cerrar [x]

Josefina y Julián: una historia de amor

Josefina Plá, fallecida el 11 de enero de 1999, fue una figura capital de la literatura y el arte paraguayos. El autor de esta semblanza se refiere a la relación amorosa que la unió con otro gran artista, Julián de la Herrería, y a su aporte a la cultura del Paraguay e Hispanoamérica.

Josefina Plá y Julián de la Herrería. Fotografía: cortesía de Miguel Ángel Fernández.

Josefina Plá y Julián de la Herrería. Fotografía: cortesía de Miguel Ángel Fernández.

En Villajoyosa, un día del verano de 1924, Josefina Plá y Julián de la Herrería (seudónimo de Andrés Campos Cervera) se conocieron en la casa de Mimí Campos Cervera, sobrina del artista paraguayo. El azar (ese otro nombre del destino, diría tal vez Borges) los reunió en esa pequeña pero preciosa ciudad alicantina de la Costa Blanca, en cuyo casco antiguo todavía se conserva la casa donde vivía la joven Josefina con su familia.

De Villajoyosa al Paraguay

Así nació una relación amorosa que duraría hasta la muerte de Andrés Campos Cervera, trece años después, en 1937. En ese lapso, Josefina colaboró estrechamente con su marido en el campo de la cerámica, al mismo tiempo que se dedicaba a su primera vocación: la poesía, y más tarde el teatro, la narración, el ensayo y la crítica. Se habían casado por poderes a fines de 1925, y en febrero del año siguiente pisaba tierra paraguaya quien vendría a ser una de las figuras mayores de la cultura paraguaya en el siglo XX.

Josefina Plá nunca más volvió a Villajoyosa. En 1993 quise conocer el lugar donde se había anudado su destino paraguayo e hispanoamericano. Allí, en compañía de Alicia Campos Cervera, recorrimos las estrechas y a veces empinadas callejuelas de la ciudad vieja. Bajando por la calle del Pozo, y en seguida por la de la Escalereta, se llega al Portalet, casi a la vera del mar. La Escalereta y el Portalet servirían de temas para más de un grabado de Julián de la Herrería. Josefina recuerda ese hecho en la biografía que dedicó a su marido. A mi regreso, visité a mi ya anciana maestra y le enseñé las fotografías que había hecho en Villajoyosa. Al ver una de ellas me dijo, estremecida por la emoción y con voz quebrada, que uno de los balcones de la calle del Pozo, era el de su antigua casa. Quizá fue la última vez que vio una imagen de la ciudad donde había vivido parte de su juventud y había conocido a quien sería su compañero y maestro.

Una relación de amor y de arte

Apenas once años duró su matrimonio con Julián de la Herrería, que no pudo resistir las penurias de la Guerra Civil Española y murió en Manises en 1937. Años decisivos, durante los cuales Josefina tomó contacto con la realidad paraguaya y con el arte de las grandes civilizaciones indígenas americanas, que sería el centro temático de buena parte de la obra de Julián de la Herrería y de ella misma. Con él descubre también las escenas populares de los matecitos esgrafiados por la india Catalina. Ello daría lugar a una gran serie de cerámicas del artista paraguayo, en la última etapa de su vida. Para Josefina Plá fue el punto de partida de lo que años después, en su madurez, sería temática de sus cerámicas de temas populares paraguayos e indígenas de la extinguida etnia payaguá.

Josefina Plá y la modernidad artística

Si Julián de la Herrería fue el primer artista moderno en el Paraguay, a su mujer le tocaría ser también, en la década del 20, la primera grabadora moderna, y más tarde, figura capital del movimiento artístico que a partir de 1954, con el grupo Arte Nuevo, afirmó en el Paraguay los conceptos y los lenguajes del arte de vanguardia del siglo XX.

Su labor en el campo de la cerámica no sólo se dio como continuación de la tarea de rescate de los valores estéticos prehispánicos, tal como se propuso Julián de la Herrería en parte de su obra, sino también como experiencia de las formas modernas y las de la tradición americana. Por eso su obra es también expresión de disyunciones y conjunciones, en la medida en que los signos de uno y otro universo semántico se excluyen, se combinan o se funden en su obra artística.

