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«La evolución de la literatura paraguaya es de lo más satisfactoria que uno pueda imaginar»

Entrevista a José Vicente Peiró Barco, el crítico literario español especializado en literatura paraguaya desde la década del noventa.

José Peiró Barco en la presentación de su libro La narrativa paraguaya actual (1980-1995).

José Vicente Peiró Barco (de pie) en la presentación de su libro La narrativa paraguaya actual (1980-1995), realizada en Asunción el 17 de abril de 2006.

Leí por vez primera a José Vicente Peiró Barco en un suplemento cultural, hace bastantes años. Me llamó la atención que fuera un español especializado en literatura paraguaya. Lo vi en persona en una de sus visitas a Asunción, cuando dictó una charla sobre cómo influir la literatura en los niños y adolescentes, hecha en la Biblioteca Cervantes del Centro Cultural de España Juan de Salazar. En esa ocasión dijo estar asombrado porque en su primera visita no había visto en las calles a nadie con un libro en la mano y en la segunda venida vio a un muchacho leyendo un libro recostado contra un auto. Desde entonces continué con la lectura de sus reseñas y críticas sobre obras de autores paraguayos, publicadas en revistas y suplementos culturales, incluso compiladas en unos libros. Y ahora recurrí a José, a través de las redes sociales y el correo electrónico, para hablar del nacimiento de su interés en la literatura hecha en nuestro país, la concepción de la literatura contextualizada en una región, la notable evolución de las letras de los compatriotas, los nuevos escritores con obras ya universales y los pasos a seguir para sobrepasar las fronteras físicas y dar a conocer nuestra literatura en el mundo.

Según leí, José, tu interés en la literatura considerada como paraguaya nació gracias a la novela Hijo de hombre de Augusto Roa Bastos. ¿Es correcto?

Correcto. Yo apenas conocía al Paraguay, más por aquellos futbolistas que desembarcaban en la liga española, aunque he de decir que era un admirador de mi amigo recientemente fallecido, Carlos Lobo Diarte, y Agustín Barrios, Mangoré. La figura de Stroessner nos transmitía bastante inquietud hasta provocar nuestro distanciamiento. Pero a finales de los años ochenta tenía a la novela Hijo de hombre como lectura obligatoria durante mi licenciatura. Y al leerla quedé prendado del vigor del discurso y la habilidad compositiva de Augusto Roa Bastos, además de su contenido argumental. En mi opinión, sigue siendo su mejor novela. Es un texto que atrapa al lector, que encandila y muestra a un autor poderoso. Hay quien piensa que Yo el Supremo es su obra más importante. Técnicamente sí, pero la frescura y la narratividad de Hijo de hombre son inigualables. La obra sobre Rodríguez de Francia es mucho más perfecta técnicamente, pues maneja los discursos con una gran variedad y precisión de relojero. Es más ambiciosa y el resultado es un conjunto armónico de gran vigor intelectual. En contrapartida, la voz dominante no tiene el calor de Hijo de hombre. Es más fría y menos espontánea. También podemos añadir que entra un factor de gusto personal: me interesa mucho más la intrahistoria de las gentes corrientes de Hijo de hombre que las grandes figuras de los gobernantes. Nunca discutimos sobre la situación real de las gentes de a pie; sin embargo, casi siempre se acaba polemizando sin llegar a conclusiones irrefutables cuando tratamos a estas grandes figuras históricas presuntamente conocidas.

¿Cuáles son las características sobresalientes de Hijo de hombre que te llamaron la atención?

La narratividad: cuenta historias, sucesos. Y posteriormente el discurso, con esa estructura en alternancia del narrador Miguel Vera en tercera y primera persona. Por último, llama la atención la profundidad psicológica de los personajes, sobre todo de los secundarios, como Salu’í, con sus sentimientos trazados de manera magistral, o la reflexión sobre la traición y la cobardía. Uno lee Hijo de hombre y se aparta de la literatura comercial para siempre.

¿Leíste la novela antes o después de que Roa recibiera el Cervantes?

