La articulación Somos El Presente Que Lucha convocó a una marcha de jóvenes para el 20 septiembre de 2022, como una forma distinta, consciente, interpelante, de recibir el día de la primavera y la juventud. El obrero Esteban Hermosa marchó con ellos y cuenta la experiencia.
El 20 de septiembre, a las seis de la tarde, llegué a la plaza Italia. Jóvenes de distintos puntos del país se prepararon con volanteadas y otras actividades para convocar a una marcha por el Día de la Juventud, en busca de reclamar derechos postergados, con el lema: «Somos el presente que lucha». Ya no el futuro. El presente. Convocaron para las cinco de la tarde. Desde el mediodía, los organizadores estaban en la plaza. La gente asistía, algunos en grupo, en buses, autos, bicis, otros caminando. Muchos del interior. Una murga hacía sentir que eran jóvenes; las banderas de diversos movimientos sociales y partidos políticos, que estaban organizados. Un vendedor de vuvuzelas y banderitas paraguayas pareció entender la demanda circunstancial. Me acerqué a un enmascarado con pulverizador de fertilizantes en la espalda.
⸺¿Puedo tomarte fotos? ⸺le dije.
⸺Claro ⸺aceptó con gusto, posando.
⸺Gracias. Respirar es arriesgado ⸺agregué.
⸺Sí, cada día más.
En el pecho, tenía un cartelito que decía: «EL ESTADO DEBE GARANTIZAR LA SALUD Y LA VIDA». Y pegado al tanque: «NO AL AGROTÓXICO». Le pasé la mano y él fue a unirse a la multitud ya para la inminente marcha.
Según la doctora Stella Benítez Leite, leo en una nota de BaseIs.org.py, en 2019 se importaron 58.568 toneladas de productos fitosanitarios; el 62 % correspondía a herbicidas, especialmente Glifosato, 2.4 D y Paraquat. «Los efectos secundarios de esos pesticidas en los seres humanos son preocupantes. Incluyen intoxicaciones agudas y crónicas que se deben a dosis pequeñas por un tiempo prolongado. Afectan el sistema nervioso, el sistema hormonal, interfieren la fertilidad y la reproducción, y producen cáncer. Distintos tipos de cáncer, disrupciones en el sistema endocrino y mal de Parkinson». Un tema atípico en una marcha de jóvenes, si recordamos que los jóvenes que solían estar en las calles asuncenas no eran de organizaciones sociales, campesinas e indígenas, sino de familias privilegiadas reunidas convenientemente en Corazones Abiertos, Techo y otras asociaciones similares.
El itinerario que presentaron era el habitual de las marchas: desde la plaza Italia, por la avenida Ygatimi en dirección al Mercado 4, luego a la izquierda en la calle Chile, hasta el Panteón de los Héroes. Apresuré el paso para estar entre quienes la encabezaban. El ambiente era de repudio. Buena organización, pensé. Un joven con cámara profesional, delante de todos, grababa el movimiento incesante.
Cuando llegamos a la esquina de Chile, subí a un árbol para captar mejor a la multitud. Entonces comprendí la importancia de la protesta. Noventa y cinco por ciento de lozana masa muscular. Fui de nuevo a unirme a las cabezas. Los policías que acompañaban la marcha no eran ni quince. Estaban alegres y con buena predisposición. Todo depende de la carátula, me dije; al Estado no le importa que algunos inofensivos jóvenes vengan del campo, a pocas horas de la primavera.
Me aproximé a Ernesto Ojeda, miembro del Partido Paraguay Pyahura.
⸺Muchos no pudieron venir por la lluvia ⸺dijo.
En muchos caminos rurales, en días de lluvia, se vuelve imposible el acceso de los camiones. Pero estaban presentes casi mil quinientos, más quinientos aprox. de la ciudad.
Cuando pasamos enfrente de la Fiscalía, un grito fue unísono:
«¡Sandra [Quiñonez], fiscala corrupta!»
