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El apocalipsis según Benedicto, de Esteban Bedoya

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El apocalipsis según Benedicto. Editorial Arandurã. Asunción, Paraguay, 2008. 200 páginas.

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Desparpajo es la clasificación que se me ocurre al referirse a la escritura de Esteban Bedoya. Por la soltura, la total desinhibición con respecto a los temas que enfoca en sus libros. Su permanencia en Buenos Aires y posteriormente en Suiza tienen que ver, sin dudas, con el tratamiento de la obra en sí y los recursos estilísticos que utiliza. Se adivina, además, al lector compulsivo que agiliza su palabra.

Rubén Bareiro Saguier

En las historias de Esteban Bedoya entusiasma el manejo de una prosa contenida para argumentos desbordados, en los que un narrador distante —y en ocasiones impertérrito— cuenta, sin inmutarse, el prodigio.

Leonor Fleming

Estamos ante un gran relato en el que se pone encima de la mesa de debate un tema crucial en nuestros tiempos: la crisis del cristianismo y, sobre todo, de la Iglesia católica. A través de los diez capítulos de la obra se va revelando cómo a lo largo del siglo XX la espiritualidad decreció hasta irse apagando. Como se va apagando Ratzinger hasta descansar en paz en la tierra de sus ancestros y no quedar ni rastro de Sor Pascualina, la persona gracias a la cual el Papa, en su retiro, nos alumbra sobre los destinos inciertos de una Iglesia cuyo lugar en el mundo del hedonismo ha quedado relegado a la postergación como tantas otras ideologías y espiritualidades.

Esteban Bedoya se nos ha revelado como un gran autor importante para las letras paraguayas. Personalmente, tenía esperanzas de que así lo fuera después de haber leído La fosa de los osos, hace años, y me ha confirmado que, además de tener un gran conocimiento de la constitución del relato, es valiente, atrevido y capaz de suscitar la reflexión e incluso la polémica. Por otro lado, el libro está muy bien editado, con una portada y unas láminas interiores realmente espléndidas, lo cual es de agradecer igualmente. Ahora queda esperar a que Bedoya nos ofrezca nuevas creaciones en el futuro. Pero su obra ya ha quedado marcada por este gran trabajo que es El apocalipsis según Benedicto.

José Vicente Peiró Barco

Hay escenas de fetichismo y perversión cuando se describe el deleite olfativo de la monja al manipular las prendas íntimas del monseñor. La represión sexual que inficiona la relación de la pareja «monja—sacerdote» se vuelve cada vez más intensa y acabaría por explotar al final del relato. La obsesión maniaca y el masoquismo de la «sierva del Señor» se manifiestan, a través de la narración, como leitmotiv recurrente.

En El apocalipsis según Benedicto hay una auténtica profanación de lo sagrado: una «desacralización», podríamos decir, de los símbolos eclesiásticos, de la pompa y majestad de las jerarquías y sus rituales. Esa simpatía de Benedicto hacia los nazis nos recuerda, por paralelismo, a las atrocidades de la Inquisición y los procesos de Galileo y Savonarola. Estos párrafos acusatorios nos recuerdan la obra plástica de León Ferrari donde vemos a Cristo crucificado sobre un bombardero norteamericano —de esos de Vietnam—. El tema recurrente del artista argentino ha sido la intolerancia de la religión cristiana y su «imaginería del terror» para controlar las mentes. Esta profanación de los símbolos sagrados del cristianismo histórico es una manera de denunciar y poner en evidencia las estrategias políticas del Vaticano.

Osvaldo González Real

¿Cómo comprar el libro? Escribe a arandura@hotmail.com.

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