Curiosamente sucedió durante el mismo año. Digamos que la leí en paralelo a la concesión del premio. Casualidades de que coincidiera el cuarto curso de mi carrera, donde se impartía Literatura Hispanoamericana, con la concesión del premio a D. Augusto. Ahora me parece una casualidad premonitoria, porque con el tiempo, fíjate… ha habido varios años de mi vida donde solamente he trabajado sobre letras paraguayas.

¿Piensas que el premio es el principal responsable de la gran difusión de su obra?

No podemos contestar a tu interesante pregunta con una respuesta simplificadora; con un sí o un no. Nos impediría ajustarnos a la realidad socioliteraria. Augusto Roa Bastos ya había publicado en Alfaguara de España y había sido traducido en Francia en los años setenta. La edición crítica de Yo el Supremo que preparó Milagros Ezquerro para la Editorial Cátedra de Madrid se publicó en 1983, seis años antes de la concesión del premio. Y si estás en esa colección es porque ya eres un clásico. Roa Bastos era conocido entre los buenos lectores de obras hispanoamericanas, aunque no fuera un escritor mediático como García Márquez o Vargas Llosa. Pero sus obras estaban publicadas en editoriales importantes. El premio motivó un aumento de la difusión de su obra. Fue un empujón importante para el conocimiento del autor y para llegar al gran público lector. Aumentaron los estudios sobre su obra y se reeditó continuamente. Por esta razón, una afirmación o una negación a esta pregunta sería cometer un error o un acto de simplismo intelectual. Sin embargo, hay una consecuencia intrínseca en la vida del autor donde el premio Cervantes sí tuvo su importancia: desde su concesión, D. Augusto publicó cuatro novelas, sin contar esa narración incluida en el libro de Los conjurados del quilombo del Gran Chaco, que es una reversión de varios pasajes históricos de El Fiscal. Fíjate que son cuatro novelas en cuatro años, el doble de las que había publicado en toda su trayectoria anterior: Vigilia del AlmiranteEl Fiscal, Contravida y Madame Sui. Por no hablar del factor de comercialización de toda su obra.

¿Cuáles son, según tu parecer, las características de la literatura para que sea considerada de una región específica, en este caso para que sea denominada literatura paraguaya? Aquí, en Paraguay, hay obras de españoles como Barrett y Plá que son consideradas como parte de la literatura paraguaya. Por otro lado, existen obras de paraguayos escritas y publicadas fuera del país… De hecho, como sabemos, esto es algo que sucede en todos los países.

Es que los términos de literatura nacional están desfasados. Son aporías. Las fronteras se están difuminando. Es lícito que un escritor pueda pertenecer a dos literaturas si son en la misma lengua. La nacionalidad, original o de adopción, permite encuadrar un autor y una obra en su contexto, pero nada más. ¿Qué hubiera sido de Roa Bastos sin la literatura argentina? ¿Qué hubiera pasado con Josefina Pla si no fuera considerada escritora paraguaya? Ella participó activamente en la vida cultural paraguaya, lo cual significa que su actividad creadora está ligada a la dinámica literaria del país donde vivió y a ella debe pertenecer. El caso de Barrett es distinto: nunca se sintió paraguayo como sí se sintió Josefina Pla. Fue un escritor español y así está considerado. Sin embargo, no se puede estudiar la literatura paraguaya sin tener en cuenta su figura porque fue quien despertó las conciencias sobre la realidad paraguaya. Fue un escritor testigo y así nos debe constar dentro de la literatura paraguaya. Además, su influencia ha sido notable, como reconoció el propio Augusto Roa Bastos. Lo percibimos en la obra de autores como  Casaccia, Carlos Garcete, Rubén Bareiro Saguier o Santiago Dimas Aranda. Por esta razón, el que aparezca Barrett en la literatura paraguaya debe constreñirse a su influencia y obra de ambiente paraguayo, a su peso específico de impulsor y estimulador.

