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Quince libros selectos, leídos en 2020

En este año pandémico, la lectura de libros se volvió un refugio. Tal como en diciembre pasado, nos comunicamos con escritores, críticos, promotores de lectura y miembros de la Revista Y para preguntarles qué libro les ha fascinado leer (o releer) este año que culmina y que, por tanto, les gustaría recomendar a los lectores. Sus respuestas son una pequeña biblioteca selecta.

 

Desde Tijuana, México, Daniel Salinas Basave, Premio Literario Fundación El Libro 2018, nos dice: «El libro que más disfruté durante todo este atípico año se llama Poeta chileno (Anagrama, 2020) y lo escribió (cómo no) un poeta chileno llamado Alejandro Zambra, aunque cabe aclarar que se trata de una novela. Un libro es ante todo un estado de ánimo y creo que esta historia me trasmitió la vibra precisa que necesitaba en estos tiempos. Resulta que en medio de este Apocalipsis zombie covideño lo necesario era justamente el tono de socarrona melancolía que impregna esta historia. Siempre se agradece la risa, y los personajes de Poeta chileno me hicieron reír muchísimo. Vaya, es una salvaje declaración de amor a la poesía y a la vez una divina sátira, pues Zambra se pitorrea (imposible no hacerlo) del mundo de los poetas, de sus aferres, afanes y pretensiones. Sí, es posible (y muy sano) burlarte de aquello que amas. Lo más chingón, ni duda cabe, fue el tono conseguido por el autor para narrarnos ésta que es, al fin y al cabo, solo una historia de amor, desamor e ilusiones absurdas. Un relato de familia, de filia paternal y educación sentimental con el intrincado y tragicómico mundo de los poetas como telón de fondo. No hay crímenes ni tinieblas o densidades ontológicas, pero sí una buena dosis de lindo cachondeo. Por fortuna no hay tampoco ni pizca de cursilería. Los personajes, en cualquier caso, son buenísimos. Para mí no hay duda: fue por mucho mi libro favorito en lo que va de este largo encierro (y mira que he leído a pasto).»

Desde Argentina, César Sodero, escritor y director de cine, segundo premio de la Fundación El Libro 2018 nos cuenta: «Todos los minutos para vos de Ignacio Molina (Editorial Falso Trebol, 2020) me despertó muchas inquietudes. Es un libro con trece ficciones que te pegan y te conmueven. Muy distintas entre sí, y muy logradas. Narraciones que van desde la despedida de seres queridos como en “Dos gorriones”; o la puesta en duda de la vida que llevamos en “Carne al horno con papas”; también hay reencuentros con ex como en “Los vagones del Sarmiento” o “Mosquitos”; la despedida a un padre en “Oscureciendo la casa”; el gran homenaje a Borges en Samuel Zunz; los deseos ocultos, y por eso evidentes, en “Boca a Boca”; el terror clásico de Poe reinventado en “Chapulina”. Es un libro que se disfruta leyendo, que por momentos te conmueve con los detalles que muestra y con las sensaciones que enciende. Me gustan estos libros que, cuando uno los está leyendo, de repente levanta la vista a otro lado, a un lugar donde la imaginación sigue funcionando. Son los libros necesarios, los que nos hacen pensar y nos posibilitan imaginar otros mundos. De eso se trata la literatura en general: poder vivenciar otras realidades y sentir que podemos ser otros, por lo menos por un rato podemos jugar a ser otros. Molina lo logra».

Ya radicada en Múnich, Alemania, Maybell Lebron, Premio Nacional de Literatura 2015, recuerda a una estadounidense del siglo XX descubierta en castellano en el último lustro: «Un libro original y auténtico me deleitó este año: Una noche en el paraíso (Alfaguara, 2019) de Lucia Berlin (1936-2004). Esta extraordinaria mujer supo dominar al servil lenguaje de una manera magistral y nos deslumbra con el relato de sucesos cotidianos transformados por su genio en joyas de la literatura y semblanzas propias del comportamiento humano. Sensible, sutil, la magia de su humor trasciende y contagia al lector su alegría de vivir. En los momentos de penosa incertidumbre que estamos soportando este libro es una amable compañía y estímulo para valorar nuestra existencia y las bellezas del mundo en que vivimos. Son 23 relatos que nos recuerdan la importancia de la palabra escrita, ancla inmemorial que mantiene presente el conocimiento y la obra de filósofos y escritores que destacan la importancia de existir y de nuestro aporte individual a la sociedad que nos cobija, en busca de un mundo mejor.»

