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Notas de un anacrónico citador

En Cartas al futuro periodista, Alcibiades González Delvalle intenta una doble operación fallida: por un lado, aconseja a un hipotético joven decidido a estudiar periodismo; por otro, busca rendir homenaje a Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke.

 

Las cartas del autor están en orden cronológico y se dirigen a un alumno que aún no lo es, pues se debate con la familia sobre su decisión. Desde el inicio hasta el final, el mensaje de González Delvalle es: una buena carrera como periodista parte de la firme voluntad de serlo; con trabajo, perseverancia y ética personal se puede sortear las dificultades de un oficio en constante transformación; el periodista es un guardián de la verdad ante la ciudadanía; la responsabilidad es personal y se centra en la decisión del individuo.

Los consejos son de formación técnica y ética. Entre los primeros, insiste en el hábito de la lectura, principalmente de los clásicos de la literatura y el oficio como Cervantes, García Márquez, Kapuściński, Talese y muchos otros. Cabe notar que no cita a una sola mujer ni a un periodista contemporáneo. Hablar a la juventud omitiendo a las mujeres y a los referentes de la misma generación delata a una persona perniciosamente anacrónica, así como el exceso de citas de frases y fragmentos de autores clásicos y/o referentes del autor delata a un periodista carente de ideas propias.

Si las cartas son textos en los que se transmiten impresiones y sentimientos personales, ¿qué sucede cuando algunas de ellas son, casi en su totalidad, fragmento de algún escrito, discurso o entrevista sin referencia? ¿Cómo se insiste en la voz propia cuando se apoya de manera constante en ideas de otros? Uno de los grandes valores de las cartas de Rilke es la exposición de sus concepciones sobre el arte y la vida. Sólo cita a dos artistas por su nombre. Todo el magnífico epistolario del poeta es el resultado de su más profundo y generoso sentir y saber. González Delvalle, sin embargo, toma otro camino.

Veamos un ejemplo. En su primera carta a Franz Xaver Kappus, Rilke dice: «Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que puede venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido». En la carta del 23 de mayo (de un año de la carrera no precisado), González Delvalle escribe: «Sí, tenés razón, es natural que te preocupes por tu futuro laboral. Estudiás periodismo para trabajar en periodismo. ¿Cuesta conseguir empleo? Nunca fue fácil. Sin embargo, hoy las posibilidades de ejercer el periodismo son mejores que antes. Con las nuevas tecnologías los profesionales ya no dependen solamente de los medios tradicionales: prensa escrita, radio, televisión. Por otro lado, las instituciones públicas y las empresas privadas cuentan con canales propios para difundir sus informaciones…»

Rilke confía en la vocación y la inteligencia del destinatario de sus cartas. Le habla de igual a igual. No explica ni alecciona: insta a entender la vida, primero desde su peso, luego desde su grandeza. Ser un artista es creer en que es posible serlo y vivir para ello. Valen más la conciencia y la acción que la búsqueda de reconocimiento. Este debería ser, en todo caso, una consecuencia. González Delvalle alecciona de una manera típica al alumno: le dice que sus tiempos fueron más duros; pretende ubicarse en un lugar de superioridad intelectual, con base de una premisa falsa. ¿Acaso no está verificado que la propiedad de los medios de comunicación está cada vez más concentrada en holdings o grupos empresariales? ¿Qué ocurrirá con el comunicador que enfrente sus ideales con los de la línea editorial de la familia propietaria, la que tiene poder de cerrarle casi todas las puertas ante una mínima rebelión? Al desconocer u omitir esta realidad, el profesor transmite un consejo fantasioso y errado que generará falsas expectativas a quien lo escucha y confía en él.  

La tutela ejercida por Rilke tuvo un contexto y un significado distintos a lo que podría obtener su émulo en el periodismo paraguayo del siglo XXI. Al artista-testigo de las radicales transformaciones económicas y sociales de finales de 1800 e inicios de 1900 se le planteaba otro tipo de condiciones, en cuanto a libertad artística y mercado editorial. En el presente del capitalismo tardío, las desigualdades múltiples y la precarización vital imponen al trabajador de las letras otra perspectiva, más incierta y pesimista. El individuo ha sido vencido por el sistema. No importa que lo niegue y crea en la transformación de la realidad desde lo personal.

En cuanto a los consejos de ética periodística, primero es necesario recordar que González Delvalle tiene un pasado estronista y escribe en Abc Color, medio de ética cuestionable, como mínimo. La idea que sostiene las cartas es la de la responsabilidad individual. El autor habla a un estudiante que avanza en la carrera sin más perspectivas que encontrar trabajo y mantenerse allí. ¿Eso es todo lo que un referente del periodismo local tiene para decir a un sujeto en una sociedad compleja y resquebrajada como la nuestra? ¿Qué ocurre con la realidad social y laboral del reportero obligado por tiempos y primicias a rellenar con basura y escándalos los espacios dedicados a las noticias? ¿Qué pasa con los oligopolios en los medios de comunicación, propiedad de familias oligárquicas, en algunos casos mafiosas? ¿No merece un análisis profundo la organización de los trabajadores que discutan temas fundamentales como los grupos mediáticos, la posverdad, los mecanismos de defensa ciudadana contra la difamación y la calumnia desde las editoriales y los reportajes, así como los conflictos de intereses políticos y empresariales? La ética del periodista debe ser colectiva, más que personal. Pero es sabida la postura de Abc Color respecto a los sindicatos; de acuerdo a ella, González Delvalle se llama a silencio sobre este y otros temas.

Rendir homenaje a un clásico de la literatura obliga cierta altura que a este libro le es imposible alcanzar. Las cartas trascendentales como las de Rilke merecen algo mejor. Tomar ideas de otro para aplicarlas tal cual a una profesión y una época distintas es una torpeza entendible en un autor novel, no en un periodista con décadas de experiencia.

Las cartas del autor no están dirigidas al joven aprendiz de este siglo. Ningún tema de relevancia para el periodista contemporáneo es expuesto con seriedad. González Delvalle mira hacia atrás con la nostalgia de quien ignora los males de su tiempo. El resultado es un texto de autoayuda que, como todo su género, es una estafa al lector inteligente.

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