También: «¡El pueblo unido jamás será vencido!»
La mayoría tenía el ánimo de permanecer ante la Fiscalía. Gritaba con más fuerza:
«¡Desalojo nunca más! ¡Desalojo nunca más! ¡Desalojo nunca más!…»
La rabia y la impotencia se concentraban contra ese edificio. Parecía que nos quedaríamos ahí, pero un dirigente hizo una señal a las mujeres de la primera fila para que prosiguieran. En las pancartas y los pasacalles que sostenían, decía: SOMOS EL PRESENTE QUE LUCHA. ¡BASTA DE VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES Y LAS NIÑAS!
Luego, en Chile y Manduvira, hubo una réplica contra la Comisaría Tercera:
«¡Policía mondaha, policía mondaha, policía mondaha!»
Algunos chóferes de la parada de taxi estaban de pie, recostados contra sus respectivos vehículos, observando la algarabía. Dos guardaespaldas y dos militares firmes, con armas en mano, custodiaban la puerta del Ministerio del Interior y veían a la masa joven. Caminé entre ellos con el libro Patria de Aramburu en una mano. Frente al Mall Excelsior estaban una jovencita cruzada de manos, un joven vendedor de chipas con las manos en los bolsillos, un cliente que comía una chipa y escuchaba mensajes de audio. Un señor con canas grababa con un celular a los jóvenes. Una clienta de una boutique observaba a través de los cristales. Un perro callejero corría desahuciado. Dos mozos de un casino limpiaban la vereda y nos miraban de reojo. Entre el ruido ensordecedor de los petardos continuaba la arenga: «¡Juventud oku’e, Paraguay ñande mba’e!»
En Chile y Humaitá vi al periodista Leo Rubín.
—¿Qué te parece la marcha? —le pregunté.
—Fantástica. Lo más lindo de la juventud es que se mueva.
Luego se mezcló entre la gente.
Durante toda la marcha hubo bocinazos de automovilistas. Un carretillero que venía desde la Plaza de la Libertad tuvo que esperar con veinte cajas y un taburete que pasáramos todos los manifestantes para que pudiera ir a un depósito cercano.
Un grupo minoritario llegó primero al Panteón de los Héroes, donde los organizadores habían montado un escenario. El resto llegó luego. Lo más destacado de los seis puntos de la marcha (tierra, trabajo, educación, salud, respeto a la diversidad y respeto al medio ambiente) fue dicho por una joven. Con micrófono en mano se dirigió a los presentes:
«Vayamos a nuestros barrios, asentamientos y comunidades para fortalecer la fuerza colectiva. Para resistir ante este Estado de políticas entreguistas. Sigamos manteniendo la unidad por nuestra soberanía y el desarrollo nacional. Que en 2023 seamos protagonistas directos en las elecciones, porque a nosotros, jóvenes, siempre nos dicen que somos el futuro, pero no tenemos educación, trabajo, tierra, salud. No tenemos garantías de nada en nuestro país. Por eso, elijamos a candidatos que son y salieron del pueblo. Sigamos construyendo poder popular. Es el camino que nos conducirá hacia la patria nueva.»
Los jóvenes reaccionaron con aplausos, silbidos, vuvuzelas, petardos, gritos de «¡Paraguay, Paraguay, Paraguay!», mientras dos policías Lince chateaban detrás del escenario y, en la esquina de enfrente, una señora obesa con ojos cansados se mantenía erguida al lado de un carrito de dos ruedas que alguna vez habían sido de bicicleta.
Luego, los ánimos se calmaron hasta que de a poco la gente fue retirándose. A las siete y cuarto de la noche, un grupo significativo fue a los buses y los camiones alquilados para regresar a sus hogares rurales, donde viven asediados por sojeros que envenenan la tierra, el agua y el aire.
Nota de edición: la fotografía es de la Agencia Presentes.









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