Desde Bristol, Inglaterra, Rogelio Vallejo, miembro de nuestro consejo editorial, nos dice que su libro favorito del año es: «If Cats Disappeared From The World (2012) de Genki Kawamura, publicado por Alianza Editorial en 2017: Si los gatos desaparecieran del mundo. Es evidente que el autor ha publicado libros para niños, pero esta historia de gatos, un joven cartero, la vida, la muerte, el cine, la condición humana, narrada con una prosa límpida y fresca, es madura, profunda, analítica, irónica, verdadera. Sin escondites, ni subterfugios. No me sorprende que se hayan vendido más de un millón de ejemplares en Japón, y que se haya traducido a más de once idiomas. La tentación es decir que es una “joyita”, pero como algunas joyitas este libro es de muchos quilates, y simplemente resplandeciente.»

Mempo Giardinelli, desde Resistencia, capital del Chaco argentino, recuerda que «Este aciago 2020 se llevó, entre muchas otras vidas, la de un hermano mío: Luis Sepúlveda, en abril y en Portugal, fue víctima del virus maldito de la peste del siglo 21. Lo he llorado pero recordando, sobre el desgarro, que nos dejó una de las más hermosas y conmovedoras novelas de la literatura latinoamericana: Un viejo que leía novelas de amor (1989). Nadie más que él pudo escribir una historia tan dura y a la vez tan colmada de ternura. Un libro que sólo un grande de la literatura como él pudo escribir.»

Alexandra Pose, colabora multifacética de nuestra revista y ganadora del Premio Voces Latina En Cuarentena, nos cuenta: «Me sorprendió cómo Anne Carson desarrolló La belleza del marido (2001), con elementos de ensayo, relato y poesía integrados y difíciles de clasificar, presentados por una guía inicial de Keats: “La belleza es verdad”. A partir de esto crea una narración íntima, pero también con una narradora que se separa del texto para analizar su matrimonio, como si fuese una operación quirúrgica en la que disecciona escenas cotidianas de la pareja. Recorre el tiempo y gira alrededor de las mentiras, los celos y la infidelidad, en un intento de comprensión de sí misma y del marido a través de su propia mirada, a la vez que interviene un tercer personaje, el amigo en común de ambos. El subtítulo (Un ensayo narrativo de 29 tangos) se sostiene no solo porque el tango (como el matrimonio) se baila hasta el final, sino porque vuelve testigo de ese baile al lector, por momentos lento, doloroso, seductor y torpe. La seducción de esta pareja no es solo física. Esperaba algo más poético de este libro al empezarlo, pero la experimentación narrativa me pareció lo más valioso. Se nota que Carson es alguien que juega con sus tópicos favoritos y saca un resultado innovador con imágenes fuertes, análisis de momentos en pareja y referencias a personajes históricos y literarios.»

Desde Ciudad del Este, Iván Sosa, Premio Jorge Ritter 2018, nos dice: «Estas circunstancias me atinan al libro que elijo recomendar: Cae la noche tropical (1988) de Manuel Puig. Novela en la que Nidia y Luci, bien entradas en la tercera edad, hablan, infieren, dirimen sobre la sinuosa vida sentimental de Silvia, una vecina que les divide en años; viviendo ellas paralelamente la agitación y pasiones de la misma Silvia, sin más recurso que el chisme. Hay quien dice que Puig tenía más bien filmoteca que biblioteca, que los libros los remplazó por las películas; también que del Ulysses, de Joyce, le bastó con advertir que cada capítulo estaba escrito con un estilo distinto y luego prescindió de leerlo. Acaso esto explique la operación de Puig: menos el cliché de buscar literatura en donde esta se resiste a ser encontrada, que la sagacidad de exprimirla de donde se da por hecho que no la hay: chismes, cursilerías, alcahueterías, sentimentalismo, revistas, voces femeninas, kitsch. Variables todas del mal gusto de la clase media; desapasionadamente lumpen, melodramáticamente pasional.»

