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Punta karaja: cuentos de fútbol

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Punta karaja: cuentos de fútbol. Edición literaria: Javier Viveros. Edición gráfica: Juan Heilborn. Asunción, Paraguay, junio de 2012. 144 páginas.

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Pitazo inicial

Es preciso consignar primeramente que no son demasiadas las décadas que llevan ligados la literatura y el fútbol. El popular deporte ha sido muy menospreciado por los intelectuales, considerándolo casi como un opio de los pueblos. Más allá de lo parcialmente verdadero de su condición de distractor, la literatura no tuvo más remedio que abordar al fútbol como lo que es: un fenómeno profundamente humano, con sus héroes y villanos, sus gestas épicas y sus historias íntimas.

Podemos encontrar numerosas similitudes y puntos de contacto entre las letras y el fútbol. Una endiablada gambeta nos remite a un retruécano redactado por Garrincha, el analfabeto. Una reticencia es lo que hizo Maradona contra Italia en el 86: un toque sutil hacia las redes, casi sin mirar. La contundencia de un remate de punta karaja nos sugiere un altisonante apóstrofe que no permite ni el amague de una respuesta.

De los escritores que han dignificado con sus páginas la cultura futbolera son muy conocidos Juan Villoro y Eduardo Galeano. Y de los preferidos citamos al indeleble Fontanarrosa, sus compatriotas Osvaldo Soriano y Eduardo Sacheri, el inglés Hornby y el ibérico Vázquez-Montalbán. Incluso ganadores del Nobel como Camus, Grass, Cela o Asturias han dedicado páginas a este deporte. También está lo otro, futbolistas profesionales que se han pasado al equipo de los escritores de ficción; por citar algunos van tres argentinos: Sorin, Solari y Valdano.

Para esta colección de cuentos, se ha perseguido la idea de exponer en letra impresa la inquebrantable influencia del fútbol en la vida y el pensamiento de esta generación. Se ha convocado a los jugadores y jugadoras, estudiado esquemas tácticos y negociado cual dirigentes. Luego de mover los imanes sobre la pizarra y de haber arengado a los jugadores, el equipo titular salta a la cancha:      

Al arco, David Sánchez, portero que hace de la delirante sencillez su virtud y apoya su saque potente en el humor popular.

En defensa: Damián Cabrera, intuitivo, sensible, recurre más a la técnica que a la potencia para anticipar y despejar injusticias; a su lado, Humberto Bas es el central fuerte, efectivo en su vivacidad, lúdico en su crítica hacia una absurda masculinidad. Milady Giménez ocupa el sector derecho con elegancia, sutileza y una muy amplia visión del juego y de las relaciones humanas. En el otro sector, Nico Granada es pura imaginación y delirio, velocidad solidaria en la economía de recursos.

Desde el centro del campo, Juan Heilborn investiga, lee el partido, hace del análisis rasposo el sello de su juego. Sobre la banda derecha Jazmín Rodríguez arremete sus obsesiones en un ida y vuelta constante, típico volante mixto, extrovertida con su interioridad. Por su parte, Ever Román da rienda suelta a la imaginación, aporta dinámica y desfachatez con un juego más poético que contenido.

El enganche Cresencio Pueblo se ayuda de poderes paranormales para jugar hacia adelante el difícil juego de la memoria. En la delantera, Rolando Duarte Mussi es quirúrgico, incisivo, calculador, lastima defensas con sensibilidad de puntero. Por último, Javier Viveros hace con variedad de recursos la gambeta indescifrable que acaba, inevitablemente, en la sonrisa.

Queda tan solo iniciar el partido y que las páginas sean los minutos que en su devenir puedan darte alguna diversión, árbitro lector.

Arsenio Ñamandú, autor de El punta karaja como una de las bellas artes.

¿Cómo comprar el libro? Escribe a jviveros@gmail.com.

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