Hasta hace una década eran escasos los escritores paraguayos conocidos fuera las fronteras del país. Casaccia, Roa Bastos, Bareiro Saguier, Romero, Villagra Marsal, Gómez Sanjurjo y unos pocos más lograron ser publicados fuera del Paraguay. ¿El desconocimiento en el exterior continúa? ¿O hay nuevos escritores que están sobresaliendo?

Pervive. Por citar el país que más conozco, el mío, es difícil publicar —por no decir imposible en estos momentos— en una editorial con un factor empresarial importante. Ha habido que hacerlo en editoriales pequeñas donde hay un editor que decide qué publica, no unos estudios de mercadotecnia. Los agentes literarios buscan obras que en su país hayan vendido miles de ejemplares antes de moverlas en el exterior. Sin cifras de millar, no las publican en el extranjero. Y ya sabes que la cifra de ventas de autores paraguayos en tu país son bastantes exiguas. Hemos conseguido editar una novela de Renée Ferrer, Pepa Kostianovsky y Domingo Aguilera en los últimos años. Pero sin apenas más difusión que la personal, sin campañas instrumentalizadas como las de editoriales comerciales.

Por ello reclamo una acción coordinada desde las representaciones diplomáticas paraguayas en el exterior, destinada a la difusión (con medios como las ferias), la penetración en los agentes comerciales y editoriales y los acuerdos de publicación común Paraguay—España, por ejemplo, con dos editoriales, una de cada país, publicando conjuntamente. Organizar un acto en Casa de América de Madrid debe conllevar la invitación a los mejores estamentos, no a los amigos o los que creo que me pueden beneficiar, porque estos «mejores» saben que hay que invitar incluso a los agentes literarios y las editoriales, no solo a nombres alejados del espectro empresarial del libro pero instalados en su endogamia profesional.

En el caso de los nuevos escritores, tenemos a Mónica Bustos con la novela Chico Bizarro y las moscas, ganadora del premio Augusto Roa Bastos de novela 2010. ¿Este premio y la edición de Alfaguara ayudaron a la difusión de la obra fuera del Paraguay? Y te lo pregunto porque, según leí, la novela, por más que haya sido editada por Alfaguara, no se encontraba en España.

Chico Bizarro y las moscas es una de las mejores novelas que he leído en los últimos años. Es una escritura con riesgo, vigorosa, original, destrascendentalizadora de lo trascendente. Reflejo de un mundo, de la psicología del delincuente de guante blanco integrado en una organización cerrada. Cuenta con elementos de la cultura actual que resultan llamativos. Su discurso cautiva y consigue que el lector se olvide incluso del argumento para centrarse en el suceso momentáneamente narrado. Rompe con una línea tradicional de la novela respetando sus conceptos básicos. No practica una experimentación gratuita, casi lúdica: lo experimental es una consecuencia de la propia narración y la realidad descrita. Sin embargo, no la conocemos en España. Pero ocurre igual con la mayor parte de las obras que Alfaguara publica en México.

¿Sabías que yo adquirí obras en México de Alfaguara de autores importantes como Vicente Leñero y Eloy Urroz que aquí ni se conocen? Pienso que Mónica Bustos aún va a ofrecernos mucho. Si sigue trabajando así, conseguirá ser un valor firme de la literatura universal y logrará un buen éxito comercial. Sé que Alfaguara es lo que está esperando de ella. Me consta. Ten en cuenta que es raro que un autor latinoamericano publique su primera obra en España directamente, porque primero se suele publicar una novela nueva y luego se rescatan las anteriores. Es lo que viene ocurriendo últimamente. De hecho, el mismo Ricardo Piglia publicó aquí antes Plata quemada que Respiración artificial. Yo no pierdo la esperanza de que Chico Bizarro y las moscas se publique aquí… en cuanto nuestra grave situación económica cambie un poco.

¿Qué se precisa realizar para que las obras de autores paraguayos sean conocidas en el exterior? Y pregunto, José, qué se precisa realizar partiendo desde la realidad de que hay obras literarias de calidad.

