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El crimen en el Cine Splendid

El crimen ocurrió en el Cine Splendid (de la calle Estrella casi Alberdi, de Asunción) durante la noche del sábado 23 de setiembre de 1961, en plena proyección de la película Bomba, en la selva del terror, que había iniciado a las 20:30. El tiroteo se produjo aproximadamente a las 21:45.

El Cine Splendid, en la calle Estrella casi Alberdi, durante la década del 1960.

El Cine Splendid, en la calle Estrella casi Alberdi, durante la década del 1960.

De pequeño, alguna vez escuché hablar a mi padre de un tal Batri Contri, autor de un brutal asesinato cometido en el Cine Splendid, edificio ubicado sobre la calle Estrella casi Alberdi, al lado del bar restaurant Bolsi. Esta construcción fue demolida a comienzos de los años noventa para convertirse en sucursal de un conocido banco, cuya obra fue abandonada y en la actualidad se utiliza de estacionamiento.

Para ser sinceros, no llamó nuestra atención el hecho mismo, sino las historias que fueron tejiéndose alrededor del suceso. ¿Quién fue en realidad este sujeto? ¿A quién asesinó? ¿Cuáles fueron los motivos? Los relatos en los distintos hogares asuncenos fueron diversos. Por citar un ejemplo, mi abuela había comentado:

El crimen del Splendid fue un ajuste de cuentas, y ese señor, que pasaba por las tardes a ofrecer sus dulces caseros, falleció en el acto, al parecer éste pertenecía a la Interpol.

Continuaba su relato diciendo:

El vendedor de dulces que oficiaba de espía para la Interpol fue ajusticiado por la Policía debido a las actividades irregulares que venía desarrollando en nuestro país.

Todo comentario se desarrollaba dentro de la mayor discreción posible, incluso dentro de los hogares, por el simple motivo de «que los vecinos podrían escuchar algo». Este relato, por cierto muy poco claro, tornó más difícil la comprensión de lo ocurrido, por lo tanto, obligatoriamente debemos desentrañar ciertas palabras claves utilizadas en lo transcripto.

Entiéndase la palabra espía como la persona que enviaba datos sobre nuestro país o alguna actividad específica desarrollada en él, a otro Estado, con fines maliciosos o con anhelo de perjudicar al Paraguay. Por lo general, la palabra espía era relacionada con Agente Comunista[1]. La Policía o sus miembros eran vistos como los «buenos», constantemente velando por los intereses de nuestro Estado y el de sus habitantes.

El término Interpol (siglas en inglés para Policía Internacional) no era comprendido en su totalidad por la mayoría de la población, siendo confundido con FBI o CIA, o en el peor de los casos con espía comunista. Es por eso que en algunos hogares se sostuvo la tesis de que la víctima del crimen en el Splendid era un espía de la agencia norteamericana FBI (siglas en inglés para Bureau Federal de Investigaciones), y en otros, que pertenecía a la Policía Internacional.

Algún historiador contemporáneo había mencionado que en la balacera del Splendid un presunto Agente de la BNDD (Oficina General de Narcóticos y Drogas Peligrosas) fue abatido por un Agente de Investigaciones, que también se desempeñaba como instructor de torturadores[2]. Todo dato se encontraba en la nebulosa, debido a que nadie en ese momento del país osaría hacer una pesquisa. Como una versión oficial no existía, la sociedad optaba por el vox populi.

El Splendid fue uno de los cines más frecuentados en los años sesenta, por el solo hecho de su ubicación, en pleno corazón del microcentro y a unos pocos metros de los bares más distinguidos de la ciudad, el restaurante Bolsi y el Lido Bar. La televisión tardaría unos años más en hacer su aparición en nuestro país[3], consecuentemente las salas de cine se abarrotaban de personas.

El crimen tuvo lugar en la noche del sábado 23 de setiembre de 1961, a mitad del rodaje de un filme, en el interior de la sala del citado anfiteatro. La película que se estaba exhibiendo era del género de terror: Bomba, en la selva del terror, rodaje que se inició a las 20:30. Ocurrido el hecho, el lugar, ubicado sobre una de las arterias principales de la ciudad, rápidamente se llenó de curiosos.

