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Gil Wolf o el desprestigio del tedio

Gil Wolf de Humberto Bas (AIK, 2019) es  una grata sorpresa. No por la calidad ni la audacia del autor ―quien haya leído el cuento «Putus versus»,  sabe que la voz de Bas no puede pasar desapercibida― sino por brindarnos una obra tan breve como estimulante.

 

Una cuestión notable es la sencillez de la historia: un profesor de literatura viudo quiere tener sexo, pero a la vez se siente culpable: cree que traicionará a la memoria de su esposa. Habla con sus colegas, quienes le aconsejan sobre cómo seducir y acostarse con las estudiantes. El protagonista ejecuta las recomendaciones con torpeza y fracasa. De todas formas y con la obra del escritor Gil Wolf como afrodisíaco, tiene una experiencia con una alumna.

Los acontecimientos están intercalados entre reflexiones, memorias y anécdotas. Gil Wolf inicia con el final, y al final vuelve al origen del conflicto del narrador/protagonista: los problemas personales/conyugales irresueltos por la muerte de su esposa. El lector participa de un juego en el que las fronteras entre la prosa y lo lírico, la acción y el pensamiento, o la de la realidad y el sueño, son cruzadas sin líneas temporales: vuelve del futuro al pasado, narra un presente que arriba a un final enigmático, del cual tenemos algunas pistas en las primeras páginas. Es uno de los valores de la nouvelle.

Las referencias literarias y culturales muy personales, algunos imbricados monólogos internos y ciertas expresiones (frases en latín) no impiden una ágil lectura (en una sentada). Quizás este es el mayor logro de Bas: un libro breve pero con sentido de humor y profundidad: irónico, con propuestas teóricas ―extraordinario lo de los «textos parásitos»―, desenfadado y gracioso. Resulta insoslayable remarcar el tema sexual, tan natural y a la vez obviado en la narrativa paraguaya.

El parodiado Jorge Luis Borges (una obra de Gil Wolf, Phela le, es un anagrama de El Aleph) defendió a Sherlock Holmes y al género policial de los catedráticos, diciendo que las historias de detectives no tenían el prestigio del tedio. Más que integrar para sí elementos cómicos o de entretenimiento, la buena literatura puede formar un todo con ellos, hasta el punto de no separar una cosa de la otra.

Finalmente, ante la pregunta de si un buen libro puede hacernos reír, recordemos que, si la literatura es la existencia en palabras, ¿cómo hemos de juzgar las experiencias breves pero estimulantes, orgásmicas quizás, que trascienden en esta obra de Bas? Con la indulgencia para reírse de uno mismo y el deseo de esperar que más escritores nacionales desplieguen el ingenio presente en Gil Wolf.

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