarnos formal o espontáneamente.

Todo esto no significa en principio que yo esté en contra de la tecnología que nos rodea hoy. De hecho, sin ella, yo no hubiera podido oír y ver el desarrollo de este Foro. Podemos ver que la tecnología es una herramienta útil y que, como cualquier avance científico, ha abierto las puertas a muchos cambios positivos, pero, aunque en Internet se puedan encontrar la respuesta a millones de preguntas o dudas, al mismo tiempo no es el camino más eficaz o propicio para ejercitar nuestras habilidades mentales. Al decir esto, me doy cuenta de que estoy entrando en un ámbito muy complejo, sofisticado y multifacético, donde se puede argumentar desde muchos puntos de vista, o desde diferentes posiciones, pero creo que esa discusión merece otro momento.

Y así, vuelvo a este Primer Foro del Libro de Asunción. Es indudable, que muchos contribuyentes están convencidos de la importancia de aquellos textos que requieren, y hasta exigen, nuestra total atención, que nos obligan a leer entre líneas, a hacernos dar cuenta de que tenemos que aprender algo más, para poder así discernir las referencias que se hacen allí, además de las complejidades, y hasta las contradicciones del texto que estemos leyendo. Mucho de lo expuesto en las varias sesiones del Foro revela que la lectura sostenida de libros es el mejor ejercicio para mantener nuestra mente saludablemente delgada o voluptuosamente sana, lo cual nos permite mantenernos dinámicos y alertas, críticos a las respuestas y soluciones triviales, fáciles y superficiales que se nos ofrece hoy en día con la rapidez de la luz y, por lo tanto, sin tiempo para digerirlas provechosamente.

No nos engañemos, para poder entender realmente lo que está pasando en el mundo en que vivimos hoy no basta ver las noticias en la TV, o leer los comentarios u opiniones en Twitter o Facebook, es necesario conocer los antecedentes, entender las razones y vislumbrar los objetivos que tienen aquellos que nos están tratando de convencernos de su «verdad».

El futuro del Foro de Asunción merece no solamente el respaldo sostenido de las autoridades que promueven la educación y la cultura del país, sino también la atención y el apoyo de los medios de comunicación nacionales, y así celebrar, además del éxito de sus objetivos, las oportunidades que se han facilitado a tantos, gracias a la admirable determinación de todas las personas que ayudaron y contribuyeron en su organización (a pesar de enormes dificultades y limitaciones), y a los participantes que con total dominio consiguieron mantener vivo esos ejercicios absolutamente necesarios para mantenernos mentalmente ágiles.

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