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Ogwa: riachuelo donde beben plantas y animales

Ogwa Flores Balbuena, el nativo ishir y artista que partió hacia su mundo mitológico durante la mañana del 10 de mayo de 2008, tras la difícil y larga lucha contra una enfermedad.

Owga. Fotografía: Cecilia Rojas.

Owga. Fotografía: Cecilia Rojas.

El primer encuentro con Ogwa

A comienzos de 2006, Cecilia Rojas y yo fuimos al Museo Etnográfico Andrés Barbero para llevar a cabo una investigación de tesis. Luego de revisar varios libros, vimos una ilustración que llamó poderosamente mi atención, por la sorprendente similitud con una pintura de iguales características que se encontraba adornando un rincón de la galería de mi casa. Los detalles en la composición la hacían peculiar; la inocencia de los trazos le adjudicaban encanto; y el significado del ritual, allí plasmado, la llenaban de misterio y profundidad. Esa forma de expresión era perfecta para desarrollar el tema de carácter artístico.

Fue así como nos encontramos en la necesidad de contactar con el autor de la obra, de origen indígena. Entonces las manos de Adelina Pussineri (directora del Museo) colocaron delante de nuestros ojos y sobre los libros revisados, una serie de cartones, que hacían de bastidores para los dibujos del autor. Y, sorprendiéndonos gratamente, nos enteramos de que el mismo se encontraba en la salita de espera contigua.

Los grises y ordinarios cartones contenían riquezas invaluables, de legado cultural y belleza artística, al bajo costo de veinticinco mil guaraníes. Ninguno de los presentes, incluyéndonos, dudó en adquirir el regalo ofrecido como vulgar mercadería. Esas obras no serían simples pinturas colgadas en la pared: ¡eran los boletos de entrada, en primera fila,  al ritual chamacoco!

Nuestra cultura nos invitaba a descubrirla, de la mano del tímido indígena, llamado Ogwa (cuyo significado en lengua zamuco corresponde a  «riachuelo donde beben plantas y animales»), que esperaba paciente la remuneración de sus dibujos, sentado en el sofá del Museo, ajeno a la aceleración de la ciudad.

Su cuerpo pequeño disimulaba con notable esfuerzo la grandeza del espíritu que llevaba dentro, al igual que esa mística sabiduría, imponiéndose a su condición de analfabeto. Era inevitable: al hombre lo delataban el carisma, la calidez, la ternura y la humildad, por más que intentase desaparecer en el paisaje citadino, escondiendo su esencia artística detrás del cuerpo, que a su vez se cubría con una peculiar vestimenta.

Su biografía y el significado de los rituales serían los protagonistas de nuestra tesis, denominada Rituales chamacocos representados en las artes visuales.

Durante el desarrollo de la misma, llevamos a cabo varios encuentros con el artista, con el fin de comprender el significado y el simbolismo del ritual, y de descubrir a Ogwa Flores Balbuena como persona, nativo ishir (chamacoco) y artista. Con generosidad y paciencia accedió a servirnos de guía en el fascinante trayecto que llevaba al umbral de una cultura deseosa de ser descubierta.

De el cazador del bosque al artista

En una entrevista realizada en otoño del año pasado, en la placita ubicada al costado del Museo Etnográfico Andrés Barbero, el cazador del bosque, como se denominaba a sí mismo el artista Ogwa Flores Balbuena, nos habló de su vida.

El cazador del bosque no conocía el significado del tiempo, pues no hay relojes en el bosque. De esa manera Ogwa intentó explicarnos que su edad era relativa. Creía tener 71 años, pues en el pasado, como cualquier nativo chamacoco, no manejaba su fecha de nacimiento. Los antiguos misioneros y los antropólogos, de acuerdo a cálculos aproximados, dedujeron que Ogwa posiblemente nació el 22 de septiembre de 1935.

Ogwa recordaba el momento en el que abandonó su primer hogar: el bosque y la vida furtiva del cazador. Siendo tan solo un niño fue influenciado por los misioneros y guiado por la antropóloga  Branislava Susnik a la civilización del nativo chamacoco.

La incursión de Ogwa en las artes plásticas fue fomentada por la antropóloga, que entregándole lápiz y papel y diciéndole «Pinta para tu futuro» alentó al niño de doce años a interpretar los mitos y a plasmarlos en la hoja. En ese instante la doctora Susnik despertó al artista que yacía en el cazador del bosque.

Padre de 11 hijos y abuelo de 65 nietos, Ogwa Flores Balbuena se destacó como el mayor exponente chamacoco en el género de las artes plásticas, reconocido nacional e internacionalmente, sobre todo en Argentina, España y Francia.

El cazador había abandonado el pasivo bosque para adentrarse en la agitada ciudad, donde cautivó, encantó, enseñó y aprendió. Ogwa, tal como el significado de su nombre («riachuelo donde beben plantas y animales») fue sinónimo de vida y evolución.

Ogwa, memoria de un pueblo

Nota: la semblanza sobre Ogwa fue publicada originalmente en mayo de 2008 en la revista Acción Cooperativa.

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