Desde Bolivia, Rodrigo Urquiola Flores, Premio Edmundo Valadés 2018, nos cuenta: «Uno de los libros que más disfruté leer este año es En el país del silencio (1987) de Jesús Urzagasti. Segunda novela de este autor nacido en 1941 en Campo Pajoso, en la provincia del gran Chaco, y fallecido en La Paz, en 2013. Tirinea, su primera novela, cuya primera edición apareció en la editorial Sudamericana en 1969, es una de las novelas fundamentales de la literatura boliviana. En ella se marca un tono narrativo que habrá de ser constante en las siete novelas que escribió: el diálogo entre lo urbano y lo rural por separado, el encuentro entre ambos espacios, la autobiografía atravesada no solo de nostalgia, melancolía o incierta alegría sino también de reflexiones filosóficas sobre lo boliviano o la existencia humana en relación a la tierra, la aparente desaparición del tiempo como un objeto lineal, la fuerza de una aguda observación poética no desprovista de belleza y el apego sensual a las mujeres que suelen rodear a los personajes masculinos. En En el país del silencio se sigue a tres personajes: El Muerto, El Otro y Jursafú, que son, en realidad, partes de un mismo personaje, el escritor/periodista/caminante/rural que llega a la ciudad y permanece en ella viviendo retazos de la historia nacional doblegada, entonces por una brutal dictadura. Una palabra aymara (Aruskipasipxañanakasakipunirakispawa) puede dar la clave de la lectura de este libro. Su traducción aproximada al español sería: “Estamos obligados a comunicarnos”, y, si bien se trata, en la novela, de comunicarse con los habitantes de ese territorio mudo, también se refiere a la constante comunicación, reñida a veces, entre las tres partes de ese todo.»

José Bueno Villafañe, redactor de nuestra revista, nos dice: «El mejor libro que leí en 2020 es Stoner de John Williams. “El libro más hermoso del mundo”, reza uno de los comentarios en la contratapa. No he leído suficiente para afirmar algo semejante, pero sí entiendo que se trata de una gran obra, sensible, reflexiva, conmovedora. La narración muestra la vida de un hombre de familia campesina que desafía las adversidades y que, en general, es derrotado por ellas. Esto no impide que tome conciencia de sus deseos y errores. Así como no lo detiene en la búsqueda de sus ideales y en la defensa de sus posturas. Lo que le sucede a William Stoner es muy particular, pero a su vez es lo que nos ocurre a cualquiera de nosotros. Todos tenemos sueños, amistades, amores, frustraciones… Que un relato tan bellamente escrito sea transparente en cómo es llevada adelante la vida supone una gran lección en un año como este. Ante un tiempo suspendido (así definió Álvaro García Linera al año 2020) encontramos el imparable movimiento de ese espíritu universal en una de sus máximas manifestaciones: el arte, esta vez, puesto en palabras.»

Mónica Laneri, escritora y gestora cultural, nos cuenta: «En este año pandémico, mi encuentro fue con Flora Alejandra Pizarnik, poeta fundamental de este extremo sur de América. Su historia familiar está marcada por el escape de los nazis y la nueva patria en Argentina. Su vida, si bien, emocionante y repleta de afectos, también estuvo marcada por clínicas de salud mental. En Obras completas (Clauter Editores), al cuidado de Cristina Piña, se puede acceder tanto a su obra poética como a su prosa (mi preferida: “La condesa sangrienta”). No incluye su obra prima que ella misma había repudiado por carecer de un gran valor estético. Supongo que es un dilema moral pero, en particular, creo que todo ayuda a comprender el proceso y el universo poético. Flora Alejandra dice las cosas de un modo simple pero enigmático, directo a la emoción que condensa. Les dejo con un verso: La muerte siempre al lado / Escucho su decir /  Sólo me oigo»

Susana Gertopan, Premio Municipal de Literatura 2016,  recuerda: «Entre mis lecturas de este año, sorprendentemente, la novela de Frank Werfel, Reunión de bachilleres (1928), me pareció la más profunda en cuanto al análisis que hace el autor acerca de la perversidad y la envidia, sobre todo adónde nos llevan estos sentimientos destructivos, tanto para el que las provoca como para el que se vuelve víctima, que termina arrojado en la autodestrucción. Ya otros autores, como es común en la literatura, han desarrollado el mismo tema, dentro de la técnica que caracteriza a cada escritor. Pero lo notable en la obra de Werfel es la manera en la que describe, analiza, con un lenguaje sencillo, claro (lamentablemente hablo de una traducción), el inicio y el despertar de la perversidad en un niño, y en otro, un compañero de escuela, el deseo de destruir lo que él no logra tener y, sin embargo, su compañero sí. Alcanzar el puesto de mejor alumno era una necesidad, de lo contrario el rechazo de sus padres sería demasiado terrible de sobrellevar. Pero lo notable es cómo se enraíza ese comportamiento en él, hasta lograr aniquilar a su víctima, convirtiéndolo en un ser debilitado. Luego de 25 años, y en una reunión de bachilleres se revela las mellas que ha dejado un hecho terrible, y cómo ha calado en la vida de los personajes. »