El tiroteo se produjo aproximadamente a las 21:45. En él perdieron la vida el ciudadano polaco Pedro J. Prokopchuk y el Oficial 2° del Departamento de Investigaciones Rubén Torres Gómez. Resultaron con heridas de bala el Oficial Inspector, también de Investigaciones, Benjamín González, y el ciudadano Francisco Cárdenas, de 22 años. Con heridas leves, los ciudadanos Aníbal M. Coscia, de 20 años, y Raimundo López Pereira, de 41 años.

Según las crónicas de la época, que no ahondaron en detalles sobre el crimen e incluso sólo publicaron un pobre informe, emanado del Departamento de Informaciones de la Policía Nacional, el hecho se desarrolló de la siguiente manera:

El bandido internacional Patric Contric, sorprendiendo la buena fe de las autoridades, intentó hacer detener en el lugar arriba citado al ciudadano Pedro J. Prokopchuk (con quien mantenía relaciones comerciales en puerta), y a cuyo efecto se hizo acompañar por funcionarios de Investigaciones.

Prokopchuk, al ser invitado a abandonar la sala, se mostró reacio a obedecer, momento en el que Contric, sin mediar palabra, se abalanzó sobre él y pudo darle un golpe en la cabeza con la culata de una pistola y le disparó dos tiros a boca de jarro[4]. Prokopchuk, que también se encontraba armado, desde el suelo comenzó a disparar su arma contra un grupo, generalizándose el tiroteo hasta epilogaren el lamentable y trágico desenlace arriba consignado (…). Asunción, 24 de septiembre de 1961. Abelardo Burgos, Jefe del Depto. de Informaciones de la Policía[5].

De lo citado es menester explicar el hecho desde nuestra óptica. La víctima, ubicada en una de las filas del medio de la sala, recibió a su agresor de manera sorpresiva y, ante la atónita mirada de todos los presentes, escuchó la prepotente orden de detención del pseudo agente Batric Kontic, a la cual no cedió. En ese instante recibió dos golpes de culata en la cabeza, cayendo desplomado al piso, hecho que no le imposibilitó extraer su arma y repeler el ataque, quizás ya fuera de sí mismo.

Las balas fueron a parar a distintos lugares dentro del cine, hiriendo a varios inocentes que presenciaban la película. Prokopchuk, ya inconsciente, disparó con sus últimas fuerzas hasta recibir los disparos fatales de Kontic, quien al finalizar su labor se dio a la fuga. De esta manera, abandonó al personal de Investigaciones que fue para auxiliarlo[6] en su cometido.

El asesino al ganar la calle fue socorrido por Candia, quien aguardaba por él en una camioneta. El croata, con heridas leves, fue trasladado al Hospital de Policía Rigoberto Caballero, lugar en que fue detenido personalmente por el jefe de Policía, Ramón Duarte Vera. En ese instante ya se comunicaba la destitución oficial, previo sumario, del Jefe de Investigaciones.

Kontic no eligió el lugar para ultimar a su víctima, simplemente se debió a la urgencia del caso y la forma en que se dieron los hechos. Por todo lo que pudimos recabar, su verdadera intención era arrestar a Prokopchuk, contando con el visto bueno del jefe del Departamento de Investigaciones.

Optó por la sala del Cine Splendid simplemente porque era una zona en la que diariamente se movía. Actualmente, tiene contacto con cinco extranjeros, con quienes se encuentra diariamente en el Bolsi Bar (…). Entre ellos un polaco, un yugoslavo y los demás son búlgaros. (Informe Confidencial de la Policía. Asunto Kontic. 22 de noviembre 1960. R0252F1885).

Hoy resulta todo muy obvio: el croata se vio arrinconado, porque su suerte se encontraba echada, pero no por la muerte del polaco, quien solamente fue llorado por sus seres queridos, sino por todo el mérito cosechado desde que arribó al país. La causa por «supuesto doble homicidio y heridas» fue abierta ante el juez de Primera Instancia en lo Criminal del Noveno Turno, Wildo Rienzi Galeano.

