Situación argenwaya de la crítica literaria, hoy

Ponencia de Alfredo Grieco y Bavio para la mesa 7: Un país sin crítica literaria, un país sin…, con Osvaldo González Real, María Isabel Barreto y Carla Daniela Benisz, durante la tarde del viernes 7 de septiembre.

 

Como en Argentina soy de lo más parecido que se puede conseguir a un crítico literario profesional, y como ahora estoy (travestidx) en Paraguay, donde casi no hay crítica literaria profesional, creo que pueda ser de alguna utilidad aprovechar esta situación ventajosa para comparar y para que en la odiosa comparación se pongan de relieve algunos rasgos distintivos de una y otra situación fronteriza sudamericana.

Me apuro a aclarar dos cosas. Como a los críticos literarios nos gustan las paradojas, no hay que anticipar que en el balance, o mi balance, Paraguay salga en absoluto desfavorecido o mal parado. Y después, que si digo situación ventajosa, hablo de ventajas para el comparatista, no ventajas pecuniarias.

Por crítico literario profesional entiendo aquel que vive de esta profesión. Al menos, en una proporción significativa  de sus ingresos: que su familia no subsistiría sin esa proporción. Esto en un cuadro siempre de precarizado pluriempleo, como es el de la mayoría de quienes hacen trabajos intelectuales hoy en Argentina. La crítica literaria profesional está en manos de dos corporaciones: la academia y la prensa (o: los medios). La crítica literaria mejor paga es la que paga el Estado, y algunas universidades privadas. En la academia se hace dos cosas, o al menos una de dos: se investiga y se enseña. Y se escriben y publican textos críticos resultado de esa investigación y se escriben y publican textos críticos destinados a la enseñanza formal o informal. Hay un Consejo de Investigación del Estado argentino, que financia carreras de investigación a personas, y hay una Agencia que financia investigaciones, lo que no es exactamente lo mismo. Quienes entran en carrera escriben textos académicos, generalmente referidos a la literatura del pasado, aunque sea el pasado inmediato, como en los óptimos tesis y libro que Carla Benisz dedicó a los debates sobre la literatura en el post-stronismo. Es un pasado cuyo peso sentimos, pero en la mejor crítica literaria académica el marco del presente siempre es captado en la dinámica de los desarrollos que llevaron al presente.

Estas formas críticas –y me refiero siempre aquí a la crítica literaria por escrito- son el andarivel académico más alto. Busca publicarse en revistas que son más exclusivas y excluyentes que el Club Centenario para aceptar nuevos socios. Hay reglas que cumplir, y calidades que demostrar, no sólo en los textos, sino en las personas que los firman. Generalmente, la adscripción a una universidad o centro de investigación, público o privado, de excelencia reconocida (por esas mismas reglas y criterios). Gran parte de la energía de esta crítica se consume en cumplir con las reglas; podemos pensar entonces que gran parte de esa producción es normal en el peor sentido del término. Bueno, es así.

Hacia abajo, hay una producción crítica que encauza, introduce, edita, prologa, anota textos literarios o manuales literarios dirigidos a la enseñanza de la literatura, en el amplisímo arco infanto-senil. En Argentina, esta producción cada vez se ha apartado de lo literario, sin perder lo crítico por ello. Una edición para la enseñanza secundaria de la tragedia Otelo explica que es a) una fábula sobre los peligros del femicidio pero b) si su política sexual es buena, la racial no, porque Shakespeare es racista al hacer que el criminal sea un negro de mierda, el moro de Venecia, y no un veneciano, que abundan más en Venecia. Ni deploro ni celebro este desplazamiento. También se hacen ediciones populares de los clásicos nacionales o regionales, y estas muchas veces en el marco de emprendimientos de gobiernos locales o provinciales.

