A partir de internet

Ponencia de Mónica Bustos en la mesa 11: ¡Qué seríamos sin internet!, con Eduardo Quintana y Sebastian Ocampos, durante la tarde del sábado 8 de septiembre.

 

Gracias a internet, escuchamos música, vemos películas, leemos, conocemos personas. Hacemos tantas cosas. Claro que esto no significa que antes no se podía, sino que ahora tenemos la posibilidad de acceder a una mayor diversidad, más opciones para elegir, para buscar lo que nos gusta, para encontrar lo que queremos. ¿Cómo era antes de internet? Antes teníamos que conformarnos. Por ejemplo, los medios de comunicación decidían lo que teníamos que escuchar o ver y cuándo, por diferentes factores. Eso lo sabemos porque todavía ocurre. La diferencia, a partir de internet, es que ahora tenemos la opción de buscar lo que exactamente queremos escuchar o ver y hasta cuándo hacerlo.

Con los libros, la situación es parecida. No hay una amplia variedad de títulos en nuestro país, uno se encuentra en todas partes y todos los años con los mismos libros, tal vez, con diferentes diseños de tapa, al menos, en lo que se refiere a literatura de autores extranjeros. De vez en cuando hay novedades, de esas que son ventas aseguradas, y lastimosamente, raras veces los títulos que pueden incluirse dentro de estas ventas aseguradas son buena literatura.

De esta forma, nuestro propio mercado limita lo que podemos leer; la oferta y la demanda deciden qué tenemos que leer, consumimos aquello a lo que estamos expuestos por falta de opciones. Lo bueno, para los que tenemos acceso a internet, porque hay que tener en cuenta que no todos lo tienen, es que podemos buscar en línea entre una variedad mucho más amplia, y muchas veces encontramos algo que no sabíamos que existía, pero que resulta ser lo que buscábamos, lo que necesitábamos. Encontramos un mundo en el que encajamos.

Por otra parte, ¿podemos fiarnos de lo que vemos, escuchamos o leemos en internet? Si encontramos material de fuente dudosa, quién nos asegura que no ha sido manipulado, que no ha sido cortado o que no es falso. Hay que estar atento, verificando la procedencia o la autenticidad del material.

Hablando de lecturas en línea, ¿qué hay de lo que a diario leemos en redes sociales con faltas ortográficas o gramaticales, o palabras acortadas que se resumen en dos o tres letras? ¿Practicamos más la lectura comprensiva porque todo el tiempo tenemos que intentar comprender lo que el otro quiso decir? ¿O vamos desaprendiendo todo, olvidándonos de cómo escribir o cómo transmitir un mensaje de forma legible? ¿No se nos contagian los errores que se repiten día tras día frente a nuestros ojos? Por todo esto, hay que navegar bien despierto, para que no te lleve la corriente.

Personalmente, como lectora, internet me ayuda a conocer y a acceder a obras que no se encuentran en nuestro país. Se pueden comprar e-books o leer gratis cuentos o columnas publicadas en medios on line; eso también es grandioso, descubrir medios digitales enfocados en difundir la literatura. Muchos de estos compilan lo mejor de la literatura actual y nos acercan a los autores destacados del momento, a sus obras o a sus opiniones. Estos medios nacionales o internacionales pueden ser blogs o revistas on line; resultan, a veces, guías útiles para los lectores, para saber qué leer en línea o qué libros buscar en la librería o biblioteca. Crean puentes entre los lectores y los autores.

Por último, quiero referirme al internet como herramienta para el escritor. Si bien las grandes obras de la historia de la literatura se han escrito cuando no existía internet, es indudable que hoy en día representa una gran facilidad para el escritor a la hora de documentarse sobre un tema, una época o un lugar. Podemos acceder cómodamente a mucha información, y, como dije antes, siempre teniendo cuidado, verificando con varias fuentes los datos que recogemos. En mi experiencia, llegué a escribir durante algún tiempo sin la ayuda de internet, en una época en la que no había o todavía las conexiones eran lentas o más complejas; sin embargo, nunca escribí sin documentarme, en esos tiempos lo hice con muchas enciclopedias, diccionarios, libros especializados en los temas, notas periodísticas, etc. Por suerte, ahora no solo es más fácil resolver mis dudas al instante y acceder a toda la información que necesito, sino que otra ventaja muy importante es la actualización de esa información. Si hay nuevos descubrimientos sobre el tema, correcciones o ampliaciones, las enciclopedias on line o los medios digitales pueden actualizar su contenido de forma inmediata y eso se agradece.

Dicen que internet ha cambiado nuestra forma de leer, que ahora leemos de forma más superficial y que perdimos nuestra capacidad de concentrarnos, porque cada vez que leemos algo, enseguida abrimos otras ventanas para buscar algo sobre lo que acabamos de leer. Clic aquí, clic allá, y así vamos abriendo otras ventanas, saltamos a otras lecturas y leemos varias cosas a la vez, o cortamos la lectura para ver un video u otra cosa, cargamos mucha información sin procesarla del todo. Por mi parte, yo no podría asegurar que se deba a internet. Tal vez, cada usuario sea un caso distinto. Por ejemplo, yo siempre he leído varios libros a la vez. En vez de hacer clic, recurría a otro libro si necesitaba saber más sobre algo que acababa de leer o simplemente no puedo esperar a terminar un libro para empezar otro, diferentes razones.

Ahora, escribiendo o leyendo, podemos recurrir constantemente a Google si así lo deseamos o lo necesitamos, y algunas veces nos sumergimos tanto en lo que escribimos o leemos que no necesitamos nada más.

 

Mónica Bustos

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