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Carta a mi hermano

Tras la publicación de El guajhú, Casaccia escribe una carta a su hermano César Alberto, en la que afirma: «Intelectualmente, el Paraguay es un desierto.»

Gabriel Casaccia frente a la que fuera la casa de la babosa. Fotografía: Miguel Ángel Fernández.

Gabriel Casaccia frente a la que fuera la casa de la babosa. Fotografía: Miguel Ángel Fernández.

Posadas, 28 de junio de 1937

César Alberto:

Si yo tuviese el pensamiento puesto en la gente y en mis compatriotas mientras escribo, tiempo ha que hubiese tomado por el camino llano de la política. Allí, en ese campo, hallaría el fruto fácil, que se le viene a uno a las manos, sin requerir esfuerzo para tomarlo. Pero tú comprendes que yo voy buscando, a través de los sudores de la creación, la satisfacción posterior e íntima. El gozo de ver la obra terminada: contemplarla en su madurez, pulida y tersa. Créeme que al estar escribiendo El Guajhú jamás pensé lo que podría opinar éste o el de más allá. Y una vez terminada la tarea no se me ocurrió esperar el efecto que el libro produciría entre los «entendidos del terruño». La vida intelectual de allí, mirada desde lejos, sin fatuas posturas ni prevenciones, es de una pobreza alarmante. No me extraña la frialdad y fingida indiferencia con que acogieron mi nueva producción. Intelectualmente, el Paraguay es un desierto. ¡Es terrible!

Duele confesarlo. Nuestro país necesita que alguien se suba a lo alto del Oratorio y se tire de allí gritando: «No estamos equivocados, estamos vacíos». Entonces tal vez se despierten. La clase dirigente es mentalmente muy limitada y superficial, empequeñece sus problemas y sus inquietudes espirituales.

Lo que me cuentas de Viriato me ha producido espanto. ¿Es posible? Ignorar la existencia de Pemán y Casona. (éste más poeta que dramaturgo) en la edad en que otros sueñan y crean, Viriato ya se ha encerrado en el pasado bajo llave. En el Paraguay todos son Viriatos. La literatura actual y viva no les interesa. Se han aislado tras una gran muralla para regodearse con la política casera y la historia patria.

Tu «cansado pensar» y ese desfallecimiento no tienen más que una explicación; malestar por no hacer lo que querías hacer. Debes intentarlo. Si a ti te parece que Miró (el mejor prosista español, lo dicen todos, lo repito yo; pero cuyo arte tiene mucho de arte por el arte) llegó de un tirón, sin jadeos a ese lenguaje prieto y brillante, lee su primer libro, que está en mi biblioteca, Del Vivir, y verás lo que va de la noche al día.

Entre mis preocupaciones, las dos mayores son no tener tiempo para crear holgada y tranquilamente, sin apremios materiales; y no poder alejarme de este pueblo para vivir en una gran ciudad.

Te transcribo el elogio de Cardozo en una parte de su carta, sobre El Guajhú: «Los cuentos me parecen buenos. Diré más: creo que son excelentes, sin ánimo de desmeritar tu anterior producción, superiores a ésta. Veo la influencia pirandeliana, que me parece más loable que la vallinclanesca, por más que ésta no te ha sido del todo inútil, pues te ha permitido enriquecer considerablemente, tu estilo y tu vocabulario. Encuentro también muy satisfactorio el resultado que has obtenido de paraguayizar (para emplear el término de la patria nueva) tu inspiración. El injerto de las frases en guaraní, hecho con cautela, es un acierto».

Abrazos de

B…

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