Años más tarde, en momentos de lucha por las nuevas expresiones artísticas, la tarea de Josefina Plá (en colaboración con su discípulo José Laterza Parodi) se vio reconocida en la IV Bienal de São Paulo (1957) con el Premio Arno. Después vendrían las distinciones internacionales para otros artistas paraguayos, como Edith Jiménez, Hermann Guggiari y Carlos Colombino. Tanto la obra de Julián de la Herrería como la de Josefina Plá hicieron de la cerámica un arte mayor y hoy podemos ubicarlas entre lo más notable de la producción artística paraguaya del siglo XX.

La literatura de Josefina Plá

Paralelamente, la obra de creación de Josefina Plá se desarrollaba en el campo de las letras. En primer lugar, la poesía: su producción, en este ámbito, es —no me cabe duda— uno de los hechos más valiosos de la lírica moderna en lengua castellana. Se dio, inicialmente, cuando ya brillaban en el cielo literario hispanoamericano esa constelación extraordinaria compuesta por Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni. Quizá por ello su poesía haya quedado un poco velada a los ojos de la crítica. Sin embargo, al lado de sus ilustres predecesoras, la obra poética de Josefina Plá no desmerece en modo alguno y a menudo se empina y rompe cotas por la intensidad y belleza de su expresión, plena de sentido existencial.

Igualmente constante fue su dedicación al teatro, al cual dio obras de gran calidad como Historia de un número y Fiesta en el río, piezas que figuran entre lo más importante de la producción dramática hispanoamericana contemporánea.

En la segunda mitad de la década del 50, Josefina Plá publica en la revista Alcor una serie de cuentos, parte de los cuales incluyó luego en la edición de La mano en la tierra, en 1963. Por entonces, ya habían visto la luz El pozo y La babosa, de Gabriel Casaccia, y El trueno entre las hojas e Hijo de hombre, de Augusto Roa Bastos. Si bien los cuentos de Josefina Plá también enfocaban aspectos de la realidad paraguaya, sus particulares configuraciones significativas y expresivas se distinguían claramente de las de estos escritores. El mundo narrativo de Josefina Plá está situado en el lugar de intersección de los universos semánticos hispanos (originarios de la autora) y el de la realidad y la expresión paraguaya e hispanoamericana, que serían, en definitiva, los ámbitos pragmáticos de su habla y de su estilo. De este modo, su literatura aprehende, conjuga y cristaliza en una literatura de alto porte estético los signos de su patria originaria y los de la tierra que, en la hora postrera, su mano por fin tocaría, como la del viejo soldado español de su cuento La mano en la tierra.

Un valioso legado cultural

El 11 de enero de 1999, una ancianita ciega y sorda, nacida casi noventa y seis años antes en Lobos, una pequeña isla de las Canarias, que conoció al gran amor de su vida en una villa joyosa a la vera del mar Mediterráneo y llegó al Paraguay el 1 de febrero de 1926 para gloria de su arte y literatura, se extinguía para el mundo, dejándonos como legado una obra de extraordinario valor por su autenticidad vital y su plenitud estética.

Josefina Plá, «me dijo, estremecida por la emoción y con voz quebrada, que uno de los balcones de la calle del Pozo, era el de su antigua casa.» En Villajoyosa, España. Fotografía: MIguel Ángel Fernández.

Josefina Plá, «me dijo, estremecida por la emoción y con voz quebrada, que uno de los balcones de la calle del Pozo, era el de su antigua casa.» En Villajoyosa, España. Fotografía: MIguel Ángel Fernández.

¿Te gustó la nota?
  • ¡SÍ! 
  • NO 
  • MÁS O MENOS 
0
1 Comentario
  • Raúl Villarruel
    junio 28, 2016

    Emocionante relato de la vida de una gran artista, a quién tuve el honor de conocer residiendo en Formosa (capital de la provincia argentina),en algunos de mis viajes a Asunción,en dónde pude apreciar las obras de Josefina, y también el sentir de esa gran Nación Sudamericana.

¿Qué opinas?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *