Ana Dina Coronel ha ficcionado su experiencia como directora del centro penitenciario de mujeres Casa del Buen Pastor en el libro Más allá de las rejas (2020). Larissa Zanotti-C. V. lo ha leído para confirmar que como intención de llamado colectivo a la conciencia social, la narración presentada como novela logra su cometido.
Oriunda de Pedro Juan Caballero, Ana Dina Coronel inició su vida profesional como abogada y, acudiendo tal vez a un llamado de vocación, se ofreció como voluntaria de la Pastoral Penitenciaria hasta convertirse en directora del centro penitenciario de mujeres Casa del Buen Pastor. Ya desde sus días de estudiante de Derecho intuyó un vínculo teórico entre la calidad de la educación y la actividad criminal mientras entrevistaba a algunas reclusas del centro penitenciario, intuición que no la abandonó durante sus años como profesional.
Esa experiencia en el centro penitenciario la marcó profundamente y decidió narrarla en Más allá de las rejas, con una advertencia: Memorias de Bethania. Con esta obra, Ana Dina Coronel presenta un objetivo claro: «(…) crear conciencia, conciencia social de que hay que darles una segunda oportunidad a las personas», citando sus propias palabras en una entrevista.
Sin embargo, se percibe una gran confusión al momento de iniciar la lectura, ¿estamos leyendo una novela? Si bien la autora tiene como finalidad aleccionarnos al presentar una realidad social sin filtros, dada la naturaleza ecléctica de la obra y considerando la sensación de distanciamiento durante la narración que crea la introducción de Bethania, alter ego de la autora, como testigo principal además de una cierta desprolijidad (llamémosla anacronía) durante la organización de la trama, podríamos considerarla una novela con inspiración autobiográfica.
Esta confusión inicial en cuanto a cómo leer Más allá de las rejas desaparece velozmente entre las páginas que contienen el día a día de la cárcel de mujeres Buen Pastor. En estas, Bethania se sumerge en la marea de dilemas humanos causados por la esperanza y la desesperación, y explora y revela ⸺tanto para los lectores como para sí misma⸺ lo que conlleva la reclusión o, como prefiere denominarla, la privación de libertad.
En cuarenta y seis relatos, y un epílogo, sentimientos cotidianos adquieren una nueva profundidad en esa experiencia dentro de un mundo invisible a plena vista. La religión se convierte en un elemento unificador y omnisciente. La maternidad es un privilegio azaroso y la ignorancia es la piedra angular del dilema rousseauniano. El desplazamiento de la familia por el deber es inminente.
Esa realidad que las personas de afuera ignoran está llena de abandono, corrupción, de historias de vida que pudieron haber tenido un mejor desarrollo, pero que fueron lo suficientemente vulnerables como para ser manipuladas y descarriladas fuera de los preceptos tácitos en nuestro contrato social.
Bethania es capaz de hacer hasta lo imposible por lograr que la visión de las reclusas como almas perdidas cambie, apuesta por ellas e intenta ofrecerles una nueva oportunidad, pero la sociedad se niega a dejar de lado el estigma que por siempre perseguirá a estas mujeres, haciendo que la reinserción sea solo una prerrogativa utópica. Pero, como observa durante el relato, dirigir una penitenciaría de mujeres es muy distinto a dirigir una de varones. Para Bethania, el deber maternal se adquiere sin importar la condición convicta, exconvicta o en libertad, así que lo utiliza, junto con el autoconcepto que tienen estas mujeres de sí mismas, para intentar apartarlas de la posibilidad de que cometan nuevas transgresiones.
No es conveniente olvidar que, aunque los conceptos de maternidad y autoconcepto juegan un papel clave para que Bethania logre su objetivo de mantener a salvo a las mujeres a su cargo, la religión, elemento omnisciente, es el generador primigenio del lazo (cordón umbilical, como lo denomina Bethania) que estrecha la relación relativamente positiva entre la directora del penal y las mujeres que allí cumplen su condena.
Es tal vez presuntuoso observar a Concepción Arenal en este relato, pero la preocupación de Bethania por la educación de las mujeres y su concepto de crimen y castigo no hacen más que evocar en mí la siguiente frase de la escritora española: «…y no se verán las escuelas cerradas y abiertas las cárceles. Abrid aquellas, y estas se cerrarán por sí». Para Bethania, que cumplan su condena no es suficiente. Es necesario prepararlas para el mundo hostil que las espera más allá de las rejas. Deben tener las herramientas necesarias para aprender un oficio y mantenerse a sí mismas y a las familias que dejaron atrás durante años. Ella fue privilegiada y continuamente realiza un paralelismo entre su propia vida y la realidad de las reclusas.
Es un relato sensible. Nos obliga a observar que una persona que cometió un crimen sigue siendo una persona, con vidas y sueños como todos; pero no es un relato objetivo, ni tiene el deber de serlo. Como intención de llamado colectivo a la conciencia social, Más allá de las rejas logra su cometido.
En cambio, el personaje de Bethania es apabullante y en ocasiones opaca las historias de las mujeres del Buen Pastor. El libro, como literatura, despierta dudas. La escritura no está bien cuidada y algunos diálogos son incomprensibles, sin mencionar que dentro de cada relato la narración está un poco desorganizada. Aun así, la continuidad de los relatos y la expectativa que el final de cada uno de estos genera es suficiente como para continuar con el siguiente y el siguiente… La realidad social en que se sustenta el contexto de la obra es esta misma en la que vivimos actualmente, y la alusión a algunos hitos históricos contemporáneos hace rápida y fácil la localización en el tiempo exacto en el que transcurren las acciones de la narración. Sin embargo, la omisión de algunos detalles importantes, como nombres y fechas clave, obliga al lector identificarlos por su cuenta.
Una lectura para reflexionar acerca de la libertad, los privilegios y las elecciones a lo largo de la vida; así como narra la protagonista del relato: «Las prisiones tienen su propio tiempo y no tienen piedad, (…) pero también están habitadas por personas inocentes e individuos que se han equivocado y se han arrepentido sobreviviendo en un pequeño infierno mental».
Nota del editor: la imagen que acompaña la reseña es una captura del programa televisivo Un mundo alucinante.









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