Vivimos en una época de mercantilismo duro. Si no se tiene en cuenta esta circunstancia, de nada sirve poseer grandes autores, grandes obras y métodos de trabajo coherentes. Hay que crear una estructura. En 1995, cuando yo estuve en Paraguay por primera vez, las editoriales estaban como quien dice naciendo. Eran librerías que editaban casi de forma artesanal. Hoy en día, Vidalia, Gatti, Cayetano Quattrocchi, Pablo Burián, etc., además de vender al pequeño cliente, son conscientes de que son editoriales y empiezan a entender los conceptos del mercado del libro, aupados también por las necesarias colaboraciones del Fondec, fundamentales para dar estabilidad al mundo editorial. Un ejemplo de cambio de mentalidad es su mayor presencia en ferias internacionales.

Falta tener clara la necesidad de mejorar la difusión en el exterior. Desde finales del siglo pasado hasta hace bien poco, un embajador prefería tener una telefonista que atendiera a los emigrantes paraguayos en el extranjero como merecen y solucionar sus problemas, antes que un consejero cultural. Es necesario cambiar esa mentalidad y ejecutar una política de acercamiento del país al mundo exterior. Dejar de creerse que la ciudadanía paraguaya no es parte de la humanidad, sino el centro de la humanidad. Y en el ámbito cultural aún más, porque es una parte importante del producto interior bruto de una nación, solo que incuantificable. A un español no le interesa la guarania; le interesa, en cambio, el equipo de fútbol nacional. Lo mismo se ha de ejecutar para toda la cultura. Deben dejar de mirarse el ombligo, la producción tan intrínsecamente paraguaya, para abrirse a una más universal. Y esto empieza a ocurrir. Pero no hay una estructura fluida que facilite la integración cultural desde lo nacional a lo exterior. Por desgracia estamos peor que antes en este sentido: si aparece algún autor paraguayo en una antología literaria de autores hispanoamericanos, se debe a que ha de figurar alguien de Paraguay, no a que se le reconozca como un gran autor, que lo suele ser.

La calidad pertenece al ámbito de la creación. En estos momentos, la literatura del Paraguay tiene unos porcentajes de calidad y potencialidad comercial semejantes a los de algunos países europeos. Si supieras la cantidad de obras absurdas e ilegibles que se publican en España…. Yo te diría que el setenta por ciento de lo que se publica aquí no tiene nivel cualitativo.

En esta era digital con la web 2.0 en su auge, ¿la literatura de países como Paraguay puede ser beneficiada?

Sí. Te voy a poner un ejemplo. Cuando en el año 2000 me ofrecieron coordinar un portal de literatura paraguaya de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes de la Universidad de Alicante y acepté, nadie creía que había obras de calidad en tu país. Solo las personas a las que informaba. Me sorprendía que entregara una obra paraguaya para leer a un amigo y me hablara de su calidad. Mi satisfacción mayor fue provocada por los correctores de la Biblioteca Virtual. Me hablaron con sorpresa de la calidad de la mayor parte de las obras que estaban revisando después de la digitalización de los textos. Y eso que hubo obras relevantes de las que no se pudo obtener el permiso por diversos motivos y no se pudieron incluir. De hecho, estamos pendientes de poder seguir incluyendo nuevas obras. El portal sigue vivo. Recuerdo que incluso los editores paraguayos estaban alarmados porque al incluir las obras en el portal, se podía ir contra la venta, contra sus intereses. Dos años más tarde, recibí un correo electrónico de uno de ellos agradeciendo la existencia de este portal. Resulta que había aumentado la venta de obras paraguayas en el extranjero… y el interior del país. Creo que con este ejemplo está todo dicho. La pena fue que no haya tenido continuidad el gran proyecto de Manuel Rivarola para la solidificación de la Biblioteca Virtual Paraguaya.

Y es obvio que los textos de autores paraguayos en internet benefician a su difusión y conocimiento. Además, las redes sociales nos facilitan el contacto permanente entre escritores, críticos, investigadores e incluso los editores. Es el camino a seguir… y además es muy barato. Aunque a veces internet es como lanzar al mar una obra en una botella, a un espacio enorme: se puede caer en el vacío. Hay que examinar bien dónde se introduce un texto.