La crítica profesional de los medios es la que se publica cada día en las páginas de cultura de la gran prensa, y en la pequeña prensa, con aumento cada fin de semana en los suplementos literarios. También en algunas revistas de gran tirada. El rubro reseña es el que más cuadra en las tareas específicas de la crítica literaria. Aquí el que paga no es el Estado, sino los medios o los grupos mediáticos por detrás de cada publicación singular. Pero no es tan simple: porque las páginas de crítica literaria en la prensa gráfica viven (y sobreviven) de la publicidad que paga en ellas la industria editorial. Lo que genera una distorsión: las multinacionales del libro se aseguran siempre que sus libros serán reseñados. No llega la presión, hay que decirlo, hasta pedir comentarios favorables. Lo que ocurre es que ninguna publicidad resulta al final dañina. Y el hecho de que los libros de esas editoriales devoren el mayor espacio útil, relega a la competencia a los márgenes, una buena estrategia en suma.

Existe, por cierto, una pululante actividad de comentario y crítica y crítica de la crítica en los medios electrónicos. Pero, otro pero, como ocurre también en España –donde esto se ha estudiado cuantitativamente-, este comentario es ancilar de la crítica académica y de la periodística, al buscar competir con ella, desplazarla, neutralizarla, demostrar la superioridad de los independientes, etc.

Hay otros fenómenos. De superposición: el elenco de los diarios y el de las cátedras se suele solapar. De prestigio: la crítica de lxs escritores. Como lxs escritores cada vez viven menos del mercado (de la venta de sus libros, los que consiguen publicarlos y además venderlos), y cada vez más del mecenazgo público y o privado, al redactar y publicar sus opiniones cumplen una de sus labores rentadas. Generalmente, se les paga más que a los críticos profesionales que no son considerados escritores de creación, y por otro lado se les permite o fomenta el exabrupto, el capricho, la imprecisión o la vendetta: algo de la idea romántica de la poesía sigue hiriéndonos con su sublime metafísica.

Dicho esto, creo que el contraste con el Paraguay surge de por sí. Nada de esto tenemos al norte del Pilcomayo, en el alto Paraná, en el vasto Chaco. Por fortuna. En cambio, si falta todo este complejo sistema de mendicidad y condicionamientos, tenemos una serie de precondiciones intelectuales que son las ideales, a juicio de este crítico profesional de todas las categorías antes esbozadas. Antes de mencionarlas, hay que indicar que una desventaja material se ha esfumado en parte: la penuria bibliográfica, gracias a internet, donde cada vez más tenemos en todas partes más y más para leer de la literatura y la crítica literaria universales, al proverbial click de distancia.

Para la crítica literaria, pocas situaciones mejores que el bilingüismo o trilinguismo (el argentino, y aun el crítico literario argentino –el masculino, siempre deliberado, habrán visto-, es monolingüe, el porteño afrancesado es otro mito). Pocas situaciones mejores que la de frontera. Pocas situaciones mejores que el conocimiento cercano y la proximidad obligada de literaturas y tradiciones literarias vecinas. Una relación asimétrica: en Paraguay se conoce mejor la literatura argentina y la uruguaya, de lo que en Buenos Aires se conoce qué se escribe o escribió en Montevideo. Y las literaturas de estos países se conocen aquí al detalle, íntimamente, e infaliblemente: sin error de apreciación. En Buenos Aires, un lector culto no entiende un texto literario de Edgar Pou, Damián Cabrera, Cristino Bogado, Mario Castells, Ever Román, pero tampoco un texto de Lía Colombino, José Pérez Reyes, Javier Viveros: no es sólo la competencia lingüística la que lo deserta, sino que también las referencias culturales le faltan por completo. A pesar de las acusaciones de nacionalismo, la crítica literaria que se lee en blogs y otras publicaciones en línea con sede paraguaya es de un decidido internacionalismo. Si faltan las internacionales del libro aquí, faltan puestos de trabajo, pero también faltan esclavitudes y servidumbres de un peso más grave del que gustamos reconocer en Argentina. Otro tanto con la crítica académica. Hay que decir además que el nivel de la crítica cultural en la prensa, lo que Blas Brítez coordina y edita en Última Hora y mi prima Montserrat Álvarez en el Cooltural del ABC es de un nivel igual o superior al de sus pares en Montevideo o Buenos Aires. Si falta la crítica profesional, no faltan en Paraguay lxs críticxs de profesión.

 

Alfredo Grieco y Bavio

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