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Una virgen abnegada más

«El peor enemigo de las mujeres es su abnegación», decía Betty Friedan. Las mujeres suelen olvidarse del yo en beneficio de los demás. En la novela La virgen Carrillo, la protagonista histórica es un testimonio abnegado de la confusión entre el amor y el egoísmo.

 

Mabel Pedrozo (1965-2022), periodista y escritora, se dedicó fervientemente a las Letras. La virgen Carrillo, el último libro que publicó, es una novela de ficción histórica que obtuvo una mención de honor en el Premio Nacional de Literatura 2021.

La literatura paraguaya no es ajena a la mujer como figura central. Muchos cuentos y novelas sean históricos o costumbristas se adscriben a esto. Teresa Lamas, Josefina Plá, Maybell Lebron, Maribel Barreto, entre muchas otras, plasmaron en papel la visión que tenían acerca de la vida abnegada y por poco humillante que gira en torno a la dependencia caprichosa de un hombre o la sociedad.

María Carrillo, protagonista de la novela, figura mística, se encuentra en esta situación. Es una mujer con una misión predestinada, depositaria de todos los pecados y los agravios cometidos por la humanidad. Resignada a la vida solitaria en el campo, afronta el estigma genealógico de ser una más del comandante del ejército paraguayo, Francisco Solano López.

El misticismo prevalece desde el primer capítulo. María Carrillo cumple la función de purificar un legado familiar pecaminoso, heredado desde los tiempos de Domingo Martínez de Irala. Pero su naturaleza sumisa la vuelve un personaje literario poco interesante, sin participación en la trama más allá de las intervenciones que otros personajes le imponen. Una situación que recuerda a María de Jorge Isaacs, aunque sin el paliativo del amor.

La novela abunda en fuertes convicciones tradicionalistas, entre las que sobresalen la abnegación ⸺comparable con la de una esposa de Novela B de Mónica Bustos, resignada a la convivencia con un marido asesino y caníbal por respeto a la santidad del matrimonio⸺ y la hipocresía. La abnegación de María Carrillo ⸺al vivir con las consecuencias de los desencuentros con Francisco Solano López, que desembocan en habladurías, desprecio y pérdida de prestigio⸺ se refleja en las ambiciones desproporcionadas de distinción jerárquica de doña Juana Carrillo (tía paterna de María Carillo, madre de Francisco Solano, esposa de Carlos Antonio López), quien había sido víctima del mismo oprobio, pero que decidió ocultarlo y avergonzarse de él.

La introducción podría resultar exasperante, talvez a causa de una inserción forzosa de hipérbatos, sintaxis invertidas o descripciones sobrecargadas que orientan al lector a mantener fija la atención en un punto específico de la escena que, en el momento, no es relevante. Pero una vez superada esa parte, las ideas fluyen entre las páginas, en todo sentido. Aunque el vocabulario no es excepcional, hay construcciones de imágenes visuales, como la de una «muchacha diluida en una ventana», lo que logra mantener presente la simbología de purificación y la penitencia hasta el momento en que todos los indicios del pecado original de la familia Carrillo sean finalmente descubiertos.

El contexto tiene una forma definida. Los personajes son complejos, tal vez con salvedad de la propia María Carrillo. Los diálogos cobran fuerza de significado a medida que avanza la obra. La fragmentación de la trama, con saltos temporales y contextuales, se vuelve natural con el auxilio de la voz narrativa del padre que parece querer revelar un secreto mantenido en la oscuridad durante demasiado tiempo.

A pesar del uso de un vocabulario bien definido sobre su relación con Francisco Solano López (violación, secuestro, desinterés, ausencia), María Carrillo se contrapone a esta presentación de su vida en la resolución de la obra, cuando el fuego desplaza al agua, pronunciando su amor por él, culpándose a sí misma por haberlo codiciado. 

En este contexto de ignorancia escolar y subyugación femenina sobresalen las tácticas de supervivencia usadas por las mujeres para no verse desprotegidas en una sociedad poco tolerante con ellas. El rechazo a Elisa Lynch, la imposición de castigos desmedidos, el chisme, la desistencia ante la autoridad, son solo algunas de estas. La presentación de un panorama cargado de ansia paranoide y de una pareja que no parece sufrir de las mismas ataduras de la alta sociedad, aunque circundada por las propias limitaciones de su propia cultura vernácula, es sugerente de una manera en que es posible olvidarse completamente del drama de los Carrillo por un momento.

La abnegación presente en la realidad femenina va acompañada de la vergüenza. Tanto María Carrillo como doña Juana Carrillo encuentran el origen de esos tópicos en el amor. Doña Juana se enfrenta a la debilidad que siente con orgullo y temor a ser despreciada, lo que la lleva a sentirse insegura de sí misma y de las personas que la rodean. María Carrillo sufre, sin embargo, de la alegría del autosacrificio cristiano. En el rechazo de sus necesidades emocionales encuentra la sensación de regocijo que es la causa de su propia desgracia.

La lectura de La virgen Carrillo, Junto a la reja, Maína e incluso Un bocado rebelde, más contemporáneo, contextualizado durante la Dictadura, ponen en duda el desarrollo de la visión del papel femenino dentro de la sociedad. La distribución de poder entre ambos sexos es aún desproporcionada ya que la posibilidad de equilibrio cuestiona el reparto tradicional de los roles de género, cuya supuesta sabiduría práctica no sintoniza con la moralidad fluctuante de las sociedades en evolución.

Retomando las palabras de Betty Friedan, es conveniente recordar que la abnegación y el autosacrificio siguen presupuestos anuladores. Nos obligan a olvidarnos de nosotros mismos. Dejamos de ser seres humanos para convertirnos en un instrumento. La abnegación incluso es capaz de eliminar hasta el más instintivo sentido de supervivencia, como ocurre con María Carrilo, cuya voluntad ha sido violentamente debilitada por el abuso.

«Su decisión estaba tomada. Nada le pediría y nada le daría. Y Francisco Solano lo necesitaba todo». Claro está cuál voluntad ha prevalecido.

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