El episodio le costó el cargo al jefe de Investigaciones, Juan Erasmo Candia, así como a otros funcionarios del mismo Departamento, quienes se encontraban vinculados con el suceso. Después de hurgar bastante en la documentación policial pudimos darnos cuenta de que de manera confidencial la jefatura de Policía ya venía siguiendo los pasos a estos malhechores.

En un primer momento, el binomio Candia—Kontic gozó de gran respeto y estima en las altas esferas del poder, hecho que les permitió cometer todo tipo de ilícitos. Esta popularidad se fue deteriorando de manera galopante, debido a la altanería y la prepotencia del croata. El crimen en el Splendid causó el divorcio de la pareja, perdiendo el primero su cargo y el foráneo su libertad.

En su discurso de toma de mando del Departamento de Investigaciones de la Policía, el Gral. Duarte Vera mencionó algo muy destacable: que el mencionado Departamento siempre fue su más grande preocupación, y que él ya venía aconsejando al Jefe de Departamento desde el año 1957 que cambie de camino y que éste no lo hizo caso (Diario La Tribuna Liberal, miércoles 27 de septiembre de 1961). Además, dejó en claro que él ya conocía acerca de las irregularidades cometidas por el Jefe y su personal de Investigaciones[7].

Humor tras el crimen en el Cine Splendid, por Fiorelo Botti.

Humor tras el crimen en el Cine Splendid, por Fiorelo Botti.

Nota: esta crónica forma parte del libro El crimen del Cine Splendid: Stroessner, los nazis y el Paraguay de la década del 60, del abogado y escritor Juan Marcos González García. La crónica obtuvo el primer premio del Concurso Nacional de Ensayos Crónicas del Bicentenario, organizado por la Comisión Nacional del Bicentenario del Paraguay (2010).


[1] Ya en esos tiempos la propaganda anticomunista se encontraba en todos lados. Incluso existían obras de radioteatro para niños en donde se mencionaban la maldad y la tiranía pregonadas por la ideología proveniente de la Unión Soviética.

[2] Farina, Bernardo Neri: El último supremo. La crónica de Alfredo Stroessner. Pág. 142.

[3] La señal de aire del Canal 9 Cerro Corá empieza a difundir en blanco y negro a partir del 29 de setiembre de 1965. (González Delvalle, Alcibiades: Contra el olvido. La vida cotidiana en los tiempos de Stroessner. Pág. 35).

[4] Actualmente «a traición», o alevosía, es decir, cuando se agrede a alguien sin dejarle posibilidad de defensa.

[5] Diario Tribuna Liberal, martes 26 de setiembre de 1961.

[6] En el informe del Departamento de Informaciones se puede leer que funcionarios de Investigaciones acompañaron al bandido internacional Kontic a detener a una persona. Nosotros nos preguntamos: ¿qué podían hacer juntos funcionarios policiales con un bandido internacional?

[7] La organización del Departamento de Investigaciones no fue de lo más pulcra, en comparación a las otras, contaba con algunos agentes de experiencia y varios jóvenes oficiales. Era sabido que existía una tenaz e insana competencia entre los integrantes de la dependencia para ganarse el cariño del jefe Juan Erasmo Candia. El afecto del jefe se podía ganar por dos vías: suministrándole todo tipo de información acerca de lo que ocurría dentro de la propia dependencia, o recaudando para el botín extra que éste se llevaba cada mes. Los negocios de Candia, a medida que se posicionaba en el poder, fueron incrementándose, debiendo éste recurrir a mayor personal. Ya no le bastaba con utilizar a sus jóvenes funcionarios para realizar sus fechorías. En ese estado de cosas, el señor Juan Erasmo Candia, subestimando a sus propios superiores, solicitó «ayuda» a delincuentes extranjeros que rondaban por el país para optimizar sus negocios. Así nació el cargo de facto denominado «colaborador», ostentado por varios criminales.

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