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Diálogos para redescubrir la sabiduría natural

El humano, en su lógica, pretende saber todo. El animal, instintivamente, sabe que solo necesita vivir en armonía. Con Diálogos con nuestro amigo Caracol, Ricardo Franco Lanceta nos alecciona acerca de la sabiduría natural.

 

Ricardo Franco Lanceta (1924 – 2013), guiado tal vez por la sabiduría que lo envuelve, ofrece como legado a la humanidad sus Diálogos con nuestro amigo Caracol, publicados primero por capítulos, organizados luego cuidadosamente en este libro, que además incluye los íntimos comentarios de Luis Mozart Fleytas y Sinforiano Rodríguez en una edición trabajada con esmero y afecto. 

Aunque el libro no pretende ser literatura moralista ⸺utiliza, de hecho, varios elementos fabulísticos⸺, es innegable que surge a raíz del testimonio de una crisis ambiental extrema ocasionada por la flaqueza moral del propio ser humano. Los efectos más evidentes de esta crisis residen en la disminución paulatina de áreas verdes, la reducción de la población faunística, el descrédito de los valores éticos y una creciente preocupación por la adquisición desmedida del «bienestar». En cada diálogo, Caracol, junto con varios embajadores del Reino del Instinto, exponen las circunstancias en que el egoísmo humano, en forma de codicia, ha afectado al mundo vivo y a las relaciones que existen en él.

La belleza de esta obra no puede, sin embargo, reducirse a la construcción de su prosa. También la ilustración de Juan de Dios Valdez contribuye a la forma y la significación de los diálogos. Desde la portada, la mirada apacible del autor-protagonista en compañía de Caracol remite a una olvidada sensación de paz y armonía que, en cuanto avanzan las páginas, no parece imposible de reencontrar. Su representación como un niño-anciano (cuya naturaleza nos aclara el editor de la obra) adquiere un sentido único y característico debido a que solo los niños en su inocencia, y los pocos adultos que la conservan, pueden entender el sentimiento de un animal.

El ritmo de Diálogos es lento al inicio. Ambos, tanto Caracol como el protagonista, primero deben conocerse. Solo luego de haber esclarecido las posturas ideológicas que representan cada uno comenzarán los diálogos, casi monologados, sobre la sabiduría natural, la violencia, la introspección sobre el tiempo, el propósito de nuestra existencia, la cultura y la codicia.  En estos participan, claramente, el autor-protagonista como representante del Reino de la Razón y Caracol como embajador del Reino del Instinto, los dos dispuestos a intentar resolver la crisis de valores existente que causa la ruptura de relaciones armoniosas en el Reino Animal.

Si bien cada animal invitado del Reino del Instinto para participar de estos diálogos alude a un arquetipo de virtudes culturales, resulta impactante la disposición de Caracol como arquetipo de sabiduría antes que la tradición griega de la lechuza (o un kavure’i).

La sabiduría de Ricardo Franco Lanceta es particular. Esta proviene del instinto, que de ninguna manera es interpretado como oposición de la lógica y la razón. El instinto, para todos los seres que forman parte del Reino Animal, posee un carácter adaptativo, es decir, permite a su portador ajustarse a las circunstancias y al contexto ⸺relaciones⸺ en que existe. No busca dañar, sino encontrar la mejor solución de relacionamiento posible con su entorno.

Esta adaptación instintiva implica una experimentación continua, reflexión y crítica, por lo que no constituye un evento cíclico, sino una evolución, una expansión, un movimiento, como sugiere Caracol, hacia adelante. Lento y reflexivo. Es posible recorrer este camino espiralado de Caracol, como lo demuestra el autor-protagonista en la ilustración del capítulo «Crisis en la filosofía del tiempo». Tan solo es necesario dejar de lado la división entre lo «sensible» y lo «no sensible» y aprender a «caminar mirando hacia atrás».

Aunque en esta obra las tribulaciones humanas no están tan presentes como en Cuentos de la selva de Horacio Quiroga, sí existe un intento de balance entre ambos reinos. El Reino de la Razón no está completamente perdido ante el egoísmo; demuestra que aún es capaz de actos altruistas y, antes que aceptar una existencia dionisíaca del caos el azar, el Reino del Instinto invita al descubrimiento de la razón de la existencia en la vida.

Diálogos con nuestro amigo Caracol sugiere una subyacente, pero muy evidente, crítica al consumismo capitalista despiadado. A propósito, Sócrates declaraba a Critón: «No es el vivir lo que ha de ser estimado en más alto grado, sino el vivir bien». Este «vivir bien», concepto tan antiguo como la humanidad misma, para Caracol no tiene su razón originaria en «el sacrificio de los valores morales de la cultura», sino en la «sabiduría de la justicia» y la razón de la existencia de la vida en la Tierra, que es la solidaridad.

A la justicia y a la solidaridad es posible llegar solo mediante la interacción con otros seres vivos en armonía, lo que desencadena en una cuestión kantiana acerca de lo que significa actuar reflexivamente, con crítica (y, ¿por qué no?, autogobierno y voluntad). El relacionamiento en todas sus facetas es imperativo para ser seres humanos, pero para ser «seres pensantes» debemos abarcar un campo más allá de la lógica, el razonamiento y la búsqueda de la verdad, y considerar el Instinto, con su capacidad adaptativa, como un instrumento para lograr convivir en armonía con los demás seres vivos (e, incluso, no vivos).

No es una sorpresa que este relato breve pueda suscitar fuertes emociones negativas o de rechazo. En este se tratan los vicios y los defectos más viles de la humanidad, reales y manifiestos en todos los ámbitos culturales de la sociedad. Es preciso recordar, sin embargo, que estos vicios provienen de una flaqueza en el espíritu del ser humano, pero que estamos todavía a tiempo de remediar.

Así que, aunque lo único que pueda reprochar en su literatura sea su carácter instrumental, no lo haré. Porque es bien necesaria para que «…aprendan a avanzar sin destruir, como lo hacemos aquí, en el Reino del Instinto».

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