Sabrina Coronel, promotora de lectura (libreropy en Instagram), cita a la novela ganadora del Premio Alfaguara 2020, Salvar el fuego de Guillermo Arriaga: «Retrata dos México completamente escindidos: Marina, de la clase socioeconómica más alta, se vincula [física, sentimental y conscientemente] con un hombre del otro extremo de la sociedad, José Cuauhtémoc. Una novela sobre las contradicciones del país y las contradicciones más hondas de la naturaleza humana. Libro de tres voces; es increíble cómo Arriaga logra que nos metamos en el papel de cada una [también en los diversos relatos de los presos]. Temas fuertes, escenas fuertes, que por lo que pudimos comentar con la gente de México nos habla de la realidad que se vive en ese país. Unas historias tremendas y muy profundas que me hicieron quejar, reír, pensar muchísimo en la vida y hasta llorar en un momento. Realmente la pluma de Guillermo Arriaga es fenomenal.»

Eduardo Quintana, escritor y director ejecutivo de Ciencia del Sur, habla sobre «KSJ Science Editing Handbook. Los manuales, por lo general, suelen ser tediosos, ambiciosos y desactualizados. Este no es el caso; es actual e innovador. Narrar el conocimiento no solo es necesario e importante, sino también desafiante, emocionante y edificante. Explicar cómo funciona el mundo basado en lo que realmente sabemos, con los instrumentos más rigurosos que tenemos disponibles y las limitaciones que enfrentamos, es oportuno y práctico. La crisis climática o la pandemia de COVID-19 hoy son igualmente trascendentes y marcadamente existenciales como la pobreza y el hambre. Toda nuestra ciencia tiene un contexto, por lo que existen historias que documentar y narrar. En este libro, el periodismo científico se muestra abierto, colaborativo y escéptico, e intenta ganar la confianza de las diferentes audiencias en un año con muchas incertidumbres. Son lecciones muy útiles para periodistas de ciencia y tecnología, editores, productores, investigadores, estudiantes y asistentes de comunicación. Muestra a los comunicadores de ciencia en una actividad tan humana y tradicional que tiene cientos de años: contar historias a partir de lo que conocemos del Universo.»

Por mi parte, una autobiografía me hizo volver a la obra uno de los autores más destacados y fecundos del cine: Woody Allen. En A propósito de nada, leemos lo que muchos cinéfilos conocíamos más o menos, ya sea a través de sus películas, libros, entrevistas o textos y documentales sobre él: familia judía trabajadora, años escolares de poca educación, melomanía, cinefilia, chicas y libros, ingenio humorístico como vocación para transformarse, sin proponérselo, de Allan Stewart Konigsberg a Woody Allen. Chistes para humoristas de periódicos, radios y televisión. Monólogos. Teatro. Libros. Cine, ¡más de cincuenta películas! Decenas de premios (que no fue a recibir). Clarinetista empedernido de una banda de jazz. Director invitado de ópera en La Scala de Milán. Sobre todo, como él mismo se considera, fundamentalmente escritor. Uno con tanto talento y autocrítica que puede mantenernos atentos, sonrientes, reflexivos y expectantes de más de las casi cuatrocientas páginas del libro, aunque buena parte de ellas deba dedicarlas a su defensa (con investigaciones y testimonios  coherentes) contra los ataques perversa y funestamente afamados y sostenidos sin evidencia.

Y de parte de la Revista Y, nombramos a una novela ya reconocida como el mejor libro del año por algunos periódicos: Un amor de Sara Mesa (Anagrama, 2020). Cada libro de poemas, ensayos, relatos, cuentos, crónicas o novela, es una reflexión sobre el propio arte de la literatura: ¿qué diferencia a un texto cualquiera de un texto literario? El texto en sí. Sin el cuidado en cada palabra, sin el esmero en cada frase, sin la poesía en cada párrafo, sin la observación incisiva de la narradora, esta novela breve sería solo la historia de una joven trabajadora que comete un absurdo hurto en la oficina y que renuncia al trabajo y la ciudad para vivir y trabajar por su cuenta en una barata casa alquilada de un pueblo alejado. Pero como la novela rezuma sensibilidad e inteligencia, se vuelve un estudio sobre la incomunicación entre una persona que intenta encaminarse hacia su bien-estar y un contexto que, si no se acata sus reglas, es inmediatamente hostil.

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