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La marginación de Pombero

Acerca del cortometraje animado La marginación de Pombero, la soberanía alimentaria en Paraguay y el avance del sector mecanizado y tóxico, que, al decir de Bartomeu Melià, sólo produce pobreza.

LamarginaciondePomberoEl corto animado realizado por la Cooperativa de Comunicadores Atycom Ltda. para la campaña por la soberanía alimentaria, resume un conflicto social, histórico, en un relato que mezcla la mitología con la realidad de una manera sencilla, clara, mostrándonos la vida de muchos compatriotas hechos a un lado de sus propias comunidades a causa del avance del sector mecanizado y tóxico, que, al decir de Bartomeu Melià, sólo produce pobreza.

La historia antes del corto

Pombero, de baja estatura, tez oscura, ojos grandes, brazos largos, velludo en ciertas partes, empezó a formar parte del mundo gracias a los guaraníes, que le dieron vida en sus relatos. Con el transcurrir de los siglos continúo viviendo en la palabra de la gente, sobre todo de los campesinos, quienes incluso lo alimentaban buscando ser beneficiados con las cosechas y los animales.

De esos tiempos a los nuestros, Pombero sobrevivió a todo de buena manera, es decir, a casi todo… pues en los últimos años algo inusual, inexplicable, sucedió: las comunidades campesinas desaparecían de a poco y los monocultivos se expandían cubriendo miles y miles de hectáreas, obligándolo a migrar, como el resto, ya que nadie lo alimentaba y los tractores no temían su furia ni sus amenazas de represalia.

En pleno viaje de camión en camión, a dedo, como escuchó decir a algunos, Pombero se preguntó de qué servía plantar ese grano que ni siquiera podía comerse y qué se hacía con las incontables toneladas de las cosechas. Con el tiempo supo que todo se trataba de aumentar las riquezas de unas pocas corporaciones nacionales y transnacionales y que la forma humilde, digna, de la otrora vida campesina ya había desaparecido.

En busca de un mínimo bienestar llegó a Asunción, la capital desigual de Paraguay. Quiso retomar su modus operandi, pero los citadinos respondían indiferentes a su necesidad diaria y no podía amenazarlos con alguna de sus maldades habituales en otras épocas, debido a que ni siquiera era capaz de sobrepasar las murallas altas, los perros rabiosos, las alarmas ruidosas, las rejas eléctricas, los guardias explotados.

Semejante realidad lacerante, con el sol hirviéndole la cabeza que el sombrero pirí cubría e intentaba proteger, hizo que recorriera varios lugares y terminara encontrando comida en los basureros. Entonces supo que sólo podría conseguir comida sana comprándola, pero no hallaba la forma de recibir dinero, ni siquiera rogándolo en los semáforos.

Ante eso, sólo le quedó una plaza del centro, con el banco disponible al menos para descansar un rato y mirar a la gente caminar de un lado a otro… hasta que un joven, con filmadora en mano, se le acercó y, para su sorpresa, conversó gratamente con él.

Detrás de escenas

Nos solicitan la elaboración de la campaña por la soberanía alimentaria. Pensamos, queriendo ser una especie de Don Draper, en algo creativo, único. Miguel se aferra a la idea de un spot animado. O un corto. Algo así. Entre otras ideas, el corto de animación toma fuerza y el tiempo se vuelve un contrincante duro… a vencer sólo con un golpe certero.

De reunión en reunión matutina, la gente de varias organizaciones, que impulsan y apoyan la campaña, quiere tener noticias del corto y nosotros aún no contamos con la idea germinal.

Ya de tarde, Miguel sale de una sesión de grabación y recorre, con filmadora en mano, las calles calurosas de Asunción, recordando que debe hacer ciertos mandados de su señora, familia y cooperativa. Piensa en las visitas de Y. ¿Una revista de estas características podría ser leída en Paraguay?, se cuestiona entre paso y paso hasta que, de repente, ve a un ser extraño sentado en el banco de una plaza, desnudo, con un sombrero cubriéndole la cabeza y un poco de la cara, y con un atado de cosas al lado, similar al del Chavo del 8.  

Por alguna razón, quizá relacionada a su labor periodística y formación solidaria, Miguel se le acerca de inmediato y conversa con él, que al instante se presenta con su voz potente y peculiar. Pombero se entusiasma con la presencia del joven y no duda en charlar con ganas, sin tapujos, de su vida. Ahí, escuchándolo narrar su historia personal, Miguel percibe que no se trata sólo de su vida, sino de toda la realidad de Paraguay ya sin soberanía alimentaria, y entonces enciende la filmadora.

De ahí en más todo se hace a la velocidad del sonido —¿?—: Miguel Armoa escribe el guión; Juan de Dios Valdez ilustra las escenas; Juan Carlos Lucas se encarga del sonido, incluyendo una linda canción de Juan Vera; Carlos Cáceres da vida a Pombero con su voz; Sofía Paoli Thorne trabaja en la animación; y quien les habla, a última hora, da nombre al corto, sin querer queriendo.   

Con ustedes, ¡La marginación de Pombero!

 

Nota: este relato se publicó originalmente el 3 de diciembre de 2011 en el periódico digital E’a (www.ea.com.py).

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