¿Cuál es tu percepción sobre la literatura escrita por paraguayos en estos tiempos? ¿Piensas que podría estar formándose una generación importante en cuanto a calidad de obras literarias?

Muy importante. Una generación que marca un nuevo rumbo, que nos habla de la vida corriente, la delincuencia, la corrupción, el trabajo paupérrimo, el futuro incierto, la desesperanza y el descreimiento ante una realidad que parece inalterable. Que nos trata incluso lo fantástico con naturalidad y lo real como si fuera un sueño. Mónica Bustos, Juan de Urrazu, José Pérez Reyes, Javier Viveros, Juan Ramírez Biedelmann,  Verónica Rojas, Cristino Bogado… —no quiero olvidar a ninguno y pido disculpas por no citar a todos— son autores que nos ofrecen visiones distintas de la realidad con discursos muy sólidos y lenguajes abiertos a las nuevas tecnologías de comunicación. Sus narraciones ya no parecen ubicadas en Paraguay: pueden suceder en cualquier país. Se ha alcanzado un grado completo de universalidad. Recuerdo unas palabras del autor mexicano Jorge Volpi que son aplicables a los nuevos autores paraguayos: «¡Cómo voy a escribir de los pueblos mexicanos perdidos en Chiapas o en Guanajuato, si solo conozco las luces nocturnas de grandes ciudades como México D.F., Nueva York o Salamanca!» Es lógico: una gran narración casi siempre está inspirada por la experiencia personal. De hecho, son autores tan interesantes que estamos preparando ahora mismo una antología de relatos suyos que se va a publicar en mi ciudad. Esperamos que, cuando esté publicada, podamos presentarla también en Asunción. Queremos que esta antología sea una carta de presentación en España de los autores nacidos a partir de 1960 o que por primera vez hayan publicado narrativa de ficción ya en pleno siglo XXI. A ver si tenemos suerte de conseguirlo. Sin olvidarnos de los grandes poetas que están surgiendo, una nómina muy interesante. Y el rico texto teatral que se está produciendo. Eso sí: hay que mejorar algunos métodos en la investigación literaria, y yo estoy abierto a trabajar en este sentido siempre que la propuesta sea seria y coherente.

Pero como te he dicho, mientras la creación está en un momento de gloria y la edición está avanzando a pasos agigantados, incluso te diría que la crítica y el estudio actual camina por rutas esperanzadoras, y hay que alabar el trabajo de los profesores paraguayos y los trabajadores de la literatura en general, es cierto que pervive un exceso de conformismo en la acción hacia el exterior. Es responsabilidad de todos colocar obras en el exterior, igual que los agentes futbolísticos colocan a sus jugadores en equipos de prestigio. Es difícil, pero no imposible. Para empezar, hay que olvidarse de las fobias y las preferencias personales y trabajar todos al unísono.

José: he abusado de tu tiempo con estas preguntas, que de hecho no son todas las que tengo en la cabeza. ¿Te gustaría agregar algo más?

No me parecen muchas, precisamente. Es un placer hablar o escribir de mi tema favorito por trabajo y dedicación. Y sí, por mi parte solo añado que la evolución de la literatura paraguaya en los últimos sesenta años es de lo más satisfactoria que uno pueda imaginar. Ha tenido un salto cualitativo y cuantitativo ejemplar. Incomparable. Con mirar el número de obras publicadas es suficiente para comprobarlo. Aún recuerdo con nostalgia cuando negaban su calidad hasta los propios autores paraguayos. No hace tanto de ello.

Nota: esta entrevista fue publicada originalmente el 16 de julio de 2011 en el periódico digital E’a (www.ea.com.py).

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1 Comentario
  • Ricardo Loup
    julio 17, 2014

    “Uno lee Hijo de Hombre, y se aparta de la literatura comercial para siempre”. Fue así mismo como me ocurrió a mí.

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