Ponencia de Oscar Boubée (leída por Bernardo Neri Farina) en la mesa 9: Los medios masivos y el libro: otra relación imposible?, con Alejandra Acosta Alcorta, Milia Gayoso Manzur y Antonio Pecci, durante la tarde del sábado 8 de septiembre.
Permítanme referirme al tema no como un experto erudito en él (que tampoco lo soy) sino como si fuese Ña María volviendo del mercado y contando cómo le fue.
Luego de un muy breve paso a fines de los 80 por la recientemente inaugurada Radio Venus, me sumé a la locura de encarar una radio cultural. Así me sumé al pequeñísimo equipo de Radio Ñandutí FM, a la que con cierta pomposidad y mucho entusiasmo dimos en llamar Radio Cultura.
Según algunos, fue la primera vez. Pero como sabemos que eso de «es la primera vez» no siempre es tan cierto, podríamos decir en ese momento fuimos los únicos que comentábamos libros en radio. Y nada más y nada menos que uno por día. En honor a la verdad, algunas veces hice trampa porque hubo ocasiones en las que no pude leer un libro nuevo cada día y ahí comentaba alguno que ya había leído, pero, en líneas generales, eran recién salidos del horno.
Después vino la Concert 107.7, aquella, la que pasaba música clásica y que dirigí en sus inicios. De la que me fui al poco tiempo y volví a principios de los 2000.
A mi vuelta, comenzó lo que sería una referencia clara de la literatura en radio: La biblioteca. Se mantuvo 12 años en la emisora referida y luego pasó a Radio Nacional, donde tuvo fugaz vida.
Volviendo a la similitud con Ña María, podría decir que me fue más o menos. Los productos fueron buenos, pero el precio que pagué fue muy caro.
La cultura es muy linda, todo el mundo te aplaude, te felicita, te alienta… Pero al momento de poner la plata, nadie auspicia a la cultura.
Y como los medios de comunicación son –lamentablemente– empresas comerciales que tienen programas para poder separar las tandas comerciales, no solo se fueron cerrando las puertas sino que muchas ni se abrieron.
Dado que el tema acotado es «los medios masivos de comunicación y el libro», voy a circunscribirme al mismo.
Primero debo destacar la paradoja de que los libros fueron los primeros medios de comunicación masiva.
Ciertamente, antes estaban las gacetas, las actas diurnas y algunos que otros escritos que circulaban entre algunos elegidos, pero como bien sabemos, no fue sino hasta 1440 cuando este tipo Gutember y sus tipos móviles permitieron imprimir de todo mucho más rápido y en más cantidad. Para colmo en 1492 se vienen a descubrir Amércia y ahí, ¡paf!, todo el mundo quería saber qué pasaba en el otro mundo, es decir, el medio mundo viejo sobre el medio nuevo. Y entre mentiras, verdades, leyendas y fantasías se fueron pariendo crónicas, relatos, informes e historias a troche y moche.
Y el libro –o cosa parecidas a él– fue el medio. Quizás no tan masivo, pero medio al fin.
Durante mucho tiempo los libros estuvieron de moda.
Ahora ya no se usan.
Por más que digan que lo que cambió fue el soporte y del papel pasaron a la pantalla de los e-books, las notebooks, las tablets o los celulares, la dolorosa verdad es que los libros ya no son lo que eran.
Para muchos, leer es de tipos raros –¡raritos!– y existen quienes manifiestan con orgullo que jamás perdieron el tiempo leyendo pavadas, que los únicos que leyeron fueron libros técnicos, propios de su actividad o profesión. Valga la acotación de que algunos de ellos, ocupantes de honorables curules deshonrados, han mentido también al decir esto porque seguramente no leyeron Las mil y una noches y Alí Babá y los 40 ladrones. En fin. Sigo.
Mientras siga habiendo gente que diga que leer o comentar libros en un programa de radio es aburrido, que leer o comentar en un programa de televisión es aburrido o que leer, no más, es aburrido, podríamos decir que los medios masivos de comunicación y el libro no tienen nada que ver, que es un lindo tema para un foro como este y que es una pérdida de tiempo porque los dueños de los medios no van a cambiar. Y no es una visión negativa o pesimista sino lamentablemente realista y demostrable. Los medios son imperios hereditarios al servicio del poder y no son masivos sino masificantes. El libro, no. El libro hace a la gente libre y pensante. Los medios de comunicación, no.
Para concluir debo decirles que durante más de 60 años de mi vida he leído y que si algo me ha ayudado en los momentos más difíciles ha sido el tener un libro a mano.
Hoy me aferro a uno de ellos que estoy tratando de terminar de escribir y para ver si sigue ayudando.
Queda la esperanza de los medios on line, pero tampoco estoy muy seguro.
Quizás sea momento de propiciar la lectura de Farenheit 451, pero…
Lo siento. Quería estar. Pero no siempre querer es poder. Doy fe.
Gracias.
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